Pelota de Trapo
Ese día extremo de hace nueve años se brotaba la piel escaldada del país y, simbólicamente, Fernando De la Rúa redactaba su renuncia en temible soledad. Mientras en el afuera de su autismo político el grito que ordenaba el destierro total de toda la dirigencia se parecía al apocalipsis del sistema, del Estado y de las joyas del capitalismo impiadoso y orgiástico que había reinado con fluidez y consenso en las últimas tres décadas.
La represión, la muerte, la oscuridad, el estallido de un programa económico - pac man que deglutió sueños, salarios, dignidad, aparato productivo y excluyó como para siempre a una porción impactante de los sectores populares desparramó muertos en los pavimentos de todo el país. La sangre otra vez derramada, la misma de siempre, más del 50% de la población desbarrancada a la pobreza y la indigencia, los hambrientos en las calles para hacerse visibles y la sensación amarga del no futuro bajo la presidencia interina y forzada del mismo hombre que hoy -justamente hoy- lanza su candidatura para intentar otra vez ser presidente legitimado por los votos populares.
Nueve años después, de todos los socialmente expulsados por el grito que unió apenas por un rato a la clase media y a los desarrapados, muy pocos son los que se fueron. La mayoría está ahí, firme y reciclada. Incluso el hombre que hoy se lanza en Costa Salguero, justamente hoy. Como una ironía gélidamente calculada.
