jueves, 26 de septiembre de 2019

Debate (A): Rosa Luxemburg, a cien años de su asesinato repasando su ideario



Agustín Guillamón

El pensamiento político de Rosa Luxemburg (1871-1919) ha sido deformado, difamado y tergiversado por enfrentarse directamente a las dos corrientes más destacadas del pensamiento socialista marxista: el stalinismo y la socialdemocracia.

El leninismo-stalinismo, con su culto a la personalidad de Lenin (luego de Stalin, fundamentado además en la instauración del socialismo en un solo país, sostenía como un dogma indiscutible “el derecho de las naciones a la autodeterminación” y concebía al partido como una organización de revolucionarios profesionales. La estructura y el papel fundamental del partido radica en la exportación “desde fuera” de la clase obrera de su conciencia de clase. El partido leninista-stalinista está en las antípodas del pensamiento de Rosa.
 
En realidad la diferencia entre Rosa y Lenin es muy sencilla. Para Rosa la conciencia de clase es adquirida por las masas en la lucha de clases, entendida como lucha cotidiana, económica y política de la clase obrera. La conciencia la adquiere la clase obrera en la lucha. En cambio para Lenin esa lucha económica de la clase obrera no proporciona conciencia de clase, que necesariamente debe ser importada desde fuera por los revolucionarios y revolucionarias profesionales.

La socialdemocracia no podía aguantar, desde un punto de vista teórico, las críticas de Rosa al reformismo de Bernstein. La socialdemocracia sólo sobreviviría si era defendida por un movimiento obrero en ascenso, porque la burguesía ya no iba a impulsar un desarrollo democrático que no siguiera defendiendo sus intereses de clase. Se vislumbraban ya el nazismo y el fascismo. Y, en todo caso, las reformas eran los medios, pero la revolución era el fin, y además la única puerta abierta al socialismo.

En el debate Bernstein/Luxemburg asistimos en realidad al enfrentamiento entre las prácticas de un movimiento sindical poderoso, con numerosos parlamentarios, integrados en el sistema capitalista, que sólo defiende los intereses inmediatos de la clase obrera alemana y, por otro lado, una teoría revolucionaria, internacionalista, que defiende los intereses históricos del proletariado.

Características básicas del pensamiento de Rosa son:

A. el internacionalismo del proletariado es absolutamente opuesto al derecho burgués de las nacionalidades a su autodeterminación.
B. La organización de la clase obrera en partido es considerada, en continuación con Marx, como partido que surge del suelo de la clase obrera. Es la propia clase obrera la que adquiere su conciencia de clase en la lucha de clases. No hace falta ningún partido leninista de revolucionarios profesionales queles traiga a los trabajadores, desde fuera de la clase, su conciencia de clase explotada. La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores y trabajadoras. Espontaneidad y organización no se oponen, sino que cada una juega su papel. El movimiento obrero es un proceso vivo, continuo y variable.
C. Para Rosa Luxemburg la construcción del socialismo pasa necesariamente por la dictadura del proletariado, entendida como represión contra los intentos contrarrevolucionarios de la burguesía. Pero Rosa Luxemburg abogaba al mismo tiempo por una democracia socialista, que respetara las libertades democráticas en el seno del proletariado, especialmente de prensa, asociación y manifestación, porque “la libertad es siempre únicamente del que piensa de otra manera”. La dictadura del proletariado no puede convertirse en dictadura del partido sobre las masas, sin más, porque esto arrastraría al poder absoluto de la burocracia estatal o del partido. Represión de la contrarrevolución, sí; pero libertad para todas las opiniones o fracciones proletarias, también. Y esto ya ¡antes de enero de 1919! Con antelación al triunfo absoluto del stalinismo en las filas marxistas.

Rosa Luxemburg y el anarquismo

El análisis de R.L. sobre la revolución  rusa de 1905 le condujo a definir el concepto de huelga de masas como vía revolucionaria del proletariado. Era evidente que tal concepto era muy próximo al de huelga general sostenido por el sindicalismo revolucionario y el anarquismo desde mucho tiempo antes. En su obra, Rosa no había dejado de utilizarlos como sinónimos.

Pero el radical y atávico sectarismo existente entre anarquistas y marxistas, así como la necesidad de que sus tesis no fuesen confundidas con las anarcosindicalistas por la socialdemocracia alemana, le llevaron a no reconocer tal anticipación de la teoría anarquista. Por otra parte, Marx y Engels no podían ser desautorizados frente a Bakunin. De ahí, algunas contradicciones, inconsecuencias y vacilaciones de Rosa en el uso del concepto de huelga de masas o huelga general, o huelga general, debido a la presión del partido en que militaba o había militado. Nunca pudo liberarse totalmente de cierto culto a la necesidad de la organización, jerarquía y organización del partido sobre el proletariado. Sus diatribas contra el anarquismo fueron desmesuradas e injustas, precisamente porque necesitaba que nadie en su partido la acusase de anarcosindicalista.

Rosa tuvo el inmenso merito de
1. Criticar la organización leninista y autoritaria del partido bolchevique.
2. Denuciar la impotencia del gradualismo reformista de los sindicatos y partidos socialdemócratas, en la nueva época de conflictos imperialistas.
3. Valorar la importancia de la auto-organización y espontaneidad de las masas.

Pero Rosa, y el movimiento obrero de su época, fue incapaz de construir una síntesis entre espontaneidad y conciencia, así como de levantar una dirección elegida por las masas, revocable en todo momento.

Valoración actual del pensamiento de Rosa Luxenburg

El pensamiento de R.L. es fundamentalmente un pensamiento vivo, actual, crítico y dialéctico. No acepta etiquetas, ni las pone. No queramos pues, ponerle a Rosa una etiqueta, ni las pone. No queramos pues, ponerle a Rosa ninguna etiqueta, como haría un taxidermista.

Elpropio Lenin, pese a sus agrias disputas con Rosa en temas fundamentales, escribió en 1922 una nota en la que disculpaba sus posibles errores y la comparaba con un águila: “Suele suceder que las águilas vuelen más bajo que las gallinas, pero una gallina jamás puede remontar vuelo como un águila”.

La experiencia revolucionaria rusa de 1905 hizo cambiar a Rosa en sus obsoletas posiciones sobre la huelga general. Rosa se aproximó mediante el análisis a la realidad rusa efectuado en su folleto Huelga de masas, partido y sindicatos, a las tesis del sindicalismo revolucionario influido por el anarquismo.

Rosa se consideraba a si misma como socialista. Respetaba, pero también criticaba en ocasiones a Marx y Engels. No se reconocía cómodamente como marxista. Ridiculizaba e intentaba diferenciarse claramente de los marxistas reformistas, primero de Bernstein y, posteriormente, de Kautsky. Discrepaba de algunas de las posiciones sostenidas por Lenin, Trotsky y los bolcheviques, aunque a veces coincidía con ellos. Ridiculizaba al anarquismo, pero también compartía muchas de sus posiciones, así como la reprobación y burla libertaria a la concepción leninista del partido.

R.L. se encontraba en una fase de evolución de su pensamiento, roto el 15 de enero de 1919. Aunque sostenía la necesidad y liderazgo del partido en un proceso revolucionario, reconocía la capacidad organizativa y las iniciativas revolucionarias de las masas obreras. Niega algunas conclusiones de Marx y Engels en materia de estrategia y se oponía con toda su fuerza a la organización burocrática, autoritaria y disciplinada del partido bolchevique.

En enero de 1919, R.L. y Karl Liebknecht fueron asesinados, y poco después también fueron asesinados Leo Jogiches y Franz Mehring. La corriente luxemburgista, diezmada por la represión de la revolución espartaquista de 1919, dejó de existir como tal, por pura eliminación física de su militancia.

Diversas corrientes marxistas opuestas a la burocratización y el autoritarinsmo de sindicatos y partidos reivindicaron su filiación luxemburgista. Algunas rechazan el término de “luxemburgismo” y prefieren hablar de comunismo de consejos o consejismo, reclamándose además de otros teóricos marxistas cercanos, como Gorter y Pannekoek, y algo más tarde de Paul Mattick. Todas esas corrientes toman de la obra de R.L. la defensa de una cierta espontaneidad revolucionaria del proletariado, la organización de la democracia obrera en los consejos (o soviets) y la democracia interna de las organizaciones, así como un internacionalismo radical que les lleva a enfrentarse a todo tipo de nacionalismo, al tiempo que rechazan la aplicación general y universal del derecho de las naciones a la autodeterminación, según las tesis wilsoniano-leninistas al uso.

El luxemburguismo fue reivindicado especialmente en los años treinta en Alemania por Paul Frölich y una parte del SAPD (Partido Socialista Obrero Alemán), y en Francia por René Lefeuvre, fundador de la prestigiosa y mítica Éditions Spartacus, que tradujo y editó en francés la mayor parte de la obra de Rosa Luxemburg y de las corrientes consejista y de izquierda comunista.

En España, las organizaciones ya desaparecidas, conocidas como Acción Comunista (1965-1977) y Organización de Izquierda Comunista (1972-1979) asumían buena parte de las tesis de R.L., en especial la relación no dirigente ni jerarquizada entre vanguardia y masas, o si se quiere entre jefes y masa.

Actualmente, Agone y Syllepse han emprendido la edición crítica en francés de las Obras Completas de R.L., de las que desde 2012 ya han aparecido cinco volúmenes.

Aún resuena con fuerza el slogan que Rosa lanzó en 1915 en el folleto de Junius: “Socialismo o basbarie”, que sintetiza su férrea voluntad revolucionaria, sin alternativas válidas. La barbarie de una Tercera Guerra Mundial se dibuja amenazante, en un horizonte plagado de agudas guerras comerciales internacionales.

La lucha de clases no es la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia delsistema capitalista, hoy obsoleto y criminal, que además se cree impune y eterno. Revolución o barbarie; lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación. O ellos o nosotros… como en 1915.

[Secciones 2, 3 y 4 del artículo “Rosa Luxemburg. Cien años de la liga espartaquista”, publicado originalmente en la revista Libre Pensamiento # 98, Madrid, primavera 2019.]


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