martes, 4 de marzo de 2014

¿Es un golpe fascista?





















Pedro Pablo

¡Es la economía, estúpido!
Bill Clinton

El chavismo (ahora madurismo) ha sido muy eficiente en el mercadeo de su posición, sin duda con la asesoría cubana que siendo un país casi sin ninguna figuración mundial en cualquier rubro que se la busque, (salvo la violación de los DD.HH.) sigue teniendo peso en la política de América Latina gracias a su aparato de propaganda. Hasta ha logrado que Venezuela le regale un monto que, aunque nadie sabe con certeza, supera los 6.000 millones de dólares al año además de recibir petróleo suficiente como para convertirlo es un exportador, como anunció el mismo Chávez. Ese chavismo ha promovido y presentado a Venezuela ante el mundo como dividida en dos bandos que, en particular para una intelectualmente empobrecida izquierda internacional, se resume en revolucionarios y fascistas.

Para los que vivimos conscientes en esta que era una Tierra de Gracia y ahora es de desgracia, no es así. Ni los chavistas son revolucionarios ni los opositores son fascistas en el significado clásico de la palabra, ni son los únicos bandos, aunque la oposición también apoye esta polarización en su beneficio. Desde 1958 y hasta Chávez, las cabezas del gobierno en Venezuela han alternado entre socialdemocracia y socialcristianismo por lo que, si existían grupos fascistas, eran pequeños e invisibles. De hecho, hay más grupos de ultraizquierda que fascistas. Para muestra de esta confusión, el partido que encabeza las revueltas de estos días (pero que no las dirige) Voluntad Popular, calificado de fascista por Maduro, está asociado a la Internacional Socialista. Chávez no inventó el socialismo en Venezuela sino que eliminó la democracia, que es otra cosa y si, entre los claramente identificados en la historia como fascistas traemos a la memoria el caudillismo de Mussolini, el arrastre hipnotizado de los alemanes por Hitler o la nefasta identificación de los argentinos con Perón, entonces Chávez está mucho más cercano a ellos que Leopoldo López o Capriles.


La revolución chavomadurista no es otra cosa que lo mismo que han hecho otros gobiernos en Venezuela, o mucho menos, cuando han tocado tiempos de buenos precios del petróleo: repartir algo entre los pobres a través de las asociaciones intermedias como el comercio, algún desarrollo industrial, educación y clientelismo político. Sólo que el chavismo, con más recursos y peores resultados, ha hechos mejor propaganda. Basta citar que es el gobierno que menos viviendas ha construido para los pobres en los últimos 50 años, pero las construyó en periodos electorales.

Por otra parte, el chavismo, con sus desmesurado afán de poder y dueño absoluto de la renta petrolera, buscó eliminar todas las instancias intermedias de distribución de riqueza y de poder como asociaciones de empresarios o industriales privados, sindicatos, asociaciones de profesionales, universidades, centros de actividad cultural para concentrar la distribución a favor del clientelismo y la propaganda. Con ello buena parte de la población dejó de recibir recursos de la renta petrolera (docentes, médicos, hospitales, PYMES, servicios, mantenimiento). No fue revolución, sino, para la izquierda trasnochada, una modalidad de bonapartismo que, como dice el diccionario marxista  es una forma de dominación política donde el ejército, la burocracia y el Estado se independizan de la burguesía que se separa de los partidos políticos tradicionales y pasa a ser representada por el ejército o por algún liderazgo carismático. Recordemos que para  Marx tiene un contenido negativo.

Si sumamos la incapacidad y corrupción de los ejecutores, entonces la distribución fue deficiente, inadecuada y con malos resultados. Datos puntuales. Se gastaron 600 millones de dólares en una fábrica de papel que debía completarse en 2010 que en 2014 está en un 30% de construcción y no hay papel de diario ni papel tualé, ni servilletas, ni papel para impresoras. El resultado de tamaño saqueo a las arcas públicas e ineficiencia en los resultados no puede ser sino el que vivimos ahora: que, con precios record de petróleo, tenemos la más alta inflación del mundo y faltan los productos más básicos para la subsistencia como nunca en la historia,. Paralelamente las arcas del gobierno están vacías y se arrastra una deuda sideral.

Ante esto, que lleva ya un tiempo, la protesta generalizada no es fascista, es de sentido común porque estalla ante la marcha terrible de la economía. Con mayor  menor claridad, el país vislumbra que la situación económica no va a mejorar con este desgobierno chavomadurista. Se han tratado de frenar los inexorables reclamos con represiones diversas, miedo a perder empleos, (despedido el 30% del personal de la industria petrolera) miedo a privatizaciones, control de prensa, apoderamiento de toda la televisión, persecución o compra de sindicalistas, cierre de radios y televisoras que no se sometieron, presión fiscal, o colectivos paramilitares que bien podríamos llamar los fasci venezolani di combattimento. Sirvió durante un tiempo, pero la cuerda se rompió.

Por donde se la mire, si no hay modificaciones, vamos al barranco, la debacle, el Titanic de Hugo se hunde mientras Dudamel dirige la orquesta con su Rolex en la muñeca. Los que se han mantenido callados puede que sigan callados, los que gritan puede que sigan gritando hasta cansarse, o hasta que la represión acabe con ellos (en eso no hay piedad, como decía Chávez) pero lo que es seguro es que el bienestar material no volverá a esta república militar a menos que haya cambios dramáticos. Puede que esta protesta se calme (no lo parece por ahora) pero la tensión en la población no se calmará. Si luego de recibir 1 millón de millones de dólares en 15 años o expropiar más de 2 millones de tierras productivas, no hay azúcar ni café en un país que era exportador, no hacen falta muchas explicaciones. Y el gobierno reitera que no los habrá y les creo. Hace falta un cierto coeficiente intelectual y cierta grado de responsabilidad social para hacerlo, que nadie en el gobierno tiene. Es una república militar con una pobre mentalidad militar. El futuro es Zimbabwe.

No tiene vuelta atrás a menos que la revolución deje de ser tal y pase a ser un gobierno decente e inteligente, lo que es muy difícil con tantos narcosoles al mando. Y los anima el medio siglo que los Castro en Cuba han podido mantenerse. Ante la incapacidad de resolver cualquier problema  lo que se prefiere es callados y sumisos por el bienestar de los gobernantes aunque haya que andar desnudos y con hambre por la revolución, como clamaba Chávez. Los que se han batido contra la represión al menos parecen estar prevenidos de lo que viene es miseria de la buena y por eso protestan. Al menos, lo que no es poco, llamaron la atención.

Se pueden dar muchos detalles pero en números redondos de los 2,4 millones de barriles diarios de petróleo que produce (logró bajar casi 700.000 barriles diarios de producción) China, Cuba y los países caribeños se llevan un tercio sin aportar un céntimo (China cobra un préstamo y nadie sabe cuánto paga el barril), el consumo interno casi otro tercio y el resto aporta lo necesario para mantener el país que no tiene otra fuente de riqueza y cuya producción interna está reducida a menos de la mitad de hace 10 años.

De esos 40 mil millones de dólares que ingresan hay que pagar 4 millones de salarios entre burocracia estatal y misiones, el mantenimiento de todas las empresas privatizadas que operan a pérdida (como las del acero, aluminio, cemento, agroindustria), cubrir las importaciones que en sus momentos más altos (cada elección) sumaron alrededor de 50 mil millones al año y los servicios de la deuda interna y externa (el monto de la deuda no se conoce bien pero puede estar entre 80 y 100 mil millones de dólares). Una rápida suma dice que los dólares no alcanzan. Si las cosas no cambian no hay salida y si el gobierno de Maduro afirma que no va a cambiar, estas revueltas llegaron para quedarse. Final esperado, menos para una izquierda internacional intelectualmente tan menguada. Porque los que protestan no son fascistas, es gente indignada de tanta corrupción, ineficiencia y rumbo equivocado de cómo avanzar con el siglo.


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