Periódico Aquí y Ahora (Madrid)
El virus de la revuelta se expande de país en país, de continente en continente, de ciudad a ciudad y de barrio a barrio. Una situación de caos y descontrol, por un lado, y de deseos de cambio por otro. Un estallido de rabia descontrolado que se escapa, por fin, de los márgenes democráticos en muchas situaciones (a pesar de que las proclamas sí que sean dirigidas a los Estados para que éstos efectúen los cambios que se demandan). Pero a pesar de ello, los métodos, las formas que han adoptado estas protestas y la acumulación de hartazgo de buena parte del mundo, son cuestiones innegables.
El virus de la revuelta se expande de país en país, de continente en continente, de ciudad a ciudad y de barrio a barrio. Una situación de caos y descontrol, por un lado, y de deseos de cambio por otro. Un estallido de rabia descontrolado que se escapa, por fin, de los márgenes democráticos en muchas situaciones (a pesar de que las proclamas sí que sean dirigidas a los Estados para que éstos efectúen los cambios que se demandan). Pero a pesar de ello, los métodos, las formas que han adoptado estas protestas y la acumulación de hartazgo de buena parte del mundo, son cuestiones innegables.
