
Manuel De
Paz-Martínez
[Nota
previa de El Libertario: Para fines
de la década de 1950, no había en Venezuela ninguna expresión reconocible que
fuese heredera de aquellos esfuerzos que se habían hecho en las décadas de 1920
y 1930 por arraigar la simiente ácrata en nuestro suelo, pero si teníamos una
importante representación del exilio libertario que se había visto forzado a
abandonar España con la imposición de la dictadura franquista. Ese exilio tuvo
oportunidad de proclamarse abiertamente en su ideal ácrata luego del
derrocamiento del gobierno militar que había imperado en Venezuela entre noviembre
de 1948 y enero de 1958, y esa posibilidad por supuesto sirvió para expresar
perspectivas del anarquismo de ese entonces sobre la coyuntura que se vivía en
el país que los acogía, visión que estuvo muy influenciada por su preocupación central en la lucha antifranquista. Sobre ese particular, hemos extraído el extenso
fragmento que sigue a continuación, tomado del trabajo académico titulado “Voces
disonantes. Opiniones libertarias sobre Venezuela y Cuba (1958-1961)”, que
examina este tópico que entendemos de interés para quienes dediquen atención a
la historia de Venezuela, y en particular a la historia del anarquismo en estas
tierras.]
El
resumen semanal de acontecimientos de finales de enero de 1958, no podía estar
más claro para los redactores de Solidaridad Obrera: en Venezuela se
había producido, en realidad, «media revolución», por ello escriben:
«Ha
habido revolución en Venezuela, escasamente satisfactoria. Se perfila la degeneración
premeditada de un conflicto al que un impulso verídicamente popular habría
abierto las mejores perspectivas. Mientras el pueblo venezolano auspiciaba una
mayor libertad con sacrificio de vidas propias, la Iglesia, los militares y la burguesía
han hecho lo posible para apoderarse del movimiento y canalizarlo según conviene
a sus designios». [7]