sábado, 8 de febrero de 2020

Aportaciones del anarquismo(s) al feminismo(s)



Grupo REDES

Las luchas de los últimos años del movimiento feminista han roto con el discurso hegemónico de feminismo blanco, occidental y reformista que había imperado desde la entrada en los gobiernos de las mujeres socialistas en los años de 1980. Un nuevo relato en el que se da cabida a múltiples realidades y que pretende organizarse con herramientas que no son ajenas al movimiento libertario ha entrado con fuerza en el tejido social. Son muchos los retos a afrontar en estos momentos y muchas las oportunidades que las organizaciones anarquistas tienen de participar y confluir.
 
Durante años, los medios de comunicación han difundido el discurso de un feminismo blando y dócil a los grandes agentes económicos. Era un movimiento más preocupado de que las mujeres privilegiados entraran en el ámbito público que de cuestionar el orden establecido, o defender derechos sociales. Nunca ha sido cierto que solo existiera este feminismo, siempre ha habido mujeres defendiendo un feminismo obrerista. De clase, paralelo a los movimientos revolucionarios.

La hegemonía del feminismo oficialista comenzó a decaer en los países capitalistas centrales tras la mal llamada crisis de 2007/2008 que con sus recortes y nuevas formas de explotación, trajo consigo el despertar de gran parte de esa sociedad que no se involucraba habitualmente con las luchas que ya existían (laborales, sociales, etc.) quizás conforme con un falso “Estado de bienestar”.

En este contexto, las redes feministas que sen ido manteniendo y han confluido en el tiempo, han seguido avanzando y profundizando en el debate, buscando la complicidad de las iguales a través de las interseccionalidades de las luchas (género, clase, raza) señalando las raíces que mantienen y perpetúan una desigualdad que, cada vez más mujeres, entienden como estructural.

Juntas hemos ido descubriendo que solo con un cambio de sistema desde la raíz, una revolución que modifique las relaciones entre las personas, que cuestione las relaciones de dominación, que cambie las lógicas económicas de beneficio y rentabilidad por otras en las que las personas sean el principal valor, será posible la libertad y la igualdad que impida la opresión constante de las personas. Y en este sentido, creemos que cada vez son más en estos últimos años las prácticas dentro del feminismo que tienen un innegable cariz libertario.

Las asambleas de base, donde cada mujer es un voto, apartando el antiguo influjo de partidos políticos y sindicatos, que, a través de sus subvenciones y relaciones clientelares controlaban los acuerdos, se han ido haciendo cada vez más activas, autónomas y participativas. Estas asambleas nos parecen un aspecto a valorar por su práctica de la democracia directa, pero debemos evitar que se repitan errores, estando presentes y privilegiando el consenso sobre el voto, escuchando todas las voces presentes y controlando relaciones de dominio-sumisión que pudieran aparecer dentro de las propias asambleas.

También nos interesa como elemento libertario la suma de las defensas de las diferentes opresiones, dando voz no solo a las mujeres blancas occidentales y con empleos estables, sino a todas aquellas que padecen dobles, triples y muchas más discriminaciones, como las mujeres migradas, racializadas, trans, discapacitadas, con empleos precarios y que ejercen de cabezas de familia, monoparentales… Así mismo se han ido incorporando colectivos que han sumado a las luchas feministas sus luchas contra un sistema que oprime a todas las personas, y que construye proyectos y programas muy próximos a los anarquistas.

Además esta diversidad de personas y realidades, integradas en un discurso común y aceptando cada una de las individualidades con sus múltiples identidades refleja el concepto de humanismo integral defendido por el comunismo libertario y que trasciende la explotación económica, teniendo muy presentes otras, como las símbólica, cultural, social, sexual.

En cuanto a las prácticas, nos parecen fundamentales la autoorganización y la autogestión de algunos de los nuevos colectivos que llevan adelante una formación colectiva de perfil ideológico y cultural, pero también práctico, adquiriendo viejos saberes que el Estado había arrinconado y que son esenciales para nuestra autonomía económica, personal y colectiva (cultivo de alimentos, elaboración de productos artesanales, ropa, etc.).

Finalmente un aspecto claramente libertario es, sin duda, la creatividad en las luchas, alejándose de las viejas solicitudes paternalistas al Estado para que modifique o tome medidas, y exigiendo en su caso que se dejen de aplicar aquellas que discriminan y oprimen. Por el contrario se defiende la desaparición del Estado a través de la acción directa, sin intermediarios, un planteamiento que muchas luchas actuales también incorporan, siendo un punto que nos une. Una creatividad que promueve espacios alternativos, la creación de alternativas de vida, de formas diversas de amar, criar, etc. Que están presentes en los movimientos feministas y también en el anarquismo actual y pasado. Así mismo hace referencia a formas nuevas de protesta en las que también cabe el gozo y la celebración junto a la rabia, la revuelta y la alegría.

Estos nuevos feminismos han venido poniendo sobre la mesa de3scursos de organización social y económica (economía feminista, ecofeminismo, del bien común, ecologista y otras) que propugnan, cuando no están mediatizados por el propio sistema que trata de apropiárselos, una organización social horizontal, sin jerarquías ni poderes, que ponga en el centro de la vida a las personas, que cuide y respete la Naturaleza, no solo por la urgencia climática, sino con el reconocimiento de La Naturaleza como parte de nuestras vidas.

Son muchos los retos que aparecen en el horizonte del movimiento feminista, y el sistema ha puesto en marcha, como siempre, los mecanismos a su alcance para reconducir todo aquello que es mas transgresor. Pero la experiencia de todos estos años, nos ofrece la oportunidad de no dejarnos llevar por iguales derroteros y no cometer los mismos errores.

Todas nosotras, participemos en organizaciones mixtas o no, como componentes de esta sociedad que si lo es, tenemos como reto la participación de los hombres partiendo de una crítica al “esencialismo” (“las mujeres son en sí mismas”), que ya está presente en muchos escritos históricos anarcofeministas. Es importante que esta crítica permita entender que “a ser mujer/hombre se aprende”, es decir, que somos constructos histórico-culturales que pueden variar, y que, de hecho, no son iguales en todas las épocas y culturas que existen o han existido.

Y para llevar adelante este reto sigue siendo preciso el compaginar los espacios no mixtos por necesidades de seguridad y potencialidad, con los espacios mixtos de diálogo donde toda persona puede deconstruirse y reconstruirse, para así ayudarnos en la tarea de crear ese mundo libre.

[Versión resumida del artículo de igual título publicado originalmente en la revista Libre Pensamiento # 100, Madrid, otoño 2019.]


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