Erasmo Calzadilla
[Tomado de El Guardabosques (boletín ecológico vinculado a la Red Observatorio Crítico de Cuba), # 2, junio 2013]
Ayer fue el día mundial del reciclaje y me gustaría reflexionar en voz alta sobre cómo anda el asunto en Cuba. No con profundidad, porque no soy especialista, sino desde la visión de uno más que se preocupa por el tema.
En Internet
En una corta visita a Internet tuve acceso a noticias oficiales que tratan sobre el reciclaje. Por ellas conocí que se trata de una actividad priorizada por el gobierno cubano, respaldada por las leyes e incluida en los lineamientos. Reciclando materia prima el país se ahorra cada año cientos de millones de dólares (200 en 2011), pero podrían ser muchos más si no fuera por la indolencia de algunos funcionarios y sobre todo por el bloqueo norteamericano (el gobierno de USA multa a las empresas internacionales que osan comprar nuestra chatarra).
No solo las páginas oficialistas hablan bien del reciclaje en Cuba. Un simpático bloguero del patio (que vive fuera) dice que los cubanos nos hemos convertido en el pueblo reciclador por excelencia, los salvadores de la capa de ozono. A base de inventos e iniciativas recuperamos casi cualquier producto de los diseñados para usar y tirar; no porque seamos portadores de una privilegiada consciencia ecológica sino por pura necesidad.
En Internet
En una corta visita a Internet tuve acceso a noticias oficiales que tratan sobre el reciclaje. Por ellas conocí que se trata de una actividad priorizada por el gobierno cubano, respaldada por las leyes e incluida en los lineamientos. Reciclando materia prima el país se ahorra cada año cientos de millones de dólares (200 en 2011), pero podrían ser muchos más si no fuera por la indolencia de algunos funcionarios y sobre todo por el bloqueo norteamericano (el gobierno de USA multa a las empresas internacionales que osan comprar nuestra chatarra).
No solo las páginas oficialistas hablan bien del reciclaje en Cuba. Un simpático bloguero del patio (que vive fuera) dice que los cubanos nos hemos convertido en el pueblo reciclador por excelencia, los salvadores de la capa de ozono. A base de inventos e iniciativas recuperamos casi cualquier producto de los diseñados para usar y tirar; no porque seamos portadores de una privilegiada consciencia ecológica sino por pura necesidad.

