José Durán (diario El Salto, Madrid)
Ubicada a poco más de 50 kilómetros de Madrid, la localidad toledana de Yuncler de la Sagra no ofrece aparentemente en su escaparate un cebo que evite pasar de largo al visitante ocasional que transite por la comarca. Pero las apariencias suelen engañar, sabido es. Sacudido el territorio por el boom del ladrillo que arrasó la región a principios del siglo XXI —cuando se vendían los 40 minutos en coche a Madrid como otro de los alicientes para comprar piso allí, el ‘nuevo’ PAU de la capital—, el nombre de Yuncler se recuerda entre quienes frecuentaban lo que hoy son las ruinas —otra operación inmobiliaria incierta— del Vicente Calderón: la peña Super López, fundada allí, colgaba su pancarta fielmente en las gradas del fondo norte del estadio del Atlético de Madrid.
Ubicada a poco más de 50 kilómetros de Madrid, la localidad toledana de Yuncler de la Sagra no ofrece aparentemente en su escaparate un cebo que evite pasar de largo al visitante ocasional que transite por la comarca. Pero las apariencias suelen engañar, sabido es. Sacudido el territorio por el boom del ladrillo que arrasó la región a principios del siglo XXI —cuando se vendían los 40 minutos en coche a Madrid como otro de los alicientes para comprar piso allí, el ‘nuevo’ PAU de la capital—, el nombre de Yuncler se recuerda entre quienes frecuentaban lo que hoy son las ruinas —otra operación inmobiliaria incierta— del Vicente Calderón: la peña Super López, fundada allí, colgaba su pancarta fielmente en las gradas del fondo norte del estadio del Atlético de Madrid.
