miércoles, 19 de junio de 2019

Sobre Élisée Reclus y su visión de América (Reseña de una compilación)


Renán Vega

* Reseña del libro Un nombre expoliado. Élisée Reclus y su visión de América (Bogotá, Univ. del Rosario/Banco de la República, 2014), recopilación de textos de E.R. sobre el tema.

No resulta fácil hacer la reseña de una antología, máxime cuando su autor es del siglo XIXcomo es el caso del libro que comentamos, que ha sido compilado por el colombiano Ernesto Mächler Tobar, residente en Francia. Se trata de una selección de textos del geógrafo anarquista Élisée Reclus (1830-1905), publicada originalmente en francés, en 2007, y traducida por el escritor Nicolás Suescún, fallecido en el 2017.
 
De la extensa obra de Reclus, que llegó a escribir unas 30.000 páginas, Mächler ha hecho una selección a partir de un criterio: la visión de América que él construyó. El criterio resulta aceptable si se tiene en cuenta que el geógrafo francés recorrió una parte de los Estados Unidos y de la actual Colombia, donde residió entre 1855 y 1857, y sobre esa experiencia publicó dos escritos. Estos constituyen una parte del material de la presente antología, que se complementa con cartas y fragmentos de otros escritos más extensos, como los de su célebre Nueva geografía universal (en 19 volúmenes).

El título del libro se refiere a la forma como el vocablo “América” ha sido expoliado por los estadounidenses, que se denominan a sí mismos —y solo a ellos— americanos. El título original en francés, Un nom confisqué, resultaba más preciso al hacer alusión al hecho de confiscar, algunos de cuyos sinónimos son decomisar, requisar, expropiar, incautar, usurpar. Y la idea de que los americanos al sur del río Bravo hemos sido expropiados de ese nombre fue planteada, entre otros, por E. Reclus, quien poco antes de morir, sostuvo: “Los Estados Unidos tienen un rango de tal superioridad desde el punto de vista del poder natural que han confiscado, por así decirlo, el nombre de ‘americano’ para dárselo a sus residentes” (p. 3). Con este aserto, empieza la larga introducción de Mächler a su selección de textos. Luego de eso viene un recuento de la extraordinaria vida, casi de novela, del viajero francés, anarquista, prolífico escritor, luchador social, que se opuso al golpe de Estado de Luis Bonaparte (1851) y tuvo que huir para no ser capturado; que participó activamente en la Comuna de París (1871), como resultado de lo cual fue detenido y condenado. Reclus era un anarquista por fe y convicción, que fue catalogado por Vicente Blasco Ibáñez como “un anarquista, no de los que arrojan bombas sino doctrinas anarquistas” (p. 6). Sus convicciones sociales y políticas se sustentaban en tres pilares básicos: “(...) la lucha de clases, la búsqueda del equilibrio y la decisión soberana del individuo” (p. 11).

Reclus era un geógrafo nato, uno de los más importantes del siglo XIX, viajero y observador extraordinario, de la estirpe de Alejandro von Humboldt y, como este, también estuvo en nuestro territorio, sobre el cual nos dejó una crónica de viaje. Además era profesor, actividad que reivindicaba como una especie de apostolado, y entre otras cosas, en su paso por la Nueva Granada, en la década de 1850, Reclus ofició como profesor en la Sierra Nevada de Santa Marta.

La visión de Reclus era universal, ecuménica, lo que le permitió ver el mundo como una totalidad en permanente evolución, donde los hombres transforman el medio natural. Esa visión totalizante le posibilitaba comparar realidades espaciales y humanas, y eso, en gran medida, fue lo que constantemente hizo a propósito de América, al contrastar la situación de los Estados Unidos y de la América hispánica.

En esa dirección, es posible encontrar en la antología algunas apreciaciones memorables, de gran actualidad, sobre los Estados Unidos. Por ejemplo, cuando Reclus los define como “una gran sala de subastas, donde todo se vende: los esclavos y el propietario para colmo, los votos y el honor, la Biblia y la conciencia. Todo pertenece al mejor postor” (p. 64). Una definición impecable que, aunque fue escrita en la década de 1850, podría haber sido expresada en nuestros días. Referida a la situación interna de los Estados Unidos, se complementa con el señalamiento del carácter brutalmente expansivo de los yanquis a costa de los habitantes de las repúblicas hispanoamericanas, como lo comprueban los hechos de noviembre de 1903, tras los cuales Colombia perdió a Panamá.Al respecto, sostuvo en un escrito de diciembre de ese mismo año:«La pretendida declaración de independencia de Panamá no es sino una vergüenza más en la historia de la política conquistadora de los Estados Unidos. Fueron agentes financieros los que pagaron a punta de millones todo ese gran entusiasmo liberador: por primera vez se vio allí el fervor republicano recompensado con paquetes de acciones.» (p. 184)

En el mismo sentido, aludiendo a los métodos empleados por los Estados Unidos, que ellos mismos califican como “civilizados”, para someter a pueblos que denominan “bárbaros”, Reclus recuerda que “este dominio se alcanza a costa del abandono de los principios, a costa del crimen” (p. 190), como lo demostraban los sucesos anexionistas de Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

Aparte de este antiimperialismo de Reclus, al leer los escritos que conforman esta antología se destacan dos aspectos para la Colombia actual: de un lado, las descripciones sobre el paisaje natural nos muestran la riqueza geográfica y la biodiversidad de nuestro territorio, y lo mucho que de ello se ha perdido en el último siglo y medio; de otro lado, la descripción de diversos grupos indígenas como los carares y los yariguíes que resistían con bravura la expansión de los aventureros y colonos en tiempos de Reclus, nos produce nostalgia al saber que esas sociedades ya no existen, que fueron exterminadas por los promotores del extractivismo, forestal y petrolero.

Desde esa perspectiva, esta antología es como una especie de introducción a la memoria espacial y sociocultural de una Colombia que ya no existe, y nos alerta retrospectivamente sobre lo que todavía tenemos, en diversidad biológica y cultural, pero que podemos perder de la misma manera en que algunas riquezas naturales y culturales se evaporaron en el siglo XIX.



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