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El 6 de abril de 1871, hace 149 años, lxs participantes armadxs en la revolucionaria Comuna de París “incautaron” la guillotina que habiá sido instalada junto a la prisión de París. Después de haberla llevado a los pies de la estatua de Voltaire, la hicieron pedazos y la quemaron en una hoguera ante el aplauso de una inmensa multitud. Esta acción popular surgida desde las bases no fue un espectáculo organizado por políticxs. Por aquellos tiempos, la Comuna controlaba París, dónde todavía vivían todas las personas pertenecientes a todas las clases sociales; el ejército francés y el prusiano, después de haberla rodeado, se estaban preparando para invadirla con el objetivo de imponer el gobierno republicano conservador de Adolphe Thiers. En aquellas circunstancias, quemar la guillotina fue un gesto de repudio tanto al Reino del Terror como a la idea de que un cambio social positivo pudiese lograrse masacrando a la gente.
“¿¡Qué!?” podrías exclamar escandalizado, “¿lxs communards quemaron la guillotina? ¿Por qué diablos harían eso? ¡Pensaba que la guillotina era un símbolo de liberación!” ¿Por qué, de hecho? Si la guillotina no es un símbolo de liberación, entonces ¿por qué se ha convertido en un motivo recurrente para la izquierda radical en los últimos años? ¿Por qué internet está lleno de memes con la guillotina? ¿Por qué The Coup cantan “We got the guillotine, you better run”? (“Tenemos la guillotina, más te vale correr”). El períodico socialista más famoso [en Estados Unidos] se llama Jacobin, en honor a lxs primerxs partidarixs de la guillotina. Ciertamente, todo esto no puede ser únicamente una parodia irónica de las persistentes ansiedades de la derecha sobre la Revolución Francesa.

















