Esta es la segunda entrevista de nuestra "Barcelona Interview Series". El 18 de noviembre de 2017, hablamos con el camarada anarquista
Xavi (nombre cambiado) del colectivo Negres Tempestes en Barcelona,
sobre el llamado proceso catalán.
¿Cómo reaccionó cuando surgió el movimiento de independencia y se hizo
más fuerte, porque supongo que no fue fácil encontrar una posición
sobre qué hacer en esta situación?
Este miércoles se cumplen 107 años de la creación de la Confederación Nacional del Trabajo. En el segundo congreso del sindicato catalán Solidaridad Obrera, reunido en Barcelona, se decidió la creación de una alternativa a la UGT a nivel estatal. La nueva organización sindical vivió su primera ilegalización al año siguiente de su nacimiento, lo que no impidió que continuase creciendo, y que a finales de 1919 contase con alrededor de 700.000 afiliados.
Ese año la CNT había protagonizado una de las grandes luchas obreras de la historia de Catalunya, la llamada 'Huelga de La Canadiense'. Dicha huelga se inició por el despido de varios trabajadores de la compañía eléctrica Riegos y fuerzas del Ebro, pero llegó a ser una huelga general que paralizó dos terceras partes de la industria catalana y llevó a que España fuera el primer país del mundo en el que el movimiento obrero logró la jornada de ocho horas por ley.
El órdago del independentismo catalán
está sobre la mesa y nadie sabe muy bien qué puede suceder. Los medios
se centran en la lucha de poder entre la burguesía española (con
intereses económicos en las grandes empresas catalanas y españolas del
Ibex, en el Port de Barcelona y en el aeropuerto, con control
absoluto del Estado central, sus jueces, policías y su ejército) y la
catalana (con intereses principalmente en las medianas y grandes
empresas catalanas, en el turismo que devora sus ciudades, celosa del
poder español en materia de transportes de mercancías y personas,
atrincherada en un Govern que desea una voz más potente en Europa y que
supuestamente controla a los Mossos d’Esquadra), aunque detrás
de ellas existen dos sociedades claramente fracturadas y enfrentadas por
motivos que trascienden lo económico. La situación de tensión, en
máximos históricos, acompañada del monopolio de la atención mediática
(hasta el punto de que incluso el gobierno de Maduro ha dejado de
aparecer en los telediarios) nos obliga a reflexionar a diario sobre el
conflicto catalán. Y ello, inevitablemente, nos conduce a innumerables
contradicciones. Por un lado no podemos negar que la posible ruptura de
España nos parece atractiva y que se nos dibuja una sonrisa de
complicidad al pensar en ello; pero por otro nos desespera que tanto
esfuerzo, sacrificio y movilizaciones populares se estén volcando en la
creación de un nuevo Estado, de forma acrítica con el poder en el caso
de muchas personas. ¿Independencia para qué?
Trasmitid a nuestros amigos y compañeros españoles y, a través de ellos, a todos los trabajadores, mis ánimos para que no desfallezcan en el proceso revolucionario iniciado, así como para que se apresuren a unirse en torno a un programa práctico, trazado en un sentido libertario. Se debe evitar a toda costa la ralentización de la acción revolucionaria de las masas. Por el contrario, debemos esforzarnos por ayudarlas a presionar (mediante la fuerza si fuera preciso) al actual gobierno republicano, que está obstaculizando y desviando la revolución con sus absurdos decretos, para que desista de tales esfuerzos dañinos.
El proletariado español (obreros, campesinos y trabajadores intelectuales) debe unirse y desplegar la mayor energía revolucionaria para dar lugar a una situación en la que la burguesía no tenga oportunidad para oponerse a la conquista de la tierra, las fábricas y de las libertades completas; situación que cada vez sería más amplia e irreversible. Es crucial aplicar todas las energías para garantizar que los trabajadores españoles entiendan y tengan en cuenta que si permanecieran inactivos y limitándose únicamente a aprobar resoluciones sin ningún buen resultado, estarían haciéndole el juego a los enemigos de la revolución, dejándoles ir a la ofensiva, dándoles tiempo y, como corolario, dejándoles sofocar la revolución en marcha.
Las Olimpiadas Populares debían empezar el 19 de julio pero quedaron pero la guerra civil lo impidió
Oriol Solé Altimira
Casi
cuarenta años de dictadura y una transición que dejó en un cajón la reparación
para las víctimas del franquismo han potenciado una visión anticlerical y
violenta del movimiento libertario durante la Guerra Civil. Sin embargo, además
de incendiar iglesias y conventos, a partir del 18 de julio de 1936 una ola
revolucionaria liderada por los anarquistas convirtió a Catalunya y en especial
a su capital, Barcelona, en la primera zona industrializada donde los propios
trabajadores pudieron asumir el control total de sus empresas. Se intentó
llevar a la práctica aquello de 'ni Estado, ni patrón', y durante algunos meses
se consiguió.
“Si de veras queremos la revolución social, no
olvidemos que su principio primero está en la igualdad económica y política, no
solo de las clases sino de los sexos”, en “El problema sexual y la revolución
de los sexos”
-Revista Mujeres Libres, n°9.
Ya
han pasado 80 años del inicio de la Guerra Civil española y de la mayor
experiencia histórica del movimiento anarquista. Para algunas autoras como
Susan Brown y Peggy Kornneger el anarquismo al constituirse como una filosofía
política que se opone a todas las relaciones de poder forzadas o coactivas,
debería ser intrínsecamente feminista. Su originalidad teórica reside
especialmente en su visión política y en no ser una corriente dogmática, por lo
que se pueden encontrar una amplia gama de planteamientos libertarios al
respecto de lo que es el feminismo, la posición de la mujer y la feminidad.
En la actualidad
resulta un lugar común entre muchos historiadores resaltar el extraordinario
número de publicaciones existentes sobre la Guerra Civil Española de 1936-1939,
a pesar de su carácter nacional. Hasta el punto de que no pocos estudiosos
advierten que, en términos relativos, existe más bibliografía sobre esta
contienda que de las dos guerras mundiales habidas durante el siglo XX. Como
explicación de la aparente “anomalía” se aduce el carácter polisémico que tuvo
aquel enfrentamiento en la península ibérica. Ciertamente, algunos trabajos se
han centrado en destacar el elemento fratricida de la guerra. Otros han puesto
el foco en la lucha de clases que entrañaba. Y han sido también numerosas las
investigaciones referidas a la vertiente internacional, analizando la
intervención de Mussolini y de Hitler a favor del bando franquista, y de Stalin
por el republicano. Incluso, como corolario, tampoco han faltado textos
referidos a la ola de solidaridad que despertó la defensa de la Segunda
República frente al alzamiento militar entre muchos demócratas del mundo, apoyo
visualizado en la creación de las Brigadas Internacionales.
El
golpe de Estado no solo no frenó la revolución social sino que la desencadenó.
Que la clase trabajadora no se hubiese podido anticipar a un golpe que era de
conocimiento público solo se puede entender por la impericia revolucionaria de
las dos grandes fracciones del movimiento obrero español, la socialista y la
anarco-sindicalista, ambas carentes de una teoría de la conquista del poder que
les hubiese posibilitado preparar una insurrección de la clase trabajadora.
Esta tampoco tuvo la ayuda del gobierno republicano que le prohibió armarse.
Roja y negra es la
bandera de la CNT. Rojo y negro es el mito de Durruti. Un hombre con una vida
apasionada que murió prematuramente, con 40 años cumplidos, en un episodio
lleno de misterio. No queda rastro de la casa en la que vio la luz, con un
sonoro llanto vital, el líder anarquista aquel 14 de julio de 1896.
El rollo de Santa Ana
desapareció bajo la piqueta en los años 80 y, entre los escombros, la humilde
vivienda de Santiago Durruti y Anastasia Domínguez, el padre de origen
vasco-francés y la madre de ascendencia catalana. Le bautizaron José por gusto
y Buenaventura porque era el santo del día. Una costumbre de la madre.
Pepe, así le llaman en
la familia, era el segundo de los ocho retoños del matrimonio: Santiago, Pepe,
Rosa, Castorio Vicente, Pedro Catero, Benedicto, Pedro Marciano y Manuel. El
padre era curtidor y participó junto a su hermano Ignacio en la huelga que este
gremio protagonizó en 1903 en León para reivindicar la jornada de 10 horas.
El abuelo Lorenzo, que
abrió una cantina en la calle Renueva tras llegar de Aiherre (Laburdi),
Francia, en los años 60 del siglo XIX, prófugo de las tropas de Napoleón III,
tuvo que cerrar el establecimiento por la solidaridad que mostró con los
huelguistas. Y también se hizo curtidor. Tiempos difíciles y violentos. «La
gente se piensa que la jornada de ocho horas, las pensiones y todo lo demás
vino de bobilis-bobilis…», reflexiona José Buenaventura Durruti, un célebre
ferroviario que dedica su jubilación a cuidar las máquinas y la historia de los
caminos de hierro, y que es sobrino del mito revolucionario.
La huelga dejó a la
familia tocada económicamente y los chicos pasaron de la escuela de la calle
Misericordia a las aulas, más humildes, que regentaba el maestro Ricardo Fanjul
en la calle El Cid. Muy cerca de allí, en el asilo de ancianos que estaba en la
actual audiencia, dio Durruti su primer mitin. O por lo menos una soflama.
Pepe se sintió muy
impresionado por las condiciones de vida de aquellos hombres que recogían
colillas del suelo para fumar, tal y como relató su hermano Santiago a Julio
Llamazares. Durruti se puso a trabajar en una una huerta de Santa Ana y vendió
los melones con los que le pagaron (y alguno más que apartó con un amigo) para
comprarles tabaco.
Les llevó las
cajetillas y en presencia del maestro cuentan que proclamó: «Lo más triste de
un hombre es trabajar toda la vida y llegar a viejo sin recursos y tener que ir
a un asilo de mendicidad para vivir malamente. Yo, como soy chico, pido a mis
maestros que me eduquen como mejor sepan para poder ser útil a los
trabajadores» (Ceranda. 1979). La entrevista es recogida en el libro Los
Durruti. Apuntes sobre una familia de vanguardia de José Antonio Martínez
Reñones (Lobo Sapiens).
Una de las figuras
clave del anarquismo en España y a nivel internacional y uno de los principales
protagonistas de la revolución obrera y campesina en Cataluña y Aragón
posterior al golpe militar del 18 de julio de 1936, el carismático miliciano
que se lanzó con la columna Durruti al frente de Aragón y fue llamado para
impedir la caída de Madrid, se vio un rebelde desde crío.
Iba a la catequesis con
los franciscanos, pero no quiso comulgar y a un fraile le dio con su tirador.
Dicen que era despierto y travieso y que cayó en gracia al obispo Gómez de
Salazar. Cierto día, el obispo, que visitaba a los enfermos con un carro, se
paró frente a un puesto de huevos donde estaban Buenaventura y su hermano
Santiago con otros chavales. Andaban descalzos y el prelado les llevó a un
comercio de la plaza Mayor para comprarles unos zapatatos. «Pero cuando
estábamos en el comercio mi hermano le preguntó: «Oiga, señor obispo, ¿usted es
comunista?», relató Santiago.
La curiosidad tenía su
explicación. La mujer de Santiago Eguiagaray —apellido con el que están
emparentados los Durruti y que también viene del País Vasco francés a León—uno
de los patrones de los talleres de curtidos, había prometido a los chavales que
les daría unas peras de las que se caían al suelo si llamaban comunista al
obispo.
«¡Tacaña!», habría
replicado Buenaventura. «Por lo menos, dénoslas del árbol». Gómez de Salazar
quiso salir por la tangente y dijo que no sabía qué es ser comunista; pero
Durruti insistió: «Mira, muchacho, si ayudar a los pobres es ser comunista
entonces aquí tienes a un obispo comunista».
A los 14 años, empezó a
trabajar en el taller de Melchor Martínez. Allí se inició en la mecánica y en
el socialismo. Su hermana Rosa contaba que «venía con un real a casa y decía:
«Madre, mire lo que la traigo; mientras ellos se enriquecen mire usted lo que
la traigo», relata Wenceslao Álvarez Oblanca en la Historia del anarquismo
leonés.
Ingresó en la Unión de
Metalúrgicos de la UGT y en 1913 trabajó en las obras del lavadero de la
compañía Anglo-Hispana de Matallana de Torío como operario de los talleres
mecánicos de Antonio Mijé. Allí fue testigo de una huelga de mineros por el
trato de uno de los ingenieros y mandó parar a los mecánicos para no perjudicar
el paro obrero.
A los 20 años, en 1916,
ingresó en el Depósito de Máquinas del ferrocarril e cuando su hermano Santiago
fue llamado al servicio militar. Poco le duró aquel empleo fue despedido tras
la huelga de 1917. Hubo 200 detenidos en toda la provincia y de los mil
ferroviarios que se presentaron a trabajar tras terminar la huelga, sólo fueron
admitidos 600.
A partir de este
momento su vida es un peregrinaje, de país en país y de cárcel en cárcel. José
Buenaventura Durruti se estrenó como presidiario en León. «Estuvo quince días
en la cárcel vieja, de donde salió al interceder su padre ante Fernando Merino
Villarino», el conde consorte de Sagasta y el más influyente de los caciques
leoneses.
Marchó a Asturias y al
poco tiempo a Francia para no hacer el servicio militar. Regresó en 1919 y se
afilió a la CNT estando empleado como mecánico en La Felguera. Uno de sus
contactos fue El Toto, Gregorio Martínez Garmón, de Santa María del Páramo, que
le informó de los progresos del sindicato en la provincia con Laurentino
Tejerina a la cabeza, mientras otro leonés, Ángel Pestaña, impulsaba su
expansión en Barcelona.
«Un obrero de cada dos
estaba afiliado a la Confederación», señala Abel Paz, autor de Durruti en la
revolución española. Quizá por eso no es tan extraño que ahora aparezca el
carné cenetista de Paco Martínez Soria, el actor y empresario que prosperó
durante la época franquista.
Durruti vuelve a su
tierra a apoyar las huelgas mineras en La Robla y, camino de Ponferrada, donde
le habían encargado hacer un sabotaje es detenido por la Guardia Civil.
Descubren su deserción y le someten a un consejo de guerra en San Sebastián.
Logra fugarse y huir de nuevo a Francia. En 1921 se encuentra con Ascaso —uno
de los dirigentes más célebres del movimiento anarcosindicalista junto con
Federica Montseny, Durruti y Juan García Oliver— en Zaragoza.
Durruti ya forma parte
de Los Solidarios —luego los Justicieros— grupo al que se atribuye el asesinato
de Fernando González Regueral en León, en la calle Cervantes, en 1923. «Mi tío
no tuvo arte ni parte, estaba en la prisión de San Sebastián y luego le
trasladaron al hospital militar de Burgos porque tenía una hernia», asegura su
sobrino Manuel Durruti Cubría.
«Dicen que nosotros
matamos a Regueral y a Regueral le mató su actuación como gobernador civil de
Bilbao», proclamó en León años después durante el mitin que dio en el campo del
Petardo en 1931 de León (actual plaza La Inmaculada) cuando vino al entierro de
su padre.
La fama hizo que
Buenaventura Durruti cargara con muchos sucesos a sus espaldas. Unas veces como
«autor intelectual» y otras como material. O ambas cosas, como el asalto al
Banco de España en Gijón el 1 de septiembre de 1923 en el que fue tiroteado el
director Luis Azcárate Álvarez. Dicen que Durruti «era el hombre de la voz
ronca» que se abalanzó sobre uno de los asaltantes al grito de ‘canalla’.
El juez miliar de
Oviedo dijo que tenía una cicatriz de bala en la mano derecha, pero no se pudo
«demostrar fehacientemente que Buenaventura Durruti hubiera participado en el
atraco», aprecia Reñones. Sin embargo, se exilió desde entonces hasta 1931,
cuando la II República declara la amnistía.
Argentina, México,
París, Bruselas, Berlín… Son algunos de los países y ciudades en los que reside
Durruti. En 1926 es detenido en Francia y encarcelado. Sus cartas dejan
constancia de las ideas que le mueven: «Las Navidades son tan solo para los
ricos, que la celebran con el sudor del trabajador (…) Las juergas de los ricos
son hijas de las miserias de los pobres. Pero pronto esto terminará. La
revolución pondrá fin a este desorden social», escribe a su familia, hablando a
su hermano Clateo (sic), desde la cárcel de París a su familia en León.
En el exilio conoce y
se enamora de Èmmiliene Morin., Mimi. Su compañera y la madre de su única hija,
Colette que aún vive en la Bretaña francesa. La niña nació en 1931 en
Barcelona, poco antes de la muerte del padre. Tras una visita, Rosa confesó su
angustia por las condiciones en que vivían: «Un par de sillas, una mesa y una
cama sin colchón, sobre cuyo somier se extiende una manta que sirve para dormir
mi cuñada, embarazada…». No quiso dinero ni para un colchón, le dijo tras
anunciarle que tendrían un hijo hermoso: «¿Qué podía hacer yo? Mi hermano será
siempre un incurable optimista».
Durruti estaba en una
lista negra y no encontraba trabajo, así que su compañera se empleó de
acomodadora en un cine. Y él se ocupaba de la casa. Barría, cocinaba y cambiaba
los pañales a su hija con la misma facilidad que cogúa el fusil.
La imagen de Durruti en
delantal simboliza para los jóvenes anarquistas de hoy, y también para su
familia y quienes le han estudiado, la figura del «hombre nuevo». «Vivió
adelnatado a su tiempo», sentencian sus sobrinos.
Y era extremadamente
honesto. «Una vez mi madre fue a verle a Barcelona y en una zona de viñedos se
puso a coger racimos de uva. Mi tío le llamó la atenciín y le recordó que esos frutos
pertenecían al sudor de quien cultivaba la tierra», comenta Manuel Durruti.
«Respetaba la propiedad», recalca. Algo que no firmarían los terratenientes que
eran expropiados en la España revolucionaria.
«¿Cómo van a salir mis
hijos si mi padre era igual?», solía decir Anastasia, según cuenta de su abuela
José Buenaventura Durruti, el sobrino ferroviario, a quien bautizaron con el
mismo nombre porque nació 1 año, 1 mes y 1 día después de que Durruti muriera
en el Clínico de Madrid tras recibir un disparo el 19 de noviembre de 1936
cuando subía al coche.
A Manuel Durruti Cubría
le pusieron el nombre de otro tío que fue abatido en 1934 en el puente de San
Marcos y murió posteriormente en el hospital. Otro hijo de Anastasia y
Santiago, Pedro Marciano, que sufrió cárcel en Madrid con José Antonio por
falangista fue fusilado en el monte de El Ferral en 1937 por los fascistas.
Bonifacio Durruti, un primo que era maestro, también fue pasado tras el golpe
militar.
Sangre Caliente
«Desde mi más tierna
edad lo primero que vi a mi alrededor fue el sufrimiento, no sólo de nuestra
familia, sino también de la de nuestros vecinos. Por intuición, yo ya era un
rebelde. Creo que entonces se decidió mi destino», escribió a la familia el 31
de octubre de 1931. Era la respuesta a otra misiva de su hermano Perico —Pedro
Marciano, que era falangista— quien le pedía que abandonara la vida que llevaba
en Barcelona.
«Los Durruti son gente
de sangre caliente, con una idea utópica de la sociedad, una familia
apasionante», afirma José Antonio Martínez Reñones. Pero la figura de
Buenaventura Durruti, añade, requiere una «historia grande y más neutral» que
aún no se ha acometido pese a las decenas de libros y artículos que ha
inspirado el personaje y el hombre.
Tampoco hay apenas
rastro de la figura del leonés más universal en su patria chica. Una calle en
Trobajo del Camino y una escultura de Diego Segura en la plaza de Santa Ana,
promovida por la CGT, son la única memoria pública de uno de los personajes más
controvertidos del siglo XX.
A su familia no le
preocupa los nombres ni los monumentos. «Sólo me importa que se le recuerde
como un hombre honesto, adelantado a su tiempo y desprendido, que dio hasta su
vida», afirma su sobrino Buenaventura Durruti.
«Las calles no me
importan, pero es lamentable que la Universidad de León no haya aprovechado
para crear una cátedra del anarquismo a nivel mundial», afirma otro sobrino de
la singular saga. Manuel Durruti Cubría, bioquímico de formación y botánico por
pasión y conocimientos.
La CNT de León también
se opone a los símbolos para recordar al mito. Están seguros, dicen, de que «él
no lo hubiera aprobado» aunque su imagen se multiplica en el local de la
organización en la calle Fruela II y el 120 aniversario de su nacimiento va a
servir como telón de fondo de la presentación del Grupo de Investigación y
Memoria Viva de la CNT en León, con la proyección de un documental sobre su
figura el día de su cumpleaños, 14 de julio. El 20 harán una comida fraternal
en La Candamia. Para ellos es el «compañero universalmente conocido», «un
ejemplo de coherencia», el paradigma de «hombre nuevo», adelantado a su tiempo,
y «no sólo un hombre de acción» que nunca se olvidó de su tierra natal.
«Pepe, siempre que
podía, venía por casa a ver los padres. Venía con frecuencia pero estaba poco,
un día o dos, y aprovechaba para arreglarse un poco, porque venía con la
chaqueta toda rota. Mi hermano Catero le decía: «Oye, eres un gandul, siempre
vienes igual» Y les miraba con una risa… Andar, que vosotros habéis cobrado la
´grati´, comprarme una chaqueta», contaba su hermana Rosa.
Era un hombre jovial y
disfrutó de los buenos momentos con alegría, como se ve en las numerosas fotos
que guardan memoria de su vida. Incluso cuando estuvo deportado en Canarias
aprovechó para hacer deporte. «Cuando estaba en casa se sentaba ahí y cantaba a
mis hermanos, a los pequeños, a Manolín y a Pedro. Si decía mi madre: ¡pero
este hombre está tonto, hasta cantares saca de su organización!», es otro de
los testimonios de Rosa,
«Es el leonés más
universalmente conocido», recalca su sobrino. Todos están convencidos de que a
Durruti «le mataron», no fue un accidente. Y sospechan de Manzana, un sargento
que tenía como lugarteniente y de cuyo fusil salió el disparo que le rozó el
corazón, tenía algo importante que ocultar para perderse en el exilio en México
tras la guerra civil.
«No era un doctrinario,
era un ‘condottiero’, un tipo atrevido y valiente. También se le podía
encontrar como una encarnación del guerrillero español». escribió Pío Baroja,
quien le conoció personalmente.
La familia nunca olvidó
al hombre. La madre solía decir que «cada tantos años nace un revolucionario y
éste ha sido mi hijo». Después de la guerra fue a Barcelona con una vecina a
visitar la tumba de su hijo en el cementerio de Monjuic: «¿Podríais decirme
donde están las tumbas de los revoltosos, uno que dicen Ascaso y otro Durruti?»
Cuando volvió a casa le dijo a su hija: ¿Sabes, Rosa? Están llenas de flores».
Entrevista hecha por el
periodista Van Passen al compañero Buenaventura Durruti en Barcelona el 24 de
julio de 1936 en donde, con gran lucidez y firmeza, deja bien claro el ideal
libertario. Entrevista que aun hoy se mantiene vigente y es muy importante
escucharla con detenimiento y análisis por las mujeres y hombres que elegimos
este largo camino. ¡Salud y anarquía!
El
juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha archivado el cargo de
enaltecimiento del terrorismo del que se acusaba a A.L. y R.G., los dos
titiriteros que fueron detenidos durante las celebraciones de las fiestas de
Carnaval en Madrid. Según ha confirmado a Diagonal los abogados de los
titiriteros, el juez ha enviado a los juzgados de Plaza de Castilla la parte de
la causa referente a un posible delito de odio. "Fiscalía dice que con las
diligencias practicadas, viendo que la pancarta era puesta dentro de la obra
para acusar falsamente de un delito, ya no queda acreditado que haya delito de
enaltecimiento. Por su parte, el juez, sin aportar nada sobre las declaraciones
o los vídeos, dice que, como no puede penetrar en el alma de estos chicos para
saber cual era el objetivo de esta obra, ante la duda archiva de manera
provisional", explican los abogados. Sobre las medidas cautelares, el auto
no se ha pronunciado. Actualmente los dos titiriteros están obligados a ir a
firmar ante el juzgado cada quince y 30 días.
Mateo Morral Roca (Sabadell, 1880 – Torrejón de Ardoz, 2 de junio de 1906) fue un anarquista español. Hijo de comerciantes textiles de Barcelona, hablaba varios idiomas y al viajar por Alemania conoció el anarquismo, el cual profesó. De vuelta en España decidió abandonar el negocio familiar y comenzó a trabajar con Francisco Ferrer Guardia como bibliotecario, período durante el que sería autor de algunos breves textos, como Pensamientos revolucionarios de Nicolás Estévanez, publicado con un prólogo de Federico Urales.
En 1906 viajó a Madrid a preparar el atentado contra el rey Alfonso XIII, consistente en una bomba de fabricación casera de las llamadas de inversión, conocidas como bomba de Orsini. La bomba, según el novelista Pío Baroja, le habría sido entregada diez días antes, procedente de Francia y envuelta en una bandera francesa, por su ideólogo favorito, el militar y ministro de la Guerra durante la Primera República, Nicolás Estévanez.
Morral arrojó la bomba oculta en un ramo de flores al paso de la comitiva de los Reyes, cuando se dirigían al Palacio Real de Madrid, desde el balcón de la pensión en la que se hospedaba, ubicada en el tercer piso del número 88 (actualmente 84) de la calle Mayor. El ramo con la bomba fue dirigido hacia la carroza real, pero tropezó en su caída con el tendido del tranvía y se desvió hacia la multitud que estaba observando la comitiva. Los reyes salieron ilesos pero murieron 24 civiles.Morral consiguió escapar de Madrid (al parecer con la ayuda del periodista José Nakens), pero el 2 de junio fue reconocido por varias personas en un ventorrillo cercano a Torrejón de Ardoz, donde se detuvo para comer.
Estas personas avisaron a un guarda jurado particular de campo, Fructuoso Vega, que tras algunas averiguaciones, le conminó a seguirle. Se entregó pacíficamente, pero cuando era conducido por el guarda al cuartelillo de Torrejón de Ardoz, le mató de un tiro y se suicidó a continuación.
Su cuerpo y el del guarda fueron mostrados en el ayuntamiento del pueblo, hasta que se los llevaron a Madrid a las pocas horas.
En el posterior juicio José Nakens, Francisco Ferrer Guardia y otros anarquistas fueron condenados por conspiración. Fueron indultados un año después, salvo Ferrer Guardia que fue ejecutado en 1909 a pesar de las protestas y presiones internacionales como consecuencia de la Semana Trágica de Barcelona.
Desde el pasado 12 de febrero del
presente año, toda la región de Venezuela y en especial los estados centrales y
andinos, donde la gente asqueada por los altos niveles de violencia producto de
la delincuencia (25.000 muertos solo en 2013), la escasees de bienes y
servicios (28,3%), de inflación (56%) de los pésimos servicios básicos y de un
gobierno con verborrea que solo sabe acusar a cualquier disidencia de ser
“fascista” y de “derecha” tomo las calles de forma descentralizada, sin
dirigencia y volcando toda su legitima arrechera contra la autoridad
establecida como los míticos “motines de hambre” que abundaron a inicios del
capitalismo en el viejo continente.
Pero aunque abundan los relatos,
las imágenes de represión por parte del ejército y de paramilitares del
gobierno, el movimiento anarquista ibérico en sus múltiples expresiones ha
preferido guardar un oprobioso silencio con relación a los sucesos; lo que
parece ser un saludo a la izquierda autoritaria global que hoy da gritos
histéricos ante un “golpe de derecha” que nadie puede ni podrá demostrar.
Cuando el extenso Movimiento
Libertario Español, estaba bajo el yugo del franquismo, sus afines venezolanos
brindaron apoyo, asistencia, logística y asilo a muchos inmigrantes ibéricos
que formaban parte de la CNT, FAI, FIJL y Mujeres Libres; Solo basta con
mencionar nombres como Víctor García, Pablo Benaiges, José Xena, Miguel
Campuzano, Joaquín Ascaso o Juan Cámpa, así como cientos de militantes
anarquistas consiguieron espacio en estas tierras para desarrollarse y seguir
la lucha contra el fascismo del señorito de la Coruña y sus acólitos
nacionalistas.
Desde Venezuela, se colaboro
ampliamente con dinero y logística al exilio ibérico, se cortaron relaciones
diplomáticas con la dictadura y perfiles como el de Juan García Oliver o
Germinal Esgleas se pasearon por estas costas buscando apoyo que se les brindo.
Con el advenimiento del pacto de
la Moncloa, el apoyo de los pocos libertarios de la región con sus homólogos de
la Península continuo, como parte del principio de internacionalismo y de apoyo
mutuo que albergamos en nuestros corazones. Sin embargo, esa reciprocidad
parece no existir en la actualidad.
España como productor y exportador
de armas, es el principal vendedor de equipos para la contención de la protesta
popular en Venezuela, sin importar el palabreo ideológico sin fundamento, el
gobierno español-su adversario natural- sabe que el “proceso bolivariano”
garantiza la continuidad de su corona parlamentaria.
Hoy su silencio, es solo comparable
con el mismo que guardaron con los compañeros cubanos silenciados, torturados y
asesinados por la tiranía de los hermanos Castros, el mismo régimen que hoy
hace de las suyas en la más vergonzosas de las colonias de la historia, la de
Venezuela ante Cuba.
Como anarquistas
no esperamos con los “compañeros” ibéricos den la lucha por nosotros/as, no
luchamos por que grupos opositores tomen el poder, luchamos por que estamos
arrechos, asqueados y solidarizados con ese pueblo llano que sufre las inclemencias
de un proceso excluyente y totalitario. Por ello, su silencio y poca
solidaridad es el reflejo de una oprobiosa complicidad con un gobierno
autoritario y capitalista.
Por ello…no
hablen de libertad… cuando ven a la de sus hermanos menguar.