Humberto Decarli
La sensación de estar en un país militarizado es cada vez mayor en Venezuela. La presencia castrense, policial y paramilitar en las calles de las ciudades más importantes de la nación constituye una evidencia de estos pasos tendientes a cumplir objetivos bien diáfanos para la cúpula gobernante. Esa visualización bélica persigue en el plano internacional, el mensaje de estar preparados para cualquier invasión aunque ante ataques quirúrgicos ejecutados por drones y misiles de alta tecnología no vale ninguna guerra asimétrica; y en el interno, en la intimidación para evitar la agudización de los conflictos sociales inferidos de la profunda crisis en la cual estamos inmersos.
La sensación de estar en un país militarizado es cada vez mayor en Venezuela. La presencia castrense, policial y paramilitar en las calles de las ciudades más importantes de la nación constituye una evidencia de estos pasos tendientes a cumplir objetivos bien diáfanos para la cúpula gobernante. Esa visualización bélica persigue en el plano internacional, el mensaje de estar preparados para cualquier invasión aunque ante ataques quirúrgicos ejecutados por drones y misiles de alta tecnología no vale ninguna guerra asimétrica; y en el interno, en la intimidación para evitar la agudización de los conflictos sociales inferidos de la profunda crisis en la cual estamos inmersos.


