miércoles, 15 de marzo de 2017

Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad


Jesús García B.

El terreno representado por lo que habitualmente llamamos «salud y enfermedad» es campo abonado para el ejercicio del poder. Y ello en una doble acepción: es una jurisdicción donde se ejerce el poder, y es también —y esto es mucho más importante— un complejo conjunto de mecanismos que producen efectos de poder: fabricación de verdad, manipulación de discursos, imposición de modelos éticos y de comportamiento, implantación de automatismos...

El ejercicio del poder en este campo específico y su entrecruzamiento con otros ha puesto en marcha una serie de procesos que se retroalimentan entre sí: superespecialización de  la ciencia, aplicación irresponsable de la tecnología, falta absoluta de participación de los ciudadanos en la gestión de su salud, control creciente de los servicios sanitarios, de la investigación y de la formación e información por las compañías farmacéuticas; es decir, por el Gran Capital. El resultado: deshumanización y medicalización [1].

Pero estos procesos no solo no logran solucionar los problemas de salud, sino que contribuyen a agravarlos. Ello, unido a la imposición del Modelo Occidental Capitalista Desarrollado y sus mecanismos de perpetuación —urbanización y desarrollo industrial competitivo al margen de las necesidades humanas, desequilibrios y desigualdades, modelos educativos concebidos para la domesticación de los individuos y la protección del sistema—, agudiza la degradación ecológica, social, educativa y biológica, evidenciando una crisis global de la salud y de los sistemas sanitarios de la que algunos síntomas visibles son el aumento del número de enfermedades, del número de enfermos, del consumo de servicios curativos y del costo de esos servicios.

Esto por lo que se refiere a los países ricos. En el resto del planeta, las condiciones creadas por la expansión colonial, el capitalismo y el imperialismo solo pueden describirse de una forma: genocidio.

El organismo de gestión de este gigantesco programa de dominación es el Modelo Médico Hegemónico y sus instituciones, cuyos inicios efectivos se remontan al siglo XVIII. La salud se convierte entonces en un asunto público; la institución médica se normaliza y comienza a arrebatar parcelas de poder a la institución religiosa y a ocupar el terreno no institucionalizado en el que operaban las sanadoras y matronas[2]; se vinculan por primera vez la asistencia médica a los pobres, protegiendo así a los ricos, y el control de la salud de la fuerza de trabajo: las cuarentenas medievales sirven de modelo a una organización político-­médica que sustituye el modelo religioso por el modelo militar [3].

Un momento crucial en la construcción del Modelo Oficial es la victoria de las ideas de Louis Pasteur sobre las de Antoi­ne Bechamp [4]: se asienta un error fundamental que sirve de soporte científico a la idea de que las enfermedades vienen del exterior; y se establecen los mecanismos de intervención terapéutica que consisten en buscar productos que las combatan, productos que suponen un negocio fabuloso y que, de paso, dejan intactas las causas profundas de las enfermedades, favoreciendo la peligrosa idea de intervenir en la estructura social.

Para tener una perspectiva realmente integradora de estos problemas es preciso analizar las estrategias de control y normalización que tienen su desarrollo en el ámbito de la salud —entendida en sentido amplio como la salud del planeta y de todos los seres vivos—, y que suponen una violación del desarrollo vital funcional del ser humano: invasión tecnológica de los campos de la salud y la alimentación, robotización —en el sentido de simplificación y automatización—, manipulación permanente de la información, concepción mecánica de la salud ignorando o pervirtiendo las causas y la conexión socio-político-­económica-­mediática... ¿Acaso no están suficientemente claras las resonancias policiales deltérmino «seguridad social»?

Sin embargo, el eje salud-­enfermedad está prácticamente ausente de los debates y análisis de los diversos movimientos antisistema [5], incluso de los más radicales, lo que corre el riesgo de interpretarse como algo más que patética ingenuidad.

El único debate abierto —en un paralelismo nada casual con el eje educación [6]— parece ser que es el de decidir si el sistema sanitario debe ser público o privado, sin tener en cuenta que el Mercado controla [7] la investigación, las publicaciones especializadas, la difusión masiva de noticias relacionadas con la salud y a una enorme cantidad de ONG que trabajan en este campo, y que ello repercute sobre los discursos, los conceptos de salud y los modelos sanitarios más allá de cómo se administren.

Uno de los objetivos de este trabajo es abrir nuevos debates centrados en la cuestión del Poder. Y ello teniendo presente la advertencia de Enmanuel Lizcano, autor indispensable a la hora de examinar las relaciones entre ciencia e ideología: «El rasgo decisivo que pone de manifiesto que una creencia está funcionando como creencia es el hecho de que no se puede constituir en objeto de pensamiento, pues creencia es lo que se su-pone, lo que se pone debajo del pensamiento para que este puede funcionar. Pueden pensarse las creencias de los otros, nunca las propias. ¿Será la creencia en el complejo científico-técnico la forma de religiosidad específica del hombre moderno? [...] La valoración habitual de numerosos fenómenos sociales o de posicionamientos teóricos consagrados resulta entonces invertida: las posturas más progresistas resultan ser las más reaccionarias, los avances de las luces y el “tren de la modernidad” no son sino reinmersiones en las tinieblas de la superstición (la superstición científica, claro está). [8]»

Los mecanismos que vamos a analizar tienen réplicas en otros campos, y en todos los casos responden a las necesidades de un modelo de sociedad que abandona las toscas medidas disciplinarias que estudió minuciosamente Foucault [9] y comienza a desplegar un nuevo y sobrecogedor arsenal, correspondiente a los modos de dominación virtual propios de las sociedades de control en el sentido en que las define Deleuze [10] o Jesús Ibáñez [11]
.
Ivan Illich iniciaba su libro Némesis Médica con estas palabras: «La medicina institucionalizada ha llegado a convertirse en una grave amenaza para la salud» [12]. Treinta y dos años después la amenaza se ha cumplido. Las temibles advertencias de Illich han resultado ampliamente sobrepasadas en términos de horror.

Sin embargo, hay un punto de su análisis en el que se equivocó. Recordemos la cita completa porque constituye el inicio del hilo conductor de este trabajo:
«Yo sostengo que una reacción contra la medicalización es igualmente inminente y que tendrá características que la distinguen claramente de una reacción contra la tecnología de la alta energía. [13]»

La evidencia de que tal reacción no se ha producido es tan aplastante como que esa indolencia se extiende desbordando las fronteras del libro de Illich y devorando todas las facetas de la vida [14].

De hecho, una de las claves que constituye el hilo conductor de estas páginas es, en palabras de Thomas Szasz, que «la medicina ha sido capaz de lograr lo que no pudo la religión, ante todo mediante una violación radical de nuestro vocabulario, de nuestras categorías conceptuales; y, en segundo lugar, subvirtiendo nuestros ideales y desplazando el poder de las instituciones dedicadas a protegernos al de quienes nos ayudarán tanto si lo queremos como si no» [15]. Traducido a lenguaje deleuziano: transformando instituciones de vigilancia en instituciones de control.

La pregunta se impone: ¿por qué no se ha producido esa reacción a pesar de que todos los estudios, encuestas, aproximaciones, análisis, sitúan la salud como la primera preocupación de la gente?

La respuesta no es simple. Tanto es así que constituye uno de los objetivos de este trabajo ofrecer elementos para que cada cual pueda ir elaborando esa respuesta desde su propio punto de vista. El de quien escribe es que responder a esa pregunta supone analizar lo que sustenta el Poder en la era de la globalización. Pensar menos en términos de saber y más en términos de poder. Situarnos en un nivel arqueológico para preguntarnos con las herramientas discursivas de Foucault[16] no ¿qué es esto?, sino ¿por qué esto ocurre aquí y ahora?

Notas

[1] «Medicalizar es tratar por separado problemas que en el fondo van juntos; no solo es tratar problemas sociales desde una perspectiva sanitaria». Jesús M. de MIGUEL, Salud y Poder (Bib.).

[2] Aunque las lecturas habituales de este proceso suelen enmarcarlo en un enfrentamiento de género, creo que —sin descartar esa lectura— lo esencial aquí es la confrontación entre quienes operaban en un terreno de modo incontrolado (las matronas) y quienes protagonizan un proceso de normalización (los médicos). De hecho, la entrada de las mujeres en la profesión médica no representa —desde el punto de vista que aquí se adopta— ninguna victoria en relación con esa confrontación, puesto que (la mayoría de) las médicas actúan  en primer lugar como médicos (es decir, como encarnación de una institución)  y no como mujeres. Para el enfrentamiento entre la clase médica y las mujeres que practicaban diferentes formas de intervención no institucionalizadas relacionadas con la salud —fundamentalmente, la asistencia en partos— consultar el apartado «Los médicos contra las brujas» en la Bibliografía.

[3] Analizaremos este proceso con la ayuda de Foucault en el apartado 1 de la Primera Parte.

[4]Lo voy a desarrollar en el apartado 2 de la Segunda Parte.

[5] «Incluso pensadores audaces y revolucionarios se inclinan ante el juicio de la ciencia. Kropotkin quiere demoler todas las instituciones existentes; pero no toca a la ciencia. Ibsen fue muy lejos en desenmascarar las condiciones de la humanidad contemporánea, pero todavía retiene a la ciencia como una medida de la verdad. Evans ­Pritchard, Levi-­Strauss y otros [...] excluyen a la ciencia de la relativización que reconocen en todas las formas de pensamiento, incluso para ellos es la ciencia una estructura neutral que contiene conocimiento  positivo que es independiente de la cultura, la ideología y el prejuicio  [cursivas en el original]». Paul FEYERABEND, «El mito de la “ciencia” y su  papel en la sociedad», Cuadernos Teorema, 53, Valencia, 1979, p. 13.

[6] Los paralelismos salud-­educación o medicalización-­escolarización  son  tan evidentes que nos obligan a dedicar un apunte al terreno educativo que sirva de complemento en este análisis. Lo haremos en el apartado 3 de la Tercera Parte

[7] Lo desarrollaré en el apartado 3 de la Primera Parte.

[8] Enmanuel LIZCANO, «La Religión científica de la humanidad», Diccionario Crítico de Ciencias Sociales.  http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html ).  

[9] Vigilar y Castigar (Bib.).

[10] Gilles DELEUZE, «Sobre las sociedades de control», suplemento Culturas, Diario 16, miércoles 1 de febrero 1995 pp. IV-­V.

[11] Jesús IBÁÑEz, «En el laberinto: vigilados», Asociación Antipatriarcal, Boletín núm. 9, marzo 1991, p. 23; y «Madrid ­2: dos ciudades a elegir», Tribuna, El País
, 9 de mayo de 1984.

[12] Némesis Médica (Bib.), p. 9

[13] Ibídem, p. 40, nota 55.

[14] Un indicador significativo: la —no casualmente— candorosa definición que el Diccionario de Salud Pública de J. Kishore da del término medicalización: «la forma en que el ámbito de la medicina moderna se ha expandido en los años recientes y ahora abarca muchos problemas que antes no estaban considerados como entidades médicas». Citado por Ricard Meneu en Las «no enfermedades» (http://www.arsxxi.com/pfw_files/temp_gdo/editoNo­enfermedadesOK.doc).

[15] La Teología de la Medicina (Bib.), p. 20.

[16] M. FOUCAULT, La arqueología del saber (Bib.) y Las palabras y lascosas (Bib.). En Arqueología del saber , Foucault explica cómo el hecho de situarse a nivel arqueológico ayuda a comprender los porqués. La pregunta básica sería: ¿por qué ha aparecido en una época dada tal enunciado u objeto del saber y no otro en su lugar?

[Este post recoge la Introducción al libro  de J García Blanca: El rapto de Higeia, Barcelona, Virus Edit., 2009; que en versión completa es accesible en http://www.viruseditorial.net/paginas/pdf.php?pdf=rapto+de+Higea-1-24.pdf.]




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