Por: La Guarura
La dinámica oscura del estado corporativo-militar venezolano
se ha ido aclarando a los ojos de los que por creencias propias, autoengaño o
simplemente adoración divina, se negaban a ver la realidad que sucedía a las
espaldas de los esperanzados, de los cansados de traiciones, de los que veían
en el estado “revolucionario” una salvación de la vorágine del capital mundial,
de los que veían la toma del poder del estado como paso fundamental hacia la
construcción del socialismo. Pero el movimiento popular que no se dejo coaptar
por la maquinaria del estado y sus estructuras burguesas, desde hace mucho
tiempo ha venido denunciando lo que se esconde detrás de ese monstruoso sistema
al que pretende disfrazar con el nombre de “transición al socialismo”, mafias
militares, mafias nacionales, mafias transnacionales, devoran a su antojo lo
que les provoque.
El comportamiento ambiguo del estado corporativo-militar no
es de sorprender, porque es propio en su naturaleza ser como es, un estado
militar tiene que hacer pactos militares, un estado corporativo lógicamente
para sobrevivir aparte de otras cosas, tiene que hacer pactos corporativos con
estados y gobiernos “amigos” o simplemente con estados que se tengan intereses
comerciales imposibles de ignorar, ya que representan sustento para mantener la
estabilidad y el buen funcionamiento de la maquina-estado. El caso más
emblemático por la significancia económica y por ser de conocimiento general,
son los pactos que el estado nacional tiene con el imperio estadounidense, que
a pesar de todas las palabrerías de aquí para allá y viceversa, no se han
buscado ni promovido mecanismos que garanticen la estabilidad nacional fuera de
la renta petrolera que genera la amistad comercial con el imperio.




