domingo, 22 de diciembre de 2013

Más allá de la perfección: ¿Qué podemos aprender de las utopías anarquistas de ciencia ficción?



Organise! (magazine de la Anarchist Federation británica)

Una de las principales críticas contra el anarquismo como filosofía política es machacar en su carácter utópico. Podría argumentarse que esto es un malentendido sobre el anarquismo, que la base para una sociedad anarquista no se basa en candidez, falta de sentido práctico o una visión simplista y excesivamente positiva de la humanidad. Queremos proponer que se trata de una mala interpretación de la utopía. Por supuesto, el anarquismo es utópico. Cualquiera que piense que su propia ideología no es una utopía, o bien no lo ha pensado bien o, por alguna razón, quiere vivir en una sociedad que está condenada a la desigualdad, la miseria y la autodestrucción eventual. Y cualquiera que piense que la utopía es simplista, poco práctica o ingenua evidentemente no ha leído la suficiente ficción utópica. Hay una gran cantidad de imaginados mundos lejanos que pueden presumir de sociedades anarquistas tan complejas como pragmáticas, así como inspiradas e inspiradoras, tan problemáticas y tan problematizadoras como cualquier revolución histórica o contemporánea ocurrida en nuestro planeta, y todas esas sociedades tienen características utópicas.

Si usted se pregunta si un relato que explore posibles problemas dentro de una sociedad anarquista sería realmente una utopía, vamos a precisar definiciones. La palabra "utopía", acuñada por Tomás Moro, viene de un juego de palabras con los vocablos griegos para "no lugar" y "buen lugar". Así que en realidad, la cualidad esencial de una utopía es sólo que hay algo deseable para la sociedad, y que eso ahora no existe. Cualquiera que piense que la creación de una sociedad mejor instantáneamente traerá la dicha completa para todos, también cree que eso se logra al pasar por una "revolución" que reeduca por la fuerza a los disidentes (y hasta que llegue ese momento, ese creyente probablemente va a intentar venderte algún periódico marxista-leninista). Una utopía no tiene que ser un lugar perfecto, donde los problemas del día a día se eliminan por completo. Se trata de la demostración de una manera alternativa y preferible de vida. Eso se puede hacer con la crónica de una visita guiada a una sociedad perfecta, pero es más interesante y más persuasiva si la narración muestra cómo la sociedad aborda la imperfección y el conflicto, tanto desde dentro como desde fuera.


Fantasías inmaculadas

Por cierto que los críticos pueden tener un punto a su favor cuando se trata de algunas de las utopías del siglo XIX (por ejemplo, Noticias de Ninguna Parte de William Morris, Una Utopía Moderna de H.G. Wells, El año 2000 de Edward Bellamy), a las cuales leemos hoy con distancia crítica debido a su ingenuidad y a su cómicamente solemne visión política de género. Ciertamente son historias aburridas, pero eso no quiere decir que no sean utopías interesantes. Son una fascinante visión en tanto presentan los ideales utópicos de anarquistas y socialistas de la época, y hay mucho que todavía es relevante en sus explicaciones largas y técnicas de la organización del trabajo y la propiedad. Pero en términos de trama, personajes y el sentido del lugar no tienen mucha más profundidad y veracidad que la puesta en escena de una pantomima escolar. Tómese el ejemplo de Noticias de Ninguna Parte, la más anarquista de estas primeras utopías: es una visita guiada a un idilio pastoral pre-industrial, sin naciones ni fronteras, sin industria pesada o dinero, donde todos producen y comparten libremente objetos hermosos y creaciones prácticas de artesanía, donde las palabras "trabajo" y "jugar" significan lo mismo. Justo lo que se espera de un folleto de promoción vacacional. Nos entusiasma para permanecer una o dos semanas, pero si esperamos establecernos permanentemente en esa utopía quisiéramos profundidad y una visión más acuciosa. Cabría hacer preguntas como: ¿qué pasa si la cosecha fracasa?, ¿qué pasa si un desastre natural requiere la necesidad de una rápida producción masiva de herramientas y de refugios? Y si la crianza de los hijos y la atención del hogar son actividades «tan altamente respetadas, profesiones gratificantes», es extraño que esas mujeres sexualmente libres y socialmente emancipadas no se hayan preguntado por qué no hay hombres cumpliendo tales labores. Hay algo acerca de esas respuestas imperturbables, amables, inmediatas, propias de guía turístico, que reciben todas las preguntas del protagonista que sugieren un guión invariable, o tal vez una línea de partido, aprendida de memoria y posiblemente bajo amenaza. Nos gustaría que el protagonista, aunque fuese una vez, diga algo como: «No te lo creo, camaradita. Es demasiado perfecto, y esa mierda de ‘trabajar es jugar’ suena claramente orwelliana para mí. Suelta esa pipa exquisitamente tallada y dime dónde están escondidos los gulags».

Esto podría ser un poco injusto. Noticias de Ninguna Parte se concibió para explicar cómo una sociedad anarquista puede ser productiva y estable en las condiciones de la época y el lugar que fue escrita, no para explorar sus respuestas ante las crisis del medio ambiente o el cambio social masivo. Pero debe admitirse que contestar a esas preguntas la harían una novela mucho más interesante. Las utopías que realmente capturan nuestra imaginación son las que están menos preocupadas con las soluciones que una sociedad anarquista puede ofrecer y más por los problemas que podría enfrentar.

Los conflictos de la excelsitud

Iain M. Banks asienta su ciclo de novelas sobre los mundos de "La Cultura" en un contexto que le da a su sociedad anarquista avanzada algo con lo cual confrontarse, vale decir, un universo lleno de sociedades claramente menos utópicas. "La Cultura" vive en la post-escasez, con alta tecnología, es una utopía del deseo-cumplimiento que llega a lo decadente. Los recursos disponibles son casi infinitos, el trabajo resulta innecesario, y las computadoras sensibles e infalibles ("Las Mentes") tienen un irónico sentido del humor y juicio ético impecable para asegurar el buen funcionamiento de todos los ambientes. Los residentes humanoides mejorados de muchos de esos mundos no tienen nada para llenar sus existencias casi inmortales, a excepción de los juegos, el sexo, las drogas, la búsqueda de la realización intelectual y creativa, y la interferencia en el desarrollo de otras sociedades. Esto último es el trabajo de una organización conocida como "Contacto", que permite seguir una carrera popular entre aquellos que permanecen extrañamente insatisfechos por las oportunidades literalmente ilimitadas que "La Cultura" tiene para ofrecer, quienes toman rumbo a las estrellas para ver y, finalmente, salvar mundos menos afortunados. Estos son los personajes más interesantes, ya que sus historias nos dicen mucho acerca de esa sociedad de donde vienen, y sobre nuestra propia ambivalencia hacia la utopía. Tememos y desconfiamos de la perfección incluso mientras nos esforzamos por ella, ya que en última instancia, nos dejará sin nada para qué esforzarnos, sin afrontar el peligro, sin causa que defender, sin sentido para nuestra existencia. "La Cultura" (como "Ninguna Parte" de Morris) es una sociedad estática, pero a diferencia de la utopía de Morris no se limita a la celebración de continuar siendo lo mismo y el rechazo a un mayor desarrollo, pues al haber llegado a la cima de sus posibilidades - de todas las posibilidades - no tiene a dónde ir. Este es el problema que lleva a la inquietud de los que se unen a "Contacto", quienes luego luchan con el dilema ético de lo que hacen, de si los mundos que visitan incluso quieren ser salvados, de si estarán favoreciéndolos o condenándolos a su propio estado de estasis existencial. Todo sería muy angustioso si no fuera por el humor de "Las Mentes", que habitan naves espaciales armadas que pueden ser tan grandes como planetas y se dan nombres como "Prótesis de la Conciencia", "Por Supuesto que Todavía te Amo", "Después me lo Agradecerás", "Perspectivas de Ictericia", "Frank Intercambio de Opiniones", "Error de Buena Fe", "Zero Gravitas" y "Dios me Dijo que lo Hiciera".

No se crea que por la presencia de naves de guerra y conflictos sobre lo que se piensa “La Cultura” es una utopía falsa. No hay trampas aquí, y "Las Mentes" no son ocultos controladores megalómanos que para lograr sus propios fines mantienen a la humanidad esclavizada en el lujo. Ellos son caracteres autocentrados, complejos y simpáticos (aunque algo inefables), tan atrapados en los dilemas éticos de la vida utópica como sus compañeros humanos. Algunos de ellos pueden ser manipuladores, aun cuando parecen estar genuinamente tratando de evitarlo, pero siendo mucho más inteligentes y conscientes de la acción y la consecuencia que sus amigos orgánicos difícilmente pueden refrenarse de ello. El punto de esta utopía anarquista no es que hay alguna relación secreta de poder maquinando para comprometer su seguridad, o incluso que se puede tener demasiado de algo bueno. Es un mensaje más sutil y complejo sobre la inercia y la entropía, de la naturaleza del poder y el privilegio, y la necesidad de cambio y desarrollo, personal y social, incluso ubicándonos en la aparente perfección.

La utopía enigmática

En el otro extremo de la escala está Anarres, una sociedad de escasez establecida en una luna casi desierta en el universo Ekumen creado por Ursula K. Le Guin. Se explora más plenamente en Los Desposeídos, que se subtitula " una utopía ambigua". Anarres no es ni el simple idilio de Morris en Ninguna Parte, ni el paraíso de Banks en La Cultura. Viviendo en una comunidad aislada, auto-exiliados de su vecino capitalista Urras, allí se ha construido la utopía bastante lejos de las condiciones ideales. Esta sociedad anarquista sufre hambrunas, escasez de mano de obra y trastornos sociales, y tiene que esforzarse aún por lograr el desarrollo tecnológico que necesita. Dado que vemos a Shevek [el protagonista] tanto crecer en Anarres como explicando su mundo a los que conoce en Urras, hay algunas buenas, claras demostraciones de cómo el trabajo, la propiedad, la seguridad, la familia y las tareas colectivas de toma de decisiones funcionan en un mundo sin dinero y sin líderes. Hay paralelos fáciles de establecer entre las revoluciones de nuestro propio mundo y la fundación de Anarres, que refleja la sociedad prevista por muchos revolucionarios rusos, y que podrían haber construido si no estuvieran atrapados en el contexto de una economía capitalista. Incluso el lenguaje y nombres suenan un poco rusos. Es una gran utopía para mostrar cómo el anarquismo puede edificar una sociedad tan estable como cualquier otro sistema, pero también cómo el aislamiento y la rigidez ideológica generan estancamiento, y la importancia de la revolución como un valor social dinámico, no un hecho aislado o un medio para un fin.

Por todas estas razones, Los Desposeídos suele ser una lectura recomendada por anarquistas que tratan de explicar a los incrédulos cómo puede ciertamente trabajar una sociedad sin dinero ni autoridad. Vemos una sociedad en la que a los niños se les enseña desde la más temprana edad que no deben mantener las posesiones para sí mismos (aunque hay poco para que puedan mantener), pero son libres de hacer lo que quieran (y hay mucho que hacer para los más jóvenes). Ellos aprenden juntos a través del juego y la discusión, y la educación continúa en la edad adulta a través de la investigación autodirigida. El trabajo no es obligatorio y los recursos no están racionados, pero la contribución a la comunidad y la desaprobación ante el consumo excesivo son fuertes valores colectivos. La libertad personal y el compromiso social existen en un equilibrio que es, en su mayor parte, sano, racional y satisfactorio, pero esto puede cambiar con una mala cosecha. La historia sigue la carrera de Shevek como físico cuyo descubrimiento trascendental podría afectar a todos los mundos conocidos del Ekumen. Su deseo de seguir los principios anarquistas, para evitar el "propietarismo" [es decir, el capitalismo] y romper barreras, lo lleva a Urras, que se parece mucho a la democracia occidental contemporánea. En Anarres, Shevek lucha contra los desequilibrios ambientales y sociales, las estructuras informales de poder y la apropiación y la censura de las ideas, y sin embargo, la sociedad anarquista se las arregla para presentarse favorablemente en comparación con Urras, en donde las estructuras de poder son aún menos claras para Shevek, y mucho más peligrosas. La protesta y el desafío a lo convencional son enfrentados con fuerza en ambos mundos, pero en última instancia, para uno y otro hay la posibilidad de la revolución, de crecimiento y cambio, de esperanza para el futuro.

Bordeando la distopía

Nadie hace sociedades alternativas mejores que Le Guin, y ha creado unas cuantas, además de Anarres, que pueden considerarse como ambiguamente anarquistas, y más ambiguamente utópicas. Ellas tienden a recibir menos atención que Anarres, probablemente porque son menos útiles para los anarquistas que procuran argumentos a favor. Son interesantes, sin embargo, para los debates más sutiles en torno a la sociedad anarquista y el utopismo, puesto que exploran no a la sociedad que los anarquistas necesariamente desean construir, sino a las muchas variedades de la sociedad libertaria que son posibles, las muchas formas en que las comunidades humanas pueden rechazar la jerarquía. Una de las más aclamadas está en El eterno regreso a casa, donde aunque no exista una jerarquía particular de los individuos en las sociedades del Kesh, hay un gran número de costumbres que dictan condición social de diversos tipos, y la confianza en lo espiritual y el rechazo de tecnología (aparte de algún tipo de internet que no utilizan mucho) mantienen a esas sociedades en un estado estático. De esta manera, se asemejaría a Noticias de Ninguna Parte si no fuera por aquí hay investigación mucho más sofisticada de las diferencias culturales y las interacciones, y se reconocen las diversas formas de conflicto existentes, tanto personales como sociales.

Más inusual, por ser explorado con menos frecuencia, es el mundo de Once-Soro en el cuento Soledad [también de Le Guin, publicado en castellano en la compilación El cumpleaños del Mundo y otros relatos], un mundo en el que una sociedad post-cataclismo ha desarrollado acuerdos sociales que van a extremos para evitar los errores del pasado. Cualquier ejercicio de poder de una persona sobre otra es un tema tabú, que se describe como "magia". Esto incluye cualquier intento de manipular la conducta de los otros, para que se sientan culpables o la obligación de seguir un curso de acción para el bien de los otros. Los hombres viven solos y las mujeres en anillos de casas conocidos como "auntrings", donde cada quien educa a hijos de las demás, pero no entran a una casa ajena y rara vez hablan con otras mujeres adultas sin causa justificada, en lo que parece ser la máxima expresión de individualismo anarquista. Nadie pide u ofrece ayuda con cualquier tarea, aunque las mujeres están atentas de la salud de los demás, de enviar a sus hijos con la comida para los enfermos y de ayudarse unas a otras en el parto. Sólo los niños pueden hacer preguntas o recibir enseñanzas de algo. Ningún adulto le dice a otro lo que debe hacer, o incluso ofrece consejos, excepto con los medios más indirectos y ante las peores circunstancias. Vista como sociedad, Once-Soro es brutalmente distópica (en especial para los hombres), pero allí las individualidades pueden encontrar una especie de utopía que se logra a través del cumplimiento de la auto-conciencia total, convirtiéndose en "autosuficientes para sí mismos", pues en muchos aspectos de la vida los Sorovianos son ricos y felices más allá de lo imaginable. Es una extraña, triste, bella historia, que desafía constantemente las respuestas viscerales y juicios sobre la naturaleza del poder y de la comunidad. Recomendamos su lectura, no como modelo de sociedad anarquista, sino como un reto para algunas de nuestras ideas sobre las relaciones interpersonales y el deber social.

Un camino que no termina

¿Cuál de estas sociedades, si acaso hay alguna, se aproxima más a lo que como anarco-comunistas aspiramos? Para nosotros, cualquier sociedad que invoque la condición utópica tiene que ser convincente en su capacidad de sobreponerse a las adversidades; demostrar que no va a desmoronarse ante el primer signo de cambio o desafío, que sus sistemas son lo suficientemente vigorosos como para someterse a los desarrollos culturales, ecológicos y tecnológicos, sin comprometer su fundamento ideológico. Las sociedades estáticas no son ni creíbles ni deseables. ¿Quién quiere vivir en un mundo donde nada cambia?

Este es el error en que muchos caen respecto a la utopía y a la revolución. Ellos piensan que significa encarnar un ideal dentro de la sociedad y luego tratar de contener la marea de la falibilidad humana y las influencias externas para preservar ese momento de perfección. No es de extrañar que tantas personas piensen que es una perspectiva completamente irreal. Ese tipo de utopismo no es por lo que nos esforzamos, ya sea en la vida o de la ciencia ficción. Leemos utopías y trabajamos por el comunismo anarquista no por creer en un mundo perfecto, sino por aspirar a un mundo mejor. Las utopías más inspiradoras y persuasivas son las que, al igual que Anarres, no sólo preguntan ¿dónde queremos estar?, o incluso ¿cómo llegaremos?, sino además ¿dónde vamos a ir luego? Eso es algo importante para recordar por los escritores de ciencia ficción y los activistas. La revolución no es un evento sino un proceso, y la utopía es un viaje, no un destino.

[Publicado originalmente en Organise!, # 81, invierno de 2013; versión al castellano de la Redacción de El Libertario. Los nombres de los relatos que se comentan son los que tienen las respectivas ediciones de esas obras en nuestro idioma.]

[Sugerencia de El Libertario - Para quien se interese, van algunos enlaces a otros artículos críticos sobre el mismo tópico, en castellano y accesibles vía Internet:

 - Ciencia ficción para explorar el cambio
   http://info.nodo50.org/Ciencia-ficcion-para-explorar-el.html

 - Ciencia Ficción y cambio social ¿Dónde nos llevará el progreso?
   http://info.nodo50.org/Ciencia-Ficcion-y-cambio-social.html

 - Ciencia ficción y cambio social
   http://www.corneta.org/no_87/ciencia_ficcion_y_cambio_social.html

 - Ciencia-Ficción y utopías posibles
   http://correoa.blogspot.com/2010/10/ciencia-ficcion-y-utopias-posibles.html ]


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