Enrique Lozano
En una amena plática con vecinos del barrio de San Pedro Xalostoc (organizada por el grupo DILE –Difundir Ideas Libertarias en Ecatepec- con la proyección de un video sobre educación), hablando de cómo la actual Reforma educativa atenta contra los derechos laborales de las y los maestros, una mujer joven, con firmeza, cuestionaba las quejas de los docentes. Nos puso el ejemplo del maestro de primaria de su hijo: “es un hombre muy gordo que solo llega a sentarse y a dormir. No enseña bien y no se interesa por los niños”. ¿Se puede responder a esto argumentando que las “causas reales”, ocultas para la mayoría, operan a nivel político y económico y que el maestro solo es víctima de su situación?
Las figuras de la maestra gritona-autoritaria y del maestro represor han simbolizado (en todas estas décadas de cuestionamiento a la institución educativa), la crítica a toda escuela-cuartel, a todo sistema educativo embrutecedor. Actualmente, sin embargo, el Estado mexicano (con la complicidad de los medios masivos) institucionaliza y manipula estas imágenes. Si las políticas educativas, la caridad de los empresarios o la sabiduría de los intelectuales, en estos últimos cuarenta años, no han logrado una transformación radical y significativa de la educación en nuestro país, la culpa es del “mal docente”. Si los intentos por reformar la educación han fracasado (concluyen investigadores a sueldo) es debido a los y las maestras, a sus creencias y a sus costumbres en el aula; a su resistencia al cambio (psicoanalizando una conducta que es política). Si la educación no anda bien es culpa de los maestros, ¿de quién más, si son quienes están al frente de niños y adolescentes, transmitiéndoles conocimientos y estableciendo relaciones afectivas con estos?
En una amena plática con vecinos del barrio de San Pedro Xalostoc (organizada por el grupo DILE –Difundir Ideas Libertarias en Ecatepec- con la proyección de un video sobre educación), hablando de cómo la actual Reforma educativa atenta contra los derechos laborales de las y los maestros, una mujer joven, con firmeza, cuestionaba las quejas de los docentes. Nos puso el ejemplo del maestro de primaria de su hijo: “es un hombre muy gordo que solo llega a sentarse y a dormir. No enseña bien y no se interesa por los niños”. ¿Se puede responder a esto argumentando que las “causas reales”, ocultas para la mayoría, operan a nivel político y económico y que el maestro solo es víctima de su situación?
Las figuras de la maestra gritona-autoritaria y del maestro represor han simbolizado (en todas estas décadas de cuestionamiento a la institución educativa), la crítica a toda escuela-cuartel, a todo sistema educativo embrutecedor. Actualmente, sin embargo, el Estado mexicano (con la complicidad de los medios masivos) institucionaliza y manipula estas imágenes. Si las políticas educativas, la caridad de los empresarios o la sabiduría de los intelectuales, en estos últimos cuarenta años, no han logrado una transformación radical y significativa de la educación en nuestro país, la culpa es del “mal docente”. Si los intentos por reformar la educación han fracasado (concluyen investigadores a sueldo) es debido a los y las maestras, a sus creencias y a sus costumbres en el aula; a su resistencia al cambio (psicoanalizando una conducta que es política). Si la educación no anda bien es culpa de los maestros, ¿de quién más, si son quienes están al frente de niños y adolescentes, transmitiéndoles conocimientos y estableciendo relaciones afectivas con estos?
