martes, 16 de julio de 2019

¿Futuro o retorno?: El reto de construir personas y sociedades libres



Jacinto Ceacero

«Hace escasos años, dos potencias se disputaban el mundo. Fracasado el comunismo, se difundió la falacia de que la única alternativa es el neoliberalismo. En realidad, es una afirmación criminal, porque es como si en un mundo en que solo hubiese lobos y corderos nos dijeran: “Libertad para todos, y que los lobos se coman a los corderos”... Habría que plantearse qué se entiende por neoliberalismo, porque en rigor, nada tiene que ver con la libertad».
            Ernesto Sábato, en su desgarrador libro Antes del fin

Cuando todo el mundo pensaba lo contrario y nadie lo sospechaba; cuando la mirada siempre era hacia adelante, hacia el futuro esperanzador y se tenía como imaginario colectivo que el pasado lejano de pobreza, desigualdad, autoritarismo, había sido superado definitivamente; descubrimos, con desaliento, que la evolución social liberadora, el progreso según los valores del humanismo, la implantación y reconocimiento de derechos y libertades –públicas y privadas–, las conquistas laborales, políticas, sociales y la consolidación del denominado «Estado de bienestar»... no son hechos, acontecimientos, procesos, que se hayan instaurado de forma definitiva en la sociedad.
 

Ha resultado sorprendente descubrir en nuestras propias carnes y vidas esta realidad y lo hemos experimentado de forma abrupta en los últimos años, desde 2008, justo tras el comienzo de la última crisis económica del capitalismo financiero y globalizado.

Y nos encontramos en una fase en la que no solo se ha parado dicho progreso, sino que nos adentramos en tortuosos procesos de involución que nos retrotraen a escenarios de décadas anteriores.

¿Qué sucede? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo durará? ¿Cuánto se profundizará en la involución? ¿A qué parámetros de la vida está afectando? Estas y otras preguntas están intentando ser respondidas desde el análisis y pensamiento filosófico, político, sociológico, económico o psicológico y se intenta hacer a escala planetaria porque los síntomas son planetarios aunque especial-mente focalizados en determinados países y sociedades occidentales, aquellos que habían avanzado en ese recorrido de progreso. Lamentablemente, millones de personas de diferentes sociedades no han iniciado dicho camino, no han tenido ni la oportunidad de hacerlo y difícilmente lo harán en las próximas décadas.

Lo vivido hasta ese 2008, había sido, obviamente con matices, un proceso de cambio y transformación social relativamente amplio, que afectaba no solo a aspectos económicos (cierto reparto de la riqueza, aumento de las prestaciones sociales, sistema público de pensiones solvente, servicios públicos universales...) sino que abarcaba la totalidad de la vida de las personas, especialmente los contenidos relacionados con los derechos civiles, los derechos humanos, con la libertad, la libertad individual, las libertades colectivas.

No estaríamos muy lejos de la verdad si dijéramos que todos estos cambios de progreso, transformaciones, incremento de libertades, se configuran, adquieren una carta de naturaleza auténtica y generalizada a partir de Mayo del 68, sin olvidar el eco registrado tras la presión de la revolución soviética y el pacto social tras la traumática II Guerra Mundial. Esa revolución social y liberadora de Mayo del 68, después de cincuenta años, no nos la ha perdonado el poder, ni la clase y élite dirigentes, ni las instituciones políticas, económicas, civiles y religiosas que controlan el mundo; es más, tienen como objetivo erradicar cualquier vestigio de la misma.

La nueva realidad es que la involución es posible, resultando muy patente y sangrante el retroceso en derechos y libertades junto al resto de parámetros económicos, laborales, sindicales, sociales del Estado de bienestar. Con frecuencia, ya se escucha y asume, de manera natural e interiorizada, que el mundo y la sociedad que estamos dejando como herencia a las siguientes generaciones es bastante más sombrío, precarizado, insostenible, inhabitable, desigual, violento, hostil, bélico, conservador, manipulado, infeliz... que el que recibimos. Y ello a pesar del avance y revolución tecnológica y científica experimentados en este siglo XXI.

No exageraríamos si afirmáramos que estamos ante unos hechos, una realidad, una época, una ética y una estética que pudieran recordar el surgimiento de actitudes, pensamientos y comportamientos neonazis y neofascistas. El mundo está inmerso en una nueva revolución industrial y tecnológica pero las imágenes mentales que manejamos son semejantes a ese periodo: signos de autoritarismo, comportamientos dictatoriales, actitudes que uniformizan, prácticas y auge del nacionalismo...

En esta fase de evolución mental y social del capitalismo y del neoliberalismo, son detectables los gérmenes de sociedades más totalitarias, nacionalistas, supremacistas, que se expanden por todo el planeta con discursos xenófobos, racistas, homófobos, antifeministas, integristas, belicistas, que están anteponiendo, con la aquiescencia inconsciente de la población, las proclamas de la seguridad para recortar sin escrúpulos la libertad, las libertades.

Tras la caída del simbólico Muro de Berlín en 1989, a pesar de la emblemática quiebra de la banca Lehman Brothers en 2008, el neoliberalismo y el capitalismo han retomado el vuelo, siguen su curso en un proceso de expansión sin tregua hacia un mundo sin futuro en el que solo impera la lógica y las leyes del mercado y para el que ya no precisan la legitimación de la democracia formal, fundamentalmente porque la mayoría de la población está dispuesta a defender el sistema a pesar de estar rozando situaciones de semi esclavitud.

Desde una visión mecanicista del funcionamiento social, una manera de intentar comprender y explicarlo que está sucediendo podría ser mediante la denominada teoría de la acción—reacción como indica la tercera ley de Newton; o su equivalente en ciencias sociales (fases de flujo—reflujo) o como indica la psicología, la ley del péndulo.

Posiblemente sea más adecuadohablar de ciclos en el devenir de lavida social de manera que ahora es-tamos en el proceso de involución,de retroceso, de recortes, no soloeconómicos sino de derechos y li-bertades. No tendría que ser nece-sariamente así, pero la realidad esapabullante. Simplificando, podrí-amos decir que de Barack Obamapasamos a Donald Trump; de Lula da Silva a Jair Bolsonaro; de la Unión Europea al Brexit; de la España del siglo XXI a la Reconquista...

Y ¿cuál ha sido la onda expansiva del proceso de evolución que ha conseguido generar esta actual réplica reaccionaria?

Desde luego, podríamos afirmar que no han sido los planteamientos revolucionarios anticapitalistas en el sentido estrictamente económico, en el sentido de poner patas arriba las reglas básicas del sistema como abolir la propiedad privada o regular las leyes del mercado en beneficio de la vida. No lo está siendo la clase trabajadora, absorta en su precariedad, en sus debilidades y asumiendo ser sujeto neoliberal que defiende el modelo capitalista, como resalta el psicólogo social Anastasio Ovejero.

Por tanto, ¿qué es lo que ha desestabilizado el statu quo reciente? Históricamente se muestra que el capital precisa buscarse un enemigo para diseñar escenarios reaccionarios, neofascistas, de extrema derecha. Adolf Hitler lo tuvo claro desde el primer momento. Identificó, esencialmente, como enemigo al pueblo judío y con ello se convirtió en el gran líder popular que limpiaría Alemania y el mundo de ese enemigo creado y alojado como talen la conciencia del pueblo alemán.

Sin duda, y así lo hace saber con radicalidad esa extrema derecha, el enemigo creado para que cumpla esa función, en nuestro país, es el movimiento feminista, la ideología de género, la inmigración y la rotura de la unidad de la patria España.

Cuidado, porque ese es el señuelo, el distractor, la excusa fácil, mientras que el objetivo profundo es el recorte de derechos y libertades, es acabar con todo lo que suene a progreso, evolución, humanitarismo, vida. La extrema derecha considera que el igualitarismo se ha abierto camino, que ha perdido el control mental e ideológico de la población, que los valores rancios de la familia, el machismo, las clases sociales han dejado de condicionar la vida de la gente. Y frente a esa libertad de la que hemos dispuesto, tanto la positiva y como la negativa, como las diferencian Isaiah Berlin o Erich Fromm, propugnan seguridad, aunque sea a costa de su pérdida y renuncia. Hace siglos, Benjamin Franklin ya decía: «Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad». Renunciar a la libertad es renunciar a la esencia de la especie humana.

El ser humano dispone de un programa genético abierto, integrado por numerosas facultades, una de ellas la libertad, que le permite poder elegir, discernir, tomar decisiones inciertas, creativas, innovadoras, arriesgadas, equivocadas... en definitiva, que le hace tener un mayor protagonismo de su existencia.

La vida, al final, es ese proceso que nos permite desplegar esas facultades con que partimos y que nos posibilita aprender a usarlas. Solo se es libre siendo libre, actuando en libertad. En este periodo de involución se está intentando reducir, negar la libertad. En nuestras manos está construirnos y actuar como seres libres (libertad positiva) y construir sociedades que lo permitan (libertad negativa); revertir este proceso actual de involución y regresar a las etapas de evolución en la que un nuevo mundo se abra camino. Para ello, no hay que esperar a la revolución porque el cambio se hace día a día en todos y cada uno de los planos de nuestra vida cotidiana construyendo actitudes y prácticas libertarias.

[Extraído del artículo de igual título publicado en el suplemento cultural Addenda # 71, incluido en el periódico Rojo y Negro, Madrid, julio-agosto 2019, accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/addenda%2071%20julio_0.pdf.]


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