J. Caro
Hace pocos días me senté a ver una serie americana de televisión titulada "Sons of Anarchy", en español, "Hijos de la Anarquía". La serie no vale nada. Cuenta la historia de una banda de moteros, muy similar a Los Ángeles del Infierno, en sus trapicheos con drogas, asesinatos, traiciones y ajustes de cuentas, todo ello bien aderezado con testosterona, músculos, tatuajes y armas, muchas armas de todo tipo y calibre, con esa especial adoración que sienten los “americanos” por las armas de fuego. A juzgar por lo que sabemos de ellos, una simple imagen lejana cargada de estereotipos y falsedades, sin duda, pero con cierta base real, está claro que el dinero y las armas son piezas claves en la sociedad estadounidense. Sin olvidar a las mujeres que, fieles a su papel de bellas hembras con grandes pechos, cabalgan en el asiento trasero de la moto, listas para el sexo ante la menor insinuación. Los Hijos de la Anarquía es un club exclusivo para hombres.
Hace pocos días me senté a ver una serie americana de televisión titulada "Sons of Anarchy", en español, "Hijos de la Anarquía". La serie no vale nada. Cuenta la historia de una banda de moteros, muy similar a Los Ángeles del Infierno, en sus trapicheos con drogas, asesinatos, traiciones y ajustes de cuentas, todo ello bien aderezado con testosterona, músculos, tatuajes y armas, muchas armas de todo tipo y calibre, con esa especial adoración que sienten los “americanos” por las armas de fuego. A juzgar por lo que sabemos de ellos, una simple imagen lejana cargada de estereotipos y falsedades, sin duda, pero con cierta base real, está claro que el dinero y las armas son piezas claves en la sociedad estadounidense. Sin olvidar a las mujeres que, fieles a su papel de bellas hembras con grandes pechos, cabalgan en el asiento trasero de la moto, listas para el sexo ante la menor insinuación. Los Hijos de la Anarquía es un club exclusivo para hombres.
