Rafael Cid
“No nos vamos. Nos mudamos a tu
conciencia”
(Palabras de los indignados)
El año
2018 se inicia bajo los auspicios de dos conmemoraciones simétricas: el
cincuenta aniversario de la rebelión de Praga y de la revuelta de París. Aunque
ni el mayo francés ni la primavera checa alcanzaron la categoría icónica de revolución,
ambos fueron acontecimientos destinados a cambiar la percepción de lo que hasta
entonces suponía el sistema dominante en las dos orillas de la guerra fría. Ni
el capitalismo de Estado del oeste ni el socialismo de Estado del este
significaron lo mismo a partir de la huella dejada por esas movilizaciones
populares. Porque sirvieron para demostrar los vasos comunicantes existentes
entre esos en teoría modelos contrapuestos de explotación y dominación.
Ciertamente
en ninguno de estos acontecimientos se produjo el derrocamiento de las estructuras
hegemónicas. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo resultaron más
trascendentes que las de algunos procesos que han enarbolado la divisa
revolucionaria. El doble 68 de Praga y París hizo entrar en la historia contemporánea
a la sociedad civil como gestora de su propio destino, sin la tutela de
partidos, líderes o iglesias. A su rebufo, los pueblos implicados
experimentaron que bajo el martilleo de la propaganda oficial lo realmente
existente eran sendos formatos instituidos para constreñir la emancipación
humana.
