jueves, 19 de septiembre de 2019

Anarquismo y cambio climático, ¿qué hacemos?



Manel Aisa

No se trata de tener la pretensión de arreglar el mundo, sino de hacer observaciones de aquello que no nos gusta, porque en definitiva encierra privilegios para unos cuantos, en detrimento de otros muchos. A partir de aquí, simplemente se trata de hacer una reflexión sobre lo que se ha hecho hasta ahora y cómo se ha llegado hasta aquí, lo cual probablemente nos ha de llevar a intuir hacia dónde vamos. Esa reflexión, si la desarrollamos, no tiene buen aspecto, y si seguimos en ese camino, en el sistema que estamos ahora inmersos, seguro que caminamos hacía en fin de esta civilización.

El capitalismo está tan exacerbado que no tiene más alternativa que devorarse a sí mismo, dentro de un mundo caótico que no tiene, probablemente, referentes.
 

Si hay algo que nos pueda ilusionar, y aún seguir creyendo en el humanismo, lo encontramos sin duda en el anarquismo, y probablemente no sea la única corriente del humanismo pero, por el momento, caminemos en esa dirección para tratar de poner orden y armonía en el caos y recordar perfectamente los estudios de la geografía humana de Eliseo Reclus cuando nos hablaba de que «el anarquismo es la más alta expresión de la ley y el orden». En definitiva, creo que estamos en una disyuntiva donde más de un pensador libertario reclama aquello de «no hay nada más realista que los anarquistas», aunque sabemos que las resistencias de este mundo anquilosado no caminan en esta dirección.

Los capitalismos apenas han oído hablar de solidaridad, de apoyo mutuo, autogestión, son palabras que el propio capitalismo ha despreciado y hay que volver a poner en valor y con mucha práctica cotidiana.

Ahora bien, cuando ya entrado el siglo XXI, científicamente se ha demostrado que la Tierra no es un planeta sin fin, es decir, cuando sabemos que los recursos son limitados y cuando sabemos que de una manera brutal el comportamiento humano ha alterado el equilibrio climático y social, hasta el punto que ha llegado o estamos a punto de llegar al no retorno, hay quien habla de once años para rectificar, mientras que otros nos argumentan que ya estamos en el colapso que observamos en los procesos migratorios, que nos dan esa lectura en países tanto de América Latina como de África y Asia.

Ante la realidad, y el grito de auxilio de buena parte de los seres vivos del planeta, en ese punto de desesperación donde después de millones de años y después de un capitalismo salvaje que ha destruido iniciativas sociales en beneficio de castas sociales cargadas de avaricia, entendemos que estamos lejos de ser humanos. Es decir, todavía estamos lejos de racionalizar nuestro comportamiento social en lo colectivo.

Pero por el momento hace calor, y puede ser la calor la que no deja que fluyan las ideas, apenas queda espacio y tiempo para hacerse con una idea para salir del atolladero, algo que ilusione de nuevo a los pueblos, algo que acompañe en el qué pensar, porque por el momento oigo mucho el tema del cambio climático, lo irreversible en este planeta para la gran mayoría, y el sistema, capitalista, por supuesto, sigue apostando por el crecimiento, es decir, en la prensa no hace mucho, en una entrevista, un político de turno se enorgullece, ya que todo apunta a que este año será el año con mejor crecimiento económico de todos los tiempos, es decir, una bestialidad, y eso parece que llena de orgullo a la gran mayoría de políticos y capitalistas que sin duda tendrán más dividendos que nunca, pero nuestra cotidianidad nos indica que la precariedad está instalada cada vez más entre nosotros.

Sabemos que el capitalismo hace tiempo que apostó por unos cuantos, y todos los habitantes de la tierra parece que quieren formar parte de ese grupo de privilegiados.

Pero si bien para las oligarquías las cosas están muy claras y saben con lo que cuentan y las pausas y los tiempos que necesitan para ello, para el resto, los que están fuera o los que estamos a punto de estar desahuciados por el sistema, al margen y a expensas de lo que digan ellos (el capital, quien nos gobierna) las cosas también están muy claras.

No nos cabe otra más que ilusionarnos por la vida, y luchar por dignificarla, y el anarquismo es una buena herramienta para sentar las bases de una sociedad respetuosa con todos los seres de la tierra y su entorno y por el momento iniciar de nuevo ese proyecto en espacios atemporales, que sin duda son universidades del pueblo, para que éste aprenda a vivir y convivir con la autogestión, la solidaridad y el apoyo mutuo, así como el federalismo, que permitan interrelacionar esos espacios atemporales y así dar posibilidades de cubrir sus necesidades.

En otro orden de miradas, de nada o de muy poco parece en estos últimos tiempos que tengamos lugares de la memoria histórica para no olvidar como el holocausto nazi (Auschwitz) y los acontecimientos que se avecinan, y que cada vez haya más personas que huyen del hambre, la miseria, las guerras y las mafias, que se encuentran con grandes obstáculos que salvar. El Mediterráneo ha dejado de convertirse en un mar de culto para vomitar sangre humana como en el Río Grande de México, la frontera de los Estados Unidos se ha convertido en un lugar de muerte, como tantos altos muros esparcidos por el resto del mundo, desde Palestina y Gaza, hasta el más recóndito lugar para los privilegiados capitalistas y el fascismo que renace ante el miedo al diferente.

Pero después de este mundo, que a pasos agigantados estamos destruyendo como especie, y sin respetar el entorno ni tan siquiera el resto de especies de este planeta, no nos queda más que una y otra vez preguntarnos: ¿quiénes somos realmente cada uno de nosotros, todos nosotros?, ¿y qué compromiso adquirimos para las próximas generaciones de personas, animales o plantas? No nos queda más que creer en nosotros mismos y en cuanto nos rodea y apostar por la ilusión de vivir y convivir en ese espacio. Aquí juega un papel importantísimo el anarquismo como proyecto de vida, pero para ello hay que cambiar los hábitos de comportamiento de cada uno de nosotros y realmente creernos que el anarquismo tiene mucho futuro desde la proyección de la base.

En fin, desterrar los egoísmos y entender que todo podría ser más sencillo si optáramos por desterrar la plusvalía o simplemente cuestionar el principio de propiedad, ya que mientras exista la propiedad individual o colectiva existirá el capitalismo.

[Publicado originalmente en el suplemento Addenda # 72, Madrid, septiembre 2019. Número completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/addenda%2072%20septiembre.pdf.]


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