“Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.” — Arthur Schopenhauer.
En todo país del mundo, desde muy pequeños, se inculca a los ciudadanos —consciente e inconscientemente— el amor a la patria, se obliga a memorizar himnos nacionales, símbolos patrios, costumbres autóctonas y en general, se hace pensar que es un orgullo pertenecer a una nación, servirla, sacrificarse por ella y cuidarla. El patriotismo/nacionalismo es una sensación —e ideología— tan arraigada en la mayoría de individuos que son muy pocos los que se aventuran a cuestionar su origen. Siendo escéptico, me inclino a pensar que no es más que una herramienta de control social utilizada para separar a las personas, haciéndolas creer que son diferentes, únicas, especiales, o en el peor de los casos superiores, simplemente por haber nacido casualmente en un pedazo de tierra que tiene diferente ubicación geográfica.
En todo país del mundo, desde muy pequeños, se inculca a los ciudadanos —consciente e inconscientemente— el amor a la patria, se obliga a memorizar himnos nacionales, símbolos patrios, costumbres autóctonas y en general, se hace pensar que es un orgullo pertenecer a una nación, servirla, sacrificarse por ella y cuidarla. El patriotismo/nacionalismo es una sensación —e ideología— tan arraigada en la mayoría de individuos que son muy pocos los que se aventuran a cuestionar su origen. Siendo escéptico, me inclino a pensar que no es más que una herramienta de control social utilizada para separar a las personas, haciéndolas creer que son diferentes, únicas, especiales, o en el peor de los casos superiores, simplemente por haber nacido casualmente en un pedazo de tierra que tiene diferente ubicación geográfica.






