Pedro Pablo
¡Es la economía, estúpido!
Bill Clinton
El
chavismo (ahora madurismo) ha sido muy eficiente en el mercadeo de su posición,
sin duda con la asesoría cubana que siendo un país casi sin ninguna figuración
mundial en cualquier rubro que se la busque, (salvo la violación de los DD.HH.)
sigue teniendo peso en la política de América Latina gracias a su aparato de propaganda.
Hasta ha logrado que Venezuela le regale un monto que, aunque nadie sabe con
certeza, supera los 6.000 millones de dólares al año además de recibir petróleo
suficiente como para convertirlo es un exportador, como anunció el mismo Chávez.
Ese chavismo ha promovido y presentado a Venezuela ante el mundo como dividida
en dos bandos que, en particular para una intelectualmente empobrecida
izquierda internacional, se resume en revolucionarios y fascistas.
Para
los que vivimos conscientes en esta que era una Tierra de Gracia y ahora es de desgracia, no es así. Ni los
chavistas son revolucionarios ni los opositores son fascistas en el significado
clásico de la palabra, ni son los únicos bandos, aunque la oposición también
apoye esta polarización en su beneficio. Desde 1958 y hasta Chávez, las cabezas
del gobierno en Venezuela han alternado entre socialdemocracia y socialcristianismo
por lo que, si existían grupos fascistas, eran pequeños e invisibles. De hecho,
hay más grupos de ultraizquierda que fascistas. Para muestra de esta confusión,
el partido que encabeza las revueltas de estos días (pero que no las dirige) Voluntad Popular, calificado de fascista
por Maduro, está asociado a la Internacional Socialista. Chávez no inventó el
socialismo en Venezuela sino que eliminó la democracia, que es otra cosa y si, entre
los claramente identificados en la historia como fascistas traemos a la memoria
el caudillismo de Mussolini, el arrastre hipnotizado de los alemanes por Hitler
o la nefasta identificación de los argentinos con Perón, entonces Chávez está
mucho más cercano a ellos que Leopoldo López o Capriles.