Sofía Comuniello
Explicar
la presencia del mal en el mundo es
un indispensable pretexto de las religiones para justificarse: enfermedades,
desgracias personales,
catástrofes naturales siempre se
han interpretadas como causadas por espíritus que se catalogan
de crueles y
malvados, pero no solían ser
elevados a la categoría de encarnación divina del mal puro.
Las
religiones griega y romana no conocían al
Diablo; entre los 400 dioses celtas no había
sitio para el Maligno; lo mismo encontramos en
las religiones africanas no
influidas por los misioneros; igual
entre los aborígenes de América del
Norte; ni tampoco en el
sintoísmo, budismo, taoísmo. En
los libros sagrados hebreos – la Torah - Satán nunca
aparece como líder de un imperio del
mal que ha declarado la guerra a Dios y a
la humanidad.
