David Graeber
A lo largo de sus 5.000 años
de historia, la deuda siempre ha involucrado instituciones – ya sea la
monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos Mosaicos, o la Sharia o ley
canónica - – que imponen controles sobre las consecuencias sociales
potencialmente catastróficas del endeudamiento. Es solo en la era actual,
escribe el antropólogo David Graeber, que estamos presenciando el primer
sistema efectivo de administración planetaria creado en gran parte para
proteger los intereses de los acreedores.
Lo que sigue es un fragmento de un proyecto mucho más grande para el estudio de
la deuda y el dinero de la deuda en la historia de la humanidad. La primera e
irresistible conclusión de este proyecto es que al estudiar la historia
económica, tendemos sistemáticamente a ignorar el rol de la violencia, y el
papel absolutamente importante que juega la guerra y la esclavitud en la
creación y formación de las instituciones fundamentales de lo que ahora
llamamos “la economía”. De hecho los orígenes importan. La violencia puede que
sea invisible, pero permanece inscrita en la lógica misma de nuestro sentido
común económico, en la propia naturaleza aparentemente evidente de
instituciones que simplemente no podrían existir fuera del monopolio de la
violencia – pero también, la amenaza sistemática de violencia – mantenida por
el estado contemporáneo.
Permítanme comenzar con la institución de la esclavitud, que para mí juega un
papel clave. A lo largo de la historia, la esclavitud ha sido vista como una
consecuencia de la guerra. En ciertas ocasiones los esclavos son en realidad
prisioneros de guerra, pero en otras no es así, pero invariablemente la guerra,
casi sin excepción, es vista como el fundamento y la justificación de la
esclavitud. Al rendirse, lo que uno hace es entregar su vida; el vencedor
tiene el derecho a matarnos, y en muchos casos lo hará. Si decide no hacerlo,
uno literalmente le debe la vida; una deuda concebida como absoluta, infinita,
irredimible. En teoría el vencedor puede lograr de uno lo que quiera, y
todas las deudas – obligaciones – que uno tiene con otros (sus amigos, familia,
antiguas alianzas políticas), o que otros tienen con uno, se consideran como
absolutamente ignoradas. La deuda con el nuevo amo, con tu propietario, es lo
único que ahora existe.
De este tipo de lógica se derivan dos conclusiones muy interesantes, pero que
al mismo tiempo se pueden considerar como diametralmente opuestas. Primero,
como todos saben, la compra y venta de esclavos es otra típica – quizás
fundamental – característica de la esclavitud. En este caso, la deuda absoluta
se transforma (en otro contexto, el del mercado) en algo ya no absoluto. De
hecho, se puede cuantificar. Es más, hay buenas razones para creer que fue
exactamente esta operación la que hizo posible el surgimiento de la forma
contemporánea del dinero. Lo que los antropólogos solían llamar “dinero
primitivo”, el tipo que uno encuentra en sociedades sin estado (por ejemplo,
las plumas de pájaro en las islas Salomón, el wampum de los iroqueses), antes
que para comprar y vender mercadería, se usaba más para concertar bodas,
arreglar disputas entre familias, y jugar con otros tipos de relaciones entre
personas. Por ejemplo, si la esclavitud es deuda, entonces la deuda puede
llevar a la esclavitud. Un campesino babilónico puede haber pagado una cantidad
conveniente en plata a sus suegros para oficializar el matrimonio, pero ella de
ninguna manera le pertenecía a él. Él no podía comprar o vender a la madre de
sus niños. Pero la situación cambiaba completamente si el sacaba un préstamo.
Si el entraba en mora, sus acreedores podían, primero, llevarse a sus ovejas y
muebles, después, su casa, tierras y huertos, y finalmente, a su esposa, niños
e incluso a el mismo, convirtiéndolos en esclavos por deuda hasta que el asunto
sea arreglado (lo que naturalmente, pues sus recursos disminuían, se hacía cada
vez más difícil). Es la deuda lo que nos hace posible imaginar al dinero
en su sentido contemporáneo, y por lo tanto, también crear lo que ahora nos
gusta llamar el mercado: una plaza donde todo se puede comprar y vender, porque
todos los objetos son (como los esclavos) separados de sus antiguas relaciones
sociales y existen solo en relación al dinero.
Pero al mismo tiempo la lógica de la deuda como conquista puede, como dije,
llevarnos por otro camino. Los reyes, a lo largo de la historia, eran muy
ambivalentes en cuanto la lógica de la deuda amenazaba con salirse fuera de
control. Esto no implica que eran hostiles al mercado. Al contrario:
normalmente lo apoyaban, por la simple razón de que para los gobiernos resulta
inconveniente exigir todo lo que necesitan (sedas, ruedas para carros de
guerra, alimentos exóticos, lápiz lázuli) de sus súbditos. Es mucho más
fácil fomentar los mercados y luego comprarlos allí. Los mercados antiguos
solían seguir en muchos casos a los ejércitos o séquitos reales, o se formaban
cerca de palacios, o en los márgenes de los puestos militares. Esto ayuda en
cierto modo a explicar el comportamiento algo extraño de las cortes
reales: después de todo, dado que los reyes controlaban las minas de oro
y plata, ¿cual era exactamente el propósito de estampar fragmentos de esos
metales con la cara de uno, entregarlos a la población civil, y después
demandar su devolución a través de impuestos? Solo tiene sentido si la
recaudación de impuestos era en realidad una manera de forzar a todos a
adquirir monedas, facilitando así el surgimiento de los mercados, ya que su
existencia era conveniente. Sin embargo, para nuestros propósitos actuales, la
pregunta más importante es: ¿cómo se justificaban estos impuestos? ¿Por que los
adeudaban los súbditos? ¿Que deuda estaban saldando al pagarlos? Aquí
regresamos otra vez al derecho de conquista. (En realidad, en el mundo
antiguo, los ciudadanos libres – sea en Mesopotamia, Grecia o Roma – a menudo
no tenían que pagar impuestos directos solo por esta razón, pero obviamente
aquí estoy simplificando el asunto). Si los reyes afirmaban tener el poder
sobre la vida y muerte de sus súbditos, por derecho de conquista, entonces las
deudas de sus súbditos eran, además, fundamentalmente infinitas: y también, por
lo menos en ese contexto, las relaciones entre cada uno de ellos, lo que se
debían entre ellos, no tenía importancia. Lo único que existía era su
relación al rey. Esto a su vez explica por que los reyes y emperadores siempre
intentaban regular el poder que los amos tenían sobre los esclavos, y los
acreedores sobre los deudores. Lo mínimo que hacían era siempre insistir,
si tenían el poder, era que aquellos prisioneros cuyas vidas ya habían sido
perdonadas no podían ser matados por sus amos. De hecho solo los gobernantes
podían tener el poder arbitrario sobre la vida y la muerte. La más
importante y suprema de las deudas que se podía tener era aquella con el
estado: era de verdad la única ilimitada, exigible de manera absoluta,
cósmica.
Esto lo enfatizo por que esta lógica todavía esta con nosotros. Cuando hablamos
de una “sociedad” (la francesa, la jamaiquina) en realidad estamos hablando de
gente organizada bajo un solo estado nación. Ese es, por lo menos, el modelo
tácito. Las “Sociedades” son en verdad estados, la lógica de los estados es la
conquista, la lógica de la conquista es fundamentalmente idéntica a aquella de
la esclavitud. Es verdad que desde el punto de vista de los defensores
del estado esto es transformado en una noción de una más benévola “deuda
social”. Pero aquí nos encontramos con un pequeño cuento, una especie de mito.
Todos nosotros hemos nacido con una deuda infinita con la sociedad que nos
crió, alimentó y vistió, con aquellos muchos años ha desaparecidos que
inventaron nuestros lenguajes y tradiciones, que hicieron posible nuestra
existencia. En la antigüedad creíamos que ésta se la debíamos a los dioses (se
la pagaba con el sacrificio, o el sacrificio era en verdad solo el pago de
intereses – la cancelación final se la hacía con la muerte). Más tarde la deuda
fue adoptada por el estado, en si una institución divina, con los sacrificios sustituidos
por los impuestos, y la deuda de la vida por el servicio militar. El dinero es
simplemente la forma concreta de esta deuda social, la manera en que es
manejada. A los seguidores de Keynes les gusta esta lógica. Y también a algunas
variedades de socialistas, de social demócratas, incluso cripto-fascistas como
Auguste Comte (quien fue, que yo sepa, el primero que acuñó la frase “deuda
social”). Pero esta lógica también se puede detectar en gran parte de nuestro
sentido común: considere por ejemplo la frase “pagar nuestra deuda con la
sociedad”, o “Yo sentía que le debía algo a mi país”, o “Yo quería devolverle
algo”. En tales casos, los derechos y obligaciones comunes, los compromisos
mutuos – las relaciones que la gente realmente libre puede establecer entre
cada uno – tienden a ser incluidos dentro de una concepción particular de la
“sociedad”, una donde todos somos iguales solo como deudores absolutos ante la
(ahora invisible) presencia del rey, quien representa a la madre de uno, y por
extensión, a la humanidad.
Lo que estoy sugiriendo, entonces, es que aunque las demandas del impersonal
mercado, y de la “sociedad”, a menudo aparecen juntas – y definitivamente han
tendido a conquistar más terreno de numerosas formas – ambas a la larga son
construidas sobre una lógica de la violencia muy parecida. Pero esta tampoco es
una mera cuestión de orígenes históricos, que puede ser hecha a un lado por ser
insignificante, ya que sin la amenaza constante de la fuerza, el estado - y el
mercado - no podrían existir.
Entonces, ¿Cuál es la alternativa?
Hacia una historia del dinero virtual
Aquí regreso a mi hipótesis original: que el dinero cuando primero apareció, no
era la cosa fría, metálica, impersonal de la actualidad. Era una medida, una
abstracción, pero también una especie de relación (de deuda y obligación) entre
seres humanos. Es importante recordar que a lo largo de la historia es el
dinero mercancía el que siempre ha sido asociado directamente con la violencia.
Como dijo cierto historiador, “el metal precioso es un accesorio de la guerra,
no del comercio pacífico.”(*1)
La razón es simple. El dinero mercancía, especialmente en forma de oro y plata,
se puede distinguir del dinero crédito sobre todo por que se lo puede robar,
una característica muy particular. Como un lingote de oro o plata es un objeto
sin pedigrí, a lo largo de gran parte de la historia los metales preciosos han
desempeñado el mismo papel que el maletín repleto de billetes del vendedor de
drogas contemporáneo. Eso es, un objeto sin pasado alguno que puede ser
cambiado por otros objetos de valor en casi cualquier lugar, sin que se hagan
preguntas. Así, uno puede ver los últimos 5,000 años de historia humana como la
historia de una especie de alternación. Los sistemas de crédito parecen surgir,
y hacerse dominantes, en periodos de relativa paz social, a lo largo de redes
de confianza. Surgen como creaciones del estado, o como instituciones
transnacionales - que es el caso en la mayoría de los periodos - mientras que,
en los periodos caracterizados por saqueos generalizados, son remplazados por
metales preciosos. Sin duda alguna, los sistemas de préstamos rapaces han
existido en toda la historia, pero han tenido efectos más dañinos en aquellos
tiempos en que el dinero era más fácil de convertir en efectivo.
Por eso, como punto de partida para cualquier intento de discernir los grandes
ritmos que definen el actual momento histórico, propongo el siguiente esquema
para la historia de Eurasia, de acuerdo a la alternación entre periodos de dinero
virtual y metal:
I. Los Primeros Imperios Agrícolas (3500-800 AC).
Forma dominante de dinero:
Dinero crédito virtual
La mejor evidencia que tenemos sobre los orígenes del dinero se remonta a la
antigua Mesopotamia, pero no existe alguna razón particular para creer que las
cosas eran radicalmente diferentes en el Egipto de los Faraones, la China de la
Edad de Bronce, o el Valle del Indus. La economía de Mesopotamia estaba
dominada por grandes instituciones públicas (los Templos y Palacios) cuya administradores
burocráticos efectivamente creaban moneda de cuenta al establecer una
equivalencia fija entre la plata y la cebada, que era el cultivo principal. Las
deudas eran calculadas en plata, pero esta rara vez era utilizada en las
transacciones. Para esto se utilizaba la cebada, o cualquier otra cosa que en
el momento estaba a la mano y era aceptable. Las deudas grandes eran
registradas en tablas cuneiformes que se guardaban como garantías por ambas
partes de la transacción.
No hay duda de que existían mercados. Los precios de ciertas mercancías que no
eran producidas dentro de las propiedades de los Templos o Palacios, y que por
lo tanto no estaban sujetas a las lista de precios oficiales, tendían a
fluctuar de acuerdo a los caprichosos cambios de la oferta y la demanda. Pero
la mayoría de las transacciones que se realizaban a diario, en particular
aquellas que no se llevaban a cabo entre completos extraños, parecen haberse
hecho a crédito. Las “mozas de cerveza”, o las propietarias de posadas, servían
cerveza y alquilaban cuartos; fiándoles a sus clientes, los que pagaban el
saldo total cuando venía la cosecha. Los comerciantes probablemente mantenían
listas de clientes confiables a los cuales podían fiar, como sucede en la
actualidad en los pequeños mercados del África o Asia Central. El hábito de
cobrar con interés también nació en Sumeria – mientras en Egipto, por ejemplo,
permaneció desconocido. Las tasas de interés, fijadas en el 20 por ciento, se
mantuvieron estables por 2000 años. (Esto no es evidencia de regulación o
control estatal del mercado: en esta etapa eran instituciones como estas las
que hacían posibles la existencia de los mercados). Sin embargo, esto produjo
serios problemas sociales. Especialmente en los años de mala cosecha, los campesinos
se endeudaban desesperadamente con los ricos, y debían entregar sus haciendas
y, por último, a sus familiares, los que pasaban a ser esclavos por
endeudamiento. Poco a poco esta situación parece haber conducido a una crisis
social, una en que el pueblo, antes que tomar parte en un levantamiento
popular, abandonaba completamente las ciudades y tierras habitadas, para
convertirse en “bandidos” y asaltantes semi-nómadas. Pronto se volvió una
tradición para cada nuevo soberano hacer borrón y cuenta nueva, cancelando
todas las deudas, y declarando una amnistía general o “libertad”, para que
todos los peones cautivos puedan regresar a sus familias. (Es importante
recordar que la primera palabra en cualquier idioma que apareció equivalente a
“libertad” fue la amarga del sumeriano, que literalmente significa “regreso a
la madre”). Los profetas bíblicos instituyeron una costumbre similar, la
del Jubileo, en la cual después de siete años todas las deudas eran canceladas.
Este es el ancestro directo de de la noción de la “redención” del Nuevo
Testamento. Como el economista Michael Hudson ha indicado, parece una de las
grandes desgracias de la historia que la institución de prestar dinero con
interés se diseminó desde Mesopotamia, pero en gran parte sin los dispositivos
que controlaban sus excesos.
II. Era Axial (800 AC – 600 AC). Forma dominante de
dinero: Monedas y metales preciosos
Esta fue la era en que nació la acuñación, al igual que las mayores religiones
del mundo en la China, India y el Medio Oriente.(*2) Desde el periodo de los
Reinos Combatientes en la China, de la fragmentación de la India y la
carnicería y esclavización masiva que acompañó la expansión (y más tarde, la
disolución) del Imperio Romano, esta fue una era de creatividad impresionante
alrededor del mundo, pero también de una violencia igualmente impactante. La
acuñación, que permitió el uso corriente del oro y plata como medios de
intercambio, también hicieron posibles la creación de mercados, en el sentido
más impersonal del término, que ahora es el más conocido. Los metales preciosos
eran también mucho más apropiados para una era en que las guerras eran muy
comunes, porque – algo obvio- eran más fáciles de robar. La acuñación
definitivamente no fue inventada para facilitar el comercio (los fenicios, que
eran magníficos comerciantes, estaban entre los últimos que la adoptaron).
Parece haber sido inventada por primera vez para pagarles a los soldados,
siendo probablemente los gobernantes de Lidia, en la Asia Menor, los primeros
en hacerlo, al pagarles así a sus mercenarios griegos. Cartago, otra gran
nación comerciante, comenzó a acuñar monedas bien tarde, y entonces solo, y
explícitamente, para pagarles a sus soldados extranjeros.
Durante toda la antigüedad uno puede seguir hablando de lo que Geoffrey Ingham
ha llamado el “complejo militar-acuñador”.(*3) Que hubiera sido mejor que lo
llamara el “establecimiento militar - acuñador - esclavista” ya que la difusión
de nuevas tecnologías militares (los hoplitas griegos, las legiones romanas)
estuvo muy ligada a la captura y comercio de esclavos. La otra fuente principal
de esclavos era la deuda: ahora que los estados ya no cancelaban las deudas
periódicamente, aquellos que no tenían la suerte de ser ciudadanos de las más
grandes ciudades-estado – las cuales eran generalmente protegidas de los
prestamistas depredadores – eran presa fácil. Los sistemas de crédito del
Cercano Oriente no se desmoronaron debido a la competencia comercial; fueron
destruidos por los ejércitos de Alejandro Magno – ejércitos que requerían media
tonelada de lingotes de plata por día para pagar salarios. Estos lingotes eran
generalmente producidos por esclavos en las minas. Las campañas militares a su
vez garantizaban un flujo continuo de nuevos esclavos. Los sistemas impositivos
imperiales, como se explicó antes, fueron en gran parte diseñados para obligar
a sus súbditos a crear mercados, para que los soldados (y por supuesto, también
funcionarios del gobierno) pudieran usar los lingotes para comprar lo que
quisieran. Los mercados impersonales que solían aparecer entre las sociedades,
o a los márgenes de las operaciones militares, ahora comenzaron a hacerse común
en toda la sociedad.
Por más trivial que sean sus orígenes, la creación de nuevos medios de
intercambio – la acuñación apareció casi simultáneamente en Grecia, India y
China – parece haber tenido profundos efectos intelectuales. Algunos incluso
han ido más lejos, al sostener que la filosofía griega en si fue posible
gracias a las innovaciones conceptuales introducidas por la acuñación. Sin
embargo, el hecho más sorprendente es la aparición de las religiones que se
convertirían en las mayores del mundo moderno (el judaísmo profético, el
cristianismo, el budismo, el jainismo, el confucianismo, el taoísmo y, eventualmente,
el Islam), en casi exactamente los mismos lugares, y al mismo tiempo en que uno
observa la temprana expansión de la acuñación. Aunque los vínculos precisos
todavía no han sido explorados completamente, de ciertas formas esas religiones
parecen haber surgido como una reacción directa a la lógica del mercado.
Para expresarlo mas bien crudamente: si uno simplemente relega un determinado
espacio social a la egoísta adquisición de cosas materiales, es casi seguro que
pronto alguien vendrá a tomar posesión de otro espacio desde el cual predicar
que, desde el punto de vista de los valores fundamentales, las cosas materiales
no tienen importancia, y que el egoísmo – o incluso el yo – es una ilusión.
III. La Edad Media (600 DC – 1500 DC). El retorno
del dinero crédito virtual
Si la Era Axial estuvo marcada por la aparición de los ideales complementarios
de los mercados y las religiones universales del mundo, la Edad Media fue el
periodo en que esas dos instituciones empezaron a fusionarse. Las religiones
comenzaron a tomarse los sistemas de mercado.(*4) Todo, desde el comercio
internacional hasta la organización de ferias locales, cada vez más pasó a
desarrollarse a través de redes sociales definidas y reguladas por las
autoridades religiosas. Esto permitió, a su vez, el regreso por toda Eurasia de
varias formas de dinero crédito virtual.
En Europa, donde todo esto se llevó a cabo bajo la protección del cristianismo,
la acuñación se hizo presente de una forma esporádica y desigual. Después del
año 800 DC, los precios eran calculados en gran parte de acuerdo a una antigua
moneda carolingia que ya no existía (por entonces se la llamaba “dinero
imaginario”), pero el comercio común diario se desarrollaba de otras maneras.
Una forma común, por ejemplo, era el uso de “palos de cuentas”, pedazos de
madera marcados que se partían en dos para mantener un récord de las deudas,
guardando el prestamista una mitad y el deudor la otra. Tales palos de cuenta
fueron de uso común hasta bien avanzado el siglo 16. Las transacciones más
grandes se realizaban usando letras de cambio, las que se liquidaban en las
grandes ferias de comercio. La Iglesia, mientras tanto, suministraba un marco
legal, haciendo cumplir controles estrictos sobre el préstamo de dinero a
interés y prohibiciones contra la esclavitud por deuda.
El verdadero centro nervioso de la economía medieval, sin embargo, era el
Océano Índico, el cual, junto con las rutas de las caravanas en Asia Central,
conectaba a las grandes civilizaciones de India, China y el Medio Oriente. Aquí
el comercio se realizaba dentro de las estructuras del Islam, que además de
proveer un marco legal favorable a las actividades mercantiles (al mismo tiempo
que prohibía absolutamente el préstamo de dinero con interés), permitió
relaciones pacíficas entre los mercaderes de una considerable parte del mundo,
haciendo posible la creación de una variedad de instrumentos sofisticados de
crédito. De hecho, en esto Europa Occidental, como en muchas otras cosas, se
había quedado atrás: la mayoría de las innovaciones financieras que llegaron a
Italia y Francia en los siglos 11 y 12 ya eran de uso común en Egipto o Iraq
desde los siglos 8 y 9. La palabra “cheque”, por ejemplo, es derivada del árabe
sakk, y apareció en el inglés recién alrededor del año 1220 AD.
El caso de China es incluso más complicado: la Edad Media se abrió ahí con la
rápida expansión del budismo, el cual, aunque no estaba en la posición de
promulgar leyes o regular el comercio, rápidamente actuó contra los usureros
locales estableciendo en sus propios templos las primeras casas de empeño de
todo el mundo, para darles a los campesinos pobres una alternativa a la del
usurero. Sin embargo, pronto el estado se volvió a imponer, como es común en
China. Pero al hacer esto no solo reguló las tasas de interés e intentó abolir
la esclavitud por deuda, sino que también abandonó completamente el uso de
metales preciosos al inventar el dinero papel. Todo esto fue acompañado - otra
vez - por el desarrollo de una variedad de instrumentos financieros complejos.
Aún así, no sería correcto decir que este periodo no estuvo también marcado por
la matanza y el saqueo (en particular durante las grandes invasiones nómadas) o
que la acuñación no era, en muchos lugares y épocas, un importante medio de
intercambio. Pero lo que realmente caracteriza al periodo parece ser un
movimiento en otra dirección. Durante la mayor parte del periodo medieval la
moneda se desvinculo considerablemente de las instituciones coercitivas. A los
cambistas, en otras palabras, se los invitó a que regresen a los templos, donde
podían ser monitoreados. Esto llevó a un florecimiento de las instituciones que
requerían de un mayor grado de confianza social.
IV. La Era de los Imperios Europeos (1500-1971). El
retorno de los metales preciosos
Con la llegada de los grandes imperios europeos – primero los ibéricos, después
los del Atlántico Norte – el mundo experimentó una reversión a la esclavización
masiva, al saqueo y a las guerras de destrucción, junto con el consecuente y
rápido regreso del oro y plata como la forma principal de dinero. Los
historiadores probablemente terminarán demostrando que los orígenes de estas
transformaciones fueron más complicados de lo que normalmente asumimos. Parte
de esto ya estaba comenzando a ocurrir incluso antes de la conquista del Nuevo
Mundo. Uno de los principales factores en el regreso de los metales preciosos,
por ejemplo, fue la aparición de movimientos populares durante la temprana
dinastía Ming, en los siglos 15 y 16, que al final obligaron al gobierno a
abandonar no solo el dinero papel, si no también cualquier intento por imponer
su propia moneda. Esto condujo a la reversión del vasto mercado chino a un
estándar basado en la plata sin acuñar. Dado que los impuestos fueron
gradualmente denominados en plata, pronto la China adoptó una política casi
oficial de traer al país cuanta plata sea posible, para mantener los impuestos
bajos y evitar nuevas revueltas populares. El súbito aumento en la demanda de
plata afectó a todo el mundo. La mayor parte de los metales preciosos saqueados
por los conquistadores y posteriormente extraídos por los españoles de las
minas de Méjico y Potosí (a costa de una casi inimaginable pérdida de vidas
humanas) terminaron en China. Esos vínculos globales que eventualmente se
desarrollaron a lo largo y ancho de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico
han sido por supuesto documentados en gran detalle. Lo importante es que la
disolución del vínculo entre el dinero y las instituciones religiosas, y su
posterior vinculación con instituciones coactivas (en especial el estado), fue
aquí acompañado de una reversión ideológica al “metalismo”.(*5)
En este contexto, el crédito era en general un asunto que le concernía a
gobiernos cuyo funcionamiento dependía en gran parte del financiamiento de
déficits, una forma de crédito que, a su vez, fue inventada para financiar
guerras cada vez más caras. A nivel internacional el imperio Británico mantuvo
firmemente el patrón oro durante el siglo 19 y principios del 20, y grandes
batallas políticas se pelearon en los EEUU sobre el patrón a adoptar en el
futuro, si debía ser basado en el oro o la plata.
Este fue también, evidentemente, el período del surgimiento del capitalismo, de
la revolución industrial, de la democracia representativa, etcétera. Yo no
busco quitarles su importancia, si no proveer un marco para comprender eventos
tan bien conocidos en un contexto menos familiar. Así se hace más fácil, por
ejemplo, detectar los vínculos entre la guerra, el capitalismo y la esclavitud.
A lo largo de la historia, la institución del trabajo asalariado, por ejemplo,
ha surgido de aquella de la esclavitud (los primeros contratos de trabajo en la
historia, desde Grecia hasta las ciudades-estados de Malaya, eran en realidad
para alquiler de esclavos), y también ha tendido a estar estrechamente
vinculada a varias formas de esclavitud por deuda – tal como sucede en la
actualidad. Hablamos de tales instituciones usando el lenguaje de la libertad.
Pero en la mayor parte de la historia, lo que nosotros consideramos la libertad
económica ha estado fundamentada en una lógica considerada como la mismísima
esencia de la esclavitud.
V. Era actual (de 1971 al presente). El imperio de
la deuda
Se puede decir que la era actual empezó el 15 de Agosto de 1971, cuando Richard
Nixon, entonces presidente de los EEUU, suspendió oficialmente la
convertibilidad del dólar al oro, creando efectivamente los regímenes de libre
flotación de la actualidad. En todo caso, hemos regresado a la era del dinero
virtual, en la que en las compras realizadas por el consumidor en países ricos,
rara vez interviene siquiera el papel moneda, y las economías nacionales se
mueven en gran parte gracias al crédito de consumo. Es en este contexto que
podemos hablar de la “financialización” del capital, en donde la especulación
en divisas e instrumentos financieros se convierte en una entidad en si misma
sin ningún vínculo inmediato con la producción o incluso el comercio. Este es
por supuesto el sector que ahora ha entrado en crisis.
Por ahora, muy poco se puede decir con alguna certitud de la presente era.
Treinta o cuarenta años no es nada frente a los extensos periodos con los que
hemos trabajado. Es claro que este periodo recién ha empezado, pero este
análisis, a pesar de su crudeza, por lo menos nos permite hacer algunas
propuestas bien informadas.
A lo largo de la historia, como hemos visto, las eras de dinero crédito virtual
también han involucrado la creación de alguna especie de institución con
alcance global – la monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos mosaicos, el
Sharia y la ley canónica – que ponen ciertos controles sobre las potencialmente
catastróficas consecuencias sociales de la deuda. Casi siempre involucran
instituciones (las cuales generalmente no coinciden exactamente con el estado,
que es normalmente más grande) para la protección de los deudores. Hasta ahora
el movimiento ha sido en la dirección opuesta: a partir de la década de 1980,
hemos presenciado la creación del primer sistema efectivo de administración planetaria,
el cual opera a través del FMI y el Banco Mundial, junto con las corporaciones
y otras instituciones financieras, en general para proteger los intereses de
los prestamistas. Sin embargo, este aparato rápidamente entró en crisis,
primero por el desarrollo acelerado de movimientos sociales mundiales (el
movimiento de globalización alternativa), que en efecto destruyeron la
autoridad moral de instituciones como el FMI, y dejó a muchas de ellas a un
paso de la bancarrota; y actualmente por la crisis bancaria actual y el colapso
económico global. Aunque la nueva era del dinero virtual recién ha comenzado, y
las consecuencias a largo plazo todavía no están claras, ya nos es posible
decir una o dos cosas. La primera, que el movimiento hacia el dinero virtual no
es en sí mismo, necesariamente un efecto insidioso del capitalismo. De hecho,
puede al final significar exactamente lo opuesto. En la mayor parte de la
historia, los sistemas de dinero virtual estuvieron diseñados y regulados para
evitar, desde el principio, que algo parecido al capitalismo pudiera surgir en
el futuro – al menos, nada como lo que existe en su forma actual, con la
mayoría de la población del mundo empujada a una situación que en muchos otros
periodos de la historia hubiera sido asemejada a la esclavitud. Segundo, se
debe subrayar el papel absolutamente crucial que juega la violencia en la
definición de los mismos términos que usamos para imaginarnos a la “sociedad” y
los “mercados – de hecho, en muchas de nuestras más elementales ideas de
libertad. Un mundo que no esté completamente dominado por la violencia
rápidamente desarrollaría otras instituciones. Por último, al pensar sobre la
deuda fuera de los muy estrechos marcos intelectuales del estado y los
mercados, se nos abren alternativas realmente emocionantes. Por ejemplo,
podríamos preguntarnos si, en una sociedad en que aquella base de violencia ha
sido arrancada, ¿Exactamente que deudas existirían entre hombres y mujeres
libres? ¿Qué clase de promesas deberían hacerse los unos a los otros, a que
deberían comprometerse?
Esperemos que todos, algún día, lleguemos a un punto en que podremos empezar a
hacernos tales preguntas. En tiempos como estos, uno nunca sabe.
David Graeber es un antropólogo y anarquista, actualmente catedrático del
Goldsmiths College de la Universidad de Londres.
Este artículo apareció por primera vez en inglés en la revista Mute,
edición número 12 del año 2009, y ha sido traducido por Carlos Icaza Estrada.
Notas
(1)Geoffrey W. Gardiner. “The Primacy of Trade Debts in the
Development of Money”. en Randall Wray (ed.). Credit and State Theories of
Money: The Contributions of A. Mitchell Innes. Cheltenham: Elgar, 2004. P.134.
(2)La “Era Axial” fue un término inventado por Karl Jaspers
para describir el relativamente corto periodo entre los años 800 AC y 200 DC,
en el cual creía que casi todas las principales corrientes filosóficas que
conocemos aparecieron simultáneamente, en China, India y el Mediterráneo
Oriental. Aquí lo uso de acuerdo al significado más comprensivo que Lewis
Mumford le dio al término, como un periodo en el que nacieron todas las
religiones ahora existentes, aproximadamente desde el tiempo de Zoroastro al de
Mahoma.
(3)Una alusión a la famosa frase del General Dwight Eisenhower
acerca de la influencia del “military-industrial complex” (N. del T.).
(4)Aquí la mayor parte de lo que generalmente se llama la
“Época Oscura” la incluyo en el período anterior, caracterizado por el
militarismo predatorio y la consecuente importancia de los metales preciosos:
después de todo, las incursiones vikingas, y el cobro a Inglaterra del famoso
danegeld [tributo vikingo – N. del T.] en los años 800, pueden ser vistos como
unas de las últimas manifestaciones de una era en la cual el militarismo
predatorio iba mano a mano con la acumulación de montones de oro y plata.
(5)El mito de las teorías del dinero basadas en el trueque y
las mercancías fue por supuesto desarrollado en este periodo