El anarquismo, como cuerpo de ideas y práctica social, asume un conjunto de valores cuya expresión depende de cada realidad concreta a la cual se enfrentan los anarquistas. Sin olvidar la acumulación teórica y de experiencias realizadas en el pasado, cada activista libertario ofrece una respuesta que se configura ante una realidad en permanente cambio. La formación de un potente movimiento anarcosindicalista agrupado bajo la FORA en Argentina a comienzos de siglo pasado, nutrido de la cuantiosa inmigración europea de la época o el énfasis indigenista de Ricardo Flores Magón en México, cuyo anarquismo remitía directamente a determinadas tradiciones comunales de los pueblos originarios, son dos ejemplos de la especificidad asumida por lo libertario en cada región.¿Cuál es el contexto al que nos enfrentamos en Venezuela?, ¿cuál es el bagaje cultural e histórico que ha moldeado nuestra sociedad y ante el que deseamos ofrecer una alternativa?, ¿Cuáles han sido los errores y virtudes de otras iniciativas “progresistas” en el país? Las respuestas, a estas y otras preguntas, contrastadas con el imaginario antiautoritario, son las que definen los contornos de un anarquismo enraizado y sentido desde este pedazo de tierra. Ofrecemos, entonces, un primer aporte en este sentido: Lo libertario en nuestro país es –o deber ser- profundamente antimilitarista. En contraste, afirmamos que la ausencia de esta perspectiva desconocerá una de las matrices ideológicas de la dominación en nuestro país, su concreción institucional –las Fuerzas Armadas- y la influencia de uno de sus subproductos –el caudillo-.