viernes, 24 de julio de 2020

El cristianismo no inventó ni rinde culto al Diablo… ¡pero cómo lo ha promocionado!



 Sofía Comuniello

Explicar la presencia del mal en el mundo es un indispensable pretexto de las religiones para justificarse: enfermedades, desgracias personales, catástrofes naturales siempre se han interpretadas como causadas por espíritus que se catalogan de crueles y malvados, pero no solían ser elevados a la categoría de encarnación divina del mal puro.

Las religiones griega y romana no conocían al Diablo; entre los 400 dioses celtas no había sitio para el Maligno; lo mismo encontramos en las religiones africanas no influidas por los misioneros; igual entre los aborígenes de América del Norte; ni tampoco en el sintoísmo, budismo, taoísmo. En los libros sagrados hebreos – la Torah - Satán nunca aparece como líder de un imperio del mal que ha declarado la guerra a Dios y a la humanidad.
 
Esto sólo ocurre en el cristianismo. Quien sentó las bases de la satanología cristiana fue el autor del Evangelio de Juan, sus cartas y el Apocalipsis. Es Juan quien lo nombra señor del mundo y causante de todas las acciones malas. Pero la llegada del Hijo de Dios quebrantó este dominio diabólico. Como agregado infame, una de las más terribles sentencias de su Evangelio es la afirmación de que los judíos son hijos del diablo. Si no tuvieron bastante con ser acusados de deicidio, el Jesús de Juan les impreca del siguiente modo “procedéis del diablo, que es vuestro padre”, lo cual dio carta blanca a los cristianos para perseguirlos, diezmarlos y humillarlos durante siglos.

El enfrentamiento entre el Bien y el Mal, heredado de las leyendas judías del siglo I a.n.e., ha marcado al cristianismo en sus diversas sectas y capillas hasta extremos increíbles. Ahora bien, ¿de dónde vino este dualismo? La demonología judía bebió profusamente de la visión persa del mundo de los espíritus: demonios, ángeles y arcángeles nacen en el Irán de religión mazdeista hacia el 500 a.n.e., como parte de la febril imaginería concebida por el profeta Zoroastro o Zaratustra, un hombre del que se sabe muy poco pero que cambió el politeísmo imperante en esa región por el culto a Ahura Mazda, el señor único. He aquí el comienzo del monoteísmo. Para no eliminar a los viejos dioses los convierte en emanaciones de Ahura Mazda, y esos son los ángeles. Entre ellos, los dos más poderosos: el bueno Spenta Manyu y el malo Angra Manyu. Al principio ambos eran la cara y la cruz de la moneda pero Angra acabó por convertirse en un antidiós, el enemigo declarado de Ahura Mazda.

Es entonces Angra Manyu la primera de las prefiguraciones de Satán y fue parte de esa herencia que el mazdeísmo legó al cristianismo primitivo, que no despreció para nada tan útil personaje y es así como a lo largo de los siglos lo ha cultivado y colmado de terroríficos atributos.


1 comentario:

  1. Si criticas al cristianismo está bien... pero si criticas a los que lo inventaron te metes en un buen aprieto. Hablo de los judíos, obviamente. Critica al invento, pero también a los inventores, puesto que no tenían ninguna buena intención al hacerlo. Impusieron esa religión con engaños y ríos de sangre en todas partes desde Europa hasta América.

    El cristianismo ha sido la base de la globalización moderna, esa que tanto critica la gente, incluyendo muchos buenos cristianos.
    Al darles a todos el mismo dios (más el mismo dios malo) sentaron las bases para desconectar a los pueblos de su espiritualidad nativa y venderles basura. Todos, todos perdieron, hasta los que comúnmente se cree los perpetradores de todo esto (los europeos), cuando en realidad fueron las primeras víctimas (las prohibiciones y persecuciones al paganismo en la última etapa del Imperio Romano fueron el pistoletazo de salida).
    El daño que ha hecho y sigue haciendo el judaismo para gentiles mal llamado cristianismo es enorme, casi incalculable.
    También cabe mencionar al islam, una variante del judaísmo para gentiles aun más severa que el mismo cristianismo. A los europeos nunca pudieron hacerles aceptar, ni aun con todas las torturas del mundo, que los semi-castren (circuncisión). A sus primos semitas sí. De todas formas, todos los abrahamismos han sido y son un cáncer en este planeta, así que lo mejor es abandonar sus iglesias y sus estúpidas costumbres y cuentos mal adaptados y volver a las fuentes originales ;)

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