El diputado José Albornoz fue destituido ayer de su cargo en la Vicepresidencia de la Asamblea Nacional como pase de factura política a su posición. El diputado declaró que: “Sorprende al país, la forma cómo se hace, pero es parte de lo que hemos estado viviendo en los últimos tiempos, de la intolerancia que hay de tener una posición”. Primera noticia: Ni es el los últimos tiempos ni nos sorprende. Las palabras del diputado nos hacen pensar mucho a quienes tenemos años con el sello “exclusión” en la frente. Lamentablemente su denuncia no es noticia en este país. Somos demasiados los ciudadanos que nos vimos en la lista Tascón en internet, bajo el calificativo de “traidores a la Patria”de forma pública por haber ejercido un derecho que nos da la Constitución. De igual manera con la lista Maisanta, que fue vendida masivamente en CDs por buhoneros en el centro de Caracas, y que digitalizó abiertamente la exclusión política en Venezuela.
Surgen en la memoria demasiados capítulos tristes de los últimos 11 años con las declaraciones del diputado Albornoz. Por ejemplo, cabe preguntar si la bancada del PPT alguna vez se se interesó por lo que sienten los empleados públicos que se ven obligados a ponerse una franela roja o a asistir a una marcha del PSUV sin comulgar con ese partido, por el simple hecho de trabajar para el Estado, no para el partido de gobierno. Estas denuncias son públicas, todos conocemos gente que ha pasado por esa humillación por mantener un puesto de trabajo, porque las responsabilidades familiares los han llevado a bajar la cabeza y a hipotecar su hambre, aunque sabemos que no olvidan las caras que les pasaron lista, la del burócrata de turno que debía verlo en la marcha no fuese a pensar que no había asistido, con consecuencia de despido. Cabe preguntar ahora qué opinaba de la intolerancia el día de la tristemente famosa intervención del Ministro Ramírez ante los empleados de PDVSA en la que dejaba clara la prepotencia del Poder.