jueves, 20 de agosto de 2020

Apuntes para abordar la huella histórico-social del anarquismo en América Latina




Diego Battistessa



El anarquismo en Latinoamérica se ha expandido en los campos de las literaturas, del teatro, de la pedagogía, de los experimentos cooperativos, entre otros. Estamos frente a una larga y compleja historia que necesita de un profundo y extenso análisis: un análisis que rehúya la tentación de una narración parcial e inorgánica. A menudo se ha minimizado en la región latinoamericana la importancia de los movimientos anarquistas locales y su impacto en la sociedad considerando que el anarquismo es una ideología que es completamente marginal e insignificante.



Sin embargo, es considerable el papel que el anarquismo ha asumido históricamente en el desarrollo del pensamiento socialista y en el movimiento obrero, y en este artículo se presentará la trayectoria y la manifestación de este pensamiento, comenzando desde su aparición en la región latinoamericana al comienzo del siglo XIX hasta nuestros días. A través de textos de Ángel J. Cappelletti, Daniel Barret y Nelson Enrique Méndez Pacheco [ver títulos y ubicación en la Bibliografía al final], se comprobará la influencia que el anarquismo, en sus distintas formas, ha tenido en América Latina y se introducirán las corrientes propias generadas dentro de contextos nacionales de la región latinoamericana.



¿Cuando llegó el anarquismo a América Latina?



El pensamiento anarquista llega a Latinoamérica en el siglo XIX a través de los primeros flujos migratorios procedentes de Europa. Unos flujos migratorios protagonizado por las clases populares, que dejan su estado de miseria en el viejo mundo, en búsqueda de un futuro más próspero al otro lado del Atlántico. El anarquismo desde sus inicios vivió en América Latina un fuerte proceso de adaptación que permite identificar la primera seña identitaria de una trasformación regional de este pensamiento político. Méndez señala que:

«Es de tener muy en cuenta el modo como amplios sectores entre los oprimidos identificaron las propuestas libertarias con tradiciones de igualitarismo colectivista que para muchos pueblos indígenas eran anteriores al imperialismo europeo, azteca o inca, mientras que para los de origen africano venían del momento anterior a su esclavitud» (2012, p. 131).



El anarquismo se asienta entonces en Latinoamérica sobre una base social que ya es tradicionalmente portadora, aunque no codificados bajo una propuesta política, de aquellos principios de vida comunitaria y de igualdad propugnados por los recién llegados. Para poder dibujar un mapa histórico de la vida del movimiento anarquista en la región latinoamericana resulta esclarecedora la división temporal propuesta por Méndez, que identifica cuatros grandes etapas, incluyendo la actual.



1) El momento “Alpha”, el origen: representado por la llegada del pensamiento anarquista desde Europa en el siglo XIX y sus primeros pasos de integración/adaptación a la realidad social regional;



2) Desde 1900 hasta 1930: tres décadas en las cuales se vive el auge de un particular tipo de anarquismo, el anarcosindicalismo. En este momento histórico los anarquistas están presentes de manera activa y protagónica tanto en las luchas sociales, así como en el escenario político, cultural e intelectual de la región;



3) El periodo que va desde 1930 hasta la década de 1990: esta etapa representa el crepúsculo del pensamiento anarquista en América Latina y es considerado como un momento de casi total desaparición de este pensamiento político de la escena regional;



4) Desde finales del siglo XX hasta nuestros días: etapa en la que vivimos un nuevo despertar del anarquismo y un descubrimiento de su herencia y potencial para enfrentar los desafíos actuales de las sociedades latinoamericanas.



El espacio temporal así analizado a través de estos cuatros etapas, permite observar que el anarquismo ha estado presente en las dinámicas de luchas en la región durante casi dos siglos. Aunque, sobre todo durante la etapa inicial, era común que se etiquetara el anarquismo como una ideología ajena al espacio social latinoamericano, vehiculada por agitadores emigrantes (y que tenía poco o ningún efecto sobre la población nativa), podemos afirmar que no fue así.



Tanto Cappelletti como Méndez, demuestran en sus escritos como el anarquismo gozó de una rápida aceptación en lo ancho y lo largo de Latinoamérica. Una aceptación demostrada por el florecer de escuelas, publicaciones y espacios declaradamente libertarios: la “Escuela del Rayo y el Socialismo” en México, Enrique Roig San Martín y el periódico “El Productor en Cuba”, la Colônia Cecília y otras experiencias de comunidades socialistas en Brasil, el anarquista Manuel González Prada en Perú, y en especial la actividad libertaria que se desarrolló tanto en Argentina así como en Uruguay: países que vieron en 1872 la fundación de secciones de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) que tuvieron desde el origen una fuerte alma anarquista.



La época dorada del anarquismo en América latina comenzó casi simultáneamente en toda la región. En Argentina y Uruguay se asistió a la creación de la Federación Obrera Argentina (que posteriormente pasará a llamarse Federación Obrera Regional Argentina - FORA), y de la Federación Obrera Regional Uruguaya. En Brasil nació la Confederação Operária Brasileira y en Paraguay fue creada la Federación Obrera Regional del Paraguay.



Mientras tanto, en Cuba se trabajaba con fuerza en la difusión del sindicalismo libertario, y también en México se asistía a la labor de propaganda del pensamiento anarquista, impulsado por los miembros del Partido Liberal Mexicano de Ricardo Flores Magón.



En un comienzo de siglo XX marcado por luchas sociales y cambio de hegemonía colonial continental, las ideas anarquistas se plasmaron en distintas dimensiones de resistencia y alternativa social como: cooperativas autogestionadas, fondos solidarios de socorro mutuo, escuelas libres de la tutela eclesiástica o estatal, experimentos de vida en comunidad, emprendimientos editoriales sin fines de lucro, proyectos autónomos de creación/difusión cultural entre otros. Si bien el pensamiento anarquista, y en específico el anarcosindicalismo, no representó la totalidad del panorama político que animaba los oprimidos a lucha, se puede afirmar que fue uno de los motores de renovación social más destacados en la época. Una renovación autóctona que ya se diferenciaba del patrón con el que estas ideas habían llegado desde Europa, y que incluya en su nueva trayectoria y estructura, una lucha aglutinadora de las reivindicaciones indígenas y de las comunidades rurales/campesinas.



En estas tres décadas (1900-1930) germinó el propio pensamiento anarquista latinoamericano que empezaba a separarse de los “clásicos” europeos para recorrer una senda nacional/local con una perspectiva de repercusión a nivel regional. Cada colectivo anarquista enfrentaba en su país retos y luchas parecidas, pero al mismo tiempo distintas, que requirieron una adaptación y una adherencia ideológica al estrato social de referencia.



Méndez clarifica este punto afirmando que el anarquismo en América Latina afrontaba al mismo tiempo, y desde distinto terrenos de luchas, retos como:

«El avance agresivo del capitalismo imperialista externo que se asociaba con los poderes semi feudales locales; la hegemonía cultural profundamente reaccionaria que ejercía la iglesia católica; la lucha por la liberación de la mujer: o cómo hacer para que un movimiento político-social decididamente racional y moderno como el anarquista, pudiese lograr sus propósitos en la situación de tradicionalismo caudillista e ignorancia generalizada aún imperante en nuestras tierras, para lo cual llegó a crear respuestas organizativas tan originales como la FORA argentina o el Partido Liberal Mexicano» (2012, p. 133).



Es de aquella época (1930) el inicio del conflicto con el Marxismo-Leninismo para acaparar el apoyo de la clase obrera, así como el comienzo de la obra de desprestigio que los partidos comunistas ejercerán sobre las ideas libertarias. Los partidos comunistas lograrán de facto imponerse en toda la escena política durante el periodo de la guerra fría, apoyándose precisamente en la referencia comunista mundial representada por la URSS y a nivel regional por la experiencia de la Cuba castrista. Además, en la década entre 1930 y 1940 el anarquismo tuvo que enfrentarse al auge del populismo nacionalista, que iba ganando espacio y poder aislando las reivindicaciones libertarias.



En su obra, Cappelletti identifica otras dos razones además de las ya mencionadas, en aras de analizar el fin de la época de oro del anarquismo latinoamericano. Por un lado, la derrota de las fuerzas anarco-comunistas en la guerra civil española (1936-1939) y por otro, el auge autoritario que dio lugar a la época de las dictaduras en la región (regímenes que fueron especialmente represivos con las ideas antisistema de los colectivos libertarios). Estos dos fueron factores determinantes, según el análisis de Cappelletti, para la involución de la influencia anarquista en Latinoamérica.



Ya a partir del fin de los años treinta del siglo XX, se podía vislumbrar lo que sería el crepúsculo de las ideas libertarias en la región, crepúsculo que duró hasta la década de los noventa del siglo XX. Para frenar, o por lo menos contener, esta desaparición de la escena social y política en la región, se intentaron acciones supranacionales que no fueron suficientes para revertir este declino. Entre ellas, destacan la constitución de la Comisión Continental de Relaciones Anarquistas en la década de 1950, y la primera Conferencia Anarquista Americana de Montevideo en 1957.



La nueva realidad del anarquismo latinoamericano: de los años de 1990 hasta nuestros días



Barret, en su documento, ofrece un mapa del nuevo despertar de la pugna libertaria en América Latina, en un momento histórico de fuertes tensiones e inquietudes hacia el futuro tanto a nivel regional, así como a nivel mundial. El listado de organizaciones, federaciones, grupos, publicaciones y autores propuesto por Barret resultará posiblemente incompleto (por admisión del mismo autor) pero refleja de manera clara la tentativa de renovación y actualización del anarquismo en los diversos contextos nacionales de los países de la región latinoamericana.



Contextos nacionales que se caracterizan por diferentes grados de conocimiento del pensamiento anarquista ya que por ejemplo en algunos de ellos, este pensamiento político representa una completa novedad en el panorama de la lucha social. Por otro lado, no existe un pensamiento guía, un criterio común adoptado por las diferentes realidades anarquistas nacionales como eje común de lucha regional: cada colectivo libertario construye su marco identitario partiendo de la realidad local en la que se encuentra. En otras palabras, si bien el origen sea compartido, tanto el camino como la meta difieren en cada contexto nacional.



Este dato nos trae a la conclusión de que no se puede hablar de un anarquismo latinoamericano, sino de unas pluralidades de luchas, ramas del mismo árbol libertario, que han conformado una realidad regional en la que actúan diferentes anarquismos latinoamericanos.



Como argumento de la tesis que ve la existencia de una pluralidad de anarquismos latinoamericanos, se puede visionar lo que el mismo Barret llama en su obra “Un fenomenal directorio anarquista latinoamericano constituido ahora en material de referencia imprescindible sobre el tópico” realizado por Méndez, presente en versión resumida en el documento escrito por el mismo autor, y utilizado como referencia para el artículo de Barret.



En el directorio de Méndez, en primer lugar, se menciona un listado de autores que han marcado la senda anarquista en América Latina. Para categorizar estos autores, se utiliza un criterio temporal, definiendo como “clásicos” aquellos que produjeron sus obras antes de 1950 y como “contemporáneos” los que, por el contrario, realizaron sus aportaciones a la causa libertaria en la segunda mitad del siglo XX (Méndez, 2012, p. 139). 


Por otro lado, se recoge la prensa anarquista en América Latina, mapeada entre 2011 y 2012, y finalmente se crea un listado de espacios digitales en el World Wide Web, que hacen referencia al anarquismo latinoamericano (Méndez, 2012, p. 140).



Conclusión



Con referencia a lo analizado en los documentos propuestos por Cappelletti, Barret y Méndez, se puede afirmar que el anarquismo en América Latina cuenta con una larga trayectoria: una trayectoria que remonta al siglo XIX y que llega, viva y dinámica, hasta nuestros días. La influencia del anarquismo en América Latina resulta clara y extremadamente importante, sobre todo en la segunda, de las cuatro etapas identificadas por Méndez, desde 1900 hasta 1930. En este periodo histórico el anarcosindicalismo ha sido uno de los motores de las reivindicaciones populares en el continente llegando a poner en duda los cimientos mismos de las sociedades latinoamericanas.



Después de la década de los años treinta, ni siquiera los exiliados españoles de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), anarquistas derrotados por la tropa de Francisco Franco en la guerra civil española, supieron y pudieron dar aliento a una crisis que llevó el anarquismo a su casi total desaparición en la región. Después de casi 60 años de sombra, los años noventa marcaron un claro cambio de tendencia y representaron un hito del nuevo despertar libertario latinoamericano.



Barret presenta en su obra un nuevo florecer de universos anarquistas en la región latinoamericana y tanto él, así como Méndez, permiten dibujar un mosaico de nuevos amaneceres libertarios que responden, cada uno, a particulares situaciones nacionales de luchas y reivindicaciones. A pesar de la fragmentación territorial y de las distintas metas que estos colectivos anarquistas se proponen, su nueva linfa y su renovado vigor a lo largo de la región, hacen pensar que realmente el pensamiento anarquista puede ser una parte importante de las respuestas de las comunidades humanas, a las nuevas inquietudes sociales de nuestra época en los distintos países latinoamericanos.



Los anarquismos latinoamericanos están viviendo una renovada fase de adaptación a los nuevos desafíos sociales, económicos, políticos y comunicativos, tanto a nivel nacional, así como a nivel regional. Sin embargo, demuestran estar vivos y resilientes, con poder de convocatoria y con capacidad de disputar a otras corrientes políticas progresistas, las riendas de las luchas sociales para el futuro próximo de la región latinoamericana.



Bibliografía



Barret, D. (2007). El mapa del despertar anarquista: Su expresión latinoamericana. Recuperado de https://es.scribd.com/document/355040351/El-Mapa-Del-Despertar-Anarquista-Su-Expresion-Latinoamericana-Daniel-Barret.



Cappelletti, A. (1990). El anarquismo en América latina. Recuperado de https://vdocuments.mx/el-anarquismo-en-america-latina-5673108a6724d.html.



Méndez, N. (2012). “Anarquismo en América Latina: consideraciones en torno a su historia, rasgos y perspectivas”, Estudios. Revista de Pensamiento Libertario. Confederación Nacional del Trabajo, (2), 129-141. [Número completo de la revista accesible en https://www.cnt.es/wp-content/uploads/2019/12/Estudios-2.pdf.]



[Versión resumida y con algunas correcciones formales del artículo “¿Qué influencia ha tenido y tiene el anarquismo en América Latina?: Un análisis desde finales del siglo XIX hasta nuestros días”, publicado originalmente en la revista Cuaderno Jurídico y Político # 13, Managua, enero-junio 2019. Texto original completo accesible en https://portalderevistas.upoli.edu.ni/index.php/4-CuadernoJuridicoyPolitico/article/view/326/302.]




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos interesa el debate, la confrontación de ideas y el disenso. Pero si tu comentario es sólo para descalificaciones sin argumentos, o mentiras falaces, no será publicado. Hay muchos sitios del gobierno venezolano donde gustosa y rápidamente publican ese tipo de comunicaciones.