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lunes, 14 de septiembre de 2020

Anarquismo y Ciencia Ficción



Jorge Luis Rumbo

El subgénero literario de las historias que exponen el desempeño de sociedades más o menos utópicas o distópicas, usando el léxico actual con el que calificamos estas obras, ha estado asociado desde sus orígenes a los géneros que hoy conocemos como ciencia ficción y ficción especulativa.

Las diferentes modalidades de sociedades utópicas, que son aquellas en que centraremos esta exposición, normalmente asociadas a ideologías políticas o corrientes filosóficas, han tenido en obras de ciencia ficción y ficción especulativa, una especie de laboratorio virtual de ensayo en que se han “probado” los distintos modelos de “Utopías” en distintas situaciones, y a lo largo y ancho del Universo.

martes, 13 de agosto de 2019

¿Socialismo utópico?... Respondiendo desde el anarquismo



Roscigna

«La dictadura de la burguesía o del proletariado, es siempre tiranía y la libertad no puede alcanzarse por medio de la tiranía.»
                                   Ricardo Flores Magón. 14 de Febrero 1921

«Si no aspiramos al poder, ¿por qué ayudar a los que aspiran a él?»
                                   Errico Malatesta. 7 de febrero de 1897

Clásicas obras del anarquismo como ¿Qué es la propiedad?, Estatismo y Anarquía y La conquista del pan muestran un análisis científico y sociológico digno de consideración. Estas obras rechazan las infundadas críticas del socialismo autoritario marxista que trata al anarquismo como “socialismo utópico” al mismo tiempo que se adjudica por sí solo la cualidad de “socialismo científico”. El mismo Karl Marx, en su obra La sagrada familia de 1844, elogia de una manera notable al texto de Proudhon ¿Qué es la propiedad? (Texto de 1840, publicado 8 años antes que el Manifiesto Comunista):
«Proudhon no escribe solamente en nombre de los proletarios; él mismo es un proletariado. Su obra es el manifiesto científico del proletario francés y presenta una importancia histórica distinta de la elucubración literaria de un crítico cualquiera […] Proudhon somete la base de la economía nacional, la propiedad privada, al primer examen serio, absoluto al mismo tiempo que científico. He aquí el gran progreso científico que ha realizado, un progreso que revoluciona la economía nacional y plantea, por primera vez, la posibilidad de una verdadera ciencia de la economía nacional.» [1]

viernes, 21 de junio de 2019

La utopía como deseo ético-social



Capi Vidal

Las concepciones utópicas del pasado, que fueron por lo general de un optimismo exacerbado, han dado paso en la modernidad a un escepticismo más bien obtuso y conservador. Cómo no ser optimistas cuando preconizamos un mundo exento, en la medida de lo humanamente posible (y ahí está el quid de la cuestión), de injusticia, miseria y opresión. Es en ese punto, cuando se alude a una política "realista" (realpolitik es el término acuñado ya en el siglo XIX) cuando topamos con toda suerte de justificadores de lo establecido (el estado, y no necesariamente con E mayúscula, aunque seguramente en primer lugar). 

lunes, 13 de mayo de 2019

Por un mundo absolutamente otro



Wolfi Landstreicher

La vida desenfrenada, una aventura en el otro absoluto, requiere la destrucción total no solo de “mi” trabajo, sino también del concepto mismo de trabajo y la economía como la base de las relaciones humanas.
                                       —Jean Weir


Si el proyecto anarquista puede parecer incomprensible para aquellos que han aprendido a aceptar la necesidad de ser gobernados, que han aprendido a preferir la seguridad a la libertad, ese proyecto entendido en su totalidad, como el derrocamiento completo de todas las relaciones sociales basadas en la obligación y la compulsión, incluso puede ser incomprensible para muchos anarquistas. La idea de la destrucción del trabajo se encuentra con frecuencia con la incomprensión. Y esto viene en más de una forma.

sábado, 16 de marzo de 2019

La historia: Realización de utopías


Rubén Trejo

* Párrafos tomados del libro Magonismo: Utopía y revolución 1910 1913.

Para [Ricardo] Flores Magón existe una concepción vulgar de la utopía, la que proviene de los conservadores de todos los tiempos, que la define como sinónimo de sueño inexistente e irrealizable. Por el contrario, para los magonistas la utopía de hoy es la realidad de mañana. La historia, en consecuencia, es la constante realización de utopías. El progreso de la humanidad, la llamada civilización, surge gracias al esfuerzo de los utopistas.[1] Deshacerse de éstos es renunciar a todo avance del género humano.

Las utopías son propuestas de una vida distinta a la del orden establecido. En ellas, en los sueños, en la imaginación, los conservadores de todos los tiempos ven la promoción de la libertad y un peligro al status quo. Ésta es la razón por la que los utopistas han sido perseguidos, encarcelados y asesinados por las “personas serias”, los gobiernos y las iglesias. No ha existido revolucionario o reformador social profundo –sostiene Flores Magón– que “no haya sido atacado por las clases directoras de su época como utopista, soñador e iluso”. [2]

lunes, 21 de mayo de 2018

Debate (A): Haciendo real la utopía


blackblog.es

Ante la cuestión planteada de forma recurrente desde el activismo sobre por qué las poblaciones occidentales están tan inmovilizadas en proporción a la cantidad y gravedad de las agresiones que se están sufriendo, existe una explicación muy extendida que es en la que se basa la Doctrina del Shock de Naomi Klein: el miedo. El miedo que todo lo paraliza. Esto ha hecho creer a movimientos sociales y activistas que la principal herramienta empleada por las estructuras de poder para mantenerse y extenderse ha sido siempre el miedo, lo que como consecuencia ha centrado todos los esfuerzos activistas prioritariamente en combatirlo. Pero muchas de las personas que lean esto, y que estén relacionadas en mayor o menor medida con el activismo,Ciudad de Zombies coincidirán conmigo en que más que miedo con lo que nos hemos cruzado es con multitudes sumidas en la desgana y la apatía.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

De la utopía a la distopía



Francesco Mancini

Entre los años 1989 y 1991, con el hundimiento del bloque soviético, se ha determinado un cambio de era en el equilibrio y perspectivas del capitalismo moderno y de la humanidad entera que, tras más de setenta años, ponía fin a otro cambio de era: el nacimiento de la Unión Soviética. Se concluía, de forma poco gloriosa y poco digna, un experimento sociopolítico y económico que, al menos al principio, había suscitado expectativas y esperanzas en la clase trabajadora del mundo entero.

No fueron pocos los que pensaron, o se ilusionaron, que se estaba dando vida a la realización de una utopía: una sociedad de libres, iguales y solidarios, de trabajadores y para los trabajadores, autoproclamada socialista o, forzando el pensamiento de Karl Marx, del que se reclamaban los constructores de la nueva realidad, incluso comunista.

lunes, 20 de marzo de 2017

El asalto a la cultura: Corrientes Utópicas desde el Letrismo a la Class War



Stewart Home

* El texto siguiente es la Introducción a la edición inglesa de la obra del mismo título, que fue publicada en español por Virus Editorial de Barcelona en 2004 y que es accesible en http://viruseditorial.net/paginas/pdf.php?pdf=el-asalto-a-la-cultura.pdf.

«Este mundo en que vivimos intenta cobijar bajo sus alas cualquier gesto radical por extremo que éste sea. El carácter vanguardista de su subcultura sirve para hacer parecer como si la IS se opusiera y, por lo tanto, fuera lo mismo que Regis Debray, y éste lo mismo que los Panteras que, a su vez, serían lo mismo que el Partido de la Paz y la Libertad, y éste lo mismo que los Yippies, que serían lo mismo que la Liga para la Libertad Sexual, y así sucesivamente. Entre los Barb, Rat, Good Times , etc., no hay diferencia alguna. El mismo viejo espectáculo en un nuevo mercado.»
«La práctica de la teoría», sección americana de la Internacional especto-Situacionista. Incluido en Situationist International, 1, Nueva York, 1969

Si el término «arte» adoptó su significado moderno en el siglo XVIII, entonces debemos admitir que cualquier tradición de oposición a él debe datar de dicha época o ser posterior.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La Utopía Inmediatista



Humberto Decarli

El deseo de superación del difícil mundo que vivimos se traduce en la búsqueda de una realidad mejor. Es la tendencia a la superación, al empleo de la imaginación al servicio de la transformación hacia adelante porque puede haber metamorfosis gatopardianas y las peores, las regresivas.

UTOPÌA Y DISTOPÌA CONTRASTANTES

El término utopía se concibe generalmente como un sueño a ser materializado en contraste con distopìa que resulta en pesadilla. No obstante, esa posibilidad de pensar en un mundo mejor varía de acuerdo a la perspectiva de su realización. Hay mucha literatura acerca de este concepto, siendo la más conocidas la de Tomás Moro y la de Campanella.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Sinopsis utópica de un mundo sin Estados



 Robert Paul Wolff

* Este texto es la parte final del libro En defensa del anarquismo, publicado en castellano por Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo, 1998.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Conjeturas prácticas de una organización social anarquista


José Oiticica (1882-1957)

* Texto publicado originalmente en castellano en el libro compilado por A. Cappelletti y C. Rama: El Anarquismo en América Latina, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1990. El pdf del libr está disponible en https://salirdelghetto.files.wordpress.com/2014/09/155.pdf.

lunes, 3 de octubre de 2016

La Utopía Anarquista



Christian Ferrer

En los libros de texto de las escuelas anarquistas de principios del siglo XX se les planteaba a los alumnos, típicamente, problemas como el siguiente: “Dado que un obrero confecciona tres sombreros por jornada, siendo remunerado con 1 peseta cada uno, y dado que el patrón de la fábrica los vende a 10 pesetas, ¿cuánto dinero le robó el patrón al obrero?”. Se las llamaba escuelas “racionalistas”, y su creador, el catalán Francesc Ferrer i Guárdia, que fomentaba el librepensamiento, fue puesto frente a un pelotón de fusilamiento en 1909. En sus escuelas no se practicaba la disección en vivo de animales. Se llevaba a los párvulos de excursión para que intimaran, por la calle, en el cielo, bajo una baldosa, con el reino animal. Tampoco se daba mucho calce a las diferencias de rango entre maestros y alumnos. Todos aprendían. Y aprendían que en el mundo del futuro no habría jerarquías, ni prisiones, ni patrones, ni policías, ni políticos, ni dioses, ni ejércitos, ni maridos, ni tan siquiera arreo de ganado hacia las carnicerías. Simple y contundente, aunque inconcebible. En todo caso, su futuro era el revés de nuestra actualidad. Su antípoda.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Lo libertario



José Ribas

* Editorial publicado en la revista Ajoblanco # 45 (Madrid, octubre 1992)

Cuando la incertidumbre es la única certidumbre, conviene tener utopías para sobrevivir. La crisis ha puesto de manifiesto que la ideología liberal no crea cohesión social, anula la capacidad de tensión crítica del pensamiento y solamente propicia competencia feroz, consumismo e individualismo egoísta. Cuando no es capaz de generar riquezas y deviene una de las crisis cíclicas del capitalismo, el egoísmo despechado se suma con el de los demás, propiciando el nacionalismo fanático y lógicamente el odio al Otro y el racismo.

miércoles, 27 de julio de 2016

Entrevista a Miquel Amorós: "Las utopías forman parte del combate"



Aitor Jiménez y Pedro José Mariblanca

Miquel Amorós es historiador, teórico crítico y militante anarquista. Preso en diferentes cárceles durante el franquismo, desde los años 70 a la actualidad ha colaborado en diferentes colectivos -como Bandera Negra, Tierra Libre, Barricada, Los Incontrolados, entre otros- y revistas -Enclyclopédie des Nuisances o Argelaga (ésta última activa desde 2013), defendiendo siempre el antidesarrollismo y el territorio desde planteamientos libertarios en sus charlas. Su crítica al ciudadanismo y su estudio sobre la guerra civil revolucionaria y el anarquismo son hoy día importanes elementos para comprender nuestro presente.

lunes, 11 de abril de 2016

La esperanza de la utopía



José Solano

Para los liberales un mundo mejor pasa irremediablemente por la apertura económica. Para los socialistas pasa por el control del Estado en beneficio de los trabajadores. Curiosamente, ambos atacan decididamente la utopía para aterrizar a lo que dicen es la realidad. Y sin embargo, ambos se basan en premisas utópicas para plantear lo que, según ellos, aun no existe: mayor libertad económica o control del Estado por parte de los trabajadores. Son discursos contradictorios con los verdaderos utopistas, amantes de la libertad, del mundo añorado.

jueves, 24 de diciembre de 2015

La utopía como deseo ético-social














Capi Vidal

Las concepciones utópicas del pasado, que fueron por lo general de un optimismo exacerbado, han dado paso en la modernidad a un escepticismo más bien obtuso y conservador. Cómo no ser optimistas cuando preconizamos un mundo exento, en la medida de lo humanamente posible (y ahí está el quid de la cuestión), de injusticia, miseria y opresión. Es en ese punto, cuando se alude a una política “realista” (realpolitik es el término acuñado ya en el siglo XIX) cuando topamos con toda suerte de justificadores de lo establecido (el estado, y no necesariamente con E mayúscula, aunque seguramente en primer lugar).

Los que tenemos una inquietud enemiga de todo conservadurismo y, yendo más allá, tampoco creemos en ningún pasado glorioso o Edad de Oro, creencia propia de reaccionarios, aunque con derivaciones de lo más peculiares, no podemos más que mirar al futuro con optimismo y esperanza. Por supuesto, existe una confianza moderna en el progreso ajena a cualquier concepción utópica, estrechamente vinculada a la realpolitik, que asume lo intolerable y sigue caminando (con una ceguera evidente, al menos respecto a los valores humanos) hacia adelante. Este optimismo utópico nuestro, con una fe nada ciega en el porvenir, camina al lado de valores sólidos y de un original pragmatismo; es decir, la conquista de la utopía se realiza cotidianamente y en permanente tensión con la realidad. Es más, la confianza en el futuro solo la observamos como esa constante revisión del concepto utópico, no en el sentido de irrealizable, sino de todavía no realizado.

Recordemos que concepciones de utopías ha habido desde los mismos orígenes del pensamiento humano y que solo en la edad contemporánea ese sueño se ha trastocado en la literatura en el horror (si las utopías solían ser imágenes de deseo humano, Orwell nos demostró que no tenía que ser necesariamente así y su visión tenía rasgos más realistas que otra cosa). No es casualidad que la palabra distopía, lo opuesto a la sociedad ideal, no haya sido oficialmente acuñada en el idioma castellano; desde lo establecido, hay tal vez un recordatorio obvio y permanente de que todo sueño humano puede convertirse en pesadilla. Entre nuestras propuestas, que pretenden ser todo lo originales dentro de lo posible, se encuentra esa revisión libertaria de la utopía; es más, parece obligación anarquista mantener esa tensión hacia la realidad y, huelga decirlo, en aras de establecer un proyecto humanamente más ambicioso (y aceptaremos aquí las críticas sobre lo que es considerado “humano”, pero recordaremos siempre nuestra intención libertaria).

martes, 11 de agosto de 2015

Colombia: Paz, arte y utopía


Iván Darío Álvarez
* Ponencia del coautor del Diccionario Anarquista de Emergencia en la II Cumbre Mundial de Poesía por la Paz y la Reconciliación de Colombia.

“un mapamundi que no incluya utopía ni siquiera merece un vistazo."
                                   Oscar Wilde.


He llegado a pensar que al abrazar el bello oficio de los títeres, he escogido una opción de paz. En vez de ser actor, o animar un muñeco, o un objeto escénico, hubiese podido empuñar un arma. Digo esto, porque en mi juventud, en el albor de los años setentas, las ansias de liberación colectiva pasaban por considerar, que en este país urgía una transformación social radical.

Todo parecía indicar que bajo la tutela rapaz del imperio, o las enquistadas clases privilegiadas que gobernaban nuestro común destino, la posibilidad de una vida más digna y justa, jamás llegarían. Por tanto, había que sumarse y juntarse a los de abajo, porque solo desde allí creíamos que surgiría ese coro libertario, capaz de hacer reventar para siempre los grillos de varios siglos de opresión. Solo faltaban que maduraran las condiciones tanto objetivas, como subjetivas, para que ese viejo mundo, más pronto que tarde, se derrumbará y diera lugar a una etapa luminosa, para que a partir de allí emergiera ese hombre nuevo, cuya mayor encarnación de ese mito en América Latina, se volvió visible y trashumante, gracias a seres utópicos como el Che. Muchos entusiastas creíamos en ese entonces, que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Hoy más bien comprobamos con triste ironía, que la más repulsiva y dogmatica reacción, puede estar viviendo a sus anchas, al frente o al lado mismo de nuestra casa.

domingo, 23 de noviembre de 2014

La utopía anarquista


Christian Ferrer

 En los libros de texto de las escuelas anarquistas de principios del siglo XX se les planteaba a los alumnos, típicamente, problemas como el siguiente: “Dado que un obrero confecciona tres sombreros por jornada, siendo remunerado con 1 peseta cada uno, y dado que el patrón de la fábrica los vende a 10 pesetas, ¿cuánto dinero le robó el patrón al obrero?”. Se las llamaba escuelas “racionalistas”, y su creador, el catalán Francesc Ferrer i Guárdia, que fomentaba el librepensamiento, fue puesto frente a un pelotón de fusilamiento en 1909. En sus escuelas no se practicaba la disección en vivo de animales. Se llevaba a los párvulos de excursión para que intimaran, por la calle, en el cielo, bajo una baldosa, con el reino animal. Tampoco se daba mucho calce a las diferencias de rango entre maestros y alumnos. Todos aprendían. Y aprendían que en el mundo del futuro no habría jerarquías, ni prisiones, ni patrones, ni policías, ni políticos, ni dioses, ni ejércitos, ni maridos, ni tan siquiera arreo de ganado hacia las carnicerías. Simple y contundente, aunque inconcebible. En todo caso, su futuro era el revés de nuestra actualidad. Su antípoda.

Cuesta recuperar hoy el asombro que en su día suscitaron lemas anarquistas como “La propiedad es un robo”, de Pierre-Joseph Proudhon, o “La anarquía es la más alta expresión del orden”, del príncipe Piotr Kropotkin, o “La pasión por la destrucción es también una pasión creadora”, de Mijail Bakunin, o la más anónima y generalizada “Ni Dios ni Amo”. Era gente que no pretendía “mejorar” la sociedad sino trastornarla y recomponerla sobre fundamentos desjerarquizados y amistosos. Nada mal, y sin embargo concitaron el pánico de los burgueses y el desdén de los superados y de los que gustan mandar, porque no apelaban a un mañana mejor, como hacen los políticos de todas las épocas, sino a un porvenir otro. En la iconografía ácrata de antaño se destacan las repetidas figuras de obreros hercúleos a punto de descargar un mazazo sobre fábricas humeantes. No es el capitalista –no únicamente– el objeto de la inminente demolición, sino la sociedad industrial entera. Cuando imaginaban el futuro, no era entre cintas de montaje, sino con sol, en escenarios que aunaban bucolismo y sensualidad, como si en Arcadia, o en Edén, en una tierra indolora y fructífera. Es la gloria de los castigados de siempre, un lugar donde ya no se sufre, o donde se pueda sufrir en paz.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Concreción de la utopía y subversión cotidiana




































Massimo Varengo

Tenemos una convicción: solo la revolución libertaria puede garantizar el porvenir de la Humanidad entera. Una revolución ahora y rápido. Pero ¿por qué decimos esto cuando todo apunta a lo contrario? Porque por revolución entendemos no solo y no tanto el hecho violento que, al prevalecer el protagonismo social de los oprimidos y explotados, consigue el derrocamiento del régimen capitalista y de la institución estatal, sino el proceso que realiza concretamente un conjunto de aspiraciones y la satisfacción de las necesidades presentes en la conciencia colectiva, el proceso que materializa sustancialmente el objeto deseado en el imaginario colectivo: la libertad individual y colectiva, la justicia social; ni más ni menos.

Se puede comprender cómo se inicia el proceso revolucionario en el mismo momento en el que se comienza a reconocer y a reaccionar ante la condición en la que se vive y los efectos de las evidentes contradicciones sociales, fruto de las desigualdades y de las jerarquías.

La importancia del rechazo individual -tanto psicológico como material- de un sistema que te embrutece, te aliena y te niega, en la construcción de una expresión colectiva capaz de medirse con las instituciones políticas y económicas, no puede ser infravalorada más si trabajamos para favorecer la afluencia de estos elementos individuales y colectivos, en la organización de una fuerza capaz de imponer su propio programa y su propia visión ética de la vida, y conseguir realmente la destrucción del sistema jerárquico dominante y la destrucción de sus formas de expresión política y económica.

Compartiendo esta postura, resulta evidente la necesidad de perseguir una estrategia que tenga como centro de atención una valoración correcta de los procesos de construcción de la fuerza y de la realización del consenso, elemento vital para un movimiento como el nuestro, que trabaja para la obtención de una sociedad abierta, horizontal, solidaria y comunitaria.

Sin ocultar los problemas, pero…

La voluntad que nos anima en la lucha por una sociedad libre y justa, si no fuera por un determinismo pseudocientífico, no se debe distanciar del ámbito social de referencia, no tiene que convertirse en autorreferencial de un subjetivismo que desemboca ineludiblemente en un activismo como fin en sí mismo, fuera del tiempo y del espacio. Por otro lado, no se puede enganchar simplemente a una iniciativa genérica de masas, limitándose a una acción de apoyo, sobre todo en tiempos como los actuales, en los que la polarización y el corporativismo evidencian muchas veces la dificultad de realización efectiva de la lucha social en el plano económico y territorial, más allá de importantes pero minoritarias excepciones.

Y sigue siendo sobre la relación entre minoría revolucionaria y masas donde continúa jugándose nuestra partida. Si antiestatalismo, antiparlamentarismo, acción directa, rechazo de la delegación y de los liberados, descentralización, federalismo y solidaridad permanecen a la hora de afrontar el centro de la difusión en una sociedad dominada por la presencia, invasiva y condicionante de los medios de comunicación con su manipulación y seducción, por un ejército de profesionales de la política y del sindicalismo oficial (y a veces no solo…), y por el creciente y desbordante control burocrático y policial.

La utopía debe concretarse por representar un elemento de atracción y de movilización. No se puede tener ni conquistar la credibilidad si no demostramos que nuestras propuestas de reorganización social, nuestras formas organizativas -basadas en la autogestión y en la autoorganización- son efectivamente superiores no solo moralmente sino también por funcionalidad y eficacia, en el respeto al individuo y a la naturaleza ante la voracidad del capitalismo y de la lógica del desarrollo sin límites. Y la subversión cotidiana de lo existente no puede significar subjetivismo estético y poética insurreccional sino aplicación cotidiana sobre el terreno en confrontación crítica contra la realidad social en su complejidad, con una implicación programática de acción, con atención a los problemas concretos, a la lucha cotidiana contra la explotación y la opresión, a las batallas que pueden involucrar a sectores cada vez más amplios de población, con valoración de las luchas territoriales, vecinales, sobre todo en tiempos como estos, donde diferentes luchas remarcan la importancia fundamental de entrelazar la comunidad, el territorio y su autogestión.

Sin esconder los problemas, pero tampoco refugiándose en el ámbito de la ideología. Una ideología marcada, por otra parte, por los mitos decimonónicos del progreso y del desarrollo, y que debe superarlos para redefinir una relación inteligente e incisiva que permita medirse con el creciente agotamiento de los recursos naturales por obra de la parte más rica y más potente del género humano -de la que, querámoslo o no, formamos parte-, la destrucción del medio ambiente y la puesta en entredicho del concepto mismo de futuro.

Aunque el panorama que nos rodea no es muy favorable, hay que continuar incansablemente con la tarea de crítica de la "cultura" oficial, de denuncia de las mentiras de las castas del poder, obstinándonos en querer construir comunidad y difundir solidaridad.

Ser utopistas concretos quiere decir desarrollar pensamiento radical, quiere decir lanzar propuesta, quiere decir interrumpir los circuitos de la manipulación del consenso, quiere decir atravesarse.

No esperemos el sol del porvenir, un sol cada vez más ensombrecido por las nubes de polvo en suspensión. Tenemos que continuar desarrollando iniciativas, aunque seamos pocos, sobre todo si somos pocos, para transmitir ética y cultura libertaria, para valorar la coherencia entre fines y métodos, para remover las conciencias.

Para hacer esto, para equiparse mejor, debemos profundizar constantemente en la elaboración crítica; promover el paso de la práctica de la propaganda estática a la del laboratorio de investigaciones y experiencias, tendentes a la más amplia actividad de transformación social; actualizar la táctica de la contestación, en los diversos campos, instando las tensiones éticas latentes y las aspiraciones de justicia social, estimulando la acción directa en todas las manifestaciones de la vida para realizar experiencias autogestionarias fuera del poder constituido y contra él; apuntar a la crítica inmediata de aquellos sectores del poder menos visibles para la población -como monopolios, catastros, sistemas de tasación- evidenciando escenarios alternativos.

Ante la autodenominada liberalización -en realidad, acaparamiento- de los bienes y servicios colectivos, es necesario relanzar el tema de la socialización y la autogestión en la redefinición de la relación entre usuarios y trabajadores, atacando la obscena campaña del régimen que tiende a ocultar el hecho de que el gasto público social no es la causa de la deuda pública, sino que por el contrario es engordado por la voracidad de los bancos y de los negociantes que se lucran con sus intereses.

Ahora, mientras que la circulación de capitales no encuentra barreras, los Estados utilizan las fronteras para instrumentalizar la inmigración irregular e inventar constantes "emergencias" para crear un clima favorable a la afirmación de la cultura de la sospecha y del gueto, alimento de la parcelación social y de la aniquilación de toda forma de resistencia solidaria de masas; es el momento de evocar con resolución la vía del reconocimiento recíproco entre las diferentes experiencias humanas, allá dónde y cómo existan, para vaciar de contenido cualquier construcción teórica que de la diversidad haga un fetiche útil para prácticas de diferenciación social. En este contexto, la lucha contra toda discriminación es absolutamente fundamental. Como fundamentales son las iniciativas sobre el ámbito de la guerra y la militarización, de la devastación medioambiental, que con metodologías diversas destruyen las posibilidades mismas de la vida en este planeta.

Nuestra fuerza revolucionaria organizada

Cierto es que ante un escenario cotidiano de guerra, de represión y de provocación ascendente, de ataque a las libertades individuales y colectivas, son muchos los problemas a afrontar y a resolver, pero su solución puede ser facilitada en un debate que tenga en cuenta la experiencia del movimiento en su complejidad, tanto a escala nacional como internacional. Como portadores de un método de experimentación libertaria, alejado de cualquier dogmatismo, no pretendemos ser los únicos poseedores de la verdad; seguimos pensando que solo un profundo proceso de transformación, con carácter revolucionario, podrá modificar el presente estado de cosas, y que las conquistas sociales, fruto de la acción directa de las masas, son fundamentales para la modificación de las relaciones de fuerza.

La obra de descrédito hacia el anarquismo, que pasa por la acusación de terrorismo, quiere impedir que los movimientos de oposición sean influidos por las metodologías y por las propuestas anarquistas. Queda claro que lo que temen no es tanto la acción extemporánea de algún grupo, sino al anarquismo como fuerza revolucionaria organizada, como fuerza tendente a la autoorganización de los oprimidos y explotados de cualquier país, como única práctica realmente internacionalista, que en el desarrollo integral y libre del individuo tiene el objetivo unificador de todas sus tendencias.

Para quien sostiene el fin de las posibilidades de transformación social por parte del anarquismo, para quien sostiene el fin de la concepción misma de revolución social, la mejor respuesta viene de la capacidad del anarquismo de revitalizarse, de estar en el presente, de conjugar sus raíces históricas y éticas con la necesidad de la lucha contemporánea contra la opresión de cualquier color, aquí y ahora.

[Publicado originalmente en Tierra y Libertad # 315, noviembre 2014. Numero completo accesible en http://www.nodo50.org/tierraylibertad/.]

Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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