Un tratado internacional sobre el comercio de armas puede
ser aprobado en breve en el seno de Naciones Unidas. Esta aparente buena
noticia esconde tras de si una serie de argumentos que nos obligan a mostrar
cautela en cuanto a sus efectos positivos.
En primer lugar, la presión de las grandes potencias incide
en la consecución de un articulado que puede ser ineficiente para su principal
objetivo, el verdadero control de todas las transferencias de armamento que se
den en el mundo. Porque es muy probable que queden excluidas determinadas armas
y municiones de su ámbito de aplicación. Un tratado de estas características
debería incluir todos los tipos de armas existentes, porque las armas son lo
que son y sirven para lo que sirven, independientemente de su naturaleza y
destino. Y seamos conscientes, el control de las armas se pierde una vez caen
en manos del comprador y comienzan a pasar de unas manos a otras, como ocurre y
ha ocurrido en infinidad de conflictos armados en países que compraron armas
dentro de la actual legalidad internacional y que después han dado como
resultado cruentas guerras.
En segundo lugar, el tratado que se apruebe en Naciones
Unidas servirá a lo sumo para saber algo más del comercio de armas
internacional, lo que es en sí mismo un aspecto positivo, pero no servirá para
reducirlo. Porque ya existen relativamente estrictas normativas como es el caso
de la Posición Común de la Unión Europea 2008/944/PESC, que incluye ocho
criterios por los que los países de la Unión deberían denegar las exportaciones
de material de defensa y doble uso, que prohíben la venta a lugares donde no se
respeten los derechos humanos, haya una situación de tensión o conflicto armado, en los que se pueda
incidir negativamente en la preservación de la paz, la seguridad y la
estabilidad regionales... Criterios similares a los que incluye la Ley 53/2007,
de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de
defensa y de doble uso española. Desde la existencia de esta legislación, la
Unión Europea y España han vendido más armas que nunca y lo han hecho año tras
año a decenas de países que o bien están en conflicto o bien son lugares en los
que se dan flagrantes violaciones de los derechos más fundamentales.
