jueves, 4 de junio de 2020

“¿Por qué mandaste matar a mi hijo?”, una historia del terrorismo de Estado de las FAES




Héctor Caldera

Arde El Furrial [Edo. Monagas]. Sin embargo, en esta oportunidad, no es debido al calor de la zona donde se esparce gran cantidad de mechurrios de la industria petrolera. Esos que emanan fuego e irradian un resplandor apabullanteque desesperan a cualquiera, provocando, además, asfixia entre los animales. No: esta vez la rabia y la frustración de los pobladores de El Furrial, equivalente a la furia de las llamas de gas metano que colorean al lugar, la genera otra causa.
 

La mañana del jueves había mucha gente vestida de negro en las calles. Ya las personas no se encontraban bajo las sombras de la mata de pumalaca o de mango, tampoco se hallaban sentadas viendo pasar a cientos de carros a la espera de que alguno de los viajeros quisiera hacer trueque o comprar un guarapo, una agüita de cacao con maizena, algún dulce de la fruta de la temporada; o, con suerte, cachapa, aguacate o queso.

Lo que se observaba en las calles era una profusión de caras largas, confundidas, burladas, desorientadas: las caras de quienes se hacían preguntas y trataban de responderse a sí mismos.

¡Ustedes lo conocían!

¡No es así como lo escribieron!

¡Qué embusteros son!

¡Vimos que se lo llevaron de su casa!

El miércoles, cuando salió el sol, fue cuando empezó a arder todo el pueblo al leer lo que informaban los diarios de Monagas:

La plomazón se presentó aproximadamente a las 9:30 de la mañana del martes, el grupo delictivo integrado por varios delincuentes se introdujoen una hacienda de la zona ganadera Mata Linda, para llevarse las reses y luego sacrificarlas y comercializar su carne”.

Cada palabra de los rotativos infligía una herida, que dolía y causaba ardor, que aumentaba el deseo de seguir leyendo sin importar cuánto daño provocara.

“El plan no tuvo éxito puesto que los afectados llamaron rápidamente a los policías; los pandilleros estaban fuertemente armados y al parecer habían efectuado varios disparos para intimidar a las víctimas”.

La versión impresa fue la que ofrecieron las autoridades policiales.

“Las FAES [Fuerzas de Acciones Especiales de la Policia Nacional Bolivariana] arribaron al hato, sorprendieron en flagrancia al grupo hamponil intentando sacar a los animales del lugar. El reporte oficial refiere que estos se resistieron a la autoridad, desobedeciendo la voz de alto y abrieron fuego contra la comisión identificada, produciéndose la fuerte refriega”.

Un periodista en Monagas gana sueldo mínimo, lo cual se traduce a menos de diez dólares. Con algo de suerte tiene un bono adicional. Con esos ingresos, es natural que le den prioridad a la pauta quebrinde un desayuno, también a aquella que garantice un “tigrito”. Un político del régimen o de la oposición puede pagar un dinerito extra si se envía una nota de prensa a un medio de comunicación nacional.

Siempre el transporte es un problema, es más fácil conseguir la información por medio de las autoridades que ir al lugar. Luego de una llamada, siempre se puede llenar una página; la foto la envía el jefe de prensa del organismo público. Si el muerto es alguien reconocido o si hay más de un occiso, el periodista se mueve un poco más, quizá por el morbo o por la responsabilidad de informar o por ambas. Algunos se comportan como si no quisieran meterse en problemas.

La mayoría de estos profesionales prefieren recibir información de la fuente oficial y así, con suerte, retornar más temprano a casa.

“Ajusticiaron dos delincuentes que se apodaban Pata e’ rata y El Gregori, el resto de los antisociales huyeron. Los funcionarios alegaron que a los supuestos malhechores los llevaron malheridos al hospital de El Furrial, Doña Felicia Rondón de Cabello, donde fallecieron cuando recibían atención médica”.

El jueves, luego del mediodía, cuando el sol estaba sobre ella, justo en la entrada del pueblo que la vio nacer y al lado de sus muertos, se paró con gallardía Leida. Vestía un pantalón negro y una camisa del mismo color, con lunares blancos. Peinada y arreglada, con canas, pero muy “güenamoza”. El dolor trataba de ocultarlo con la fuerza de su voz y apretando la toallita que le servía para limpiarse el sudor.

Leida se paró justo en medio de la calle, mirando hacia el puesto de la Guardia Nacional. Estaba frente a la alcabala que normalmente resguarda la zona. Pidió que le prendieran un teléfono celular con cámara y que le grabaran un video.

Yo soy la madre de Gregory Daniel Velásquez. Mi hijo tenía 32 años, era un hombre soñador, todo el mundo lo conoce. Asesinaron a mi hijo por placer, porque vinieron a El Furrial fue a matar.

Ella no conoce mucho de Internet ni qué son las redes sociales. Solo sabe que la gente se entera de todo por medio de “esos aparatos”. Ella sentía que a través de esa vía podía canalizar las “llamas” de la indignación y el dolor:

A mi hijo lo acribillaron hasta que se acabaron las balas. Lo hicieron con saña. Pusieron que fue en un enfrentamiento y eso es mentira porque lo asesinaron cerca de su casa. Luego que lo mataron lo tiraron en el hospital. Todo el mundo sabe quién es mi hijo y hoy dejaron a mi nieta huérfana. Esos asesinos gritaron: “Somos unos héroes”. Sus palabras después de que lo asesinaron fueron: “Ya lo matamos, ya logramos el cometido”, porque vinieron fue a matar, a destruir.

Mientras se grababa el video, el testimonio de Leida fue interrumpido por una niña que caminaba desorientada. Trataba de refugiarse en la abuela. Su tristeza se veía entre la gente, entre grupos de personas con cacerolas, con pitos, todas dispersas y volátiles en medio de la carretera nacional.

Las últimas grandes protestas en Monagas habían ocurrido por demanda de gas doméstico, aunque muy pocos se atreven a reclamarle a las fuerzas de seguridad del Estado. La exigencia por servicios públicos es casi cotidiana: todos los pueblos trancan la vía con bombonas de gas propano, un gas muy comerciable y costoso en el exterior. En El Furrial, no obstante, abunda y hasta lo botan.

Los pueblos monaguenses cuentan 20 años de promesas. En cada campaña, los candidatos chavistas llamados en la localidad como “los rojos” les dicen a los pobladores que el gas metano que se quema en los mechurrios de El Furrial y Punta de Mata serviría como gas doméstico, y que les llegaría directo por tuberías. Hoy los cielos del oeste de Monagas se ven cada vez más en videos espaciales: asociaciones civiles internacionales denuncian la emisión de gases de efecto invernadero por parte de Pdvsa, fundamentadas en los registros satelitales.

Aunque muchos no protestan en Monagas contra las FAES, la situación causa preocupación y miedo en las comunidades. Registros de los medios digitales detallan que en la entidad han ocurrido 16 asesinatos en menos de cinco meses.

“En abril hubo dos muertes: el primer caso del que se tuvo conocimiento sucedió en Caripito, en el municipio Bolívar, cuando la familia de José Félix Gamboa denunció que los policías lo ultimaron por equivocación, sin esperar a que la víctima les explicara que no era el hombre al que buscaban”.

Leida, ese jueves al mediodía, quería mostrar de alguna forma que su muchacho era un inocente más. Como abuela, sostuvo a la niña y la mostró a la cámara. Limpió su sudor, mientras la protegía entre sus brazos. Con sus ocho o casi nueve años, su inmenso mundo que se llama El Furrial se le venía encima, con toda la furia del cielo granate que lo envuelve.

Están mandando a asesinar a los hombres, a los padres de familia de tu pueblo.

Seguía la abuela con su testimonio a la cámara, sin cambiar el tono agudo y caliente. Necesitaba confesarse ante el ojo digital para tratar de limpiar su dignidad, cada palabra representaba en ella años de entrega, de crianza. Ella soñaba con ver a Gregory bailar el vals con su nieta, con que la viera crecer y la llevara al altar.

No me gustaba pensar mal de ti, pero si un día me encuentro... delante de ti, voy a preguntarte: ¿por qué mandaste a matar a mi hijo? Tú me conoces, Diosdado Cabello, tú me conoces a mí muy bien... y David Cabello también me conoce.

Los conductores que podían pasar entre la protesta trataban de entender la situación, algunos hasta se paraban a preguntar. Otros solo veían, tomaban fotos y grababan videos.

No es conocido El Furrial por hacer protestas, para algunos es una población afortunada. En el lugar nació y creció Diosdado Cabello, el segundo a bordo del PSUV, partido hegemónico en la conducción del poder, eje central del régimen venezolano.

Entre los habitantes de Monagas, la localidad es famosa por el Pdval que allí opera, que muchas veces cuenta con más productos que los abastos de la zona. También El Furrial es conocido más allá de sus predios por tener un centro de salud “a todo trapo”. Las mujeres mayores dicen que está mejor acondicionado que el Hospital Central de Maturín.

El Furrial también fue titular en muchos medios de comunicación nacional e internacional cuando celebró sus 147 años. En agosto de 2017, Diosdado Cabello convocó a más de 12 agrupaciones musicales: Omar Acedo,

Bonny Cepeda, Omar Enrique, Armando Martínez, Vitico Castillo y Guaco. La polémica fiesta fue realizada luego de las protestas que se escenificaron en Venezuela durante más de tres meses, arrojando más de 100 homicidios.

Para esa fecha, los principales titulares de los diarios de la localidad narraban desnutrición y hambre. La sección de espectáculos, por el contrario, describía la agenda de conciertos y servicios gubernamentales. Fue tanto el derroche de comida y licor que muchos pobladores terminaron intoxicados. Ante la polémica que sobrepasaba las fronteras por la presentación de la famosa banda Guaco, el grupo musical emitió un comunicado:
“Nos sorprende tanto odio y ensañamiento por llevar a El Furrial nuestro espectáculo, que fue, por demás, altamente satisfactorio y celebrado por más de 20.000 personas. Vaya hasta ellos nuestro más profundo agradecimiento”.

En las redes sociales recordaban la Fiesta de El Furrial con Guaco al ver las imágenes que se publicaban de las protestas de ese jueves, en las que la señora Leida dejaba salir su dolor. Los manifestantes, por su parte, pedían la presencia de los periodistas. Alguien respondió que los había llamado pero que estaban atendiendo un operativo importante en La Voz del Río, otra población cercana de la región monaguense. Todos trataban de buscar difundir por cualquier vía el testimonio de la señora Leida.

Yo no soy mascota, yo no me callo la boca. Yo no hago lo que ellos quieren. Yo no me les arrodillo a los pies. Y nunca me les he arrodillado, ni mi hijo tampoco se arrodillaba. Por eso me lo acribillaron de la forma más vil. Como guatero. Mi hijo no era ningún guatero. Mi hijo era un hombre de trabajo.

Con la esperanza de ser escuchada, Leida seguía “expulsando gas metano” con cada una de sus enérgicas recriminaciones.

¿Por qué tú tiras migajas al pueblo? Quieres que nos arrodillemos ante ti, pues no. Nos quitaron el derecho a la comida. Nos están matando silenciosamente y de manera cómplice. Mientras nosotros no hablemos, aquí van a seguir pasando las cosas más horribles que hay.

Leida insistía en que no era una mujer cobarde. Ese jueves de agosto enterraba a su hijo pero se negaba callarse.

Mi corazón no está lleno de odio, pero sí me quiero encontrar contigo Diosdado Cabello, y preguntarte: por qué matas o permites que en El Furrial se hagan estas masacres tan tristes y tan dolorosas, tan sangrientas. No me voy a callar la boca...Nadie me va a callar... Todo el mundo sabe que soy una mujer valiente.

Tal vez la madre de Gregory no sabía si el video sería visto, quizás tampoco se enteraría de que meses después estaría en el país la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet. La mañana del cuatro de julio, los portales de Venezuela y el mundo titularían con el pronunciamiento de la funcionaria. El titular del portal digital venezolano Aporrea se repetiría en muchos diarios
:“Informe de Bachelet pide a Maduro disolver la FAES”.

Coincidiría con el titular de The New York Times, que dentro de sus páginas describiría lo expuesto en las tribunas internacionales:
“Las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que los testigos describen como ‘escuadrones de la muerte’, asesinaron a 5.287 personas en 2018 y a otras 1.569 para mediados de mayo, como parte de las Operaciones de Liberación del Pueblo, según informaron los investigadores de las Naciones Unidas”.

Amanece en El Furrial. Es viernes y, como de costumbre, todo se tiñe de rojo. Los trabajadores petroleros madrugan diariamente y mientras los gallos cantan se van formando pequeñas colas para tomar el transporte. A lo largo de la vía que comunica a los taladros o a los campos de la industria se observan filas de bragas rojas.

Las filas de personas se forman por la gran cantidad de “policías acostados”. Allí se apuesta la guarichera con pocos periódicos, guarapo, arepas o empanadas. Todos a la espera de la primera venta gracias al trabajador petrolero que va en su carro, en una cola, o en la parte trasera de un camión.

Los susodichos trabajadores van uniformados, todos con sus bragas del color oficialista, con un bolso tricolor lleno de libritos de pasatiempos, estampitas o alimentos. Muchos de ellos buscan el periódico para matar el ocio o sofocar el “calorón”. Parte de la distracción, en tantas horas dentro de un taladro, es narrar los sucesos y llevar estadísticas propias de asesinatos.

Todos buscan el periódico del viernes. Como se consiguen pocos, uno de los obreros lo compra y se lo comparten en el taladro. El diario pasa por muchas manos y rueda tanto como los vehículos de carga. Este viernes hay pocos sucesos en las páginas principales. No hay casi nada, pero con suerte pueden enterarse de las próximas acciones contra los malhechores que matan y roban.

“Funcionarios de la FAES llevaron alegría a niños de La Voz del Río”.
Ese es el titular que abarca parte del impreso, acompañado con varias imágenes. En una de ellas, se ve a un grupo de niños parados firmes frente a funcionarios del FAES a la espera de alimentos.

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