Álvaro Soler
La vida actual en las sociedades occidentales se nos presenta como una vida repleta de inestabilidad, esto se traduce en empleos cambiantes, relaciones fugaces, necesidades infinitas... De esta forma, en décadas pasadas, el progreso era una idea ligada al avance, la seguridad y la inevitable mejora de las condiciones de vida, objetivos unidos de manera indisoluble a la innovación tecnológica y científica. Hoy en día, la concepción de progreso ya no es la misma, el aumento de la velocidad en los aspectos sociales de la vida ha propiciado que el avance tecnológico conlleve el riesgo de quedarse excluido, y, por tanto, en vez de garantizar un aumento de las condiciones de vida augura una incertidumbre constante.
La vida actual en las sociedades occidentales se nos presenta como una vida repleta de inestabilidad, esto se traduce en empleos cambiantes, relaciones fugaces, necesidades infinitas... De esta forma, en décadas pasadas, el progreso era una idea ligada al avance, la seguridad y la inevitable mejora de las condiciones de vida, objetivos unidos de manera indisoluble a la innovación tecnológica y científica. Hoy en día, la concepción de progreso ya no es la misma, el aumento de la velocidad en los aspectos sociales de la vida ha propiciado que el avance tecnológico conlleve el riesgo de quedarse excluido, y, por tanto, en vez de garantizar un aumento de las condiciones de vida augura una incertidumbre constante.
