Elizabeth Fuentes
Con su rostro de niño bueno, su paso por la política fue el de un funcionario semiclandestino, pero Haiman El Troudi supo aprovechar muy bien su momento. Ahora se esfuerza por construirse una reputación paralela en las redes sociales, cambiando su franela de presunto corrupto por la de un simpático defensor del medio ambiente.
Tan poeta es Haiman El Troudi que, como dice el chiste sobre los malos poetas, viven en la Luna, pero bajan religiosamente quince y último a cobrar lo suyo. Aunque en su caso específico eso de tener un salario en bolívares le entusiasmó tan poco que su paso por la administración pública fue del tipo fugaz, probablemente porque semejante carga burocrática no le permitía fumar en paz sus habanos Cohiba Edición Limitada, 250 dólares cada uno, que solía disfrutar con sus amigos en un exclusivo restaurante de Las Mercedes, mientras los obreros del Metro de Caracas tragaban un tipo de humo bien distinto al del entonces ministro de Transporte Terrestre y Obras Públicas, al cual tantas veces contrató a los chicos de Odebrecht para que no hicieran casi nada.


