Rafael Cid
Hay que señalar lo que constituye el hecho diferencial y decisivo que hace del reciente asalto al Capitolio en Washington algo radicalmente diferente a todo lo conocido. Hablamos de la fractura social que lo sucedido entraña. Un cisma que va más allá de la simple bronca entre demócratas y republicanos que ha arrastrado consigo a buen parte de su cuerpo electoral. No se ve precedente cercano a esa rivalidad caníbal entre ambas orillas ideológicas. Cualquier rastreo en busca de equivalencias nos llevaría inevitablemente al terreno de los llamados Estado fallidos, nunca a la experiencia de la nación que hasta hoy figuraba como faro de las democracias liberales, la más veterana y sólida de la historia moderna. El abismo que en Estados Unidos se ha abierto entre <<las dos Américas>> deja en mera retórica nuestro tradicional y domestico vaivén de las <<dos Españas>>.
