miércoles, 25 de julio de 2018

_La anarquía funciona_ de Peter Gelderloos: Una reseña crítica



Augusto Gayubas

Es este libro, publicado originalmente en inglés en 2010 y en español en 2014 por la Ed. La Neurosis o las Barricadas (Madrid, 2014, 336 páginas), Gelderloos, activista originario de Virginia, Estados Unidos, se propone recoger en compendio una serie de experiencias históricas con el interés de demostrar, tal como reza el título de la obra, que la anarquía como forma de organización social puede funcionar. Para ello, divide su exposición en una introducción y ocho capítulos,  cada uno de estos subdividido a su vez en una serie de preguntas, un balance y una lista de lecturas recomendadas.

Las páginas iniciales introducen muy sucintamente tópicos comunes a toda presentación y discusión sobre el anarquismo, como el apoyo mutuo, la asociación voluntaria, la acción directa y el problema de la representación, dejando en claro el objetivo de divulgación de la obra.
 
El capitulo 1 tiene el propósito de colocar los cimientos para los argumentos que serán expuestos en los capítulos siguientes, es, por ello, el único que formula preguntas en pasado y en presente en lugar de introducir los cómo, los qué y los quién de un futuro posible. A grandes rasgos, se trata de un cuestionamiento a los enfoques, tanto académico como de cierto “sentido común”, que tienden a naturalizar la dominación y la explotación atribuyéndolas a un pretendido fundamento biológico del egoísmo, la competencia, el patriarcado, la guerra y la autoridad. Como resuelve luego de sintetizar una serie de indagaciones científicas y reflexiones antropológicas e históricas, ninguno de dichos aspectos debería nada a la naturaleza, excepto por las potencialidades que son inherentes al ser humano (tanto para la violencia como para la paz, para el egoísmo como para la generosidad, para la dominación como para el igualitarismo). Si el comportamiento social del ser humano no está determinado (por mucho que esté condicionado) por sus genes, entonces la discusión sobre las formas de organización social y los principios éticos es pertinente y necesaria.

En los siguientes capítulos se pregunta cómo se gestionarían aspectos centrales de toda organización social en una situación de anarquía, esto es, en ausencia de relaciones políticas basadas en el mando y la obediencia. Para ello el autor opta, no por ofrecer un análisis sociológico, filosófico o político, sino por presentar ejemplos históricos y contemporáneos, de experiencias que aun sin tener, en la mayoría de los casos, un signo explícitamente anarquista, considera afines a las posibilidades que abriría una sociedad de este tipo: sociedaddes indígenas del pasado y del presente, movimientos sociales de los siglos XX y XXI, experiencias históricas como la revolución española de 1936-37 y la revolución majnovista de 1918-21, entre muchas otras.

Sobre la toma y aplicación de decisiones (capítulo 2), el autor opne ejemplos de cooperación y consenso a las pautas típicamente estatales y autoritarias de imposición y coerción, enfatizando la necesidad de que la resolución de conflictos se concrete mediante el compromiso y no mediante la coacción. Al respecto, señala como representativos los principios decisorios de las colectividades libertarias durante la revolución española de 1936-1937, de la estructura “federal descentralizada” creada en Shinmin (Manchuria) por la Federación Anarquista Comunista de Corea en 1929, de poblaciones como los hopi del suroeste norteamericano, y de movimientos con derivas problemáticas y contradictorias como el MST en Brasil, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en México o el caso particularmente controvertido (por su fundamento colonialista) de los kibutz en Israel. Su conclusión es que las decisiones en un contexto antiautoritario pueden tomarse por voto mayoritario o por consenso, pero que en todo momento lo más importante es la instancia del diálogo y la discusión.

En relación con la resolución de conflictos recupera el concepto de “sanciones difusas” en el capítulo en que se pregunta por el “crimen” en una sociedad sin policías, sin jueces y sin cárceles (capítulo 5). Alli sostiene que, si la idea de delito responde a una ley escrita sostenida en la centralidad de la propiedad y en el castigo como respuesta, una construcción ética centrada en las personas habría de atender a las necesidades de éstas antes que a un código estático, ocupándose de aquellos incidentes que pudieran considerarse como “daños sociales” mediante el recurso a medidas de prevención o resolución no coercitivas, como la existencia de cuerpos de voluntarios rotativos para la protección externa e interna, sanciones difusas como la vergüenza o el ostracismo, el rol de mediadores orientados a la restauración del lazo social antes que al castigo, y la socialización desde la niñez para desterrar o reducir, desde un punto de vista social y cultural, las diversas formas de la violencia, incluyendo las violencias sexual y doméstica.

Al esbozar los aspectos económicos de una situación no estatal (capítulo 3), multitud de ejemplos disímiles y no siempre convergentes le sirven como insumo para ilustrar posibilidades de gestión enfocadas a la satisfacción de necesidades comunes y al rechazo de las jearqías y la explotación. Así es que enumera ejemplos históricos y contemporáneos de autogestión, educación alternativa (por su incidencia en la organización social), “Economías del don” (dentro de las cuales integra, por ejemplo, a la red Freecycle), construcción de infraestructura e innovación tecnológica ajena al control estatal y a la ilusión de progreso típicamente capitalista, aptitud para hacer frente a situaciones catastróficas sin depender de estructuras de dominación política, y pautas de asentamiento opuestas a las grandes ciudades (llegando incluso a exhibir una valoración positiva, acaso “turística”, de asentamientos precarios en contextos de pobreza).

Lo que genera cierta inquietud es la tendencia del autor a evaluar los ejemplos a partir de criterios de estricta “utilidad” compatibles con una concepción demasiado apegada a los principios impuestos por la racionalidad capitalista, trampa a la cual había escapado tempranamente Piotr Kropotkin en La conquista del pan 1892) al otorgar una importancia que Gelderloos evidentemente no da (ni como medio ni como fin) a la creación y a la libertad artística. La reflexión del autor con respecto a la necesidad de construir sujetos con “deseos maduros sopesados cuidadosamente” también parece reflejar una noción de ingeniería social poco cercana a las complejidades y contradicciones del ser humano. No obstante, permanece sumamente enriquecedora la recolección de información y las referencias bibliográficas que ofrece sobre el tema.

En relación con el problema medioambiental (capítulo 4), los ejemplos seleccionados por Gelderloos destacan situaciones que rehuyen las percepciones de la naturaleza como algo “mecánico” cuy único objetivo sería “satisfacer el consumo humano”, y favorecen una lectura del mundo natural como “algo vivo, interconectado” cuya sostenibilidad se basaría en una ética ecológica compartida y en principios antiautoritarios y cooperativos. Sobre la relación de una comunidad no estatal con sus vecinos (capítulo 7), el autor introduce interesantes ejemplos de “redes” y “confederaciones” (con algún tinte ingenuo al describir la resolución pacífica de conflictos entre los nuer de Sudán, y al mismo tiempo, omitir el carácter tradicionalmente conflictivo e incluso bélico de la relación con sus vecinos dinka) así como atinadas observaciones críticas sobre las fronteras en el mundo contemporáneo. Aunque se echa en falta un abordaje sobre el nacionalismo, el regionalismo, las identidades étnicas y el problema siempre intrincado de la religión.

La cuestión metodológica del cambio social (capítulo 6) la borda centrándose, nuevamente, en experiencias sociales y no en teorías o análisis. Aquí se percibe la debilidad que supone la ausencia de referencias a formulaciones de teóricos adscritos al anarquismo, pues el capítulo resulta en un conjunto de circunstancias de las cuales las únicas dos enseñanzas que parecen poder extraerse son, por un lado, que las revoluciones o movimientos antagonistas tienden mayoritariamente al fracaso (sea por su limitado alcance, por sus derivas autoritarias o por lo efímero de su existencia), y por el otro, que allí donde no se constata un fracaso, el modelo obtenido consiste en “burbujas de autonomía” que, según describe el término empleado por el autor, serían aisladas, inestables y, fugaces. Si a lo largo del libro se señala sistemáticamente la fugacidad de la mayor parte de las experiencias que el autor considera valiosas, habría sido deseable (aún no tratándose de un libro de análisis) que se problematizaran los cómo y los por qué de dicha fugacidad. Justo es decir, sin embargo, que la idea de Gelderloos sobre las “muchas revoluciones” que deben configurar cualquier expectativa de cambio social (es decir la apertura de múltiples frentes por parte de grupos e individuos con sus propias inquietudes y estrategias) da sentido a la variedad de situaciones evocadas en el capítulo.

El último capítulo, titulado “El futuro”, destaca la necesidad de entender lo estatal como una imposición o una elección y no como un producto inevitable de la evolución (aunque al describir el proceso de surgimiento del Estado lo hace desde un punto de vista evolutivo antes que desde una reflexión sobre las discontinuidades). Y el camino hacia una situación no estatal es retratado como un recorrido no apegado a “un modelo previamente diseñado” sino dependiendo de las capacidades de “inventar soluciones” y de ir haciéndose cada uno dueño de su propia vida y partícipe de relaciones basadas en la solidaridad.

Sobre la edición, cabe destacar el impecable trabajo editorial y el formato poco habitual (18 x 14 cm) que resulta muy cómodo para su lectura. Recientemente fue lanzada una segunda edición, con la corrección de algunas erratas y una nueva cubierta, lo cual corrobora el compromiso del proyecto editorial con los lectores.

[Publicado originalmente en la revista Germinal # 14, Madrid, julio/diciembre 2018.]

[Nota final de El Libertario: Para quien se interese en el texto completo de La anarquía funciona, en Internet está disponible en https://es.theanarchistlibrary.org/library/peter-gelderloos-la-anarquia-funciona.pdf o en http://encontingencia.es/wp-content/uploads/2018/03/La-anarqui%CC%81a-funciona-2a-edicio%CC%81n-Ebook.pdf.  Otra reseña sobre la obra en http://periodicoellibertario.blogspot.com/2014/06/una-sociedad-alternativa-es-posible-la.html. Una entrevista con Gelderloos en referencia al libro en http://periodicoellibertario.blogspot.com/2017/04/entrevista-con-peter-gelderloos-sobre.html.]


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