Antonio Liz
El
golpe de Estado no solo no frenó la revolución social sino que la desencadenó.
Que la clase trabajadora no se hubiese podido anticipar a un golpe que era de
conocimiento público solo se puede entender por la impericia revolucionaria de
las dos grandes fracciones del movimiento obrero español, la socialista y la
anarco-sindicalista, ambas carentes de una teoría de la conquista del poder que
les hubiese posibilitado preparar una insurrección de la clase trabajadora.
Esta tampoco tuvo la ayuda del gobierno republicano que le prohibió armarse.
