Helena Andrés Granel
Tradicionalmente la sexualidad se
ha concebido como un ámbito de la experiencia humana situado al margen del
discurso, y concretamente, al margen del discurso político, al ser entendida
como una pulsión o instinto natural.[3] Sin embargo, lejos de estar inscrita en
la naturaleza, la sexualidad se construye discursivamente[4] y desempeña un
papel esencial en la conformación de un determinado orden social.
De esta forma es regulada de
distintos modos en los distintos sistemas sociales, que propician, favorecen e institucionalizan
determinadas formas de expresión sexual al tiempo que actúan de forma
coercitiva o directamente prohibitiva con respecto a otras que se consideran potencialmente
peligrosas y desestabilizadoras del orden social.

