Arturo González
Desde hace muchos años, escritores con sentido del humor y capacidad de acerada observación escriben libros en los que elevan a categoría de arte los más dispares temas. Thomas Quincey (1785-1859) publicó un estupendo libro titulado “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”, o Pierre-Thomas-Nicolas Hurtau, en 1751, sacó al viento y a la luz su ensayo físico-teórico y metódico “El arte de tirarse pedos”, libro escatológico, bien editado y agudamente ilustrado, en el que se trata desde los orígenes del pedo, sus diferencias con el eructo y una clasificación exhaustiva del pedo como arte. También se montó a principios de este siglo una exposición anunciada con esta paradoja: “Todo arte es una mierda, toda la mierda es arte”.
Desde hace muchos años, escritores con sentido del humor y capacidad de acerada observación escriben libros en los que elevan a categoría de arte los más dispares temas. Thomas Quincey (1785-1859) publicó un estupendo libro titulado “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”, o Pierre-Thomas-Nicolas Hurtau, en 1751, sacó al viento y a la luz su ensayo físico-teórico y metódico “El arte de tirarse pedos”, libro escatológico, bien editado y agudamente ilustrado, en el que se trata desde los orígenes del pedo, sus diferencias con el eructo y una clasificación exhaustiva del pedo como arte. También se montó a principios de este siglo una exposición anunciada con esta paradoja: “Todo arte es una mierda, toda la mierda es arte”.
