Pablo Servigne
Desde ahora es falso decir que al aumentar el PIB de un país mejora su bienestar. Los trabajos del epidemiólogo británico Richard Wilkinson demuestran claramente que las desigualdades cada vez mayores de ingresos tienen efectos tóxicos para las sociedades : aumento de la ansiedad, de los problemas mentales, del consumo de drogas, de la obesidad y de la violencia, disminución de la esperanza de vida, de la confianza, etc. Unos resultados que harán correr mucha tinta [1].
Richard Wilkinson es lo que podría denominarse un "epidemiólogo social". Toma el pulso a una sociedad y trata de descubrir la causa de sus males, estudiando especialmente los determinantes sociales de la salud. Tras una larga carrera, se asocia con Kate Pickett para compilar la totalidad de los trabajos sobre este tema en un libro que hará época [2]. En primer lugar, afirma, con cifras que lo apoyan, que los países más ricos no tienen forzosamente mejor salud y, sobre todo, que por encima de cierto nivel de vida, el hecho de que la población se enriquezca no aumenta su esperanza de vida, ni su salud, ni su felicidad [3]. "Cuando no se poseen los bienes necesarios, es muy necesario conseguir más. Pero en los países ricos, tener cada vez más no marca la diferencia [4]".
Desde ahora es falso decir que al aumentar el PIB de un país mejora su bienestar. Los trabajos del epidemiólogo británico Richard Wilkinson demuestran claramente que las desigualdades cada vez mayores de ingresos tienen efectos tóxicos para las sociedades : aumento de la ansiedad, de los problemas mentales, del consumo de drogas, de la obesidad y de la violencia, disminución de la esperanza de vida, de la confianza, etc. Unos resultados que harán correr mucha tinta [1].
Richard Wilkinson es lo que podría denominarse un "epidemiólogo social". Toma el pulso a una sociedad y trata de descubrir la causa de sus males, estudiando especialmente los determinantes sociales de la salud. Tras una larga carrera, se asocia con Kate Pickett para compilar la totalidad de los trabajos sobre este tema en un libro que hará época [2]. En primer lugar, afirma, con cifras que lo apoyan, que los países más ricos no tienen forzosamente mejor salud y, sobre todo, que por encima de cierto nivel de vida, el hecho de que la población se enriquezca no aumenta su esperanza de vida, ni su salud, ni su felicidad [3]. "Cuando no se poseen los bienes necesarios, es muy necesario conseguir más. Pero en los países ricos, tener cada vez más no marca la diferencia [4]".





