Eva Machado
Hay
trabajos y trabajos. Trabajos para los que uno se prepara a fondo con ilusión y
mucho sacrificio, y trabajos en los que se acaba no se sabe muy bien cómo.
Estos últimos, a veces pretenden ser solamente temporales hasta que mejore la
situación o el mercado, hasta que pueda dedicarme a lo mío, hasta que consiga
los papeles, pero en muchos casos estos curros acaban siendo temporales para
siempre. Tal es el caso de muchas mujeres, en su mayoría inmigrantes que llegan
aquí y acaban realizando el trabajo doméstico. Siempre he pensado que algo inherente
a la migración es la ilusión. Cuando alguien abandona su hogar siempre es en busca
de un futuro mejor, dejando atrás todo lo conocido hasta ese momento y, adentrándose
en la incertidumbre de un destino lleno de esperanza es facil creer que con el
esfuerzo suficiente todo es posible. El caso de las trabajadoras del hogar
parece estar diseñado para emplear a mujeres pobres con la idea de que nunca
salgan de la pobreza.


