Por Lakdar Bumedien
El próximo miércoles 11 se cumplirán diez años de la apertura del campo de detención estadounidense de la Bahía de Guantánamo. Durante siete de ellos permanecí retenido allí sin explicación y sin acusación alguna. Durante ese tiempo mis hijas estuvieron creciendo sin mí. Cuando me encarcelaron empezaban a andar, y jamás les permitieron visitarme ni hablar conmigo por teléfono. La mayoría de sus cartas se les devolvían con la anotación «Undeliverable» (imposible de entregar), y las pocas que recibí estaban censuradas de una manera tan exhaustiva y absurda que se perdían sus mensajes de cariño y apoyo.
El próximo miércoles 11 se cumplirán diez años de la apertura del campo de detención estadounidense de la Bahía de Guantánamo. Durante siete de ellos permanecí retenido allí sin explicación y sin acusación alguna. Durante ese tiempo mis hijas estuvieron creciendo sin mí. Cuando me encarcelaron empezaban a andar, y jamás les permitieron visitarme ni hablar conmigo por teléfono. La mayoría de sus cartas se les devolvían con la anotación «Undeliverable» (imposible de entregar), y las pocas que recibí estaban censuradas de una manera tan exhaustiva y absurda que se perdían sus mensajes de cariño y apoyo.
Algunos políticos estadounidenses dicen que
los que están en Guantánamo son terroristas, pero yo jamás lo fui. Si me
hubieran llevado ante un tribunal cuando me capturaron, las vidas de mis hijas
no habrían quedado destrozadas, y mi familia no habría sido abocada a la
pobreza. Hasta que el Tribunal Supremo de Estados Unidos no ordenó al Gobierno
que defendiera sus acciones ante un juez federal no pude limpiar mi nombre y
volver a reunirme con ellas.
En 1990 salí de Argelia para trabajar en el
extranjero. Mi familia y yo nos trasladamos a Bosnia-Hercegovina en 1997 a
petición de la organización donde trabajaba, la Media Luna Roja de los Emiratos
Árabes Unidos. Trabajé en las oficinas de Sarajevo como director de ayuda
humanitaria para niños que habían perdido a su familia a raíz de la violencia
desatada durante los conflictos de los Balcanes. En 1998 me convertí en
ciudadano bosnio. Vivíamos bien, pero todo eso cambió a partir del 11S.