Luis Aguilar
En épocas pasadas se comentaba, que la persona que trabajaba corría más riesgo que el holgazán o zángano. El primero podía obtener el fruto de su esfuerzo, el producto de su trabajo; era el hombre vencedor y a veces vencido en la lucha contra la naturaleza y contra la voluntad de otros sujetos; el segundo no tenía nada que perder, pero si mucho que ganar. Igualmente, una nación desmembrada en pequeñas parcelas, adquiere sentimientos de dignidad, valentía y ambiciones que quizás nunca antes hubiera pensado que pudiese ser capaz de sentir. Estas afirmaciones pudieran fácilmente ser aplicadas a Venezuela, país dotado de enormes riquezas naturales que generosamente la madre naturaleza le obsequió, y que por la ignorancia u omisión de los gobernantes de turno se cae a pedazos, notándose la ausencia de una mano amiga que trate de reconstruirla para que las generaciones actuales, y las futuras, la disfruten con orgullo y dignidad.
En épocas pasadas se comentaba, que la persona que trabajaba corría más riesgo que el holgazán o zángano. El primero podía obtener el fruto de su esfuerzo, el producto de su trabajo; era el hombre vencedor y a veces vencido en la lucha contra la naturaleza y contra la voluntad de otros sujetos; el segundo no tenía nada que perder, pero si mucho que ganar. Igualmente, una nación desmembrada en pequeñas parcelas, adquiere sentimientos de dignidad, valentía y ambiciones que quizás nunca antes hubiera pensado que pudiese ser capaz de sentir. Estas afirmaciones pudieran fácilmente ser aplicadas a Venezuela, país dotado de enormes riquezas naturales que generosamente la madre naturaleza le obsequió, y que por la ignorancia u omisión de los gobernantes de turno se cae a pedazos, notándose la ausencia de una mano amiga que trate de reconstruirla para que las generaciones actuales, y las futuras, la disfruten con orgullo y dignidad.
