martes, 4 de marzo de 2014

Los aguerridos habitantes de los barrios


Mariana

Las revueltas en Venezuela tiene algunas características peculiares, como la que señaló el alcalde Jorge Rodríguez (PSUV), los pobres están felices y los ricos se lamentan. Aclaremos esto porque no es del todo cierto, como todas las declaraciones de este gobierno experto en mentir. Los ricos también están felices porque después de 15 años los ricos en Venezuela son oficialistas o, al menos, han pactado algún acuerdo con ellos para gozar de sus favores y participar de algunos negociados (nunca limpios) a cambio de otorgar parte de sus ganancias a los capos del gobierno (dirigentes es mucho, son literalmente capos, como El Chapo Guzmán). Venezuela no es capitalista, es socialista del siglo XXI, es decir, no se juega con el mercado sino, como en la Edad Media, se roba y saquea la fuerza. Vale la pena recordar lo que se cuenta de Winston Churchill que no quería entrar en el baño si había algún laborista porque cuando ven algo grande que funciona, lo estatizan ¿Piensan ustedes que los Cabello, los Flores, los Chacón, los Gorrín, los Maduro, los Castro, los Jaua, los Chávez, los El Aissami y Jorge Rodríguez están tristes? Con miedo puede ser, pero no tristes.


En cuanto a los pobres, no sé si están felices (algunos no, como yo), pero buena parte de ellos está callada. Con la resignación de los siervos medievales hacen las colas de los supermercados, con su número en el antebrazo como en los campos de concentración, custodiados por la Guardia como perros ovejeros guardando el rebaño, esperando horas al sol que le toque su kilo de azúcar o su paquete de arroz, mientras hace nuevos amigos (absurda justificación chavista de lo injustificable). Puede que ése sea su modo de ser felices como dice el alcalde de Caracas. O que sean tan jóvenes, o tan desmemoriados, que no sepan que en Venezuela no hace muchos años (10 para ser más precisos) la gente conseguía azúcar, café, arroz y harina PAN hasta en la bodeguita más perdida del país, sin tener que poner campanas (es el nombre que los mafiosos ponen a los que montan guardia) en los mercados para saber qué y cuándo llega, si llega algo. O puede que no estén felices sino callados.

¿Será porque tienen patria que no protestan? Claro que una patria con fuerte acento cubano y a la que entre chinos y caribeños adictos le sacan casi 1 millón de barriles de petróleo diarios sin recibir un centavo. Pero están callados mientras otros venezolanos gritan, y mueren, porque quieren algo mejor. ¿Será que los mercados, abastos, tiendas y farmacias de los barrios rebosan de productos a precios de la república civil? ¿Será que los aguerridos habitantes de los barrios están tan mal, material y espiritualmente, que ya no tienen esperanza de algo mejor y se han sometido resignadamente? ¿Será que los aguerridos habitantes de los duros barrios se asustaron de sus pistoleros? ¿Será que los aguerridos habitantes de los duros barrios quedaron para mercenarios del gobierno? ¿Será que los aguerridos habitantes de los duros barrios se convencieron que ser feliz es andar desnudos y con hambre por la revolución? ¿Será que los aguerridos habitantes de los duros barrios ahora prefieren ver las manifestaciones atrás de los escudos (por no decir las faldas) la GN? ¿Cómo se sentirán que los aguerridos habitantes de los duros barrios al ver que los universitarios son los que se baten contra la represión por alimentos, medicinas, seguridad mientras ellos rezan oraciones en la capilla de San Hugo o el Cuartel de la montaña? Como están callados, nadie sabe, quizás ni ellos sepan.

Algo bueno que es propio de estos agites es que van contra lo que todos los teóricos sugieren. No protestan los nuevos ricos asociados con la burocracia estatal, no protestan los aguerridos habitantes de los duros barrios, protesta la clase media, la burguesía, los que aprendieron que el futuro está en sus manos y no en la Galaxia donde habita el Comandante Eterno, ni con presidentes que hablan con pajaritos ni con ministros que declaran que los pobres seguirán siendo ignorantes y pobres para que no se hagan escuálidos. Y tiene razón el ministro y no debemos educar a la gente sino ofrecerles diplomas sin fundamento y hablarles golpeado. Sólo cuando la gente se da cuenta de que todo anda mal y que nada anda bien sale a protestar. Pero para eso tiene que tomar conciencia de su valía como individuo y como colectivo y reclamar por lo que hasta no hace mucho (10 años) era un derecho y hoy es una limosna.

Pero su sacrificio no es en vano. Gracias a esas largas horas de cola los aguerridos habitantes de los duros barrios para conseguir papel tualé los familiares de los ministros, los hijos del comandante Eterno, los enchufados pueden cenar en París pagando una cena alrededor de 300.000 Bs. por persona, un poco menos de 100 salarios mínimos. Nunca más acertado que decir ahora ¡Patria socialista o muerte! Muerte es lo que nos espera a los que protestamos para beneficio de los gobernantes de la patria socialista mientras los aguerridos habitantes de los duros barrios están callados. Eso parece que no es con ellos y, como dice Jorge Rodríguez, puede que estén felices con su miseria, cargando sus hijos muertos por el hampa y a sus abuelos muertos por falta de atención médica.


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