Yzavel
Ningún incendio forestal o urbano es “accidental” o “natural”, sus causas y efectos apuntan siempre a la humanidad. Ni las casas de Valparaíso se incendian solas ni los pocos bosques nativos que aún han permitido existir en esta tierra se consumen por combustión instantánea. El fuego, esa maravilla que en algún tiempo perdido las mujeres y hombres de antaño descubrieron y “dominaron” no aparece por arte de magia; se genera, tal y como cada día se hace el fuego en la cocina o estufa para hornear el pan y resistir las duras y heladas mañanas del sur.
Los efectos que hace ya un año pudimos ver en Valparaíso, es decir, cientos de casas quemadas y parte de una ciudad desaparecida son las muestras más evidentes y brutales de la pobreza, del despojo diario que el poder o más bien lxs poderosxs (porque tienen ojos y boca como cualquiera) ejercen contra quienes caminan por el mundo sin el ángel de la guarda del dinero. No hay nada accidental en que sean éstxs últimxs, los y las pobres quienes sufran los golpes de las catástrofes que tanto gozan mostrar los medios de comunicación. ¡Ah, y por cierto, tampoco hay nada natural en ello!
Ningún incendio forestal o urbano es “accidental” o “natural”, sus causas y efectos apuntan siempre a la humanidad. Ni las casas de Valparaíso se incendian solas ni los pocos bosques nativos que aún han permitido existir en esta tierra se consumen por combustión instantánea. El fuego, esa maravilla que en algún tiempo perdido las mujeres y hombres de antaño descubrieron y “dominaron” no aparece por arte de magia; se genera, tal y como cada día se hace el fuego en la cocina o estufa para hornear el pan y resistir las duras y heladas mañanas del sur.
Los efectos que hace ya un año pudimos ver en Valparaíso, es decir, cientos de casas quemadas y parte de una ciudad desaparecida son las muestras más evidentes y brutales de la pobreza, del despojo diario que el poder o más bien lxs poderosxs (porque tienen ojos y boca como cualquiera) ejercen contra quienes caminan por el mundo sin el ángel de la guarda del dinero. No hay nada accidental en que sean éstxs últimxs, los y las pobres quienes sufran los golpes de las catástrofes que tanto gozan mostrar los medios de comunicación. ¡Ah, y por cierto, tampoco hay nada natural en ello!

