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miércoles, 10 de enero de 2018

El impacto social del automóvil (como producto y en su proceso de producción)



Ricardo García L.
El automóvil representa uno de los más fuertes símbolos del progreso y, como suele suceder con muchos otros alcances técnicos, las consecuencias "lógicas" inherentes a su invento han tenido un impacto más adverso que benéfico. Ello, fundamentalmente, por dos motivos: el de los efectos en su "proceso de producción" y por los efectos "como producto en sí", ya terminado.

En el "proceso de producción" del automóvil, el efecto pernicioso más claro es el modelo aplicado, a principios del siglo XX, en la fabricación de los autos Ford. El fordismo maximizará la mano de obra, las herramientas y las maquinas para la elaboración de automóviles, implementando la producción en cadena: "violencia calculada, sistemáticamente aplicada contra el trabajo de los hombres, ese sueño original del capital en busca del 'movimiento perpetuo' de la fábrica. La producción de flujo continuo, 'piedra angular' de todos los sistemas de organización del trabajo, como dirá cincuenta años después el sociólogo Emery, nace en América, como era de esperar" (1).

martes, 26 de septiembre de 2017

El pachamamismo y la izquierda latinoamericana



Ricardo García

* Para intelectuales de izquierda lo comprometido y correcto no es criticar y deplorar el colonialismo interno que imponen estos gobiernos latinoamericanos, y que es lo que directamente más afecta a las comunidades indígenas, sino convertirse en cómodos críticos del imperialismo y la descolonización.

En un pequeño texto titulado Impliquons nous (Arles: Acts Sud, 2015), en el que el sociólogo y filósofo francés Edgar Morin dialoga con el artista italiano Michelangelo Pistoletto, uno de los fundadores del llamado arte povera e impulsor de la Cittadellarte, Morin asegura:
<<Toda la historia de la civilización occidental ha tenido una tendencia hacia la conquista de un bienestar material y técnico, y el bienestar material no ha aportado un bienestar moral y psicológico. Es por eso que me gusta la expresión venida de América Latina —también de Evo Morales y de Rafael Correa― que se refiere al buen vivir>> (p. 27).

lunes, 2 de noviembre de 2015

La migración africana y la New Jungle de Calais: Las guerras en Eritrea y Sudán del Sur



Ricardo García


Afganistán, Irak, Sudán, Egipto y Siria son los países que más han ocupado espacio en los medios de comunicación internacionales por sus conflictos internos. Pero de Eritrea y Sudán del Sur nada se dice sobre su situación socio–política y humanitaria; de hecho pocos saben de la existencia de estos países.


I

Al igual que muchos de sus connacionales, Mohamed emprendió una larga y peligrosa travesía con la intención de alcanzar Gran Bretaña. Su trayecto desde Afganistán hasta Calais, ciudad portuaria ubicada al norte de Francia, duró alrededor de tres meses, hasta que finalmente se instaló de forma clandestina en la Jungle, un campamento extremadamente precario construido de cartones y plásticos en Calais por migrantes que habían llegado de Afganistán, Eritrea, Sudán e Irak y que también buscaban desesperadamente poder llegar a tierras inglesas escondidos en un camión o un ferry. Han pasado cerca de cinco años. Ahora Mohamed tiene 28 años y vive y trabaja en Lille, una ciudad a 114 km de Calais, gracias al estatuto de refugiado que le otorgó el gobierno francés, y gracias al cual también pudo traer hace un año a su esposa y sus dos hijas, quienes se encontraban refugiadas en Pakistán huyendo, al igual que él, de los talibanes.

Para Ahmet la historia no ha sido muy distinta, aunque el periplo desde Afganistán y el paso casi obligado como ilegal por Irán, Turquía, Grecia e Italia antes de llegar a Francia fue mucho más difícil, pues tuvo que realizarlo con una pésima prótesis del pie izquierdo que perdió tras pisar una mina días antes de su salida. También ahora goza del estatus de refugiado, trabaja como sastre en Lille y ha conseguido traer a sus tres hijos pequeños, después de que su esposa fue asesinada por los talibanes.

A diferencia de Mohamed y Ahmet, Abdulla sí pudo llegar a Inglaterra, aunque poco después fue expulsado. Desde el 2010 ha vivido en Francia esperando respuesta a su demanda de estatuto de refugiado. Estaba aterrado de regresar a Kabul, porque sabía que muy probablemente los talibanes lo iban a matar. Hace poco más de un mes que recibió una respuesta positiva del gobierno francés, así que por fin ha podido reunirse con sus hijos en Pakistán, después de cerca de cinco años.

domingo, 3 de mayo de 2015

Debate (A) - Contracultura y anarquismo: De los hippies a los indignados


Ricardo García

Aunque claramente contraculturales, manifestaciones como el futurismo, el dadaísmo, el letrismo, el estridentismo o el infrarrealismo —sólo por mencionar algunas— no fueron concebidas como tales porque la idea de contracultura comienza a ser utilizada años después por Theodore Roszak para referirse a los movimientos hippie y beatnik de los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos y difundida ampliamente a través de su libro El nacimiento de una contracultura [The Making of a Counter Culture, 1968; en español, Kairós, 2005, reedición].

Desde entonces la noción de contracultura (que entre otros es retomada por Ken Goffman, Enrique Marroquín, José Agustín, Fernando Savater y Luis Antonio de Villena) ha servido para denominar a toda expresión cultural que surge como “alternativa” a la cultura dominante o hegemónica y que contraviene los valores de ésta. Sin embargo, hay quienes para hacer referencia a manifestaciones culturales con más o menos las mismas característica prefieren usar el concepto de cultura underground (Mario Maffi, Luis Racionero, Luiz Carlos Maciel), cultura subterránea (Guillermo J. Fadanelli), cultura alternativa (Leonardo Da Jandra) o hasta anti-cultura (Tomás Ibáñez). Pero, ¿qué es la contracultura?

La contracultura se manifiesta a través de la elaboración y adopción de expresiones culturales —lenguaje, actitudes, vestimenta, música— con características propias, que al erigirse como alternativa cultural trasciende, pone en evidencia y exterioriza su animadversión a la cultura dominante o hegemónica, rompiendo con la idea de que es difícil crear propuestas culturales que se mantengan al margen o en franca oposición a la socialización de la cultura dominante. Y es precisamente el antagonismo hacia la cultura dominante lo que fomenta su creatividad y hasta su subsistencia, es decir, que si llegara a carecer de esta condición antitética frente a la cultura dominante estaríamos hablando simplemente de subcultura. Por ello es importante y necesario desligar a la subcultura de la contracultura, ya que ésta lo que intenta romper es precisamente la relación de dominador/subalterno.

La contracultura también presenta las siguientes peculiaridades: en ella no necesariamente está asumida una postura política o “ideológica”; su “anacronismo” y su forma de manifestarse suele ser sólo el reflejo de un descontento generacional; su efectividad debe estar sujeta, en la mayoría de las veces, a cierta transitoriedad, ya que de lo contrario puede empezar a sufrir un desgaste en su forma de reivindicarse e ir adquiriendo la aquiescencia de la sociedad y de la cultura hegemónica, lo que consecuentemente se traduciría en su muerte [véase mi artículo “La música como construcción de la identidad”, Ciudades no. 63, Puebla: RNIU, 2004].

Desmenuzando la contracultura

Para intentar dar claridad a la noción de contracultura es conveniente destacar algunos puntos:

1. Cuando se habla de contracultura se ve a la juventud como un “sector social” que le es inherente, equívoco que proviene principalmente de una falsa generalización: la juventud es subversiva por antonomasia. Salvador Allende pensaba que “Ser joven y no ser revolucionario era una contradicción”, pero lo cierto es que no toda la juventud es revolucionaria ni rebelde, y mucho menos contestataria, ni todas las manifestaciones contraculturales han sido impulsadas o apoyadas sólo por jóvenes. Pero como este acto de ilusionismo se presta para que juventud y rebeldía se traduzcan en sinónimos, no falta el periodista, investigador o académico que insidiosamente intente deslegitimar a este tipo de expresiones culturales asegurando que sólo se trata de inmaduros, estrafalarios y vacíos actos de desobediencia. Por ejemplo, Joseph Heath y Andrew Potter, en su libro Rebelarse vende. El negocio de la contracultura [México: Taurus, 2005], de manera rancia y desatinada aseveran que “en el mejor de los casos, es una pseudo-rebeldía, es decir, una serie de gestos teatrales que no producen ningún avance político o económico tangible y que desacreditan la urgente tarea de crear una sociedad más justa […] que en el peor de los casos, contribuye a la infelicidad general de la población al minar o desprestigiar determinadas normas sociales e instituciones que de hecho cumplen una función”.

2. La contracultura está condicionada a un sincronismo geográfico, es decir, que las formas en cómo se revelan estas manifestaciones varían, en tiempo y forma (dinamismo, asiduidad y “originalidad”) de un lugar a otro, y su vigencia está temporalmente acotada. Prueba de ello fue la forma en como el movimiento punk apareció en Estados Unidos e Inglaterra y después se propagó en el resto del mundo. La parafernalia de los punks era prácticamente la misma en todo el planeta, pero, como era de esperarse, las condiciones económicas, políticas y sociales en América Latina iban a ser fundamentales para que el movimiento punk en esta región adquiriera su rasgos específicos, aunado a la fuerte influencia que tuvo tanto del rock radical vasco (intensamente creativo debido a la transición política posfranquista) como del, poco después, hardcore estadounidense, un punk más duro y politizado y menos autodestructivo —aunque asimismo existían grandes diferencias en una misma ciudad, por ejemplo, definitivamente no era lo mismo el Iti de Colectivo Caótico que Illi Bleeding—. Detonación y extensión que paradójicamente el movimiento adquirió gracias al proceso de globalización; expansión que al mismo tiempo propició que fuera rápidamente asimilada por el mainstream.

3. Se suele pensar que a los preceptos de la cultura hegemónica la contracultura invariablemente los subvierte de forma creativa y contestataria; sin embargo, estas manifestaciones no siempre tienen la capacidad de proponer innovadoras formas de expresión, carecen de imaginación, calidad estética o de todo sentido crítico. Desde luego que toda contracultura es alternativa, porque se proyecta como algo distinto a lo que propone la cultura hegemónica, pero no por ello toda cultura alternativa es contracultural.

4. Una de las confusiones que genera el concepto de contracultura —y aunque la mayoría de los autores que lo utilizan dejan más o menos claro a qué manifestaciones culturales se refieren— es que etimológicamente pueden caber en él todos los movimientos que se oponen al statu quo, es decir, todos los que tienen una ideología distinta y que son antagónicos a las normas predominantes, por lo que pueden ser contraculturales todos aquellos grupos radicales que reivindican algún tipo de supremacía racial (skinheads fascistas), fundamentalismo religioso o los que, como también pueden llegarlo a hacerlo los anteriores, hacen una abierta apología de la violencia (la narcocultura). Ambigüedad que es aprovechada por los detractores de la contracultura para arremeter contra ésta, aunque muchas veces a niveles ridículos de paroxismo. Joseph Heath y Andrew Potter, en el libro antes mencionado, en un desesperado intento por demostrar que la contracultura es una verdadera amenaza para la sociedad aseguran que al publicarse el manifiesto de Theodore Kaczynski, mejor conocido como el Unabomber, “un sector de la izquierda descubrió, para su gran sorpresa, que estaba de acuerdo en casi todo. Obviamente, cómo no, aparecían muchos elementos de la teoría contracultural”. En este marco Anders Behring Breivik, autor de los recientes atentados en Noruega, pasaría para estos autores perfectamente como un contracultural, así como a varios contraculturales los han hecho pasar por terroristas.

¿Es el anarquismo una contracultura?

En su ensayo "La culture libertaire? Non merci!" [1997], Tomas Ibáñez argumenta que “en las tesis, las prácticas, las sensibilidades libertarias no forman ni una cultura libertaria, ni una contracultura, ni una cultura alternativa: éstas son, antes que nada, una ‘anti-cultura’ […]. Como aspiración anti-totalitaria, el ethos libertario constituye, fundamentalmente, un dispositivo de emancipación al margen de la cultura; es, en este sentido, un mecanismo para vencer a la cultura, de ahí que se le puede definir como una anti-cultura”. Independientemente de lo discutible o pertinente de esta posición, que sugiere una radicalización, prefiero usar la noción de contracultura contestataria para resaltar la intencionalidad política en el proceso creativo de la expresión cultural anarquista. Destacando que no todas las manifestaciones contraculturales son libertarias ni las que lo son tienen esa fuerza creativa, como en su momento la tuvieron el dadaísmo y el situacionismo, corrientes estéticas que permitieron derribar los tópicos que se tenían del anarquismo, mostrando a un anarquismo transformador y positivo. Peter Heintz, en su libro Anarchisme négativ, anarchisme positif  [Lyon: ACL, 1997], hace mención de la reaparición de un nuevo anarquismo positivo y creador que, en contraste con el anarquismo clásico, busca su potencial en actividades artístico-político-literarias-revolucionarias, poniendo como ejemplo el surrealismo —aunque otros movimientos anteriores, como el Simbolismo y el Impresionismo, ya habían dejado evidencia de ello.

¿Se pude hablar de una estética anarquista? El pintor y anarquista Camille Pissarro “rechazaba rotundamente determinar en qué consiste una estética anarquista… aunque en el volumen III de Correspondencia el pintor francés declara: ‘¿Existe un arte anarquista? Definitivamente no entienden nada. ¡Todo arte es anarquista cuando es bueno y bello!” [Colin Ward, en su ensayo "La maison anarchiste", 1997]. Pero esa afirmación respondía a un fuerte debate que durante la segunda mitad del siglo XIX se daba en torno al arte dentro del movimiento anarquista, y en el cual se planteaba si debería impulsarse un arte de tipo social y de propaganda que priorizarse el compromiso o favorecer la autonomía y la creatividad individual del artista.

Convencidos de que sólo a través del “arte por el arte” se podía derribar las convenciones burguesas, la posición de los artistas impresionistas Paul Signac, Maximilien Luce, Charles Angrand, Cross, Aristide Delannoy y el mismo Pissarro, colaboradores del periódico anarquista Les Temps Nouveaux, fue determinante: no deberían mutilar su sensibilidad estética poniéndola al servicio de la lucha social, a los objetivos inmediatos de un movimiento social cualquiera que éste fuera. Paul Signac, en un escrito publicado en Le Révolté, se dirigió a Proudhon (quien estaba a favor de las obras revolucionarias de tipo social), expresándole que “pintar de manera anarquista no es el dar imágenes anarquistas, sino el que sin ansia de lucro, sin deseo de recompensa luche con todas sus fuerzas de individuo libre contra las convenciones burguesas y oficiales, con su aportación especial”. Incluso el propio Jean Grave, fundador de Les Temps Nouveaux y quien privilegiaba los temas de propaganda, llegó a reconocer que los artistas tenían escasas posibilidades de ser comprendidos por las masas y que “una sociedad comunista sería la muerte del arte” [La société future].

Ya el irascible pintor anarquista Gustav Courbet había hecho lo propio cuando, nombrado en 1871 por la Comuna de París como representante de la Comisión de Museos y delegado de Bellas Artes, elaboró el programa de la Federación de artistas en el que, aunque se hacía énfasis a la función social y contribución revolucionaria del artista, se privilegiaba la absoluta libertad creativa individual.

A pesar de los argumentos expuestos por los anarquistas individualistas, entre los que por cierto se encontraban principalmente los propios creadores,“el anarquismo de matiz más social, desde Proudhon y Kropotkin en el siglo XIX hasta Rudolf Rocker y los artistas agitadores del siglo XX, insistirá en ligar las posibilidades libertarias del arte a su papel de experiencia esencial para el imaginario y el accionar colectivo. En este sentido, Kropotkin y los prerrafaelitas ingleses veían en las catedrales medievales una prefiguración de lo que podría alcanzar la creación colectiva liberada” [Nelson Méndez y Alfredo Vallota, Bitácora de la Utopía: Anarquismo para el siglo XXI, Caracas: 2000].

Para la primera mitad del siglo XX la tendencia que afortunadamente prosperará será la que permitirá al artista volcarse en su obra y proyectarse en ella intensamente como experiencia liberadora, sin asumir de manera primigenia una responsabilidad social, a diferencia de lo que de algún modo llegaron a proponer muralistas como el Dr. Átl, a quien erróneamente se le ha llegado a considerar anarquista [véase mi ensayo “¿Dr. Atl anarquista?”, Tierra y Libertad, Madrid: 2008,].

El anarquismo que llega al S. XXI

El balance sobre el ondulante pensamiento anarquista no ha sido del todo adverso, pues tanto en la teoría como en la práctica, y hasta la actualidad, sigue siendo fértil. Desde el pensamiento de Gilles Deleuze, los planteamientos de Hakim Bey, las experiencias sonoras de John Cage o las aportaciones pedagógicas de Ivan Illich, hasta los Centros Sociales (CSL) —que proponen una dinámica cultural distinta dentro de los barrios de varias ciudades del mundo—, las experiencias de “recuperación” de fábricas para su autogestión —durante el movimiento piquetero en Argentina—, las propuestas de organización asamblearia barrial —autonómicas y autogestionadas que una y otra vez resurgen en países como Grecia o España—, el movimiento okupa, el ecologismo, los colectivos antifascistas, los colectivos de apoyo a migrantes y las organizaciones ciberactivistas, pasando por supuesto por numerosas publicaciones y proyectos editoriales.

al fertilidad no tiene que interpretarse de manera triunfalista, pues una de las peculiaridades del movimiento anarquista es precisamente su fluctuación e “intermitente-permanencia”, valga el oxímoron. Tras la caída del Muro de Berlín no eran pocos los teóricos que hablaban de una pujanza del socialismo libertario, en la actualidad ingenuamente ocurre más o menos lo mismo debido al surgimiento de las numerosas agitaciones que se han dado en el plano internacional —como los movimientos de los “indignados”, nacidos del 15-M, o incluso hasta las revoluciones en el mundo árabe—, no obstante, lo que puede discernirse en estos últimos es que se trata de formas de organización con algunos visos de autonomía y autogestión que rápidamente terminan perdiendo horizontalidad.

Desde el punto de vista filosófico, pienso que la anarquía permite, como decía John Cage, “que cada persona pueda convertirse en su propio centro”. El problema es que no todas las personas quieren o tienen la capacidad de ser su propio centro; aunque también hay quienes lo hacen sin la necesidad de fanfarronear y hacerse llamar anarquistas, o viceversa. Desde el punto de vista socio-político estoy convencido, como alguna vez lo expresó Jacques Ellul —a quien se le negó la entrada al movimiento situacionista, “A menos de que renunciara a su religión cristiana”, como se lo hizo saber su amigo Guy Debord—, “que el combate anarquista, la lucha en dirección de una sociedad anarquista, es esencial, pero su realización imposible”.

Conclusión

En su famoso texto Filosofías del underground, publicado en la segunda mitad de la década de los setenta, Luis Racionero señala que traducir “counter culture” como contracultura creaba confusión, pues la idea adquiría “connotaciones de movimiento anticultural, de ir contra toda cultura y no sólo contra los aspectos nocivos de ésta, lo cual confunde la intención del significado en inglés”. Además, continúa, “la contracultura es un término menos amplio que underground porque denota la manifestación formal de una encarnación pasajera del underground en la década de los sesenta”, en cambio “el underground […], es la tradición del pensamiento heterodoxo que corre paralela y subterránea a lo largo de toda la historia de Occidente”.

Sin embargo, para sostener su concepto de underground en buena parte del libro Racionero pone como ejemplos a algunas de las prácticas orientales más influyentes (el zen, el yoga, el taoísmo, el sufismo, el tantrismo), el problema es que estas “experiencias” orientales —que eran ya muy conocidas en las décadas de los sesenta y setenta— han sido perfectamente asimiladas por Occidente de una manera más entusiasta que filosófica y nada subterránea: pura moda. Pero éste no es el único desacierto de Racionero, pues para hacer referencia al individualismo y al anarquismo, en el capítulo del mismo nombre de Filosofías del underground el delirante escritor orientalista tiene la ocurrencia de citar a tres pensadores que no son precisamente los mejores referentes del anarquismo individualista, sino de un anarquismo de tipo sociopolítico y racional: Kropotkin, Bakunin y Proudhon.

Al igual que Racionero, Luis Antonio de Villena (Heterodoxias y contracultura, en coautoría con Fernando Savater) señala que el término de contracultura es un equívoco, pero a diferencia de aquél y a la manera que lo hace Ken Goffman (La contracultura a través de los tiempos) utiliza esta noción para exponer a pensadores y movimientos que a través de su reflexión y obra han subvertido los valores y tendencias dominantes a lo largo de la historia de la humanidad.

Dándole un completo y muy extraño giro a lo enunciado por los autores antes mencionados, el venezolano marxista Ludovico Silva, en su libro Contracultura, publicado en 1979, señala que “el capitalismo, como tal, por ser un sistema fundado enteramente en los valores de cambio, no tiene propiamente una cultura, sino una contracultura, que es algo muy distinto. Cultura propiamente tal había en la Grecia clásica, entre los sumerios y babilonios, en el antiguo mundo judaico o en las civilizaciones inca y azteca; pero en el capitalismo sólo hay contracultura, y lo único que se puede llamar ‘cultura capitalista’ no es otra cosa que ideología”. Una contracultura que es difundida a través de la implacable publicidad y la dictadura mediática, sugiere Luis José Silva Michelena (verdadero nombre de Ludovico Silva) a lo largo de su texto al más puro estilo de Para leer al pato Donald.

Hoy en día el uso de prefijos como “contra” o “anti” para reivindicar una posición contraria o antagónica a lo “hegemónico”, “lo establecido” o “lo oficial” (contra-psicología, contra-historia, contra-literatura, contra-poesía, contra-arquitectura, contra-información) es más frecuente de lo que uno podría imaginarse, así que lo interesante sería saber no si continúa siendo pertinente utilizar la noción de contracultura sino “de qué está hecha esta cuerda o de que lado comenzará a desgastarse antes de reventar”.

[Versión resumida. El original en extenso puede verse en http://revistareplicante.com/contracultura-y-anarquismo.]

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Debate (A): Michel Onfray, impostura y narcisismo. El filósofo del escándalo

Ricardo García López

Un filósofo mediático que pretende enaltecer la actitud incendiaria de los cínicos, invocar el espíritu de los situacionistas y celebrar el placer, el cuerpo y el deseo, mientras se siente agraviado por el divino Marqués de Sade.

Michel Onfray es el filósofo más popular de Francia, pero tal popularidad no ha sido sólo consecuencia de las polémicas que han desatado algunos de sus libros o artículos y que lo han situado como un escritor irreverente. Al igual que ha sucedido en méxico con algunos escritores, como el caso de Carlos Monsiváis, la popularidad de este escritor originario de Argentan, una pequeña localidad de la baja Normandía, se ha ido forjando sobre todo gracias a sus constantes apariciones en platos de televisión. Pero lejos de los reflectores mediáticos en Francia a Onfray parece tomársele cada vez menos en serio.

Indiscutible dueño de una pluma con efectos muchas veces corrosivos, este promotor de una ética hedonista publicó en 2005 Traité d’athéologie (Grasset), una obra en la que le imputa a las tres grandes religiones monoteístas —cristianismo, judaísmo e islamismo— estar “animadas por una misma pulsión de muerte genealógica y compartir una serie de desprecios idénticos: el odio a la razón y la inteligencia; el odio a la libertad; el odio a todos los libros en nombre de uno solo; el odio a la vida; el odio a la sexualidad, a las mujeres y al placer…”, afirmaciones que lo meterían dentro de un torrente de críticas y réplicas que apenas comenzarían, y detrás de las cuales se encontrarán no pocos intelectuales, como Shmuel Trigano, Raphaël Draï, Bertrand Vergely, Malek Chebel o Matthieu Maumier; este último escribirá en respuesta el mismo año L’anti–traité d’athéologie. Le système onfray mis à nu (Presses de la renaissance).

Pero será algunos años después cuando este filósofo nietzscheano empiece a ser ubicado como un enfant terrible, luego de la publicación en abril de 2010 de Le crépuscule d’une idole. L’affabulation freudienne (Grasset). Ese famoso texto en donde se expone al “padre de la psicología” como un “fascista autoritario de su tiempo” y a su psicología como “una alucinación colectiva apoyada en una serie de leyendas”, y que provocaría la indignación de distintos pensadores como el remilgado filósofo Bernard–Henri Levy, así como de teóricos que se habían formado dentro y para la psicología o la psiquiatría en Francia, como Julia Kristeva, Jacques–Alain miller, Alain de Mijolla o Élisabeth Roudinesco.

En un ensayo Onfray se lanza contra Apollinaire por, según el indignado filósofo normando, haber contribuido con su L’œuvre du marquis de Sade, publicada en 1909, a construir una leyenda en torno al marqués de sade y que perpetuarán intelectuales como Barthes, Bataille, Deleuze, Foucault o Lacan; cuando en realidad, continúa tajante, Sade no es más que “un monstruo humano, del cual su obra constituye el reflejo de su pobre vida”.
Después vendrán otros libros, conferencias, artículos, coloquios, así como sus infaltables —y algunas insufribles— participaciones en televisión, en donde los temas abordados seguirán teniendo más o menos los mismos efectos provocativos, como fue el caso de su intervención en el coloquio “guerre d’Algérie, 50 ans après” celebrado en marzo de 2012 en aquel país, en donde afirmó que él prefería a “Albert Camus que a Jean–Paul Sartre por varias razones, principalmente porque Sartre y Simone de Beauvoir colaboraron con los nazis y con su representante en Francia, el régimen de Vichy, durante los primeros años de la segunda guerra mundial, mientras que Camus fue siempre fiel con lo que pensaba y consigo mismo” o la publicación de Le canari du nazi. Essais sur la monstruosité (Autrement) en enero de 2013, un libro que recoge doce ensayos resultado de un ciclo de conferencias organizadas por la universidad popular de Caen, que fue dirigido por el propio Onfray y en el que también participa con un ensayo donde se lanza contra Apollinaire por, según el indignado filósofo normando, haber contribuido con su l’œuvre du marquis de sade, publicada en 1909, a construir una leyenda en torno al marqués de sade y que perpetuarán intelectuales como Barthes, Bataille, Deleuze, Foucault o lacan; cuando en realidad, continúa tajante, sade no es más que “un monstruo humano, del cual su obra constituye el reflejo de su pobre vida”.1 aseveración que llevará al escritor philoppe soller, autor de sade contre l’être suprême (gallimard) a señalar a Onfray como un “filósofo provincial muy retrógrado y muy reaccionario”.

La impostura anarquista del apóstol de Normandía

Además de sumarse a un “nietzscheanismo de izquierda”, en reiteradas ocasiones Onfray no ha dudado en declararse libertario o (post) anarquista, lo cual parece venirle bien a su personaje de provocador; aunque es suficiente con detallar algunas de sus declaraciones o de contrastar algunos de sus discursos con la realidad para percatarse de que sólo se trata de una impostura. Por ejemplo:

1. En una entrevista que diera para al diario japonés the mainichi el 27 de abril de 2012, cuando se le preguntó por qué el frente nacional (fn) había tenido unos resultados tan importantes en Orne (departamento francés de donde es originario el escritor) durante las votaciones que recién se habían llevado a cabo, además de asegurar que “el voto para el fn no es un voto neo–fascista o de extrema derecha como la prensa liberal bien–pensante francesa nos lo quiere hace creer desde hace años” y de justificar los supuestos motivos que favorecían los resultados del FN, Onfray terminó por aseverar que “el voto es la única manera de manifestar el poder insurreccional” (¿el fn no es de extrema–derecha?, ¿el voto como insurrección?, ¿un anarquista justificando y promoviendo el voto?).

2. En su manifeste hédoniste (autrement) asegura que el capitalismo además de inevitable es la única forma de intercambio que ha existido desde la prehistoria, es decir, que la humanidad ha pasado por un capitalismo neolítico, egipcio, antiguo, medieval, feudal, totalitario, consumista, liberal y hoy en día a veces, según él, hasta ecologista; así que lo que propone y promueve es un capitalismo libertario. A juzgar por esta aseveración se podría deducir que si onfray no es anarquista tal vez podría ubicársele como un anarco–capitalista —esa disparatada corriente surgida en estados unidos que ha construido su ideología a partir de un paralogismo que busca justificarse bajo la raíz etimológica del anarquismo: sin estado—, aunque esta idea tampoco parece sostenible, sobre todo si se toma en cuenta que la universidad popular2 de caen, que él impulsó, es subvencionada principalmente por la región de la baja normandía, es decir por el estado (¿un anarquista o anarco–capitalista subvencionado por el estado?).

3. En su crónica mensual, del mes de abril de 2014 de su blog, titulada “gauche d’en haut, gauche d’en bas” escribió: “en una conversación reciente con amigos, éstos se desconcertaron porque, como libertario, yo pueda defender a la policía, la armada y los servicios secretos de información…”. (¿un anarquista que defiende la policía, la armada y los servicios secretos de información?).

Éste es michel onfray, el filósofo que pretende enaltecer la actitud incendiaria de los cínicos, invocar el espíritu de los situacionistas y celebrar el placer, el cuerpo y el deseo, mientras se siente agraviado por el divino marqués de sade; éste es michel onfray, el gurú que promulga la libertad del ser y no del tener, pero que hace una escultura de sí no a través de una ética hedonista sino narcisista…

4. Uno de sus principales pilares ideológicos, además de nietzsche y proudhon, es albert camus, de quien se considera heredero ideológico indiscutible. Es por eso que en este delirio camusiano se atrevió a aseverar de forma absurda en su libro l’ordre libertaire. La vie philosophique d’albert camus (flammarion) que “camus no está contra el estado [...] Camus no está contra las elecciones [...] Camus no está contra el capitalismo” (pp. 530–532), trazando así la imagen de un camus que poco o nada tiene de libertario, pero sobre todo un camus a su imagen y semejanza.

5. En una entrevista que recientemente publicó la revista hors–série de le monde,3 declaró:
Yo pienso que se puede ser un gran hombre, rebelde, indignado e íntegro. Y pienso en gandhi, en Mandela, en Gorbachov o en Juan carlos. He aquí personas que en el curso del siglo xx fueron capaces de rebelarse. El día que Franco murió, juan carlos, que estaba designado como delfín, declaró: “yo no soy franquista. Nosotros vamos a hacer posible la democracia y autorizar al partido comunista español. Los prisioneros políticos van a ser liberados. La España va a dejar de ser una dictadura militar y a transformarse en una monarquía constitucional”. Es una forma increíble de rebelarse: hubiera sido muy fácil para él continuar siendo un dictador.
(¿un anarquista que exime a Juan Carlos de sus fuertes vínculos con franco? O peor aún ¿un anarquista que ve en la imagen de un rey a un rebelde?).

Cómo Onfray se esculpe así mismo

Michel Onfray asegura “vivir muy bien con o sin dinero” y se ufana de escribir filosofía sobre todo para gente común y corriente, “como su padre y madre o como su hermano y cuñada, que son obreros”, pero algunos de sus libros pueden costar hasta 22 euros o 406 pesos en méxico. Este escritor, que dice detestar las condecoraciones, no duda en externar su rechazo a la capital francesa y a sus “círculos mundanos de intelectualidad”, pero no a los aplausos que provienen de los estudios de televisión de parís y que tanto alimentan, y pagan aún mejor, su espíritu hedonista. Este promotor de la libertad de expresión y de la democracia, y que abomina el abuso de poder, no le gusta que lo contradigan, y si hay que cuestionarlo será él quien elija quién y cuándo lo haga, por eso el 13 de abril de 2013, dentro de una mesa redonda titulada “camus, aujourd’hui”, celebrada en balma, una localidad situada en alto garona, se negó a compartir la mesa con michael paraire, autor de michel onfray, une imposture intellectuelle (l’épervier), y utilizó sus influencias para que se terminara por echar del debate a paraire. Este filósofo que ha escrito alrededor de cuarenta libros —algunos de los cuales han sido traducidos a 21 idiomas, además del español y el inglés, ese idioma “que no es más que la lengua de shakespeare, y la lengua del capitalismo planetario”4―, intenta a través de muchos de éstos descalificar u oscurecer la obra de varios pensadores, mientras glorifica a sus referentes intelectuales eximiéndolos de sus errores o no profundizando en ellos.5 este profesor que tanto aborrece las condecoraciones y los puestos honoríficos en las instituciones universitarias, se sirve de la universidad popular de caen, la universidad popular del gusto de argentan y la universidad popular de teatro para formar filas de devotos y consumidores de su “filosofía hedonista” (libros y dvds).

Éste es Michel Onfray, el filósofo que pretende enaltecer la actitud incendiaria de los cínicos, invocar el espíritu de los situacionistas y celebrar el placer, el cuerpo y el deseo, mientras se siente agraviado por el divino marqués de sade; éste es michel onfray, el gurú que promulga la libertad del ser y no del tener, pero que hace una escultura de sí no a través de una ética hedonista sino narcisista; onfray, el escritor que se ha erigido sobre todo no como un filósofo de la rebeldía, sino del escándalo, que es la mejor fórmula de empoderamiento mediático. 

Notas
1 en una entrevista que el 23 de julio de 2009 dio a la revista le point (“sade est le dernier philosophe féodal”), onfray ya había asegurado que el autor de justine ou les malheurs de la vertu era “ni más ni menos que un delincuente sexual”. Opiniones similares son vertidas en sus dos cds titulados sade. Déconstruction d’un mythe.
2 aunque es cierto que ésta fue impulsada por onfray en 2002, no es la única universidad popular que existe en francia, como muchas veces se piensa fuera de este país. Dirigidas principalmente a la educación de los adultos, todas ellas pertenecen a la asociación de universidades populares de francia (aupf) y la primera fue creada a finales del siglo xix por georges deherme, un tipógrafo autodidacta.
3 “le révolté défend la liberté quel qu’en le prix” en le monde hors–série, julio–octubre 2014, parís.
4 como le aseguraría a la periodista christiane carrette, en una entrevista difundida por radio canadá el 6 de septiembre de 2010, y retransmitida por radio francia en caen.

5 por ejemplo, vitupera a sartre por sus indiscutibles desaciertos y contradicciones, pero es incapaz de reconocer que éste, a diferencia de camus, rechazó el nobel de literatura.

domingo, 21 de julio de 2013

El arte callejero - Detonar la cotidianidad


Ricardo García López

Ya sea a través del graffiti, el stencil, el sticker, el yarn, el mosaic, el bombing, la instalación o cualquier otra forma de “intervención urbana”, el arte callejero se apropia de los espacios urbanos rompiendo con el orden y la solemnidad que suelen habitar las galerías, fracturando esa “armonía” que tanto obsesiona a los curadores.

Con una especial capacidad para hacer del transeúnte perceptivo un espectador sorprendido, el street-art puede funcionar como un detonador para trastocar la rutina, como un recurso para superar los convencionalismos de la vida diaria, para “suprimir la cotidianidad”, en palabras de Henri Lefebvre. Ya sea a través del graffiti, el stencil, el sticker, el yarn, el mosaic, el bombing, la instalación o cualquier otra forma de “intervención urbana”, el arte callejero o street-art se apropia de los espacios urbanos rompiendo con el orden y la solemnidad que suelen habitar las galerías, fracturando esa “armonía” que tanto obsesiona a los curadores. Aunque paradójicamente algunos de los artistas más influyentes del street-art ―desde Keith Haring y Jean Michel Basquiat hasta Os gemeos o Aakash Nihalani, pasando por Blek le rat, Dan Witz o Aaron Rose― hayan accedido a exponer en algún museo o galería del planeta o hasta realizando algún trabajo de street marketing para una importante marca transnacional.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Los movimientos sociales en los medios: Grecia, los Indignados y los 132



Por Ricardo García López
   
Las redes sociales han venido a adquirir un papel imprescindible en las nuevas formas de organización y acción de los movimientos sociales a nivel internacional, pero su proyección sigue dependiendo en gran medida (y a pesar del considerable número de “medios de comunicación alternativos”) de los tradicionales medios de comunicación masiva.

Plotino Rhodakanaty se traslada a México donde, influido tanto por las ideas del mencionado teórico como por Fourier, publica en 1861 las Cartillas socialistas. Poco después impulsará la creación del Grupo de Estudiantes Socialistas, los cuales se reivindicarán como bakuninistas. Entre algunos de sus entusiastas discípulos se encontrarán Francisco Zalacosta, que encabezará distintas luchas campesinas; Santiago Villanueva, organizador del movimiento obrero, y “Alberto Santa Fe, quien fundara en 1878 el efímero Partido Comunista Mexicano, que puede considerarse como la primera organización bakuninista de México”.1 Diseminación de ideas y proyectos anarquistas que, además de ser una clara evidencia de solidaridad, es una muestra de la gran tradición que el anarquismo ha tenido en Grecia.

En la actualidad el movimiento anarquista en esta región balcánica no es menos pujante. Los anarquistas fueron —a pesar de la intervención y el control de los sindicatos de la Coalición de Izquierda y del Partido Comunista Griego en las Huelgas Generales— una de las piezas medulares en las revueltas y movilizaciones que comenzaron el 6 de diciembre de 2008 en Atenas, que se extendieron por casi todo el país y que duraron, de manera intermitente cobrando cada vez mayor intensidad, hasta la primera semana de junio de este año, poco antes de que se llevaran a cabo las últimas elecciones en aquel país.

domingo, 27 de marzo de 2011

Para el debate: El impacto social del automóvil

Por Ricardo García

El automóvil representa uno de los más fuertes símbolos del progreso y, como suele suceder con muchos otros alcances técnicos, las consecuencias "lógicas" inherentes a su invento han tenido un impacto más adverso que benéfico. Ello, fundamentalmente, por dos motivos: el de los efectos en su "proceso de producción" y por los efectos "como producto en sí", ya terminado.

En el "proceso de producción" del automóvil, el efecto pernicioso más claro es el modelo aplicado, a principios del siglo XX, en la fabricación de los autos Ford. El fordismo maximizará la mano de obra, las herramientas y las maquinas para la elaboración de automóviles, implementando la producción en cadena: "violencia calculada, sistemáticamente aplicada contra el trabajo de los hombres, ese sueño original del capital en busca del 'movimiento perpetuo' de la fábrica. La producción de flujo continuo, 'piedra angular' de todos los sistemas de organización del trabajo, como dirá cincuenta años después el sociólogo Emery, nace en América, como era de esperar" (1).

Economización de "tiempos y movimientos" que tiene sus oscuros antecedentes en el demencial afán del norteamericano Frederick W. Taylor, por arrebatarle al obrero la capacidad de administrar su tiempo dentro de la fábrica para la producción, a través de la división sistemática de las labores, la organización racional del trabajo y, muy en especial, la utilización del cronómetro.

Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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