martes, 2 de febrero de 2021

Debate (A): La teoría queer y el anarquismo

Laquesis
 
Una  de  las  batallas  culturales  de  nuestro  tiempo  gira  en  torno  a  la  llamada  Teoría  Queer,  un heterogéneo  conjunto  de  creencias,  actitudes  e  ideas,  que,  partiendo  de  la  lucha  de  las  llamadas 'sexualidades disidentes', ha ido impregnando leyes, programas políticos, marcos teóricos y visiones del  mundo, y también ha colonizado  con  fuerza  los  ámbitos  del  movimiento  libertario, de  manera informal, es decir, sin debate y reflexión previos. Esta manera de llegar ya debería inducirnos a la reflexión cauta: es así casi siempre como el poder gana las batallas, dando por hecho que son resultado de  la  realidad  misma,  y  que  no  requieren,  por  tanto,  un  análisis  y  un  debate  por  parte  de  las individualidades y las organizaciones. Llega y se instala sin más en el sofá de nuestra casa, y pretende, nada menos, que definir quiénes somos y cuáles son las luchas que debemos librar.

La teoría Queer se presenta, ya desde su mismo nombre, de forma atractiva, sobre todo para personas que se sienten libertarias: es la revolución de losraros, de los marginales, de los que no encajan, de los que se niegan a dejarse encasillar. Nace reivindicando con orgullo un insulto, queer, rarito. Llega, sin  embargo,  impulsada  con  enorme  fuerza  por  las  universidades  del  centro  mismo  del  mundo capitalista,  las  norteamericanas,  desde  donde  ha  colonizado  los  llamados  'estudios  de  género', abriendo  una  enorme  brecha  dentro  del  feminismo  y  cambiando  de  arriba  a  abajo  su  orden  de prioridades.  Para  ejemplo,  un  botón:  han  sido  décadas  de  lucha  para  conseguir  que  el  lenguaje nombrara explícitamente a las mujeres, que siempre han tenido que intuir si estaban o no incluidas, ya que el masculino genérico no las nombra. Han bastado un par de años para que la 'a' haya quedado oxidada  en  favor  de  la  'e'.  Así  que  los  hombres  son  nombrados  explícitamente  en  la  cultura mayoritaria, y las personas no binarias, en la minoritaria. El resultado puede llegar a ser una nueva, y doble, invisibilización de las mujeres, cis y trans. Lo que está ocurriendo con el lenguaje inclusivonos sirve de ejemplo para atender cómo está operando este movimiento cultural: se presenta como marginal pero viene impulsado por las universidades norteamericanas; se declara feminista, pero no duda en dinamitar parte de la agenda del movimiento que supuestamente viene aenriquecer.

¿Y con el anarquismo? ¿Puede operar la teoría Queer del mismo modo con el movimiento libertario, cambiando desde dentro y sin debate previo su orden de prioridades y sus valores, o es compatible con las ideas libertarias, su genealogía teórica y su praxis de lucha?

Ambas teorías comparten su heterogeneidad, de forma que no es sencillo, ni en una ni en otra, definir escuetamente y con rigor sus principios. También comparten la dualidad teórica y práctica, ya que el Queer aspira a cambiar el mundo, como el anarquismo. Este último, sin embargo, nunca ha sido adoptado por las Universidades como marco teórico válido para analizar el mundo, y más bien ha sido recibido como una ingenua utopía. No cabe duda, sin embargo, en cuanto al anarquismo, que surge en el seno del movimiento obrero, en el marco de las ideas socialistas, y tiene como columna vertebral el antiautoritarismo. Se trata de una teoría de emancipación social, que busca una salida social a los problemas sociales, conjugandola defensa de la libertad individual con el bien común. Es una teoría de clase, aspira a dinamitar el orden burgués y estatal, y a construir espacios que permitan el desarrollo de todos los seres humanos en plenitud y en armonía con la naturaleza. Considera que es posible construir relaciones humanas sin jerarquías, sin ejercer el poder, a través del libre pacto y el apoyomutuo.

La  teoría  Queer  nace  en  un  orden  muy  distinto.  Su  columna  vertebral  es  la  llamada  'disidencia sexual'.  Se  enmarca  en  las  corrientes  nacidas  en  el  seno  del  posmodernismo,  con  Michel  Foucault como uno de sus antecedentes de referencia. Considera que lo 'normal', en el sentido   estadístico, es decir,  lo  habitual,  lo  más  numeroso,  es  'normativo',  y  por  tanto  contrario  a  la  libertad.  La 'transgresión' es en sí misma liberadora. Con Foucault, aplica la teoría de los micropoderes, que se ejercen  (según  su  lenguaje)  sobre  y  a  través  de  los  cuerpos,  en  una  compleja  maraña  de  fuerzas  y resistencias  en  la  que  cada  persona  puede  ser  a  la  vez  amo  y  esclavo.  El  sadomasoquismo,  por ejemplo,  sería  en  este  marco  una  práctica  liberadora,  ya  que  es  antihegemónica  (1).    No  tiene  un marco ético de referencia, ya que no hay una existencia humana ajena a la cultura o que pueda ser medida de forma objetiva. Da respuestas individuales a problemas colectivos (2).

Con  estas  dos  breves  semblanzas  ya  se  puede  entrever  la  enormedistancia  entre  uno  y  otro movimiento,  y  el  peligro  de  que  el  segundo,  con  toda  la  fuerza  que  está  adquiriendo,  eclipse  o sustituya consensos antaño indiscutibles en el seno del anarquismo. La primera de las brechas es la de  la  respuesta  individual  a  los  problemas  colectivos.  Si  somos  lo  que  hacemos,  si  la  identidad  es 'performativa' y todo está mediado por el lenguaje, basta cambiar las prácticas individuales para ir creando otra realidad diferente. Sin negar la enjundia filosófica que puedan tener estas disquisiciones, los anarquistas somos conscientes de que hay una base material innegable en nuestra explotación; que no cabe revolución si no es colectiva, y que la salida individual a los problemas sociales es, una vez más, un canto de sirena para desactivar las luchas y su potencial de cambio. Uno de los peligros que  afectan  a  la  teoría  Queer  y  otros  movimientos  identitarios  es  precisamente  esta  respuesta individual a los retos sociales, ya que “al estar centrado en el sujeto tiende a desarrollar prácticas individuales que pueden comprometer el potencial político de la acción colectiva” (3). Es en el marco de  esta  disyuntiva  entre  las  acciones  individuales  y  las  luchas  colectivas  donde  se  inscribe,  por ejemplo, la defensa del llamado “trabajo sexual”, que ignora la evidente explotación sexual de las mujeres de las clases populares por parte de los puteros y los proxenetas en el sistema prostitucional, institución indispensable del patriarcado. Y es que la mayoría de los teóricos Queer tienden a definir a los sujetos por sus prácticas sexuales, obviando “que estas prácticas no surgen de la nada, sino que son producto de procesos históricos y de contextos sociales determinados” (4). También juegan con la ambigüedad de presentar el hecho en sí de la prostitución como producto de una identidad (la de puta), que presentan como una orientación sexual cuando les conviene, o como una opción laboral yun  trabajo,  cuando  les  es  más  favorable  este  enfoque  en  sus  debates.  Ignoran  así,  pese  a  la sofisticación de sus teorizaciones, que las putas surgen en el patriarcado por oposición a las ‘decentes’, una división de la cultura patriarcal que se reparte a las mujeres para uso privado (con la función de madre-esposa) y para uso público (con la función de garantizar el acceso de cualquier varón al cuerpo femenino,  en  cualquier  lugar  del  mundo,  mediante  precio).  La  identidad  de  puta  es,  como  la  de esposa, una identidad patriarcal, impuesta desde fuera y violenta, que persigue a todas las mujeres libres.

Otro ejemplo del efecto corrosivo que la teoría Queer tiene sobre las luchas colectivas se puede ver en su pretensión de disolver la categoría ‘mujer’, complejizándola y problematizando su definición, antaño diáfana. Las mujeres, trans y cis, no hemos conseguido ni mucho menos superar las opresiones y discriminaciones que sufrimos. Eliminar la categoría que nos une, como mujeres, dificulta la lucha y la concienciasocial y feminista, del mismo modo que los efectos, exitosos, del neoliberalismo por disolver la clase obrera en una indefinida ‘clase media’ ha dado lugar al desolador panorama de falta de conciencia de clase que padecemos.También discrepamos del objetivo de la lucha. El anarquismo busca la emancipación, y aunque ha dado siempre gran importancia a la sexualidad humana y al amor libre, en el sentido deliberarlode la sotana y el Estado, no hace de ello el eje de su lucha, y se enfoca más a las condiciones materiales de la vida.Otra brecha insalvable, a nuestro juicio, hace referencia al relativismo moral. Mientras para la teoría Queer la transgresión es liberadora en sí misma, para el anarquismo hay una moral irrenunciable, la de la justicia social. Para un anarquista, el Marqués de Sade, por ejemplo, por muy transgresor que fuera nunca podría ser un referente. El nuestro es el príncipe Kropotkin.Hay, además, todo lo que el Queer no transgrede: el desarrollismo, el consumismo, la gran industria farmacéutica,  la  explotación  sexual,  la  urbanización  y turistificación  del  mundo,  y  la  devastación completa de las comunidades humanas, todo lo que el capitalismo protegecon leyes, armas y teorías de colores.

Notas:

[1] Fonseca Hernández, Carlos y Quintero Soto, María Luisa. "La teoría Queer, la de-construcción de las sexualidades periféricas". Rev. Sociológica, abril 2009.

[2] López  Penedo,  Susana.  El  Laberinto  Queer.  La  identidad  en  tiempos  de  neoliberalismo.Barcelona : Egales, cop. 2008 

 

[3] López Penedo, S. Op. Cit pag.8

[Publicado originalmente en el fanzine La Madeja # 2, Asturias, febrero 2021. Número completo accesible en https://grupomoiras.noblogs.org/files/2021/02/Madeja-ya.pdf.]


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos interesa el debate, la confrontación de ideas y el disenso. Pero si tu comentario es sólo para descalificaciones sin argumentos, o mentiras falaces, no será publicado. Hay muchos sitios del gobierno venezolano donde gustosa y rápidamente publican ese tipo de comunicaciones.