lunes, 7 de noviembre de 2011

El ambiente destrozado y omitido


Por Humberto Decarli

Unas recientes declaraciones a la prensa del experto ambientalista Alexander Luzardo han desnudado la realidad del país en esta materia. Denunció la barbarie ecológica del presente gobierno en todos sus planos consecuencia de una concepción extractivista y desarrollista así como la omisión opositora al respecto.

La postura de la actual administración sobre desarrollo es la tradicional en este rubro. Se limita en principio a un crecimiento del P.I.B. a través de la renta petrolera ejerciendo la importación porque es muy fácil con flujo de liquidez traer bienes en lugar de generarlos aquí. En función de este objetivo no importa cómo se obtenga el flujo de caja haciendo abstracción de los daños a las montañas, los ríos, las aguas y otras manifestaciones del medio físico.

Esa actitud sólo busca la mayor disponibilidad dineraria que en el caso venezolano se limita a extraer hidrocarburos, bien por PDVSA o por las socias transnacionales, y luego venderlos. El maná del oro negro es el alfa y la omega de todo el esquema gubernamental.

El telos de la actividad económica es producir numerario a como dé lugar y no tiene ninguna relevancia los daños ambientales. Los casos del tendido eléctrico, el carbón en el Zulia, el gas en el Delta, el empleo de la agricultura para obtener biocombustibles, entre muchas, son manifestaciones expresas de esta conducta.


El programa de la M.U.D. no aporta nada el respecto porque se trata del mismo estilo de gobernar, vale decir, continuar la actitud extractiva de esta gestión. Se pensaría que han preterido este aspecto porque en el fondo no discrepan del gobierno en este asunto.

En el mundo contemporáneo el ambiente es un punto esencial para concebir el desempeño de la economía mundial. Así, vemos como el Protocolo de Kyoto, los acuerdos de Cancún y los de Copenhague, son letra muerta debido a su incumplimiento por los Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea parcialmente. China se ha convertido en el mayor productor de contaminación y de violaciones como el daño propiciado con la Presa Las Tres Gargantas. También los Estados Unidos violentan este tema como lo demostró las tristes declaraciones del presidente a la sazón, George W. Bush, cuando señaló no acatar los acuerdos ambientales porque decaía la economía americana.

En Venezuela, apreciamos cómo el gobierno y la oposición asumen la misma posición. El primero transgrediendo todo para obtener beneficios y la segunda callando al no proponer nada en este aspecto. Son caras de la misma moneda desde el ángulo ecológico.

El respeto a la Tierra es fundamental para la pervivencia del planeta. Acelerar el período de su vida útil es una aberración solo por mantener un esquema de rentabilidad sin tomar en consideración las funestas consecuencias de una conducta sorda y ciega. James Lovelock y su tesis Gaia es muy diáfano al indicar la capacidad de autoregulación o de homeostasis de nuestro astro, alterada por las políticas de los centros mundiales económicos y de poder.

Se puede llegar a proyectos de decrecimiento o de adecuación de la tecnología a los seres humanos para la búsqueda de nuestra felicidad material. Habría que romper la escisión entre cultura y naturaleza iniciada desde Platón con su topus urano y reformular nuestro modelo civilizatorio. Pero es mucho pedir a nuestro país donde reinan concepciones primarias de desarrollo en los bandos polarizados.

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