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lunes, 29 de febrero de 2016

Debate: Cinco razones para trabajar menos (o nada)


Alex Williams y Nick Srnicek

No son los lunes lo que odias, es tu trabajo”, escriben Alex Williams y Nick Srnicek en su reciente ensayo Inventing the Future. Postcapitalism and a World Without Work. Editado por Verso Books, sello vinculado a la nueva izquierda desde los años setenta, el libro es un manifiesto que se atreve a pensar en un mundo no organizado alrededor del trabajo y a proponer un plan B para superar este capitalismo que falla como una escopeta de feria.

Su punto de partida es un contexto social que nos duele a diario: recortes y austeridad, un mercado laboral marcado por la precariedad y los trabajos basura, sindicatos atrofiados y partidos políticos que se mueven como títeres tras una pantalla. La visión nostálgica del pleno empleo (y los buenos sueldos) propia de la edad dorada del capitalismo ya no es recuperable. Y basta con mirar alrededor, afirman los autores, para comprobar hasta qué punto la actual inercia marcada por el trabajo minimiza la vida personal y erosiona nuestra salud y capacidad para ejercer de ciudadanos. Lo que ambos nos proponen es parar un momento. Pensar en un escenario alternativo donde no haya que elegir entre la opción mala y la menos mala. Se puede mejorar la calidad de vida, ampliar nuestras libertades y liberarnos del trabajo, afirman.

Contradicciones, retórica e inviabilidad: ¿Qué aspiraba el gobierno venezolano del Acuerdo de Paris sobre cambio climático?


María P. García Guadilla

En la reunión de la CMNUCC (Bonn, Alemania: 1/06/2015), Venezuela junto con los otros países del ALBA exportadores de hidrocarburos, señalaron que debían “ser contempladas medidas alternativas y de respuesta al cambio climático para los países cuyas economías dependen de la mono-exportación de hidrocarburos” añadiendo que tales medidas no podían “comprometer el derecho al bienestar de sus poblaciones y su desarrollo”. Ello implica que si bien la preocupación de la comunidad internacional son las emisiones de gases del efecto invernadero (GEI), para estos países el problema ambiental fundamental, es la pobreza.  Sin embargo el énfasis en “la resolución de la pobreza” o más bien, el señalamiento que la pobreza es el principal “problema ambiental” hecho por los “Socialismos extractivistas latinoamericanos”a lo largo de las discusiones de la COP, introduce una aparente contradicción entre “reducción de pobreza-reducción de GEI”,difícil de resolver dentro de la lógica del Socialismo del Siglo XX.

Gremios y estudiantes del sector salud exigen respuestas a la crisis (video)



Miguelángel Velásquez (UCV Noticias)

Tal como tenían acordado, [el viernes 26/2/16] los gremios del sector salud junto a estudiantes de medicina de la UCV, se concentrarían en la Plaza Venezuela para iniciar una movilización hasta las inmediaciones de la Defensoría del Pueblo, la cual no se pudo realizar.

Efectivos de la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional acordonaron las adyacencias de la Plaza Venezuela e impidieron la salida del grupo de manifestante.

La Presidenta del Colegio de Enfermeros de Caracas, Ana Rosario Contreras,  aclaró que se realizaron todas las notificaciones correspondientes a la manifestación, la cuales no tuvieron respuestas por parte del Alcalde Jorge Rodríguez. Agregó que seguirán en la calle “luchando por salud de los venezolanos”.

Por su parte, Daniela Liendo, representante estudiantil de la Escuela  de Medicina Vargas de la UCV, expresó que los estudiantes de la salud también se ven afectados por la falta de los insumos para realizar las prácticas académicas. Aseguró que “en un plazo de un mes, el 90% de los medicamentos no se encontrarán en ninguna farmacia del país”.

[Tomado de http://ucvnoticias.ucv.ve/?p=46752].

El teatro de Ibsen y los anarquistas



Capi Vidal

Henrik Ibsen [1828-1906] está considerado uno de los autores más influyentes en la dramaturgia contemporánea, uno de los padres del drama realista y del teatro simbólico; sus obras, todavía hoy, siguen representándose y llenando salas de teatro, por lo que es justo reivindicar a los primeros que supieran ver la hondura de sus transgresores dramas sociales.

El dramaturgo y poeta noruego, antes de que se pusiera de moda en España, ya fue apreciado por lo anarquistas debido a que encontraban en su obra muchos elementos con los que se identificaban. En la imprescindible obra de Lily Litvak, Musa libertaria, se afirma que los ácratas consideraron el teatro, como parte del arte y la cultura, como portador de mensajes y un medio para comunicarse directamente con el pueblo. Esta consideración del teatro como un instrumento social y transformador, expresión crítica de la realidad y capaz de resolver sus problemas, llevaría al pueblo a una identificación con la escena que jamás alcanzaría una intensidad mayor que con los anarquistas.

Comentarios conceptuales del 27-F


Humberto Decarli
Sobre el llamado Caracazo ha habido suficiente información y detalles acerca de este relevante acontecimiento durante el declive del puntofijismo a finales de los años ochenta del pasado siglo. Ya el populismo había manifestado su fracaso cuando ocurrió el viernes negro donde una devaluación de la moneda con fines fiscales delataba la pésima situación sucedida no obstante las bonanzas petroleras despilfarradas por los adecos, copeyanos y sus partidos comodines.

Del infausto hecho podemos inferir varios aspectos en estricto sentido conceptual sin entrar en episodios ni anécdotas. En este sentido, concluimos en los siguientes temas a enfocar:

Primero, el genocidio más grande cometido en la historia venezolana. Segundo, la aplicación de un programa económico de rescate sin consulta democrática y donde el peso del sacrificio se estableció en quienes menos responsabilidad tenía en el trágico desenlace del rentismo, las grandes mayorías. Tercero, se desnudaba le ineficacia de la democracia populista.

domingo, 28 de febrero de 2016

Guía ilustrada de madurismo para principiantes


Redacción de El Libertario (compilación y selección)


* Es viejo y sabido aquello de "una imagen vale más que mil palabras", así que acá les dejamos esta antología gráfica, con la cual ahorramos de escribir - y Ustedes de leer - un extenso tratado sobre el penoso asunto en cuestión.





Objeción de conciencia y anarquismo en América Latina


Rafael Uzcátegui

Durante la década de los 80´s, muchos países de América Latina estaban gobernados por dictaduras militares o sufrían las consecuencias de la guerra civil en sus territorios. Eran tiempos de la Guerra Fría, por lo que Estados Unidos consideraba a la región como zona de su influencia, un “patio trasero”. Su traumática y progresiva democratización tuvo como contraparte que en amplios sectores de su juventud se desarrollara un sentimiento antimilitarista, que comenzó a tener expresiones organizativas y políticas.

Gobierno reactiva la represión como mecanismo de contención al malestar social



Jhoalys Siverio (Correo del Caroní)

Resulta evidente la crisis en materia alimentaria y en el sector salud. Eso sin contar con los problemas de servicios básicos, la inseguridad y la alta inflación en el país, donde Ciudad Guayana ocupa el segundo lugar, colándose en el ranking de las ciudades más violentas del mundo al ocupar el puesto número 11. Mientras tanto el Gobierno, lejos de ofrecer una pronta solución, sigue optando a la represión para intentar frenar un descontento social que se incrementa en la medida que se agrava la escasez de casi todo lo que se pueda comprar.

“El Estado venezolano, con relación a los derechos humanos, tiene tres obligaciones: garantizar el acceso, cumplirlos y respetarlos. Si revisamos lo establecido en nuestra Constitución, nos damos cuenta que la salud y alimentación son derechos humanos que el Estado debe garantizar, hacer cumplir, y respetar (…) vemos que el Estado ha dejado de cumplir con sus obligaciones”, señala Esperanza Hermida, coordinadora de Exigibilidad de Provea.

Crónica de cola y calor desde Ciudad Guayana: ¿A las puertas del estallido social?



Marcos Valverde (Correo del Caroní)

Lo que ocurrió el miércoles 24/2 en la mañana en un supermercado de la avenida Manuel Piar en San Félix, cuando un hombre fue apuñaleado en medio de empujones, agarrones, gritos, sudor, calor y desesperación en una cola por comida, fue síntoma del hambre. Es lo que se repite desde hace meses y fue lo que se repitió ayer. Y, con certeza, será hoy. Pero ayer el síntoma afloró en el mismo lugar. Y en otros. Por ejemplo, en el Supermercado Santo Feliz, de San Félix.

Lo del día: harina de maíz marca Juana. Cuatro paquetes. Todo por 450. Demasiado tentador en tiempos de escasez. Quizás la más genuina forma de cuidar el salario, mínimo en todo el significado de la frase. “No quiero bachaquero. Íbamos bien hasta que aquí llegó el despelote”, recriminaba un guardia nacional. Pero el calor desesperaba. Y la cola se prolongaba. 50. 100. 300 metros. Una esquina. Y otra. Y luego, otra.  Hasta La Bombita. Todo por la harina. “Estoy desde las 2:00 de la tarde aquí. ¿Qué hacía, hermano? Es más barato. A mí me ha tocado pagar cuatrocientos bolos por un solo paquete de harina, mil por un aceite y mil doscientos por una mayonesa”, dijo, después de las 4:00 de la tarde y con su harina en manos, Richard Hernández.

Condiciones dadas

Hernández supo de lo que ocurrió el miércoles en la avenida Manuel Piar. Por eso no pone en duda que un estallido al estilo San Félix pueda ocurrir. No solo allí, sino en toda Venezuela. “Puede desatarse un conflicto por la necesidad que estamos viviendo. Aquí, en Maturín, en Caracas… Ve, hermano, yo gano sueldo mínimo y no me alcanza. A veces, en mi casa comemos arepa desayuno, almuerzo y cena porque no hay más nada”, lamentó. La desconfianza era cosa persistente en las colas. Cada frase la desmigajaba: “Esto no lo arregla ni el gobierno ni la oposición”. “Tengo pinga de hambre”. “Aquí la corrupción es igual que en el Pdval”. “Si tú quieres conseguir comida, anda pal mercado de San Félix. Lo malo es que todo cuesta mil bolos”.

En la cola no todos tienen la suerte que tiene la familia de Hernández. La de Carmen Brito, por ejemplo, recurre a otros métodos para rendir la comida. Y engañar al estómago. “En mi casa somos dos niños y seis adultos. Allá no desayunamos, y a los niños les damos una arepa con guarapito. Al mediodía sí comemos todos. Arepa. Y a veces, cuando conseguimos, arroz con sardina. Pero pagarla a quinientos bolos no es fácil”, explicó. No había vivido algo así, la verdad. “Antes no tenía que pasar horas en una cola. No tenía que estar en esto. Lo que prometió Chávez para decirnos que votáramos por Maduro no resultó”, reconoció.

Hasta donde se pueda

La enfermera Niorkis Medina, luego de salir de su trabajo en la Clínica Manuel Piar se monta en un autobús con un axioma: cola que vea, cola que hace. Vive con sus tres hijos, su esposo desempleado y su papá, un pensionado. Con los cuatro paquetes de harina en las manos, se muestra aliviada: al menos, por unos días no va a tener que preocuparse sobre qué van a comer. “Regularmente no desayunamos porque no da tiempo. Pero esta noche ya sé lo que vamos a comer: bollo con carne. En mis 37 años no había visto algo así. Antes iba con mi mamá a hacer mercado, e incluso, cuando me casé hace seis años, compraba comida para quince días. Pero ahora hay que andar en esto”, dijo.

Todos aguardaban. Pero todos se impacientaban. Nadie podrá decir de ellos que no han vivido lo que ocurre en Venezuela. Que lo diga una mujer que, en la cola, y ante la pregunta de si había comido, respondió: “Nada. ¿Me vas a brindar el almuerzo?”.

[Tomado de http://www.correodelcaroni.com/index.php/cdad/item/42627-puede-desatarse-un-conflicto-por-la-necesidad-que-estamos-viviendo.]

Metamorfosis y derrotas de los gobiernos "progresistas" en América Latina




Fernando Dorado

Hemos planteado que el llamado declive de los gobiernos “progresistas y de izquierda” en Sudamérica –entre ellos los últimos 3 gobiernos [municipales] de Bogotá–, no sólo era previsto sino inevitable. La mayoría de analistas niegan el derrumbe. Desconocen las derrotas electorales sucedidas en serie en Bogotá, Argentina, Venezuela, y ahora, Bolivia.

La causa principal de ese proceso de desgaste y debilitamiento político de los llamados “procesos de cambio” consiste en la inexistencia de una concepción y una práctica verdaderamente revolucionarias que, en medio de la gestión pública del Estado “heredado”, consiga desarrollar y potenciar la capacidad organizativa y transformadora de la población en general.

sábado, 27 de febrero de 2016

Debate (A): Contra los mitos del Estado, la Ley, las mayorías, los Derechos



Revista Nada

Oposición al Estado
Sobrevivimos en un sistema de dominación. Cuando decimos esto queremos decir que nuestras vidas están sometidas y condicionadas por multitud de relaciones de poder que derivan de estructuras enormes y profundas que se pueden concretar en la clase, el genero y la raza. Estos ejes de desigualdad tienen bases tangibles.

Obviamente hay bases materiales, y si pensamos en los hombres libres de la polis griega, es decir, en los propietarios, y en los esclavos, los que trabajan y tienen una vida constreñida por tener un lugar donde dormir y algo que comer, tal vez podríamos encontrar puntos en común. En unos momentos en los que no se habla más que de crisis económica, hay que valorar cual es la relación entre economía y política. Consideramos que la democracia es la fachada política del sistema económico que es el capitalismo. Que son dos piezas que pertenecen a la misma maquinaria, y que se relacionaban entre ellas en una especie de simbiosis para garantizar la continuidad del statu quo. El Estado cubre las necesidades económicas de grandes empresas y bancos, si es necesario, y da subvenciones y ayudas, solo si es muy necesario para mantener la estabilidad del sistema económico y proteger la paz social.

También hay bases legales, esto es, ideológicas: si nos ponemos a analizar cualquier declaración de derechos (y si lo hacemos no es para concederles la más mínima validez, sino porque son manifestaciones explicitas de las ideas e intenciones del Poder) vemos que no solo regulan aquello que supuestamente pertenece al ámbito publico, como los derechos políticos o el derecho a la propiedad privada, sino que pretenden cubrir todas las esferas, también aquello pretendidamente privado. Es desde el Estado donde se construyen, se prescriben y se (de)limitan todas las relaciones: las políticas, las económicas y las personales.

Estas bases ideológicas que son las que hacen que se perpetúen las desigualdades, que todos sus súbditos nos relacionemos partiendo de ellas: prescriben, delimitan y justifican pautas de comportamiento. Es el pensamiento democrático, que dicta lo que debe hacerse y lo que no y, aun más, cómo debe hacerse. Si hemos dicho que el Estado se entromete en todo, en cualquier momento y situación, el pensamiento democrático es su garante. Pensamos lo que el Estado y sus herramientas de control (la escuela, los medios de comunicación, la presión de vecinos y familiares) permiten que pensemos. Se supone que en un Estado democrático somos libres de pensar lo que queramos, pero nuestra imaginación se ve atrapada en la imposición de una realidad muy concreta y acobardada por el miedo a la marginación o al oprobio. Aun mas, aunque logremos pensar algo que no deberíamos pensar, el Estado tiene aun más herramientas amenazantes por si se diera el caso de que se nos ocurriera llevarlo a cabo: la represión en todas sus formas (cuerpos policiales, cárceles, psiquiátricos, centros de menores y demás instituciones que defiendan la sociedad de semejantes tendencias perniciosas).

Sea como fuere, la cuestión es que en las formas contemporáneas del Estado moderno este ya no esta solo contra y sobre los individuos, sino también dentro de esos individuos. Su poder, pues, es mas sutil, menos visible y, por ello, mas peligroso. El Estado no es una estructura ajena a nosotros, no es un ente abstracto ni una realidad tangible solo a nivel de condiciones materiales o de instituciones políticas, sino que es una realidad que pretende abarcarlo todo y cuyo orden esta presente en (casi) todo, una realidad totalitaria en el sentido mas crudo y literal del termino. Ser conscientes de ello, desafiar al Estado en todas sus formas y en cada momento, desmontarlo, destruirlo… atrevernos a imaginar nuevas maneras de vivir y de luchar contra esa realidad que nos constriñe.

Ley de mayorías

Este es quizá el mito mas solido sobre el que se edifica la democracia: la mayoría es el ente abstracto con atributos de autoridad incuestionables sobre el cual nadie duda o vacila, el dios pagano que utiliza la democracia a la hora de cometer sus desmanes.

¿Pero verdaderamente cuenta la mayoría poblacional cuantificable en el sistema democrático parlamentario? Podemos citar algunos ejemplos que nos clarifiquen esta pregunta; entre ellos el de la constitución española, “incuestionable” paradigma de legitimidad democrática sobre el que babea desde el izquierdista mas ortodoxo hasta el ultra-derechista mas recalcitrante.

Estudiando los datos oficiosos, en el referéndum sobre la constitución en 1978, sobre una población censada de 36,8 millones de habitantes, solo expresaron su conformidad con la “carta magna” un total de 15,7 millones: el 40%. Así, la mayoría cuantitativa, es decir, los 21 millones restantes no dio su conformidad, ya sea porque se abstuvieron, votaron en contra o carecieron de derecho a pronunciarse. Esta claro que dicha constitución fue votada por una minoría de la población del estado español, a la que la democracia les atribuyo valores de “representatividad de la voluntad general”.

Por lo tanto es palpable que ni la mayoría de la población ni la mayoría del cuerpo electoral (ni mucho menos las siguientes generaciones que en dicha consulta aun no habían nacido o incluso la anteriores que puedan haber cambiado de opinión) le han dado el visto bueno a esta constitución. Es pues una falacia que esta haya de ser de inexcusable acatamiento porque se corresponda con un voluntad mayoritaria; en todo caso se acata por estar forzosamente impuesta y defendida (y no con liviandad, por cierto) por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, la magistratura y las prisiones, entre otros. Casos idénticos se pueden utilizar para las elecciones generales, municipales, etc, ya que, en una democracia es siempre una minoría del “cuerpo electoral” quien decide que partido político optara a gobernar el país y que grado de representación parlamentaria tendrá. Porque esa es otra, ni siquiera es que se elija el gobierno ni a las personas que lo ostentaran, sino que se elige la lista presentada por el partido y luego, ese partido elegido por la minoría mayoritaria del censo electoral ira al parlamento junto con otros partidos (elegidos por minorías aun menos mayoritarias) y entre todos sus representantes en el, elegirán presidente de gobierno (y este conformara el gabinete) . Esto claramente es una oligarquía democrática.

No obstante, y pese a lo aquí denunciado (complementado en un siguiente apartado en el que se explica el funcionamiento de la ley electoral), esto no significa aceptar las reglas democráticas en otras condiciones, es decir, no aceptamos la presión de ninguna minoría a ninguna mayoría (real o ficticia) ni viceversa. Motivos hay muchos, entre ellos porque estamos por el reconocimiento de todos los intereses, sean estos mayoritarios, minoritarios o individuales: la ley de la mayoría no es sinónimo de tener razón y en la historia podemos encontrar muchos ejemplos a ese respecto. Otro motivo es que nos negamos a ser cosificados como porcentajes en función de los cuales se nos dan o se nos quitan derechos: ni queremos derechos, ni queremos deberes, a lo sumo hablaremos de necesidades, deseos, intereses,… que tenemos, no permisos u obligaciones que nos impongan o concedan. No hablaremos tampoco de los intereses de mayor número, sino del número de intereses.

Derechos

Los derechos son las concesiones que otorga un poder establecido, es decir, lo que se ese poder permite hacer a quienes somete. Los deberes son las imposiciones de ese mismo poder, es decir, lo que obliga a hacer. Derechos y deberes son por lo tanto un binomio ya que los unos son contrapartida de los otros y viceversa. Lo cual, y dado que los dos puntales de la democracia son la ley de mayorías y los derechos, nos lleva a varias reflexiones.

Una es que las personas no tienen derechos, sino necesidades vitales. Confundir derechos con necesidades es un grave error que nos viene de la mano del pensamiento autoritario. Se tiene necesidad de alimentarse, respirar, abrigarse, dormir, gozar,… si estas necesidades no se cubren se pueden tener carencias y enfermedades. Nadie puede concedernos el derecho a la vida (a lo sumo nos la pueden dar o quitar) salvo en formas de vida autoritarias y/o domesticadas.

Otra es que quien tiene derechos tiene deberes y, como se ha señalado antes, esto es axiomático. Todo derecho implica que alguien te lo reconozca y ese alguien a cambio te reclamara deberes.

Otra mas es que para tener derechos se ha de ser súbdito (de un rey), ciudadano (de un estado de derecho, o una república) o demócrata. También tienen derechos quienes sufren las dictaduras, los niños en las escuelas, los presos en la cárcel, los animales, las “minorías”, etc.

Una nueva reflexión, ahondando en las anteriores, es que para tener derechos es necesario ser gobernado, domesticado y por lo tanto hay que estar oprimido, o lo que viene a ser lo mismo, esta reflexión nos lleva a que quien tiene derechos no tiene libertad.

Estas reflexiones nos llevan a la conclusión de que quien quiera ser libre, ademas de luchar por ello, no puede reclamar derechos, dado que no es posible que la libertad se conceda. Los derechos prefiguran necesariamente autoritarismo.

[Tomado de https://revistanada.com/2015/12/19/contra-el-estado-contra-la-democracia-contra-la-ley-contra-las-mayorias-y-contra-los-derechos.]

Opinión: El Partido Militar C.A.



León Moraria

Por decreto ejecutivo el presidente Maduro, crea el 10 de febrero según Gaceta Oficial Nº 40.845, la Compañía Anónima Militar de industrias mineras, petroleras y de gas (CAMIMPEG). El nombre abarca múltiples actividades, tan sólo le faltaría la de, Registro Civil, para asentar partidas de nacimiento, matrimonios y defunciones. Como su nombre lo indica, será administrada por la Fuerza Armada para su financiamiento, además del que percibe por la Ley de Presupuesto Nacional. La idea debe tener inspiración en algún país, por ejemplo Egipto, donde el ejército, además de administrar el Canal de Suez como patrimonio exclusivo, tiene asignadas algunas ramas de la industria nacional (el turismo de la egiptología): dos grandes fuentes de riqueza egipcia.

La creación de dicha Compañía Anónima debe formar parte de alguna cláusula secreta del “Plan de la Patria”, algo así como “el secreto de Fátima”, que el “comandante eterno”, antes de morir, envuelto en su aureola de santidad, le comunicó de manera muy confidencial a su benjamín, vidente y albacea, Nicolás Maduro Moros. Voluntad del “comandante eterno” que debía permanecer en secreto un tiempo prudencial luego de su ascensión al cielo del “cuartel de la montaña. Secreto a ser revelado sólo en caso de extrema gravedad política, que pusiera en peligro la continuidad de la Revolución Bolivariana, concebida, a imitación del nazismo hitleriano, para durar mil años. De ahora en adelante, la Fuerza Armada, como su nombre lo indica, no sólo está armada con aviones, barcos, tanques y fusiles, pasa a estar armada con los recursos naturales más apetecibles de la riqueza nacional.

No olvidar: Prócer del MBR 200 asesinó pueblo el 27F

En esta columna escrita por el periodista Manuel Isidro Molina en el año 2006, se describe pormenorizadamente la actuación del Mayor Carlés en la represión contra el pueblo el 27 de Febrero de 1989 y su muerte en estos operativos. La historigrafía bolivariana ha tergiversado este capítulo.

El Caracazo

Manuel Isidro Molina

El Caracazo de Román Chalbaud, resultó una película panfletaria y ajena a la verdad histórica. Lo lamento mucho por la trayectoria cinematográfica del afamado director y dramaturgo venezolano, a quien admiro.

El sesgo pro-chavista y la exculpación militarista le quita fuerza a la producción cinematográfica; y la adulteración de hechos históricos importantes la empobrece. Salí de la sala de cine, indignado, porque no hay derecho a tal grado de manipulación.

Tal vez en el exterior, pueda ser recibida la cinta de Chalbaud con indulgencia, dado el desconocimiento de los acontecimientos, relativamente recientes. Ya obtuvo una primera premiación en el XXVII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Lo que en Venezuela conocemos como el “27 de Febrero” o el “27F” de 1989, fue un acontecimiento popular de protesta en contra de las políticas neoliberales del gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, reprimido brutalmente por las fuerzas militares, especialmente la Guardia Nacional y el Ejército; un genocidio impune, hasta hoy, luego de siete años de gobierno del presidente Hugo Chávez Frías. Ni los jerarcas del gobierno ni los altos mandos militares de la época, han sido enjuiciados legalmente, aunque el 27F partió en dos la historia contemporánea y sirvió de disparadero a sucesivos acontecimientos políticos que dieron paso al desplazamiento de las fuerzas de poder tradicionales: estremecimiento político inmediato; rebeliones militares en febrero y noviembre de 1992; emergencia de nuevas tendencias políticas nacionales, regionales y municipales; destitución y enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez; elección presidencial de Rafael Caldera para el período 1994-1999; triunfo de Hugo Chávez Frías, en 1998, candidato presidencial del extinguido “Polo Patriótico”; y el proceso constituyente de 1999. Sin embargo, en el fondo ha perdurado el “peso inercial de la cultura de la vieja política”, asociada a la corrupción, la improvisación, la arbitrariedad y el caudillismo, que está dejando muy lejos al tan criticado “presidencialismo” de la democracia venezolana.

México: Reiteramos una vez más que no pediremos su aprobación para ser libres




Okupa Che, Espacio Autónomo de Trabajo Autogestivo

Desde hace varios años por diversos medios se ha estado denunciando y evidenciando la campaña de desprestigio y acoso desatada de forma global contra el movimiento anarquista y sobre la Okupa Che en particular. No hace más de tres meses que por medio de mensajes de texto falsos se amenazaba -a personas específicas- con el desalojo violento de dicho espacio y con la posible ubicación y detención de algunxs de sus “okupantes” en nombre de Rectoría. Sumado a ello, diversos periodicazos dieron luz las últimas semanas donde se tocaban diversos puntos que, supuestamente están ligados con la existencia del espacio. Diarios cómplices siempre de la Rectoría de la UNAM y del Estado, -La Razón, El Universal, por ejemplo- lanzaban conjeturas y suposiciones sobre el comercio, tráfico de drogas y robo, señalando la aventurada y bien intencionada teoría que todo ello es manejado por algunas personas relacionadas con la okupa.

Opinión - Acuerdo con Gold Reserve: ¿Cinismo o esquizofrenia?



Carlos Carcione
El gobierno Venezolano acaba de firmar un negocio con la minera canadiense Gold Reserve. Una de las corporaciones más dañinas para el medio ambiente y más expoliadoras de los países de Nuestra América. El título de la noticia: “Venezuela y la minera Gold Reserve alcanzan acuerdo por 5.000 millones de dólares”.

El presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino declara a la prensa: “Hemos firmado el acuerdo de inversión por 5 mil millones de dólares, que están disgregados en la resolución de la disputa que se tenía, las inversiones en las minas de oro por 2 mil millones de dólares, y 2 mil millones de dólares en préstamos para el país”. Y agrega: “Llegamos al acuerdo final de esa disputa. Demuestra la responsabilidad que el país tiene ante los inversionistas internacionales, de resolver las discrepancias que se hayan sucedido”.

Alcedo Mora y Hnos. Vergel cumplen un año desaparecidos: ¡el gobierno es responsable!




Redacción

Este 27 de febrero se llega exactamente a los doce meses de la desaparición del luchador social merideño y los dos refugiados colombianos, un lapso donde los que batallamos en busca de respuestas precisas ante el hecho hemos enfrentado una actitud oficial que ha sido mayormente de silencio vergonzoso, matizada de cuando en vez con algunas etereas declaraciones públicas para salir del paso, más la discreta divulgación aquí y allá de rumores calumniosos que de alguna manera pretenden incriminar a quienes en este caso son las víctimas, además del habitual expediente de las amenazas a quienes preguntan o se mueven demasiado sobre este asunto.

Pero sea a la gobernación del Edo. Mérida, la Fiscalia General de la República, la Defensoria del Pueblo o los cuerpos represivos del Estado quienes por turno pretenden jugar el papel de apagafuegos en este caso, les decimos que sus resultados han sido bien pobres, porque el grito de denuncia sigue encendido y vigente, pues para muchos - y cada día somos más - las desapariciones de estos compañeros son un claro signo de lo muy mal que andan las cosas hoy en esta Venezuela dizque "socialista y revolucionaria".

viernes, 26 de febrero de 2016

Negros, salvajes y anarquistas



Aitor Jiménez y Pedro J. Mariblanca
1.- Negro y Anarquista

Negro, anarquista, anarquista y negro. Son sinónimos alternos, sinónimos de lo terrible. Durante siglos ambos sustantivos han venido a recoger todos los atributos de lo negativo, de lo demoniaco, de lo perverso, de la maldad.

Poderosos, políticos, propietarios, sacerdotes, hacendados, intelectuales, filósofos, ricos. Todos han utilizado uno y otro termino para señalar los peligros de la ausencia de orden, ¿de que orden? Del suyo por supuesto. El negro y el anarquista, especialmente en toda la extensión americana, han crecido como los sujetos de alteridad, el peligro a vigilar.

Desde Alaska a Tierra de Fuego, negros y anarquistas han sido vilipendiados, señalados, linchados, juzgados por el estado fusilados por los ejércitos de todo signo político. Marcados con el estigma de lo negativo.

29/2/16 en Caracas: 5 organizaciones sociales relatan sus experiencias de lucha y autonomía



Prensa PROVEA

El lunes 29.02.2016, las organizaciones: Sindicato de Trabajadores del Inces (Sintrainces); Comité de Derechos Humanos de La Guajira; Comité de Derechos Humanos de los Jubilados y Pensionados (El Comité); Organización Regional de Pueblos Indígenas del Amazonas (Orpia) y la Red LGBTI de Venezuela, relatarán sus experiencias de lucha en un evento que se realizará en el marco de un proyecto denominado “Sistematización de experiencias exitosas de participación comunitaria”.

Este proyecto que comenzó a desarrollarse en el mes de octubre 2015, tenía por objetivo sistematizar cinco experiencias exitosas en el ejercicio del derecho a la libre asociación y reunión por parte de organizaciones sociales venezolanas, incluyendo sus logros y obstáculos. Con ello, se espera contribuir a la preservación de la memoria histórica de cada una de estas iniciativas y sus beneficiarios directos e indirectos y a la promoción en el conjunto del movimiento popular venezolano, de la importancia de la organización y el ejercicio autónomo de las luchas en defensa de los derechos humanos.

El evento se llevará a cabo en la fecha indicada, a las 10:00 am., en los espacios del Foro XXI en el Centro Letonia de La Castellana en Caracas.

La invitación es abierta para todas las personas que quieran conocer y compartir estas exitosas experiencias de lucha y constancia en la defensa de derechos para todas y todos.

Debate: Algunas reflexiones, autocríticas y propuestas sobre el proceso de cambio en Bolivia

Represión en Bolivia

por Pablo Solón

¿Qué ha pasado? ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué ocurrió con el proceso de cambio que hace más de quince años conquistó su primera victoria con la guerra del agua? ¿Por qué un conglomerado de movimientos que querían cambiar Bolivia acabaron atrapados en un referéndum para que dos personas puedan re-elegirse en el 2019?

Decir que todo esto es obra de la conspiración imperialista es un despropósito. La idea del referéndum para la reelección no partió de la Casa Blanca sino del Palacio Quemado. Ahora es obvio que el imperialismo y toda la ultra derecha se aprovechen de este gran error que fue la convocatoria a un referéndum para que dos personas puedan ser reelectas.

El referéndum no es la causa del problema sino uno más de sus trágicos episodios. El proceso de cambio anda por mal camino y es necesario reflexionar más allá de los escándalos de corrupción y las mentiras, que aunque son importantes, son sólo la punta del iceberg.

Hace cuatro años y medio deje el gobierno y durante este tiempo he buscado entender este devenir. Lo que pasa en Bolivia no es algo único. Desde principios del siglo pasado diferentes movimientos revolucionarios, de izquierda o progresistas llegaron al gobierno en diferentes países del mundo y, a pesar de que varios de ellos generaron importantes transformaciones, prácticamente todos terminaron cooptados por las lógicas del capitalismo y el poder.

De manera muy resumida comparto aquí algunas ideas, autocriticas y propuestas que espero contribuyan a recuperar los sueños de un proceso de cambio que es muy complejo y que no es propiedad de ningún partido o dirigente.

I
LA LOGICA DEL PODER CAPTURÓ AL PROCESO

Los activistas de izquierda en el gobierno generalmente hablamos del peligro de la derecha, del imperialismo y de la contra-revolución, pero casi nunca mencionamos el peligro que representa el poder en si mismo. Los dirigentes de izquierda creen que estando en el poder podrán transformar la realidad del país y no son conscientes que ese poder los acabará también transformando a ellos mismos.

En los primeros momentos de un proceso de cambio generalmente el nuevo gobierno promueve -por vía constitucional o insurreccional- la reforma o transformación de las viejas estructuras de poder del Estado. Estos cambios, aunque radicales, nunca serán suficientes para evitar que los nuevos gobernantes sean cooptados por la lógica del poder que está presente tanto en estructuras de poder reaccionarias como en estructuras de poder revolucionarias. La única opción para evitar que un proceso de cambio sucumba está fuera del Estado: en la fortaleza, independencia del gobierno, autodeterminación y movilización creativa de las organizaciones sociales, de los movimientos y los diferentes actores sociales que dieron nacimiento a esas transformaciones.

En el caso boliviano, que comparativamente a otros procesos de cambio era muy privilegiado por la fuerte presencia de vigorosas organizaciones sociales, uno de nuestros errores más graves fue debilitar a las organizaciones sociales incorporando a las estructuras del Estado a una gran parte de sus dirigentes que terminaron expuestos a las tentaciones y la lógica del poder. Antes que cooptar a toda una generación de dirigentes había que formar verdaderos equipos para gestionar las reparticiones claves del Estado. Entregar sedes sindicales, movilidades, pegas y beneficios a las organizaciones sociales que promovieron el proceso de cambio incentivo una lógica clientelar y prebendalista. Por el contrario, debíamos haber potenciado la independencia y capacidad de autodeterminación de las organizaciones sociales para que sean un verdadero contra-poder que proponga y controle a quienes habíamos pasado a ser burócratas estatales. El verdadero gobierno del pueblo no está, ni nunca estará en las estructuras del Estado.

Continuamos con una estructura jerárquica estatal del pasado y no impulsamos una estructura más horizontal. Sin duda el concepto de “El jefe” o “El jefazo” fue un gravísimo error desde un principio. El culto a la personalidad jamás debió ser alimentado.

En un principio, muchas de estas equivocaciones se cometieron presionados por las circunstancias y debido al propio desconocimiento de cómo administrar de manera diferente un aparato del Estado. A nuestra inexperiencia se sumo la conspiración y el sabotaje de la derecha y el imperialismo que obligo a cerrar filas muchas veces de manera acrítica (caso Porvenir, negociación de artículos de la Constitución Política del Estado, etc.).  Los aciertos y triunfos contra la derecha, lejos de abrir una nueva etapa para reconducir el proceso e identificar nuestros errores, acentuaron las tendencias más caudillistas y centralistas.

La lógica del poder es muy similar a la lógica del capital. El capital no es una cosa sino un proceso que sólo existe en tanto genera más capital. Capital que no se invierte y no da ganancias es un capital que sale del mercado. El capital para existir debe estar en permanente crecimiento. De igual forma opera la lógica del poder. Sin darte cuenta, lo más importante en el gobierno pasa a ser como preservarte en el poder y como adquirir más poder para asegurar tu continuidad en el poder. Los argumentos para esta lógica que antepone la permanencia en el poder y su expansión a toda costa son en extremo convincentes y nobles: “si no se tiene mayoría absoluta en el Congreso la derecha volverá a boicotear al gobierno”, “a mayor cantidad de gobernaciones y municipios que se controlan mejor se pueden ejecutar los planes y proyectos”, “la justicia y otras reparticiones del Estado deben estar al servicio del proceso de cambio”, “acaso quieres que vuelva la derecha”, “que será del pueblo si perdemos el poder…”.

Si el error primigenio del proceso de cambio fue creernos “el gobierno del Pueblo”, el momento de inflexión del proceso de cambio comenzó con el segundo mandato de gobierno. El 2010 se alcanzaron más de dos tercios en el parlamento y había energía suficiente para realmente avanzar hacia una transformación de fondo en la línea del Vivir Bien. Era el momento de fortalecer más que nunca el contrapoder de las organizaciones sociales y la sociedad civil para limitar el poder de quienes estábamos en el gobierno, el parlamento, las gobernaciones y los municipios. Era el momento de concentrar esfuerzos para promover nuevos liderazgos y activistas creativos que nos remplacen porque las dinámicas del poder nos iban a triturar.

Sin embargo lo que se hizo fue todo lo contrario. Se centralizó aún más el poder en manos de los jefes, se transformó al parlamento en un apéndice del ejecutivo, se continuo fomentando el clientelismo de las organizaciones sociales, se llegó al extremo de dividir a algunas organizaciones indígenas y se intentó controlar el poder judicial a través de burdas maniobras que acabaron frustrando el proyecto de contar con una Corte Suprema de Justicia idónea, independiente y electa por primera vez en la historia.

En vez de promover libre pensantes que incentivaran el debate en todos los espacios de la sociedad civil y el Estado se censuraron y persiguieron a quienes discrepaban con las posiciones oficiales. Se cayó en una terquedad absurda de querer justificar lo injustificable como Chaparina y de buscar revertir a toda costa la victoria de los indígenas y ciudadanos que habían hecho retroceder el proyecto de la carretera por el TIPNIS.  Este contexto, donde la obsecuencia era premiada y la critica era tratada como la peste, incentivó el control de los medios de comunicación a través de diferentes vías, minó el surgimiento de nuevos dirigentes y fortaleció el engaño de que el proceso de cambio de millones de personas dependía de un par de personas.

La lógica del poder había capturado al proceso de cambio y lo más importante pasó a ser la segunda reelección y ahora la tercera reelección.

II
LAS ALIANZAS QUE MINARON EL PROCESO

Todo proceso de transformación social desplaza a ciertos sectores, catapulta a otros y engendra nuevos sectores sociales. En el caso boliviano el proceso de cambio significó en un principio el desplazamiento de una clase media tecnocrática y una burguesía parasitaria del Estado que durante décadas se había turnado en el gobierno y que siempre tenía familiares en las estructuras de poder para conseguir licitaciones, consultorías, concesiones, contratos, tierras y otros beneficios.

El 2006 este sector fue desplazado y aunque varios de sus miembros siguieron ocupando funciones estatales ya no tenían el poder de antes para hacer negocios y negociados con el Estado. En el país comenzó una lucha muy aguda entre, por un lado, sectores sociales antiguamente dominantes que habían sido desplazados o que tenían miedo de perder sus privilegios (terratenientes, agroindustriales y empresarios) y por otro lado, sectores sociales emergentes indígenas, campesinos, de trabajadores y una clase media popular muy diversa.  Las oligarquías del oriente hábilmente desarrollaron un discurso de “autonomías” para ganar apoyo en sectores de la población y la confrontación nos llevo casi al borde de una guerra civil. Al final, gracias a la movilización social y al referéndum revocatorio los sectores más reaccionarios quedaron arrinconados. Sin embargo, a pesar de su derrota, esa oligarquía logró ciertas victorias parciales con las modificaciones al texto constitucional que en esa entonces parecían pequeñas frente al hecho de que por fin se iba a contar con la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Ahí empezó una nefasta política de alianza que le fue drenando el espíritu al proceso cambio.

Los dirigentes en el gobierno que ya habían empezado a ser capturados  por la lógica del poder optaron por una estrategia que fue pactar con los representantes económicos de la oposición mientras se perseguía a sus lideres políticos. ¡Zanahoria económica y palo político!

Así, poco a poco, las banderas de la revolución agraria fueron vaciadas de contenido. La gran mayoría de terratenientes de antes del 2006 no fueron afectados. Se enfatizó el saneamiento y la titulación de tierras que favoreció mayoritariamente a indígenas y campesinos pero no se procedió a desmantelar el poder de los latifundistas. En este contexto se produjo una alianza con el sector más importante de los agro-empresarios: los exportadores de soya transgénica a los que se les permitió continuar e incrementar la producción de transgénicos. La soya transgénica que en el 2005 representaba sólo el 21% de la producción de soya en Bolivia alcanzó el 92% en el 2012. Se postergó la verificación del cumplimiento de la función económica social de las grandes propiedades que hubiera llevado a su expropiación y reversión, se perdonaron los desmontes ilegales de bosques y se llamó a ampliar la deforestación para beneficio fundamental de los agroexportadores.

Estas alianzas que antes del 2006 hubieran sido impensables se justificaron diciendo de que así se fracturaba a la oposición cruceña,  se viabilizaba que el gobierno sea bien recibido en ciudades del oriente, y se evitaba una polarización como la de Venezuela, pues los sectores económicos de la oposición de derecha verían que era mejor no malograr la estabilidad del gobierno.

Esta política de alianzas para estabilizar y consolidar “el gobierno del pueblo” fue abarcando a casi todos los sectores de poder económico. La burguesía financiera que desde un principio fue tratada con guante blanco para evitar el riesgo de una corrida bancaria, como en los tiempos de la UDP, fue una de las mas beneficiadas. Las utilidades del sector financiero en Bolivia pasaron de 43 millones de dólares en el 2005 a 283 millones de dólares en el 2014. Algo similar paso con la minería privada transnacional, que pese a algunas nacionalizaciones, mantuvo a lo largo de los últimos diez años una participación del 70% en las exportaciones. Según el propio Ministro de Finanzas las utilidades del sector privado llegaron en el 2013 a los 4.111 millones de dólares.

El proceso de cambio no sólo había sido capturado por la lógica del poder sino que los intereses de sectores empresariales de derecha lo habían empezado a minar desde adentro.

III
LOS NUEVOS RICOS

Estas políticas de alianza con el enemigo no hubieran sido posibles si no se hubiera operado también una transformación en la base social del proceso de cambio. En casi todos los procesos revolucionarios que se han dado en este y el siglo pasado, después de un proceso de confrontación con los viejos sectores desplazados, surge desde adentro del mismo proceso revolucionario grupos de nuevos ricos y burócratas que quieren gozar de su nuevo estatus y que para ello se alían con sectores de los antiguos ricos. La mejora de las condiciones de vida de algunos sectores y en particular de algunas dirigencias no lleva necesariamente a un mayor desarrollo de la conciencia, sino todo lo contrario. La única forma de contrarestar a estos nuevos ricos y nuevas clases medias de origen popular es nuevamente la existencia de fuertes organizaciones sociales. Sin embargo, cuando estas son debilitadas y cooptadas  por el Estado, no existe ningún contrapeso a estos nuevos sectores de poder económico que empiezan a incidir de manera determinante en la toma de decisiones.

Al comenzar el segundo mandato del gobierno en el 2010 quedaba claro que el gran peligro para el proceso de cambio no estaba afuera sino dentro de los dirigentes y nuevos grupos de poder que se estaban formando en los municipios, gobernaciones, empresas estatales, reparticiones públicas, las fuerzas armadas y los ministerios. La repartición de la renta del gas entre todas estas entidades abrió una oportunidad increíble de hacer negocios chicos y grandes de toda índole. En las altas esferas se era consciente del peligro, pero no se adoptaron oportunamente mecanismos eficientes de control interno y externo al aparato del Estado. La lógica dominante pasó a ser la de obras y más obras para ganar más popularidad y así lograr la  reelección.  Así fueron surgiendo nuevos sectores de poder económico de dirigentes políticos, sindicales y contratistas que empezaron a escalar socialmente gracias al Estado. A ellos se sumaron sectores de comerciantes, contrabandistas, cooperativistas mineros, productores de hoja de coca, transportistas y otros que consiguieron una serie de concesiones y beneficios gracias a que representaban importantes masas electorales.

El problema del proceso de cambio es más profundo de lo que parece. No se trata solamente de graves desaciertos de individuos o de escándalos de corrupción de telenovela, sino de que ahora hay una emergente burguesía y clase media popular, chola, aymara y quechua que lo que busca es continuar con su proceso de acumulación económica.

Para reconducir el proceso de cambio es necesario revigorizar antiguas y crear nuevas organizaciones sociales. Hoy no es seguro que los que fueron los actores claves de hace una década sean los actores claves del mañana. Creer que con un cambio de personas es posible reconducir el proceso de cambio es engañarse a si mismos. El proceso de cambio es mas complejo y requiere de la reconstitución del tejido social  que  le dio origen.

IV
DEL VIVIR BIEN AL EXTRACTIVISMO

Para revitalizar y reconducir el proceso de cambio es fundamental saber que país estamos construyendo y ser muy sinceros y autocríticos. Los logros de estos 10 años son innegables en muchos aspectos y tienen su origen en el incremento de los ingresos del Estado por la renegociación de los contratos con las transnacionales  petroleras en un momento de altos precios de los hidrocarburos. En términos estrictos no podemos decir que hubo una nacionalización ya que hoy día dos empresas trasnacionales (PETROBRAS y REPSOL) manejan el 75% de la producción de gas natural en Bolivia. Lo que si hubo fue una renegociación de contratos que hizo que los beneficios de las empresas transnacionales por costos recuperables y ganancias bajaran de 43% en el 2005 a sólo 22% en el 2013. Es innegable que las transnacionales del petróleo siguen en Bolivia y ganan el triple de lo que ganaban hace diez años, pero el otro lado de la medalla es que el Estado tiene ocho veces más  ingresos pasando de 673 millones en el 2005 a 5.459 millones de dólares en el 2013[1]. Esta ingente cantidad de millones de dólares permitió un salto en la inversión publica, la aplicación de una serie de bonos sociales, el desarrollo de obras de infraestructura, la ampliación de servicios básicos, el incremento de las reservas internacionales y otras medidas. Es innegable que comparado con las décadas pasadas hubo una mejora en la situación de la población y esto explica el respaldo que aún tiene el gobierno.

Sin embargo la pregunta es ¿a dónde nos está llevando este modelo? ¿al Vivir Bien? ¿al socialismo comunitario? O por el contrario ¿hemos caído en la adicción al extractivismo y el rentismo de una economía capitalista básicamente exportadora?

La idea original era nacionalizar los hidrocarburos para redistribuir la riqueza y salir del extractivismo de materias primas avanzando en la diversificación de la economía. Hoy, diez años después, a pesar de algunos proyectos de diversificación económica, no hemos superado esa tendencia y por el contrario somos más dependientes de las exportaciones de materias primas (gas, minerales y soya). ¿Por qué nos hemos quedado a medio camino y nos hemos vuelto casi adictos al extractivismo y a las exportaciones? Porque esta era la forma más fácil de conseguir recursos para mantenerse y continuar en el poder. No es cierto que no habían otras opciones, pero es evidente que todas ellas no iban a generar rápidamente ingresos de divisas para ampliar la popularidad del gobierno. Avanzar hacia una Bolivia agroecológica hubiera sido un camino mucho mas acorde con el Vivir Bien y el cuidado de la Madre Tierra, pero ello no hubiera garantizado en lo inmediato cuantiosos ingresos económicos y hubiera significado una confrontación con la gran agroindustria soyera transgénica.

Autocríticamente debemos decir que la visión de sustitución de importaciones que teníamos hace mas de diez años no es factible en la escala en que nos imaginábamos por la competencia de mercancías internacionales mucho más baratas y por el tamaño reducido de nuestro mercado interno. Esto es aún mucho mas difícil cuando no se establece una política de cierto monopolio del comercio exterior y de control del contrabando. Medidas acertadas como frenar los acuerdos de libre comercio de Bolivia, revertir el TLC con México y salirse del CIADI, no fueron acompañadas de medidas de control efectivo del comercio exterior.

El Vivir Bien y los derechos de la Madre Tierra cobraron notoriedad a nivel internacional pero a nivel nacional se fueron devaluando cada vez más porque sólo se limitaban a ser un discurso que no se ponía en práctica. El TIPNIS fue la gota que rebalso el vaso y mostró esa incongruencia entre el decir y el hacer.

V
OTRA BOLIVIA ES POSIBLE

Días antes del referéndum se difundió la noticia de que en Oruro se construiría una planta de energía solar que generará 50 MW y que cubriría LA MITAD de la demanda de energía eléctrica del departamento de Oruro, con un costo de inversión de casi 100 millones de dólares. La noticia apenas circulo a pesar de que es una pequeña muestra de que Otra Bolivia es Posible.

Bolivia puede ir dejando paulatinamente el extractivismo para colocarse a la vanguardia de una verdadera revolución energética solar comunitaria. Si Bolivia se lo propone con una inversión de 1.000 millones de dólares podría generar 500 MW de energía solar que representa casi un tercio de la demanda nacional actual. La transformación puede ser mucho mas profunda si tomamos en cuenta que el gobierno anuncia una inversión total de 47.000 millones de dólares hasta el 2020.  

Pero además, Bolivia podría apuntalar una energía solar comunitaria, municipal y familiar que convierta al consumidor de electricidad en productor de energía. En vez de subsidiar el diesel para los agroindustriales se podría invertir ese dinero para que los bolivianos de menores ingresos generen energía solar en sus tejados. De esta forma se democratizaría y descentralizaría la generación de energía eléctrica. El Vivir Bien empezará a ser una realidad cuando se empodere económicamente a la sociedad (como productores y no sólo como consumidores y receptores de bonos de ayuda social) y se promuevan actividades para recuperar el equilibrio perdido con la naturaleza.

La verdadera alternativa a la privatización no es la estatización sino la socialización de los medios de producción. Muchas veces las empresas estatales se comportan como empresas privadas cuando no existe la efectiva participación y control social. Apostar a la generación de energía solar comunitaria, municipal y familiar contribuiría a empoderar a la sociedad antes que al Estado y ayudaría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

El tema de la energía solar comunitaria y familiar es sólo una pequeña muestra para que pensemos fuera de los patrones tradicionales del “desarrollo”. Así mismo debemos recuperar la propuesta de una Bolivia agroecológica y agroforestal porque la verdadera riqueza de las naciones de aquí a unas décadas no estará en el extractivismo destructivo de materias primas sino en la preservación de su biodiversidad, en la producción de productos ecológicos y en la convivencia con la naturaleza, algo en lo cuál tenemos un gran legado por los pueblos indígenas.

Bolivia no debe cometer los mismos errores de los países llamados “desarrollados”. El país puede saltar etapas si sabe leer las verdaderas posibilidades y peligros del siglo XXI y dejar el viejo desarrollismo del siglo XX.

Nadie está pensando en dejar de extraer y exportar gas en lo inmediato. Pero definitivamente no es posible hacer planes para profundizar el extractivismo cuando existen otras alternativas que quizás en el corto plazo sean mas complicadas pero en el mediano plazo son mucho mas beneficiosas para la humanidad y la Madre Tierra.

En vez de promover referéndums sobre la reelección de dos personas deberíamos promover referéndums sobre los transgénicos, la energía nuclear, las mega represas hidráulicas, la deforestación, la inversión publica y tantos otros temas que son cruciales para el proceso de cambio. Soló es posible reconducir el proceso de cambio con un mayor ejercicio de la democracia real.

Una lectura equivocada de lo ocurrido puede llevar a formas más autoritarias de gobierno y al surgimiento de una derecha neoliberal como ocurre en la Argentina. No hay duda que sectores de derecha operan tanto desde la oposición como desde el interior del gobierno. Tampoco podemos cerrar nuestros ojos y no reconocer que sectores de izquierda y de los movimientos sociales se dejaron cooptar por el poder o no fuimos capaces de articular una clara propuesta alternativa.

La reconducción del proceso de cambio pasa por: a) discutir critica y propositivamente los problemas de desarrollismo tardío capitalista inviable que subyace en la agenda patriótica para el 2025, b) evaluar, explicitar y asumir acciones dentro y fuera del Estado para hacer  frente a los problemas y peligros que genera la lógica del poder (autoritarismo, clientelismo, continuismo, nuevos ricos, alianza pragmáticas espurias, corrupción, etc.) c) superar la contradicción entre el decir y el hacer, y hacer realidad la aplicación de los derechos de la Madre Tierra y la ejecución de proyectos que realmente contribuyan a la armonía con la naturaleza, y d) ser autocríticos con uno mismo y con las propias organizaciones y movimientos sociales que en algunos casos reproducen dañinas prácticas caudillistas y prebendalista.

¡El Vivir Bien es posible!

[1] Carlos Arce Vargas. Una década de gobierno ¿Construyendo el Vivir Bien o el capitalismo salvaje? CEDLA. 2016. http://cedla.org/sites/default/files/una_decada_de_gobierno._construyendo_el_vivir_bien_o_un_capitalismo_salvaje.pdf

La poesía y el militarismo en Venezuela



* Conferencia presentada en la Feria Internacional del Libro, Guadalajar, México, el 30/11/2014.

I

"Que le pague Galileo”, esa fue la orden impartida al jurado de un certamen poético, cuyo tema era “el Poder y la Gloria”. El autor del dictamen fue el “El Ilustre Americano”, el general Antonio Guzmán Blanco, caudillo militar y bolivariano, que entre 1870 y 1888 ejerció en tres ocasiones la Presidencia de Venezuela, bajo una fuerte hegemonía autoritaria y megalómana. La víctima de tal determinación fue el celebrado poeta venezolano del siglo XIX, hoy en día casi completamente olvidado, Francisco Guaicaipuro Pardo, quien tal vez por lo que inocentemente podríamos calificar como “un error de interpretación” participó en el mencionado concurso con un poema dedicado a Galileo Galilei y no al caudillo presidente, como era de esperarse. Obviamente, Pardo nunca pudo hacer efectivo su premio (Silva Bauregard 45). Por su parte, el más importante poeta venezolano de la segunda mitad del siglo XIX, Juan Antonio Pérez Bonalde, perseguido por las mismas circunstancias políticas en tanto opositor al régimen guzmancista, tuvo que exiliarse y pasar buena parte del resto de su vida, hasta poco antes de fallecer, fuera de ese terruño natal tantas veces invocado en su poesía. No está de más recordar que en el mismo libro en el que Pérez Bonalde incluye su célebre poema “Vuelta al Patria”, Estrofas, publicado en New York en 1877 (luego de una corta estancia en Venezuela el año anterior) hay al menos tres poemas en los que se hace clara alusión a Guzmán Blanco: el soneto “A un tirano” que concluye con el siguiente terceto: “¡Atrás, profanador! La frente impía/Ve en el lodo a ocultar de tu conciencia,/Y no avergüences más la patria mía!”; otro soneto titulado “Tienen razón”, dedicado justamente “A un tirano” donde encontramos versos como los siguientes: “’Oprimir a mi patria’: esa es tu gloria,/ ‘Egoísmo y codicia’: ese es tu lema/’Vergüenza y deshonor : esa es tu historia’;//Por eso aún en su infortunio recio,/Ya el pueblo no te lanza su anatema…/Él te escupe a la cara su desprecio!”; y uno más extenso, titulado “Epístola”, conformado por 29 tercetos endecasílabos encadenados, en el que con marcada ironía se dirige al “buen Ricardo” (en alusión a Ricardo Becerra, “redactor del El Federalista ”, a quien dedica el poema[1]) para echarle “una fuerte reprimenda” por su carencia de sentido de realidad, al atreverse a exponer en su periódico asuntos ajenos a los intereses de la autocracia de Guzmán Blanco, en lugar de actuar como sería lo esperado, como un servil adulador. Leamos algunas estrofas del poema:

¿Cómo te has atrevido, buen Ricardo,
A hablar aquí de unión y de progreso?
¿No ves que eso es pedir rosas al cardo?

Dime ¿has perdido por ventura el seso,
Que te pones a hablar de garantías
Y de cuestiones otras de gran peso?

Perdona que te diga sin recelo
Que vas desorientado en tu camino
Y que te engaña tu ferviente celo.

Deja a un lado la patria y su destino;
Para un instante el curso de tu pluma
Y escúchame, inocente granadino:

¿Quieres llegar a la grandeza suma?
Quieres verte flotando en los honores
Como en el mar la delicada espuma!

¿Quieres que lluevan sobre ti las flores
Y, abriendo un palmo de admirada boca,
Te miren Generales y Doctores?

Pues nada más sencillo y practicable:
Predica la discordia y la anarquía
Y dí que toda unión es detestable

Llama al contrario en opinión, pantera,
Canalla, torpe, vándalo, villano…
En fin, ya tú conoces la manera.

En fin, rebuzna con ardiente fiebre,
Cual rebuzna, creyéndose un artista,
Pacífico jumento en su pesebre,

Que no de otra manera a periodista
Ha podido llegar tanto palurdo,
Ni tanto saltabancos a estadista:

Perdona buen Ricardo, si te aturdo
Pintándote las cosas de mi tierra,
Tierra de tanta luz…y tanto absurdo!”

Igual suerte corrió José Martí, quien había llegado a Caracas un 20 de enero de 1881 con el deseo de impulsar una importante labor periodística y cultural que lo llevó a fundar la llamada Revista Venezolana. Publicación que también se vio frustrada y que sólo alcanzó a ver dos números, pues un ensayo que escribió sobre el notable intelectual venezolano Cecilio Acosta, como homenaje luego de su fallecimiento, disgustó de nuevo al ilustre caudillo, lo cual determinó su expulsión de Venezuela a escasos seis meses de haber llegado a la ciudad natal de su admirado Bolívar. Exiliado en Nueva York, estrechará su amistad con Pérez Bonalde y allí escribirá el prólogo de “El poema del Niágara” del poeta venezolano, texto aquél considerado hoy en día como una suerte de manifiesto fundador del Modernismo hispanoamericano. Estos tres casos, los de Guaicaipuro Pardo, Pérez Bonalde y Martí, circunscritos al último tercio del siglo XIX venezolano, nos sirven para poner en evidencia una patología que a lo largo del grueso de la historia venezolana ha imperado, me refiero al militarismo caudillesco, sostenido siempre en prédicas revolucionarias o reivindicativas que propugnan como justificación de las imposiciones del poder militar sobre el orden civil el rescate de la patria. En estas notas trataremos de indagar en algunas de las derivaciones de esta fatalidad en relación con la conformación del campo intelectual y literario venezolano que desemboca en el presente.

No creo que sería exagerado extraer como corolario de la exploración del devenir histórico venezolano la certificación de la frecuencia con que ante esta penosa realidad se han impuesto innumerables espejismos en el camino, los cuales siempre han sabido seducir al sediento caminante de ese desierto de experiencias cívicas, que querámoslo o no ha constituido predominantemente el paisaje político de Venezuela. Hacia finales del primer decenio del siglo XX, Rómulo Gallegos fundó junto con un grupo de jóvenes de su generación una revista llamada justamente “La Alborada”, como órgano de promoción de las ideas de renovación y esperanza con que esos jóvenes veían el futuro, luego de hacer el diagnóstico de los males que desde el origen de la nación habían imposibilitado el asentamiento de instituciones verdaderamente democráticas y cívicas. En un artículo titulado “Hombres y principios”, publicado en el primer número de la revista, el 31 de enero de 1909, poco después del desalojo de Cipriano Castro del poder por parte de su compadre Juan Vicente Gómez, Gallegos afirmaba: “Hombres ha habido y no principios, desde el alba de la república hasta nuestros tiempos; he aquí la causa de nuestros males. A cada esperanza ha sucedido un fracaso y un caudillo más en cada fracaso y un principio menos en la conciencia social” (Una posición 11). A la vista del tiempo, resulta curioso constatar cómo estos jóvenes vieron encarnada, en ese momento, en la figura del general Juan Vicente Gómez una esperanza de cambios, sin imaginar que en realidad se trataba del inicio de la más prolongada y brutal dictadura militar de las muchas que ha vivido Venezuela. En realidad, la ilusión duró muy poco y lo que comenzaron a proliferar fueron las atrocidades autoritarias de ese régimen, que llevó a los calabozos a un importante grupo de escritores y poetas a lo largo de los 27 años en los que el llamado Benemérito, Juan Vicente Gómez, se mantuvo en el poder, rodeado de aduladores intelectuales y escritores que bajo la égida del pensamiento positivista justificaron y defendieron la permanencia de Gómez al frente del país, apoyados en la tesis del “gendarme necesario”, doctrina según la cual, en palabras del máximo ideólogo del régimen gomecista, Laureano Vallenilla Lánz: “en las primeras etapas de integración de las sociedades: los jefes no se eligen sino que se imponen” (Cesarismo 94), pues en ellas el caudillo representa la “única fuerza de conservación social” (94). Era, además, el inicio de una Venezuela, en la que dicho en palabras de Jesús Sanoja Hernández, “el petróleo se revelaría como el maná de la dictadura” (Memorias XVIII). Infinidad de testimonios literarios han dado cuenta de la crueldad con la que el régimen de Gómez mantuvo subyugado a todo un país, con la complacencia de grupos intelectuales y económicos nativos y foráneos. No faltaron, por supuesto, los aduladores del momento, como el por entonces afamado poeta español, cultor modernista, Francisco Villaespesa, quien no dudo en comparar la grandeza de Bolívar con la de Juan Vicente Gómez. Pero además de los inevitables adláteres y de los poetas arrojados a los confines de las mazmorras, hubo otros que desde el exterior levantaron su voz en reclamo por las inhumanidades perpetradas por Gómez. Tales fueron los casos de dos mexicanos: José Vasconcelos y Carlos Pellicer. El primero de ellos, siendo rector de la UNAM, en un discurso en 1920 invitó a los estudiantes mexicanos a solidarizarse con la causa de los venezolanos, a la vez que caracterizó, sin titubeos, la semblanza del tirano que regía los destinos de Venezuela, calificándolo como: “el último de los tiranos de la América española, el más monstruoso, el más repugnante y el más despreciable de todos los déspotas que ha producido nuestra infortunada estirpe (…) es un cerdo humano que deshonra nuestra raza y deshonra a la humanidad” (Perea 24); a lo cual añadió: “no debemos olvidar que en las prisiones de Venezuela agonizan centenares de hermanos nuestros, habiéndose dado el caso de que muera un preso, atado a otro con remaches de hierro, sin que el cadáver fuera separado de la pierna del vivo durante quince días” (24). Poco tiempo después del discurso del rector de la UNAM, un estudiante de 20 años, el joven poeta Carlos Pellicer, decidió apedrear las ventanas de la embajada de Venezuela, exigiendo la libertad de los estudiantes venezolanos presos. Asimismo escribió una misiva al presidente de la Federación de los Estudiantes de México, describiendo la situación venezolana como “una de las más vergonzosas” (Perea 25) de la historia de América, a la vez que recordaba el hecho, tal vez paradójico, de que ese país hubiera producido a Simón Bolívar -en sus palabras- “el hombre más extraordinario de toda América y uno de los genios mayores de la humanidad” (25).

Entre la intelectualidad venezolana es muy conocido el siguiente juicio de Mariano Picón Salas: “Muchos de los malos sueños y la frustración del país, se fueron a enterrar también aquel día de diciembre de 1935 en que se condujo al cementerio, no lejos de sus vacas y de los árboles y la yerba de sus potreros, a Juan Vicente Gómez (…) Podemos decir que con el final de la dictadura gomecista comienza apenas el siglo XX en Venezuela. Comienza con treinta y cinco años de retardo” (Suma 21-2). Esta afirmación escondía implícita, también, la rememoración de lo que en su oportunidad fue una esperanza, un deseo renovado de iniciar un camino que llevara a la concreción de la institucionalidad democrática, al igual que lo hiciera Gallegos a poco de iniciado el siglo XX, justamente a la llegada de Gómez. Sin embargo, la ilusión de nuevo se diluyó prontamente. La dinastía andina continuaría en el poder, con dos militares del séquito gomecista, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, quienes se plantearon recorrer una ruta de transición en la que progresivamente se concedieran algunas libertades democráticas confiscadas por el régimen de Gómez. Sin embargo, la impaciencia ante la lentitud de los cambios, así como los siempre inmoderados deseos por anunciar rupturas y revoluciones, en este caso desde las filas militares en alianza con fuerzas civiles de los partidos políticos hasta poco antes perseguidos, dio paso a un nuevo golpe de estado, que llevó a un trienio cívico militar (llamado “revolución” por sus partidarios) que finalmente condujo a un breve experimento verdaderamente democrático que permitió, en 1947, a través de las primeras elecciones libres en la historia de Venezuela (es decir, mediante el ejercicio del sufragio universal, directo y secreto) que el educador y escritor Rómulo Gallegos se convirtiera en el presidente de la república; cargo en el que se mantuvo por escasos once meses hasta que el malestar de los militares determinó su sustitución. Tras su derrocamiento, en noviembre de 1947, una junta militar que con el tiempo terminaría siendo encabezada por Marcos Pérez Jiménez se instalará en el poder hasta enero de 1958. Como muestra de que las huellas de esos tiempos y de esos estigmas no han dejado de cohabitar en el imaginario cultural, literario y poético venezolano podríamos hacer alusión a un poema titulado “Una fotografía de 1948” del poeta Eugenio Montejo, incluido en un libro llamado Partitura de la cigarra, publicado en España en 1999, en los linderos de un nuevo milenio, quizás como signo premonitorio de lo que vendría. En ese poema, tal vez el único en el que podemos hallar un referente sobre la política venezolana en toda la obra de Montejo, se dice:

Amarillos maizales de la casa
frontera al río de enormes piedras.
Blasina adolescente con dos amigas
cuyos nombres olvido. ¡Cuántos verdores
y ebrios aromas de espesos yerbazales!…
Mi ceño ostenta el tácito reproche
de quien desdeña aquel país agrario
que no termina de enterrar a Gómez.

Para luego añadir:

De pronto un click me borra cincuenta años.
Ya Blasina no finge entre mohínes
morderse los cabellos
y del denso maizal nadie retiene
un solo grano.
Queda el mismo país siempre soleado,
de feraces paisajes, veloz música
minas, planicies, petróleo,
país de amada sangre en nuestras venas,
que no termina de enterrar a Gómez.

El poema se construye sobre la plasmación de dos instantes en la historia del país, recogidos verbalmente como écfrasis de una imagen fotográfica del mismo año en que tras el derrocamiento de Gallegos se instaura una nueva dictadura y su posterior contraste con la Venezuela percibida y vivida a finales del siglo XX. Un país que en lugar de agrario se convirtió en beneficiario de una ingente renta petrolera y minera, pero que en lo sustantivo no dejó de ser ese país “siempre asoleado”, esa misma “Tierra de tanta luz… y tanto absurdo” como en el poema “Epístola”, anteriormente comentado, dijera Pérez Bonalde. Un país que a los largo de sus días no ha sido capaz de desprenderse de la tentación militarista y que por tanto “no termina de enterrar a Gómez”. La insistencia en este verso que se inscribe en el poema como sostén y estribillo demarca con precisión dos momentos políticos de la nación: la de esa primera imagen, en 1948, año en que se inicia la dictadura perezjimenista, y la del presente del poema, develado tras el “click”, cincuenta después, en 1998, año en que se inicia la era chavista en Venezuela, tras el triunfo electoral que le dio acceso a la presidencia de la república al hoy llamado Comandante Supremo y Eterno, Hugo Chávez Frías.

II

En ese medio siglo comprendido entre 1948 y 1998 se suceden dos etapas políticas claramente diferenciadas, la primera, entre 1948 y 1957, será una dictadura militar, llamada desarrollista, amparada por la alianza con el empresariado del país, las potencias extranjeras y las trasnacionales petroleras. En este período, bajo la promoción del concepto del Nuevo Ideal Nacional el país sufrirá grandes e importantes transformaciones en lo que se refiere a sus infraestructuras, en desmedro del gozo de las libertades públicas, las cuales estarán confinadas bajo la custodia de un severo régimen censor y represivo, poblador de cárceles y campos de concentración, donde los presos políticos fueron sometidos a las más abominables formas de tortura y crueldad. La segunda etapa se iniciará en 1958, tras el derrocamiento de tan nefasto régimen, y constituirá una época completamente inédita en la historia de Venezuela. Será el inicio del lapso de mayor estabilidad democrática desde su origen como república. Un período en que por primera vez, desde 1830, por 40 años continuos el país estará gobernado por civiles no serviles a caudillos militares. Hasta ese momento, de 127 años de vida republicana el país había estado gobernado por militares o presidentes “títeres” impuestos por éstos durante, al menos, 122 de ellos. Sin embargo el inicio de este nuevo proceso tampoco fue fácil. Muchos de los que padecieron la dictadura de Pérez Jiménez y la enfrentaron desde la resistencia se sintieron traicionados por los dirigentes políticos (sobre todo por Rómulo Betancourt[2]) que determinaron el rumbo del país al iniciarse esta nueva era. Muchos encontraron mayores ilusiones y esperanzas en el camino que se trazaba desde la experiencia victoriosa y armada de la Revolución Cubana, que había triunfado en enero de 1959, antes que en la instauración de una democracia liberal, alternativa y representativa. Las tensiones resultantes de esta situación provocaron el enfrentamiento entre Betancourt y Fidel Castro, y tuvieron como consecuencia el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Cuba. Ello conllevó el inicio de la guerrilla armada en Venezuela, promovida desde la Habana, la cual durante toda la década de los 60 intentó infructuosamente alcanzar el poder por vías violentas. Dentro de este ambiente convulso varios grupos de intelectuales, escritores, poetas y artistas tomaron posiciones dentro del amplio ámbito de las izquierdas, en relación con la difícil circunstancia política y social vivida por el país. En un extremo se encontraban aquellos que apoyaban la lucha armada como única vía de cambios y en el otro los que confiaban en la vía democrática y pacífica como legítima alternativa para alcanzar mayores grados de civilidad, progreso, igualdad y justicia social. Toda suerte de reacomodos, cuestionamientos, desilusiones y reajustes de posiciones se darán en el camino. Un poema que con el paso del tiempo se ha hecho representativo de ese proceso es el titulado “Derrota”, del poeta Rafael Cadenas (Ganador del Premio de la FIL en Literatura en Lenguas Romances 2009), quien había sido un militante del Partido Comunista y había sufrido cárcel y un exilio de cinco años en la isla de Trinidad durante la dictadura de perezjimenista. Cadenas en ese poema, en una larga secuencia de versos acumulativos y enumerativos, trenza la semblanza de un sujeto desprovisto de personalidad, carente de autoestima, objeto de escarnio y de burla; un ser que se insiste derrotado (para algunos como alegoría de la derrota de la misma guerrilla) pero que irónicamente, desde un disimulado orgullo, finalmente se burla de los otros al hacerlo de sí mismo. Leamos algunos de los versos de este poema:

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
(…)
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy del FALN y me desespero por todas estas cosas
[y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
(…)
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
[barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura
[nueva , y obstinadamente me suicidio al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
[y de mí hasta el día del juicio final.

Cadenas publicó este texto en 1963, en un periódico del interior del país, dirigido por Luis Miquelena, quien muchos años después se convertiría en el principal mentor de Hugo Chávez, al salir éste de la cárcel luego de los dos intentos de golpe de estado que promovió en 1992. Miquelena fue quien convenció a Chávez de intentar llegar al poder por la vía electoral, fórmula en la que el Teniente Coronel no creía, por considerarla una farsa y una forma de seguir haciéndole el juego al sistema. La historia parece que lo desmintió. En cualquier caso, viendo desde ahora, a la distancia, aquel clima convulso de la década del 60, podríamos afirmar que el poema “Derrota” de Cadenas ha adquirido con el tiempo una cualidad emblemática, a expensas de la valoración que el mismo poeta pueda tener hoy en día de ese texto, por ser expresión de un momento particularmente álgido en la vida venezolana, en la cual se gestó y tuvo lugar el proceso de pacificación que permitió hacia finales de esa década integrarse a la escena política, dentro de canales democráticos, a las agrupaciones rebeldes que habían venido actuado desde la insurgencia guerrillera. En este período, además, por primera vez en la historia venezolana, el estado tomará la iniciativa de darle relevancia a la cultura como factor de integración de los diversos valores y procesos creativos del país, mediante la constitución del INCIBA (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes), en 1965. De ello se desprende también la creación de toda una serie de instituciones culturales y artísticas, en el ámbito nacional, en las que se fueron incorporando paulatinamente artistas, intelectuales, escritores, poetas y gestores culturales, con independencia de sus posturas ideológicas. En tal sentido podríamos afirmar que uno de los sectores protagónicos para el logro del proceso de pacificación política emprendido en aquellos años fue, como nunca antes, el cultural.

Para los que nacimos en ese paréntesis histórico que tuvo lugar entre 1958 y 1998 (en la denominada “Cuarta República” por parte del chavismo o en la llamada “República Civil”, denominación suscrita por los que se oponen al régimen que desde hace más de 15 años impera en Venezuela) la patología militarista del país era cosa superada, confinada a los aburridos manuales de historia de la educación primaria, en los que el orgullo nacional se sustentaba en las epopeyas independentistas y en el culto a los héroes de esa gesta, vistos desde una perspectiva que a las vez que los glorificaba los llenaba de pátina, dejándolos reposar como parte de episodios pasados que con el tiempo dieron paso y posibilitaron la instauración de un estado democrático y civil. Pero como siempre, de nuevo la desilusión y desesperanza comenzaron a propiciar el caldo de cultivo para revitalizar la vieja patología militarista del país. La democracia surgida en 1958, si bien en su primera época logró avances indiscutibles en materia ampliación de la cobertura educativa en todos los niveles, instauración de políticas de salud, saneamiento y erradicación de enfermedades endémicas ligadas a la insalubridad y la pobreza, una mayor dinámica social que permitió la formación de una importante clase media profesional conformada por descendientes de las clases sociales históricamente excluidas y una importante modernización del país en diversos aspectos, no combatió la imposición caudillesca de los políticos de la llamada generación del 28 (fundamentalmente Betancourt, Caldera y Carlos Andrés Pérez), estudiantes rebeldes cuando Gomez que ahora no supieron asentar el destino del país en un marco institucional verdaderamente sólido y democrático. La corrupción y el despilfarro, bajo el cobijo de la renta petrolera y la impunidad, las crecientes desigualdades surgidas a raíz del declive económico del país, la repartición de todo tipo de beneficios de acuerdo a las cuotas de poder partidistas, las frecuentes violaciones a los derechos civiles y humanos, entre muchos otros factores, lograron hacer mella en la confianza que alguna vez se tuvo en el modelo político iniciado en 1958, lo cual dio paso a una marcada desesperanza.

Todo ello nos lleva al momento actual, del cual sería insuficiente todo escrutinio si perdiéramos de vista que toda contemporaneidad es también consecuencia y derivación de hechos pretéritos; valgámonos, por tanto, de dos poemas escritos por dos importantes poetas que sufrieron durante el primer tercio del siglo XX las torturas del régimen gomecista. Acudiremos a esos dos poemas pues curiosamente en ambos, el sujeto poético se pregunta, anclado en el presente de su terrible circunstancia, por la Venezuela del año 2000. El primero de esos poemas se llama “La balada del preso insomne” y fue escrito por Leoncio Martínez, en 1920, en la cárcel de La Rotunda en Caracas; famoso depósito de presos políticos en aquellos tiempos. Martínez comienza el primer canto del poema de este modo:

Estoy pensando en exilarme,
en irme lejos de aquí
a tierra extraña donde goce
las libertades de vivir:
sobre los fueros: hombre-humano
los derechos: hombre-civil.
Por adorar mis libertades
esclavo en cadenas caí:
aquí estoy cargado de hierros,
sucio, famélico, cerril,
enchiquerado como un puerco,
hirsuto como un puerco-espín.
Harto en el día de tinieblas
asomo fuera del cubil
bien la cabeza, bien un ojo,
bien la punta de la nariz;
temeroso de un escarmiento,
encorvado, convulso, ruin,
—como ladrón que se robase
sólo el reflejo de un rubí—
por mirar brillando en el patio
el claro sol de mi país.

Como podemos ver, de nuevo el habitante de esa patria absurda y asoleada –recordando nuevamente a Pérez Bonalde- imagina desde las penumbras de su calabozo un país donde sean posibles las libertades de la vida civil, aunque sea en tierra extraña, dada la imposibilidad de obtenerlas en su propio país, donde bajo ese sol alumbran “torvas miserias,/venganzas crueles, odio vil/y un dolor que no acaba nunca/ante otro dolor por venir…”. Dada esa trágica realidad, el exilio se plantea como un deseo que no deja de ser otra forma de condena, pues es una alternativa que confina al sujeto al enajenamiento de su propia lengua y a recordar a los suyos desde la contemplación del paisaje ajeno. Así lo dice en el segundo canto del poema:

Hablaré mal en otro idioma,
comeré bien otros menús,
y alguna tarde arrellanado
en mi sillón de marroquín,
viendo a través de los cristales
un cielo de invierno muy gris,
pensaré en los muertos amados,
en los amigos que perdí,
en aquella a quien quise tanto
con la vesania juvenil
de cuando iluminó mis sueños
el claro sol de mi país!

En el penúltimo canto el hablante poético imagina a sus nietos contemplando su tumba en las vísperas del actual milenio, lamentándose del destino que le tocó vivir lejos de su patria:

Y ya muchos años más tarde,
muy cerca del año 2000,
mis nietos releyendo las fechas
de mi muerte y cuando nací,
repetirán lo que a sus padres
cien veces oyeron decir:
—¡y le darán cierta importancia!—
“el abuelo no era de aquí”,
“el abuelo era un exilado”,
“el abuelo era un infeliz”,
“el abuelo no tuvo patria”,
“no tuvo patria…” ¡Y ellos sí!

El poema concluye, con el motivo reiterado de ese sol del país, convertido en suerte de atributo patrio y añoranza, de recordatorio de la existencia de una pertenencia esencial a la cual no se quiere renunciar y más aún, se intenta imaginar en el momento en que con ella –con esa luz- convivan las libertades de las que no pudo disfrutar. En la pregunta se anida la esperanza de que en esa tierra asoleada, en el país futuro, cercano al siglo XXI, se haya construido otra sociedad más justa y amable de la que le tocó vivir. Por eso dice: “¡Ay, quién sabe si para entonces,/ya cerca del año 2000,/esté alumbrando libertades/el claro sol de mi país!”

III

Como hemos comentado ya, a Rafael Cadenas le tocó vivir prisión y exilio, a causa de su militancia comunista, durante la dictadura perezjimenista. Hoy en día, su diagnóstico sobre la situación venezolana, lo ha llevado a afirmar lo siguiente: “Vivo en un segundo exilio dentro de mi país, junto con otros siete millones de venezolanos. Para el régimen, no existimos”[3]. Esta aseveración da cuenta de una realidad inobjetable en la Venezuela de hoy, particularmente, en lo que toca al propósito de estas notas, en el campo de la creación artística; me refiero a la práctica sistemática del sectarismo político y la exclusión en el campo cultural, en contradicción con la propaganda de un régimen que se dice inclusivo y que en la contratapa de los libros de una de las más importantes editoriales del estado, Monte Ávila Editores Latinoamericana, se jacta del lema: “Ahora Venezuela es de todos”. Basta con revisar, durante los últimos 15 años, la lista de premios nacionales de literatura o de periodismo; de los poetas venezolanos que asisten a los festivales Internacionales, financiados y promovidos por el régimen; los catálogos de las editoriales del estado venezolano; la programación de los espacios culturales de los muchos canales de televisión oficiales, y un largo etcétera que se haría harto tedioso considerar en estas líneas. En el caso de la poesía, la división del país ha afectado, hasta el extremo, la mínima posibilidad de diálogo o convivencia. Pareciera que de modo infranqueable, tras una perniciosa dinámica que se impuso hace ya varios años y que ha terminado instaurándose hasta con cierta naturalidad, todos los espacios culturales han sido arrebatados por la exclusión, la mutua exclusión y la autoexclusión; en definitiva por la mutua invisibilidad. Si bien, como dijimos, a partir de los años 60 el estado venezolano tomó la decisión de otorgarle a la cultura un papel importante como área de atención dentro las políticas públicas, lo cual posibilitó la participación de actores de dicho sector en diversas instituciones del ámbito cultural, sin cuestionamiento de sus posiciones ideológicas, a partir del ascenso de Chávez al poder, y en forma progresiva, los programas fomentados por el gobierno han excluido, específicamente –entre otros- en el campo literario, a los escritores y poetas no afines con el régimen. De hecho hoy en día podemos hablar de dos países literarios, como una de las varias versiones de esa trágica dualidad. Ello ha traído también como consecuencia la conformación de espacios culturales, artísticos o editoriales, por mencionar algunos, que ya no voltean hacia las instancias gubernamentales para procurarse recursos económicos que les permitan existir. Eso ha obligado, como efecto saludable de una causa perniciosa, a explorar alternativas que desde la irrupción de la Venezuela de la democracia petrolera habían quedado relegadas, dada la presencia del estado proveedor que terminó también cobijando y monopolizando todas las expresiones e iniciativas culturales del país. Eso hizo que lo que está sucediendo ahora, que tres poetas venezolanos[4] puedan asistir a la Feria de Guadalajara apoyados por una editorial independiente, como lo es Lugar Común, con ausencia de cualquier financiamiento del gobierno, sea posible. Para bien o para mal, digamos que la realidad presente ha obligado a buscar formas alternas de sobrevivencia, a la par que en el otro país, casi en exclusiva, los acólitos confesos y leales son los únicos beneficiarios del apoyo económico brindado por el régimen. Son ellos los que le concedieron, postmortem, en el año 2013, el Premio Nacional de Periodismo a Hugo Chávez; son ellos (con frecuencia también, consentidos aduladores de primer orden de regímenes anteriores) los que en los festivales internacionales de poesía afirman sin titubeos que Hugo Chávez es “el gran poeta de Venezuela”; son ellos los que no pierden ocasión de escribirle versos al Comandante Supremo y Eterno; son ellos, los que acuden a su tumba a recitárselos; son ellos los que afirman, al inaugurar un festival internacional de lectura, que en Venezuela “si todos somos Chávez, todos tenemos que ser lectores”, de modo que al tradicional lema del encuentro, “¡Viva la lectura!”, se le suma de ahora en adelante: “¡Viva Chávez!”

Seguramente, todo esto tenga que ver con ese exilio interno al que Rafael Cadenas se ha referido recientemente. Exilio distinto al que le tocó imaginarse, más que vivir, a Leoncio Martínez, desde la oscuridad su calabozo y también del que en efecto vivió Andrés Eloy Blanco, quien no sólo padeció las atrocidades penitenciarias del régimen gomecista, sino que después le tocó exilarse en México a la caída del gobierno Gallegos, en 1947. Como poeta, Andrés Eloy Blanco fue, sin duda, el más popular de la Venezuela del siglo XX y tal vez también del presente. Todavía sus poemas, de corte sencillo y popular, se memorizan y recitan en reuniones familiares en cualquier rincón del país. A él se debe la creación de un personaje llamado “Juan Bimba” con el que el poeta quiso caracterizar a ese venezolano del pueblo humilde, pobre y siempre excluido. En un poema titulado, precisamente, “Juan Bimba”, escrito como él mismo lo señalara: “en las bóvedas del presidio de Puerto Cabello”, lo describe de este modo:

1930: Juan Bimba
es el hombre del pueblo de Venezuela.
Se llama Pedro Ruiz,
Juan Álvarez,
Natividad Rojas,
pero se llama Juan Bimba.

Es buena persona;
puede matar pero no roba nunca.
Su malicia no es mala,
nace del mal que le han hecho
y por eso Juan Bimba lo dice todo a medias,
le echa media mirada a las cosas,
se masca su tabaco, su verdad y traga.

Su alegría está reglamentada
como el tráfico
y cuando se ríe de un todo
es con permiso del gobierno.

Tenía veinte caballos;
la revolución le llevó diez;
para perseguirla,
el Gobierno se llevó los otros diez;
y cuando no tuvo nada
se lo llevaron a él.

Cuando llega a Comisario
se quita el nombre de Juan Bimba
y va tomando grados
hasta la honradez de General.

Va por la calle y los campos
en una tierra enferma de heroísmo,
viendo estatuas,
saludando con su media sonrisa
a los generales de bronce
a los coroneles de mármol.

Hacia el final de la primera parte del poema, en la que se describen los hábitos y la personalidad de este “Juan Bimba”, se advierte una esperanza de cambios que deje atrás el culto a los héroes militares y le dé cauce a las aspiraciones de una verdadera república civil mediante el acceso a la educación y la lectura. Así lo dice:

Le hemos dicho que él es el dueño de esta tierra
y dice que no le hablen de política.
Se va acercando al libro y le acaricia el lomo,
como si temiera espantar un caballo.
Un día lo embridará; ese día
lo saludarán las estatuas.

Este deseo de transformación del país, se ratifica en la conclusión del poema, en la que se imagina a un “Juan Bimba”, hijo de una patria mestiza y abierta a la inmigración, que se ha liberado del culto a los héroes, perpetrado desde las estatuas ecuestres. Por eso termina diciendo:

2000: Juan Bimba y su primo Juan Shonfeld
van al campo.
Ríen alto; en el fondo de su risa
van a buscar los hombres las llaves de las tierras.
Vienen del gran rodeo; bajo sus largas sogas
ha caído el rebaño de caballos de bronce.

Lamentablemente esta Venezuela del siglo XXI, imaginada por Andrés Eloy Blanco, no pareciera corresponderse con las tendencias de la actual, la cual más bien se empeña en fortalecer las taras y prácticas autoritarias del caudillismo militarista y su correspondiente culto nacido en la Venezuela del Siglo XIX. De hecho, aunque sea una figura inexistente en la vigente constitución del país, el actual presidente de la república se refiere constantemente a la unión cívico- militar como la instancia superior para la formulación de políticas y toma de decisiones en el gobierno nacional. En términos discursivos, por una parte prolifera un lenguaje cargado de términos bélicos como: batalla, guerra, ofensiva, enemigo o combate; todos ellos para referirse: a unas elecciones, a la situación económica, a una opinión contraria a las ideas del régimen, a la existencia de un adversario político o a la libertad de expresión; por la otra, el país se ha habituado a una retórica performativa en la que se han instaurado como inobjetables términos que en muchos sentidos parecerían discrepar de algunas realidades observables. El régimen se atribuye la cualidad de socialista y le endilga a todo el que difiera de sus prácticas el calificativo de escuálido, derechista, apátrida, lacayo del imperio y fascista. Resulta curioso, por decir lo menos, pensar que un socialista en campaña electoral (aunque para el momento Hugo Chávez Frías nunca había usado ese término –el de socialista- ni tampoco el de la pretendida revolución) no sólo le haya dispensado a Marcos Pérez Jiménez una cordial y amistosa visita sino que luego, ya instalado en el poder, se haya referido a ese monstruoso dictador como: “el mejor presidente que tuvo Venezuela en mucho tiempo”[5], tal como lo afirmó en su programa semanal Aló Presidente, número 356, realizado en el Mantecal, estado Apure, el 25 de abril de 2010. A lo cual añadió frases como la siguiente: “fue mejor que Rómulo Betancourt, mejor que toditos ellos. ¡Ah lo odiaban porque era militar! Yo fui a visitarlo allá en Madrid…a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César!” No deja de resultar curioso que Chávez no nos recordara que fue el imperialismo yanqui el mayor aliado de Pérez Jiménez durante su mandato, pero sí le reclamara a los Estados Unidos que hubiera extraditado a Pérez Jiménez a Venezuela, luego de que éste se refugiara en ese país tras ser depuesto en el suyo, lamentando además que haya estado en la cárcel acusado de corrupción. Así lo dijo: “Pérez Jiménez se fue para los Estados Unidos, los yanquis lo extraditaron porque ya tenían un acuerdo con los adecos. Lo acusaron de corrupción, lo metieron preso, estuvo varios años, como cinco años se caló Pérez Jiménez allí en la penitenciaría de los llanos, San Juan de los Morros. Después lo echaron del país y además hicieron una enmienda constitucional para impedirle que se lanzara de candidato a nada, les hubiera ganado una elección, ¡uh!”. Y ante afirmaciones como éstas uno se preguntaría ¿y es que acaso el líder del socialismo del siglo XXI no hubiera votado en esas hipotéticas elecciones por su admirado Pérez Jiménez? “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán hablar las piedras”, como diría un personaje novelesco, a quien Bolívar comparó con Jesucristo y consigo mismo y a ahora los acólitos de Chávez hacen lo propio con respecto a éste, para completar el cuarteto. De bulto pareciera que en casos así, más que responder a principios ideológicos, el Comandante Supremo y Eterno validaba y admiraba, sobretodo, la estirpe caudillesca y militar de este dictador, del que se podrá decir todo menos que no fuera un criminal, que no fuera un corrupto o que simpatizara con alguna modalidad del pensamiento de izquierda. Según testimonios, no fue fácil que renunciara a invitarlo a su toma de posesión en 1999. Fue la insistencia de sus aliados civiles (entre ellos Luis Miquelena, quien precisamente publicara en 1963 el poema “Derrota” de Cadenas) que habían padecido las torturas del régimen perezjimenista, así como todo tipo de prácticas de intolerancia y represión, lo que lo llevó a desistir de sus deseos de compartir nuevamente con Pérez Jiménez. No hace falta enumerar aquí las ocasiones en que reconoció su admiración por dictadores de toda estirpe, siempre hombres fuertes, cuya mayor virtud fue lograr perpetuarse en el poder, sin importar demasiado los modos de hacerlo.

En todo caso, para constatar la tendencia militarista de la Venezuela actual basta observar que, de acuerdo a estudios en especializados en esta materia, en los últimos 15 años más de 1600 militares de distintos rangos, entre activos y retirados han desempeñado y ejercen cargos de administración pública. Hoy en día en Venezuela cerca del 50% de los gobernadores y alrededor de 25% de los ministros son militares[6].

Ante tal escenario podría colegirse que lamentablemente no se han cumplido los deseos de Leoncio Martínez y Andrés Eloy Blanco, cuando imaginaron, desde las mazmorras gomecistas, que al llegar el año 2000 se haría posible un país donde el ejercicio militar estuviese siempre sujeto a la institucionalidad republicana, regida por un orden civil, donde imperara la plena independencia de los poderes públicos y en lugar del culto al caudillo de turno se propiciara el pleno respeto a las instituciones democráticas, garantes de la justicia y contrarias a todas las formas de corrupción y abusos de poder. Lamentablemente, adentrados ya tres lustros en el siglo XXI, podríamos sospechar la vigencia del poema de Montejo, pareciera que aún y con pena, seguimos siendo habitantes de un país con mucho sol y “que no termina de enterrar a Gómez”.

Notas

[1] Ricardo Becerra nació en Bogotá el 24 de octubre de 1836 y murió en Puerto España (Trinidad), el 4 de Abril de 1905, vivió 69 años. Periodista, historiador y diplomático. Llegó a Venezuela en 1865 como Cónsul General de Colombia, cargo que ejerció por poco tiempo (pues sus Cartas Credenciales no le llegaron a tiempo.) Frisaba los 29 años cuando se incorporó a la vida venezolana. Para el 12 de marzo de 1866, se encarga de la redacción del diario caraqueño El Federalista (fundado en 1863, por Felipe Larrazábal). Desde las columnas de tan prestigioso diario, Becerra se dedicó a discernir sobre la crítica realidad política, económica y moral por cuya virtud se hallaba postrada la nación y entrabadas sus posibles soluciones. En “1869 se enfrenta a Guzmán Blanco y éste en represalia en 1870 cuando regresa al país como jefe de la ‘Revolución de Abril’, ordenó tomar como botín de guerra la imprenta de El Federalista y detener a su director, pero éste ya se había embarcado en La Guaira para el exterior” (20).

[2] Celebre es el caso del poemario ¿Duerme usted, señor presidente?, publicado por el poeta Caupolicán Ovalles, en Caracas , en las ediciones de El Techo de la Ballena, en 1962. Este libro, en el que se ataca furiosamente y con absoluto sarcasmo a la figura de Rómulo Betancourt, quien fuera presidente en esos años, fue confiscado por la policía y le costó el exilio a su autor y la cárcel a su prologuista, Adriano González León.

[3] http://www.eluniversal.com/arte-y-entretenimiento/130617/rafael-cadenas-dara-recital-en-barcelona

[4] Los otros dos fueron: Igor Barreto y Alejandro Castro

[5] http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/130123/segun-chavez-perez-jimenez-fue-el-mejor-presidente-de-venezuela
https://www.youtube.com/watch?v=AakRGbodUmk [1:52:48 min. -1:57-45 min.]

[6] Ver artículo de Oswaldo Barreto. “Civiles y militares”. Tal cual (20 de mayo de 2014). http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=103067&tpCont=1

Bibliografía

Blanco, Andrés Eloy. Baedeker 2000. Caracas: Ed. Cordillera, 1960.

Cadenas, Rafael. Obra Entera. Prosa y poesía (1958-1995). México: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Carrillo Batalla, Tomás E. El pensamiento económico de Ricardo Becerra. Tomo I. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2006.

Gallegos, Rómulo. Una posición en la vida. México: Ed. Humanismo, 1954.

Martínez, Leoncio. Poesías. Caracas: Editorial Impresos Unidos, 1944.

Montejo, Eugenio. Partitura de la cigarra. Madrid: Pre-textos, 1999.

Pérez Bonalde, Juan Antonio. Poesías y traducciones (recopilación). Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación Nacional: 1947.

Picón Salas, Mariano. Suma de Venezuela. Caracas: Editorial Doña Bárbara, 1966.

Perea, Alberto Enríquez. “José Vasconcelos y Carlos Pellicer, en las jornadas educativas y políticas (1920-1924).” Tiempo Laberinto: 23-28.

Silva Bauregard, Paulette. Una vasta morada de enmascarados. Caracas: Casa de Bello, 1993.

Sanoja Hernández. Jesús. Prólogo. Memorias de un venezolano de la decadencia. Tomo I. Caracas: Biblioteca Ayacucho: VII-XX.

Vallenilla Lanz, Laureano. Cesarismo democrático y otros textos. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1991.

[Tomado de http://prodavinci.com/2015/03/29/actualidad/la-poesia-y-el-militarismo-en-venezuela-por-arturo-gutierrez-plaza.]

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