Arnaud Gonzage (del semanario parisino L´Obs)
* Para salvar el planeta, hay que contaminar menos y por tanto consumir menos. Pero, ¿seremos capaces de ello? Sí, responde el economista Tim Jackson. Pues, a partir de un cierto nivel de renta, el sentimiento de ser feliz deja de aumentar y acaba incluso por disminuir.
El problema con muchos pensadores es que recurren a un rousseaunismo excesivamente práctico para sus demostraciones (“los hombres nacen sabios, es la sociedad de consumo la que los corrompe: basta, pues, con suprimir ésta para salvar el mundo”), pero no siempre convincente. ¿Cómo diablos hacer de nuestra civilización, en la que la frugalidad no es la cualidad más extendida, una sociedad respetuosa con el medio ambiente? ¿Cómo preservar los recursos finitos de un planeta habitado por 8.000 millones de seres humanos a menudo codiciosos y destructores? Es la pregunta a la que intenta responder Prosperidad sin crecimiento [Icaria, Barcelona, 2011], de Tim Jackson. Lo que un informe remitido al gobierno británico en 2009 –informe inmediatamente dejado en el olvido – ha adquirido poco a poco el estatus de ensayo de culto en el pensamiento del desarrollo duradero.
