domingo, 15 de septiembre de 2019

¿Qué hacemos frente a la emergencia climática?



Nino Trillo-Figueroa

* En el mes de septiembre se prevé una jornada de acción global contra la emergencia climática, sin duda el mayor reto ambiental ysocial de nuestra historia.

El estado de emergencia climática está aquí. Hemos alcanzado la concentración de 415 partes por millón de CO2 en la atmósfera, la mayor tasa de concentración de la historia del planeta. Es, sin duda, el principal efecto de una destrucción ambiental sin precedentes que enfrenta aun elevado potencial de catástrofe ambiental y social en un futuro cada vez más cercano.
 

Las señales son múltiples: incendios cada vez más devastadores, olas de calor cada vez más intensas y frecuentes, aceleración del deshielo polar, sequías y avance de los procesos de desertificación en determinadas áreas del globo, hambrunas y refugiados climáticos, y un largo etcétera. La voracidad del sistema de producción capitalista, y la falta de voluntad de los gobiernos, nos abocano solo a una desigualdad y la precariedad desconocida en los llamados países desarrollados durante la segunda mitad del siglo XX, también al colapso. Un colapso global que no solo comprometerá nuestro futuro, también el de las generaciones futuras y quién sabe tal vez nuestra propia supervivencia como especie ante un escenario desconocido de pérdida de hábitats y biodiversidad.

Los y las trabajadores y trabajadoras no podemos permanecer impasibles ante esta situación como una pieza más del engranaje de este sistema productivo y de consumo tan devastador. Es necesaria, hoy más que nunca, nuestra intervención y determinar en pro de la eficiencia, sostenibilidad y solidaridad de los distintos sectores de la producción. Pero no solo, la justicia social requiere hoy día un claro compromiso con la defensa del medio ambiente, el clima y la solidaridad internacional. Una pequeña parte del planeta no puede seguir acaparando la gran parte de los recursos y emisiones de los gases de efecto invernadero del planeta, junto a los llamados países emergentes.

A este respecto, el acuerdo de París, incluso antes de su entrada en vigor, se muestra ya insuficiente. El principal objetivo es lograr el aumento de la temperatura mundial en este siglo por debajo de los 2 ̊C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir con los esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura a 1,5 ̊C. En el año 2011, ya alcanzábamos la mitad de concentración de GEI para alcanzar una subida de temperatura de 2 ̊C. De 1880 a 2012la temperatura media mundial aumentó 0,85 ̊C. El pasado mes de julio ha sido el más caluroso desde que existen registros (1880), la temperatura global promedio fue de 16,74 ̊C, 0,96 superior al promedio del siglo XX, que fue de15,78 ̊C [1].Debido a la concentración actual y a las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que el final de este siglo la temperatura media mundial continúe creciendo por encima del nivel preindustrial. Así, los océanos se calentarán y el deshielo continuará. La mayoría de los efectos del cambio climático persistirán durante muchos siglos, incluso si se detienen las emisiones [2].

Un reciente informe apunta a que incluso las previsiones sobre el clima podrían incluso ser peores de lo que se venía diciendo, pudiéndose alcanzarse mayor temperatura con menores concentraciones de CO2 de lo que se pensaba, estableciendo que muchos de los impactos adversos del cambio climático se producirían con el incremento de 1,5 ̊C de la temperatura. Los modelos ya apuntan a que la sensibilidad climática (aumento de temperatura provocado por una duplicación de la cantidad de CO2 en la atmósfera respecto a la era preindustrial) es mayor de la estimada: 2,8-5,8 ̊C.

El acuerdo de París, tras el gran fracaso del protocolo de Kioto por la falta de compromisos de los principales países emisores, plantea un escenario de medidas para objetivos, se muestran a todas luces insuficientes.

Un claro ejemplo es el Estado español, que a pesar de declararse comprometido con el acuerdo aún carece de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. En diciembre se plantea una nueva cumbre en Chile para evaluar los avances y compromisos de los Estados ante la entrada en vigor del acuerdo de París. Tendremos que ser exigentes con nuestros gobiernos para entonces.

Según se afirma en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluido el de la tierra y el alimentario, es el único modo de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C.

De manera paralela y paradójicamente, ante la actual crisis del sistema capitalista, el surgimiento de nuevos movimientos neofascistas entre otras cuestiones, como el racismo, el machismo o el nacionalismo, abandera peligrosamente el negacionismo climático como una de sus banderas. El primo de Rajoy está aquí para abordar lo que son sin ningún género de dudas evidencias científicas en una cuestión ideológica.

El crecimiento de estos movi-mientos neofascistas supone un riesgo añadido que puede ahondar en el fracaso de las medidas que necesitamos y facilitar la catástrofe. Los discursos irresponsables de Trump, o las políticas de Jair Bolsonaro (quien se ha autodenominado “capitán motosierra”)  en contra de la conservación del Amazonas, evidencian que el peor de los escenarios es factible. El Amazonas, ahora en llamas, además de ser una de las mayores fuentes de biodiversidad que nos quedan, recordemos que es el principal pulmón verde del planeta. Hay estimaciones que señalan que el incremento de GEI se debe en un 75% a la combustión de combustibles fósiles y que el 25% es debido a la deforestación.

De aquí la trascendencia del emergente movimiento juvenil en defensa del clima y contra el cambio climático y la importancia del respaldo por parte del movimiento sindical al mismo, que tiene que convertir la lucha contra la emergencia climática en uno de sus ejes de lucha fundamentales. No podemos dejar que el beneficio de unos pocos comprometa el futuro de toda la humanidad.

Por eso es importante nuestro compromiso con las jornadas de lucha global que se están organizando para septiembre en muchas ciudades del mundo. Los y las jóvenes llevan razón al exigir la conservación de un planeta que les pertenece.

Notas:

[1] Datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

[2] 5º Informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático.

[Publicado originalmente en el periódico Rojo y Negro # 337, Madrid, septiembre 2019. Número completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro%20337%20septiembre.pdf.]


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